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Lectoaperitivos de romances y poemas del folclor

post066

Al reino animal…

Soy caracol, ¡caracoles!

casa no compro ni vendo

con orgullo voy y vengo

deslizándome entre las flores.

ENTRE FLORES

¿Quién va entre las flores

que se abren al sol?

Son los caracoles

cantando al amor.

 

Aquel caracol

que va por el sol

en cada ramita

llevaba una flor.

 

¡Que viva la vida,

que viva el amor

que viva la gracia

de aquel caracol!

Paloma blanca, piquito de oro

que con tus alas, volando vas

pasan los montes, pasan los ríos

pasan las olas del ancho mar.


LA MAÑANA DE SAN JUAN

La mañana de San Juan

vuelan las palomas

del palomar.

Vuelan y vuelan las palomas

la mañanita de San Juan.

Llevan amor en el pico

y hacia la villa se van

las palomas

la mañana de San Juan.

LA GOLONDRINA

Ya está el pájaro solo

puesto en la esquina,

puesto en la esquina

esperando que salga

la golondrina,

la golondrina.

¡QUÉ PALOMA TAN SEÑORA!

A un arroyo claro a beber,

vi bajar una paloma

por no mojarse la cola,

levantó el vuelo y se fue.

¡Qué paloma tan señora!

LA RATA PLANCHADORA

Una rata vieja,

que era planchadora,

por planchar su falda

se quemó la cola.

Se puso pomada,

se amarró un pañito,

y la vieja rata

le quedó un rabito.


CUENTO TONTO DE UN CIEMPIÉS

Por tener fama de listo

y por ser el que más corre,

a don Ciempiés lo nombraron

Cartero Oficial del bosque.

Día a día se le ve

yendo de acá para allá,

con su gran cartera al hombro

repartiendo sin cesar

cartas, libros y paquetes;

cuentos, chismes y demás.

Va descalzo y sin vestido

porque el sol suele brillar

que es un gusto y no hay peligro

de poderse resfriar.

Pobrecito gato

no hallaba qué hacer:

agarró una rata

y se la empezó a comer.


Préstame tu gato prieto

para ponerle calzones,

me lo llevaré a mi casa

para que coma ratones.


LA GRACIA DEL CARACOL

¿Quién va entre las flores

que se abren al sol?

Son los caracoles

cantando al amor.

Aquel caracol

que va por el sol

en cada ramita

llevaba una flor.

¡Que viva la vida,

que viva el amor,

que viva la gracia

de aquel caracol!

EXTRAÑA BODA

Los piojos y pulgas se quieren casar.

Por falta de trigo no se casarán.

Y dice la hormiguita desde su hormiguero:

—Háganse las bodas, yo llevo un granero.

Y dice el mosquito desde el mosquitero:

—Háganse las bodas, yo llevo un pellejo.

Y dice la rana desde su gran charco:

—Háganse las bodas, yo pongo la cama.

Y el topo promete desde su topera:

—Háganse las bodas, yo haré casa nueva.

Y el grillo y la grilla dicen muy contentos:

—Háganse las bodas, padrinos seremos.

Y dice el lagarto en su cueva oscura:

—Háganse las bodas, que yo seré el cura.

Gallinas y pollos se ofrecen gustosos

para ir a las bodas de pulgas y piojos.

Salen de la iglesia, todos muy alegres,

pero en el camino los novios se pierden.

—Señores, ¿qué pasa?  ¿Dónde están los novios?

—Se los han comido gallinas y pollos.

EL CIEMPIÉS

Tiene en la zapatería

el vendedor para rato,

que el cliente que venía

era el ciempiés y quería,

por cierto comprar zapatos.

PALOMITA BLANCA

Palomita blanca,

reblanca, reblanca,

¿dónde está tu nido,

renido, renido?

—En un palo verde,

reverde, reverde,

todo florecido,

recido, recido.

