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Lectoaperitivos de poemas a la patria y la cordillera de Los Andes

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RAPA NUI

TEPITO-TE-HENÚA, ombligo del mar grande,

taller del mar, extinguida diadema.

De tu lava escorial subió la frente

del hombre más arriba del Océano,

los ojos agrietados de la piedra

midieron el ciclónico universo,

y fue central la mano que elevaba

la pura magnitud de tus estatuas.

Tu roca religiosa fue cortada

hacia todas las líneas del Océano

y los rostros del hombre aparecieron

surgiendo de la entraña de las islas,

naciendo de los cráteres vacíos

con los pies enredados al silencio.

Fueron los centinelas y cerraron

el ciclo de las aguas que llegaban

desde todos los húmedos dominios,

y el mar frente a las máscaras detuvo

sus tempestuosos árboles azules.

Nadie sino los rostros habitaron

el círculo del reino.  Era callado

como la entrada de un planeta, el hilo

que envolvía la boca de la isla.

Así, en la luz del ábside marino

la fábula de piedra condecora

la inmensidad  con sus medallas muertas,

y los pequeños reyes que levantan

toda esta solitaria monarquía

para la eternidad de las espumas,

vuelven al mar en la noche invisible,

vuelven a sus sarcófagos de sal.

Solo el pez luna que murió en la arena.

Solo el tiempo que muerde los moais.

Solo la eternidad en las arenas

conocen las palabras:

la luz sellada, el laberinto muerto,

las llaves de la copa sumergida.

Pablo Neruda

Chile

POEMA PARA MIRAR EL MAPA

En Chile hay una Pascua

que no es la Navidad,

a ver quién adivina,

quién sabe qué será.

Lejana y misteriosa,

rodeada de agua está,

su eterno villancico

lo está cantando el mar.

Esta Pascua chilena

con nieve nunca está,

y es Pascua verdadera,

leyenda y realidad.

En Chile hay una Pascua

que no es la Navidad:

di Te Pito Te Henúa,

y así, la nombrarás.

Miguel Moreno Monroy

Chile

POEMA CON NIEVE

Donde mi largo

país termina,

baila el pingüino

con la pingüina.

El viento helado

su flauta toca

para que dance

también la foca.

Y las gaviotas

y los gaviotines

bordan el aire

de bailarines.

Miguel Moreno Monroy

Chile

 ♦

ANOCHECER

En la cumbre de los Andes

un cóndor de tinta china

se traga el sol de la tarde

y apaga la luz del día.

Oscar Alfaro

Bolivia

CANTAR

Mi patria tiene montañas,

no mar.

Olas de trigo y trigales,

no mar.

Espuma azul los pinares,

no mar.

Cielos de esmalte fundido,

no mar.

Y el coro ronco del viento,

sin mar.

Oscar Cerruto

Bolivia

VIVA LA CORDILLERA DE LOS ANDES

Tengo unas ganas locas de gritar

viva la Cordillera de los Andes

muera la Cordillera de la Costa.

La razón ni siquiera la sospecho.

Pero no puedo más:

¡Viva la Cordillera de los Andes!

¡Muera la Cordillera de la Costa!

Hace cuarenta años

que quería romper el horizonte,

ir más allá de mis propias narices,

pero no me atrevía.

Ahora no señores

se terminaron las contemplaciones:

¡Viva la Cordillera de los Andes!

¡Muera la Cordillera de la Costa!

¿Oyeron lo que dije?

¡Se terminaron las contemplaciones!

¡Viva la Cordillera de los Andes!

¡Muera la Cordillera de la Costa!

Claro que no respondo

si se me cortan las cuerdas vocales

(En un caso como éste

es bastante probable que se corten).

Bueno, si se me cortan

quiere decir que no tengo remedio

que se perdió la última esperanza.

Yo soy un mercader

indiferente a las puestas de sol

un profesor de pantalones verdes

que se deshace en gotas de rocío

un pequeño burgués es lo que soy

¡Qué me importan a mí los arreboles!

Sin embargo me subo a los balcones

para gritar a todo lo que doy

¡Viva la Cordillera de los Andes!

¡¡Muera la Cordillera de la Costa!!

Perdonadme si pierdo la razón

en el jardín de la naturaleza

pero debo gritar hasta morir

¡¡Viva la Cordillera de los Andes!!

¡¡¡Muera la Cordillera de la Costa!!!

Nicanor Parra

Chile

¿EN DÓNDE TEJEMOS LA RONDA?

¿En dónde tejemos la ronda?

¿La haremos a orillas del mar?

El mar danzará con mil olas

haciendo una trenza de azahar.

¿La haremos al pie de los montes?

El monte nos va a contestar.

¡Será cual si todas quisiesen,

las piedras del mundo, cantar!

¿La haremos, mejor, en el bosque?

La voz y la voz va a trenzar,

y cantos de niños y de aves

se irán en el viento a besar.

¡Haremos la ronda infinita!

¡La iremos al bosque a trenzar,

la haremos al pie de los montes

y en todas las playas del mar!