PALOMITA EN LA PLAYA

A la orilla del mar

canta una paloma;

dulcemente canta,

tristemente llora,

dulcemente canta

la blanca paloma,

se van los pichones

y la dejan sola.

AY, MI PALOMITA

Ay, mi palomita

la que yo adoré.

Le nacieron alas,

voló y se fue.

VAMOS AL BAILE

—Vamos al baile—

dijo el fraile.

—No tengo ganas—

dijo la rana.

—Invitemos al león—

dijo el ratón.

—Pero es muy lejos—

dijo el conejo.

—De aquí hay cien leguas—

dijo la yegua.

—¿Por qué camino?—

dijo el zorrino.

—No por el cerro—

les dijo el perro.

—Ha’i ser un rancho—

dijo el carancho.

—No tiene alero—

dijo el jilguero.

—No tiene luz—

dijo el avestruz.

—¿Y si me aburro?—

les dijo el burro.

LA RATITA

La ratita presumida

como es tan fina

se lava la cabeza

con brillantina.

Su mamá le dice:

Quítate eso

que va a venir tu novio

a darte un beso.

Mi novio no me quiere

porque soy pobre.

Más pobre es la cigüeña

que está en la torre.

La torre se ha caído

que la levanten

la culpa la han tenido

los estudiantes.

ROMANCE DE DON GATO

Estaba el señor don Gato

en silla de oro sentado:

calzaba media de seda

y zapatito calado.

Cartas le fueron venidas

que había de ser casado

con una gatita rubia

hija de gatito pardo.

El Gato, de tan contento,

se ha caído del estrado;

se ha roto siete costillas

y la puntita del rabo.

Ya llaman a los doctores,

sangrador y cirujano:

unos le toman el pulso,

otros le miran el rabo;

todos dicen a una voz:

“¡Muy malo está

el señor Gato!”

A la mañana siguiente

ya van todos a enterrarlo.

Los ratones, de contentos,

se visten de colorado,

las gatas se ponen luto,

los gatos, capotes pardos,

y los gatitos pequeños

lloraban:  ¡Miau!

¡Miau!  ¡Miau!  ¡Miau!

Ya lo llevan a enterrar

por la calle del pescado.

Al olor de las sardinas

el Gato ha resucitado.

Los ratones corren, corren…

Detrás de ellos corre el Gato.

LOS PÁJAROS JUEGAN CHUECA

El chuncho de Kauñikú

mando al pitío:

“¡Haz los palos!”

Más picoteó el tronco el pitío,

como nada había entendido.

El chuncho de Kauñikú

mandó a la diuca:

“¡Cuenta hasta cien,

durante el partido!”

“¡Tres chauchas, un cinco y un diez!”,

cantó la diuca, como nada había entendido.

El chuncho al chercán le dijo:

“¡Asistirás a los contusos!”

El día de la chueca,

el pitío no había hecho ningún palo;

la diuca no pasaba de diez,

el chercán cantaba quebrando huesos.

“¿No hablo claro?”,

protestó el chuncho.

Hubo silencio.

El chuncho se hizo entender

como pudo.

Versión de Patricia Álvarez D. y Víctor Carvajal

Chile

¿Cómo canta y luce un chuncho?

¿Cómo canta y luce el pitío?

Y finalmente, un muy lindo vídeo que nos muestra una diuca como la de este poema.

Al reino vegetal…

LA NARANJITA

Naranjita de oro,

de oro y de sol;

pepita de plata,

diente de león.

 

Un niño goloso,

la iba a comer

y la naranjita

se puso a correr.

Rodar y rodar,

y el gatito negro

la vino a pillar.


EL ÁRBOL

En el huerto de mi casa,

un árbol voy a plantar;

buena sombra, ricos frutos,

muy pronto me va a dar.

En el hueco de los troncos

los pajaritos harán,

un blando y tibio nido,

y en torno de él volarán.

Mi árbol va a ser muy lindo,

el más fuerte del lugar,

para que sea grande… grande…

siempre lo voy a regar.

En medio del árbol

canta el pájaro cuando llueve,

y canta con la garganta

cuando el corazón le duele.

También de dolor se canta

cuando llorar no se puede.


AL OLIVO, AL OLIVO

Al olivo, al olivo,

al olivo subí;

y por cortar una rama,

del olivo caí.

Del olivo caí,

¿quién me levantará?

Y esa niña linda

que la mano me da.

Que la mano me da

que la mano me dio,

y esa linda niña

es la que quiero yo.

Y es la que quiero yo,

y es la que he de querer,

y esa linda niña

ha de ser mi mujer.

Ha de ser mi mujer,

ha de ser y será,

y esa linda niña

que su mano me da.

Al cuerpo humano…

MI CARA

En mi cara redondita

tengo ojos y nariz

y también tengo una boca

para cantar y reír.

 

Con mis ojos veo todo,

con mi nariz hago ¡achís!,

y con mi boca yo como

cucuruchos de maní.


 A personas y personajes…

¿QUÉ BUSCAS PASTORA?

Pastora, pastora,

¿qué buscas pastora?

¿Qué buscas, qué buscas,

con tanta ansiedad?

 

Yo busco, yo busco,

una ovejita,

perdida, perdida,

hace un tiempo atrás.

 

Mira, mira y reconoce

cuál de todas, cuál será.

Esta es mi ovejita

perdida, hace un tiempo atrás.


LA MELINDROSA

Es la melindrosa

de tal condición

que le dio un desmayo

al ver un ratón.

Estaba cosiendo

y el aire que hizo

y el hilo en el aire

le dio romadizo.

De uno de sus libros

se cayó una hoja

que al darle en el pie

la ha dejado coja…


EL PIRATA PIRATÓN

En todo el mundo, no creo

que haya existido un pirata más feo.

Le faltaba media oreja,

siete dientes y una ceja.

Estaba tuerto de un ojo;

el otro se le torcía,

y era tan cojo, tan cojo,

y era tan malo, tan malo,

que tenía…

¿Qué tenía?

¡Las dos patas de palo!


LA MISA DE AMOR

Mañanita de San Juan

mañanita de primor

cuando damas y galanes

van a oír misa mayor.

Allá va la mi señora

entre todas la mejor;

viste saya sobre saya,

mantellín de tornasol,

camisa con oro y perlas

bordada en el cabezón.

En la su boca muy linda

lleva un poco de dulzor;

en la su cara tan blanca,

un poquito de arrebol,

y en los sus ojuelos garzos

lleva un poco de alcohol;

así entraba por la iglesia

relumbrando como sol.

Las damas mueren de envidia,

y los galanes de amor.

El que cantaba en el coro,

en el credo se perdió;

el abad que dice misa,

ha trocado la lición;

monacillos que le ayudan,

no aciertan a responder, non,

por decir amén, amén,

decían amor, amor.

ROMANCE DE LA DONCELLA GUERRERA

Pregonadas son las guerras

de Francia con Aragón,

¡Cómo las haré yo, triste,

viejo y cano, pecador!

No reventaras, condesa,

por medio del corazón,

que me diste siete hijas

¡y entre ellas ningún varón!

Allí habló la más chiquita,

en razones la mayor:

—No maldigáis a mi madre,

que a la guerra me iré yo;

me daréis las vuestras armas,

vuestro caballo trotón.

—Conoceránte en los pechos

que asoman bajo el jubón.

—Yo los apretaré, padre,

al par de mi corazón.

—Tienes las manos muy blancas,

hija, no son de varón.

—Yo les quitaré los guantes

para que las queme el sol.

—Conoceránte en los ojos,

que otros más lindos no son.

—Yo los revolveré, padre;

como si fuera un traidor.

Al despedirse de todos

se le olvida lo mejor:

—¿Cómo me he de llamar, padre?

—Don Martín el de Aragón.

—Y para entrar en las cortes,

padre, ¿cómo diré yo?

—Bésoos la mano, buen rey,

las cortes las guarde Dios.

Dos años anduvo en guerra

y nadie la conoció,

si no fue el hijo del rey

que en sus ojos se prendó.

—Herido vengo, mi madre,

de amores me muero yo;

los ojos de don Martín

son de mujer, de hombre no.

—Convídalo tú, mi hijo,

a las tiendas a feriar;

si don Martín es mujer

las galas ha de mirar.

Don Martín como discreto

a mirar las armas va:

—¡Qué rico puñal es éste

para con moros pelear!

—Herido vengo, mi madre,

amores me han de matar;

los ojos de don Martín

roban el alma al mirar.

—Llévalo tú, hijo mío,

a la huerta a solazar;

si don Martín es mujer,

la fruta deseará.

Don Martín deja la fruta;

una vara va a cortar:

—¡Oh, qué varita de fresno

para el caballo arrear!

—Hijo, arrójale al regazo

tus anillos al jugar;

si don Martín es varón

las rodillas juntará,

pero si las separare

por mujer se mostrará.

Don Martín muy avisado,

hubiéralas de juntar.

—Herido vengo, mi madre,

amores me han de matar;

los ojos de don Martín

nunca los puedo olvidar.

—Convídalo tú, mi hijo,

en los baños a nadar.

Todos se están desnudando;

don Martín muy triste está:

—Cartas me fueron venidas,

cartas de grande pesar,

que se halla el conde, mi padre,

enfermo para finar.

Licencia le pido al rey

para irle a visitar.

—Don Martín, esta licencia

no te la quiero estorbar.

Ensilla el caballo blanco

de un salto en él va a montar;

por unas vegas arriba

corre como un gavilán:

—¡Adiós, adiós, el buen rey,

a tu palacio real;

que dos años te sirvió

una doncella leal!

Óyela el hijo del rey

tras ella va a cabalgar.

—¡Corre, corre, hijo del rey,

que no me habrás de alcanzar

hasta en casa de mi padre

si quieres irme a buscar!

Campanita de mi iglesia,

ya os oigo repicar;

puentecito, puentecito,

del río de mi lugar,

una vez te pasé virgen;

virgen te vuelvo a pasar.

Abra las puertas mi padre,

ábralas de par en par.

Madre, sáqueme la rueca,

que traigo ganas de hilar,

que las armas y el caballo

bien los supe manejar.

Tras ella el hijo del rey

a la puerta fue a llamar.

ROMANCE DE LA HERMANA CAUTIVA

El día de los torneos

pasé por la morería,

y había una mora lavando

al pie de una fuente fría:

—Apártate, mora bella,

apártate, mora linda,

que va a beber mi caballo

de esas aguas cristalinas.

—No soy mora, caballero,

que soy cristiana cautiva;

me cautivaron los moros

siendo yo muy chiquitita.

—¿Te quieres venir a España?

—De buena gana me iría;

y los pañuelos que lavo,

¿dónde yo los dejaría?

—Los de seda y los de holanda

aquí, en mi caballería;

y los que nada valieran,

la corriente llevaría.

Pasaron montes y montes,

la mora se sonreía.

Le pregunta el caballero:

—¿De qué te sonríes, niña?

—Me río de ver a España,

que es toda la patria mía.

Al llegar a la frontera

la mora a llorar se ponía;

le pregunta el caballero:

—¿De qué tú lloras, morita?

—Lloro de ver esta tierra,

mi padre a cazar venía

con mi hermano Morabel

y toda su comitiva.

—¿Cómo se llamaba tu padre?

—Mi padre, Juan de la Oliva.

—¡Virgen Santa, lo que oigo!

¡Virgen Sagrada María!

¡Virgen Santa, lo que dices!

¡Virgen Sagrada María!,

pensaba traer mujer

y traigo una hermana mía.

—Madre, abra usted la puerta,

ventanas y melodías,

que aquí traigo la rosa

que lloraba noche y día.

ROMANCE DE LA CONDESITA

Grandes guerras se publican

en la tierra y en el mar,

y al conde Flores le nombran

por capitán general.

Lloraba la condesita,

no se puede consolar;

acaban de ser casados,

y se tienen que apartar:

—¿Cuántos días, cuántos meses,

piensas estar por allá?

—Deja los meses, condesa,

por años debes contar;

si a los tres años no vuelvo,

viuda te puedes llamar.

Pasan los tres y los cuatro,

nuevas del conde no hay;

ojos de la condesita

no cesaban de llorar.

Un día, estando a la mesa,

su padre la empieza a hablar:

—Cartas del conde no llegan,

nueva vida tomarás;

condes y duques te piden,

te debes, hija, casar.

—Carta en mi corazón tengo

que don Flores vivo está.

No lo quiera Dios del cielo

que yo me vuelva a casar.

Dame licencia, mi padre,

para el conde ir a buscar.

—La licencia tienes, hija,

mi bendición además.

Se retiró a su aposento

llora que te llorarás;

se quitó medias de seda,

de lana las fue a calzar;

dejó zapatos de raso,

los puso de cordobán;

un brial de seda verde,

que valía una ciudad,

y encima del brial puso

un hábito de sayal;

esportilla de romera

sobre el hombro se echó atrás;

cogió el bordón en la mano,

y se fue a peregrinar.

Anduvo siete reinados,

morería y cristiandad;

anduvo por mar y tierra,

no pudo al conde encontrar;

cansada va a la romera,

que ya no puede andar más.

Subió a un puerto, miró al valle,

un castillo vio asomar:

“Si aquel castillo es de moros,

allí me cautivarán;

mas si es de buenos cristianos,

ellos me han de remediar.”

Y bajando unos pinares,

gran vacada fue a encontrar:

—Vaquerito, vaquerito,

te quería preguntar

¿de quién llevas tantas vacas,

todas de un hierro y señal?

—Del conde Flores, romera,

que en aquel castillo está.

—Vaquerito, vaquerito,

más te quiero preguntar

del conde Flores tu amo,

¿cómo vive por acá?

—De la guerra llegó rico;

mañana se va a casar;

ya están muertas las gallinas,

y están amasando el pan;

muchas gentes convidadas,

de lejos llegando van.

—Vaquerito, vaquerito,

por la Santa Trinidad,

por el camino más corto

me has de encaminar allá.

Jornada de todo un día,

en medio la hubo de andar;

llegada frente al castillo,

con don Flores fue a encontrar

y arriba vio estar la novia

en un alto ventanal.

—Dame limosna, buen conde,

por Dios y su caridad.

—¡Oh, qué ojos de romera,

en mi vida los vi tal!

—Sí los habrás visto, conde,

si en Sevilla estado has.

—La romera ¿es de Sevilla?

¿Qué se cuenta por allá?

—Del conde Flores, señor,

poco bien y mucho mal.

Echó la mano al bolsillo,

un real de plata la da.

—Para tan grande señor,

poca limosna es un real.

—Pues pida la romerica,

que lo que pida tendrá.

—Yo pido ese anillo de oro

que en tu dedo chico está.

Abrióse de arriba abajo

el hábito de sayal:

—¿No me conoces, buen conde?

Mira si conocerás

el brial de seda verde

que me diste al desposar.

Al mirarla en aquel traje,

cayóse el conde hacia atrás.

Ni con agua ni con vino

no lo pueden recordar,

sino es con palabras dulces

que la romera le da.

La novia bajó llorando

al ver al conde mortal;

y abrazando a la romera

se lo ha venido a encontrar.

—Malas mañas sacas, conde,

no las podrás olvidar;

que en viendo una buena moza,

luego las vas a abrazar.

Malhaya, la romerita,

quien te trajo para acá.

—No la maldiga ninguno,

que es mi mujer natural.

Con ella vuelvo a mi tierra;

adiós, señores, quedad;

quédese con Dios la novia,

vestidita y sin casar;

que los amores primeros

son muy malos de olvidar.

LAS TRES CAUTIVAS

A la verde, verde

a la verde oliva,

donde cautivaron

a mis tres cautivas.

El pícaro moro

que las cautivó

a la reina mora

se las entregó.

Toma reina mora

estas tres cautivas

para que te valgan,

para que te sirvan.

¿Cómo son sus nombres?

¿Cómo les decían?

La mayor Constanza,

la menor Lucía,

y a la más chiquita

la llaman María.

Constanza amasaba,

Lucía cernía

y la más chiquita

agua les traía.

Un día en la fuente,

en la fuente fría

con un pobre viejo

se encontró la más niña.

¿Dónde vas buen viejo

camina, camina?

Así voy buscando

a mis tres perdidas.

¿Cómo son sus nombres?

¿Cómo les decían?

La mayor Constanza,

la menor Lucía,

y a la más chiquita

la llaman María.

Usted es mi padre.

¿Tú eres mi hija?

Yo voy a contarlo

a Constanza y Lucía.

¿No sabes Constanza,

no sabes Lucía

que he encontrado a padre

en la fuente fría?

Constanza lloraba,

reía Lucía,

y la más pequeña

lágrimas tenía.

 Al trabajo…

MI SEMANA DE TRABAJO

Soy carpintero laborioso.

Todo mi encanto es trabajar.

Esta semana haré una mesa.

¡Arriba!  Es hora de empezar.

 

Lunes, cepillo las tablitas.

Martes, las corto con afán.

Miércoles, doy forma a las piezas.

Jueves, el día de pegar.

Viernes, la mesa está acabada.

Sábado, la tengo que pintar.

 

Domingo… ¡Qué mesa tan linda!

¿Me la quiere usted comprar?

MERCADO

Cargada va la Jirafa

con una buena garrafa.

Viuda triste se ha quedado

y va a vender al mercado.

¡Vendo el churrito caliente

y el vasito de aguardiente!

El parroquiano Elefante

lleva una trompa constante.

Caracol —junto a la pila—

de su casa un piso alquila.

Doña Tortuga y don Oso

venden queso mantecoso

—quesitos requesones,

especial para ratones—.

La simpática Lechuza

vende la fresca merluza.

La Vaca vende morcilla

doña Cerda mantequilla.

Y está vendiendo don Gato

el rico paté de pato.

Doña Foca y don Pingüino

venden el helado fino.

Dos búhos que son poetas,

venden cuentos y cometas.

Y lo mejor del mercado

es que todo es regalado.

A la naturaleza…

AL MAR FUI POR NARANJAS

A la mar fui por naranjas,

cosa que el mar no tiene;

me dejaron mojadita

las olas que van y vienen.

Ay, mi dulce amor,

ese mar que ves, tan bello,

ay mi dulce amor,

ese mar que ves tan bello, es un traidor.

DIOS QUE ENSEÑA A HERRERO

Dios que enseña a herrero

herrero que hace cuchillo

cuchillo que mata buey

buey que bebe agua

agua que apaga vela

vela que quema palo

palo que pega a perro

perro que mata a gato

gato que araña tapia

tapia que ataja viento

viento que lleva nube

nube que tapa sol

sol que derrite chancho

chancho que mi patita quebró.

Dijo el chacarero:

¡Justicia pido yo!

A los sentimientos…

LA PENA

Mi pena es muy mala,

porque es una pena que yo no quisiera

que se me quitara.

Vino como vienen,

sin saber de dónde

el agua a los mares, las flores a mayo,

los vientos al bosque.

Vino, y se ha quedado

en mi corazón,

como el amargo en la corteza verde

del verde limón.

Como las raíces

de la enredadera,

se va alimentando la pena en mi pecho

con sangre en mis venas.

Yo no sé por dónde,

ni por dónde no,

se me ha liado esta soguita al cuerpo

sin saberlo yo.

ROMANCE DEL AMOR MÁS PODEROSO QUE LA MUERTE

Conde Niño, por amores

es niño y pasó la mar;

va a dar agua a su caballo

la mañana de San Juan.

Mientras el caballo bebe,

él canta dulce cantar;

todas las aves del cielo

se paraban a escuchar

caminante que camina

olvida su caminar;

navegante que navega

la nave vuelve hacia allá.

La reina estaba labrando,

la hija durmiendo está:

—Levantaos, Albaniña,

de vuestro dulce folgar,

sentiréis cantar hermoso

la sirenita del mar.

—No es la sirenita, madre,

la de tan bello cantar,

sino es el Conde Niño

que por mí quiere finar.

¡Quién le pudiese valer

es su tan triste penar!

—Si por tus amores pena,

¡oh, malhaya su cantar!

y porque nunca los goce

yo le mandaré matar.

—Si le manda a matar, madre,

juntos nos han de enterrar.

Él murió a la medianoche,

ella a los gallos cantar;

a ella como hija de reyes,

la entierran en el altar,

a él como hijo de conde

unos pasos más atrás.

Della nació un rosal blanco

dél nació un espino albar;

crece el uno crece el otro,

los dos se van a juntar;

las ramitas que se alcanzaban

fuertes abrazos se dan,

y las que no se alcanzaban

no dejan de suspirar.

La reina, llena de envidia,

ambos los mandó a cortar;

el galán que los cortaba

no cesaba de llorar.

Della naciera una garza,

dél un fuerte gavilán;

juntos vuelan por el cielo,

juntos vuelan a la par.

CAROLINA Y OLÉ

Me gusta Carolina

y olé,

con el pelo cortado

y olé,

parece una paloma

y olé,

de esas que van volando

y olé.

ROMANCE DE LAS TRES HERMANAS

A la quinta, quinta, quinta

de una señora de bien,

llega un lindo caballero

corriendo a todo correr.

como el oro es su cabello,

como la nieve su tez,

como luceros sus ojos

y su voz como la miel.

—Que Dios os guarde, señora.

—Caballero, a vos también.

—Dame un vasito de agua,

que vengo muerto de sed.

—Fresquita como la nieve,

caballero os la daré,

que mis hijas la trajeron

al tiempo de amanecer.

—¿Son hermosas vuestras hijas?

—Como el sol de Dios las tres.

—¿Dónde están que no las veo?

—Cada cual es su quehacer,

que así deben estar siempre

las mujercitas de bien.

—Decidme, ¿cómo se llaman?

—La mayor se llama Inés

la mediana Angelina,

la más pequeña Isabel.

—Decid a todas que salgan,

que las quiero conocer.

—La mediana y la pequeña

a la vista las tenéis,

que por veros han dejado

de planchar y de coser.

La mayor, coloradita

se pone cuando la ven,

y esta está en su cuarto cose

que cose, y vuelta a coser.

—Lindas son las dos que veo,

lindas son como un clavel,

pero debe ser más linda

la que no se deja ver.

Que Dios os guarde, señora.

—Caballero, a vos también—.

Y se marcha el caballero

corriendo a todo correr…

A la quinta, quinta, quinta

de la señora de bien,

llegan siete caballeros,

siete semanas después.

—Señora, buena señora,

somos los criados del rey,

que hoy hace siete semanas

vino aquí muerto de sed.

Tres hijas como tres rosas

nos ha dicho que tenéis:

venga, venga con nosotros

esa que se llama Inés,

esa que coloradita

se pone cuando la ven,

que allí en los palacios reales

va a casarse con el rey.

2 Comentarios

  1. Los romances son preciosos. La extraña boda me encanta. La rata planchadora me ha hecho mucha gracia. Felicidades Astrid Gracias. Un abrazo

    • Me pone tan feliz saber que disfrutas visitando las mesas de Lectoaperitivos, Marisa. ¡Muchas gracias por tu permanente apoyo!
      Un abrazo grande desde Coya, Chile.

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