Gabriela Mistral

Chile

LA ARAUCANA

(fragmentos)

I CHILE

Chile, fértil provincia y señalada

en la región Antártica famosa,

de remotas naciones respetada

por fuerte, principal y poderosa:

la gente que produce es tan granada,

tan soberbia, gallarda y belicosa,

que no ha sido por rey jamás regida

ni a extranjero dominio sometida.

Es Chile norte sur de gran longura,

costa del nuevo mar, del Sur llamado;

tendrá del este a oeste de angostura

cien millas, por lo más ancho tomado;

bajo del polo Antártico en altura

de veinte y siete grados, prolongado

hasta do el mar Océano y Chileno

mezclan sus aguas por angosto seno.

Y estos dos anchos mares, que pretenden,

pasando de sus términos, juntarse,

baten las rocas y sus olas tienden,

mas esles impedido el allegarse;

por esta parte al fin la tierra hienden

y pueden por aquí comunicarse:

Magallanes, señor, fue el primer hombre

que, abriendo este camino, le dio nombre.

II LOS ARAUCANOS

En fin, el hado y clima desta tierra,

si su estrella y pronósticos se miran,

es contienda, furor, discordia, guerra,

y a sólo esto los ánimos aspiran;

todo su bien y mal aquí se encierra:

son hombres que de súbito se aíran,

de condición feroces, impacientes,

amigos de domar extrañas gentes.

Son de gestos robustos, desbarbados,

bien formados los cuerpos y crecidos,

espaldas grandes, pechos levantados,

recios miembros, de nervios bien fornidos;

ágiles, desenvueltos, alentados,

animosos, valientes, atrevidos,

duros en el trabajo y sufridores

de fríos mortales, hambres y calores.

No ha habido rey jamás que sujetase

esta soberbia gente libertada,

ni extranjera nación que se jactase

de haber dado en sus términos pisada,

ni comarcana tierra que se osase

mover en contra y levantar espada;

siempre fue exenta, indómita, temida,

de leyes libre y de cerviz erguida.

Alonso de Ercilla

España

EL PAISAJE

Campos de Chile,

linda acuarela,

sol, vientos, ríos,

oro y canela.

Montes de plata,

canción que vuela,

el alto monte

de centinela.

Entre los campos

suena la espuela,

y sobre el lago

la luna riela.

Caupolicán Montaldo

Chile

(rielar:  Brillar con luz trémula)

CHILE

Chile es la cumbre

de la montaña:

violeta oscura

corona blanca.

Chile es el campo

de las espigas:

Sur de copihues,

Norte de minas.

Chile es el valle,

canto sencillo,

que por el trébol

se lleva el río.

Chile es el aire

de la tierra libre.

Chile es mi casa.

¡Mi patria es Chile!

Oscar Jara Azócar

Chile

 TIERRA CHILENA

Danzamos en tierra chilena,

más bella que Lía y Raquel;

la tierra que amasa a los hombres

de labios y pecho sin hiel…

La tierra más verde de huertos,

la tierra más rubia de mies,

la tierra más roja de viñas,

¡qué dulce que roza los pies!

Su polvo hizo nuestras mejillas,

su río hizo nuestro reír,

y besa los pies de la ronda

que la hace cual madre gemir.

Es bella, y por ella queremos

sus pastos de rondas albear;

es libre y por libre deseamos

su rostro de cantos bañar…

Mañana abriremos sus rocas,

la haremos viñedo y pomar;

mañana alzaremos sus pueblos

¡hoy sólo queremos danzar!

Gabriela Mistral

Chile

EL ACONCAGUA

El Aconcagua.  Bestia

solemne y frígida.  Cabeza

blanca y ojos de piedra fija.

Anda en lentos rebaños

con otros animales semejantes

por entre rocallosos desamparos.

En la noche,

roza con belfo blando

las manos frías de la luna.

Nicolás Guillén

Cuba

(belfo:  RAE  2. m. Cada uno de los dos labios del caballo y de otros animales.)

CHILE

Chile:  una rosa de hierro,

fija y ardiente en el pecho

de una mujer de ojos negros.

—Tu rosa quiero.

(De Antofagasta vengo,

voy para Iquique,

tan sólo una mirada

me ha puesto triste.)

Chile:  el salitral violento.

La pampa de puño seco.

Una bandera de fuego.

—Tu pampa quiero.

(Anduve caminando

sobre el salitre;

La Muerte me miraba,

yo estaba triste.)

Chile:  tu verde silencio.

Tu pie sur en un estrecho

zapato de espuma y viento.

—Tu viento quiero.

(El ovejero ladra,

la tropa sigue;

la oveja mira al perro

con ojos tristes.)

Chile:  tu blanco lucero.

Tu largo grito de hielo.

Tu cueca de polvo pueblo.

—Tu pueblo quiero.

(En la cresta de un monte

la luna gime;

agua y nieve le lavan

la frente triste.)

Nicolás Guillén

Cuba

PANIMÁVIDA

En Chile hallé palabras

de lluvia y nieve intacta,

mas ninguna tan clara…

—Panimávida.

Va por las rocas; salta.

De espumas se empenacha.

Luego duerme y se estanca.

—Panimávida.

O bien su antigua llama

muestra como una lágrima

en la noche araucana.

—Panimávida.

En Chile hallé palabras

de lluvia y nieve intacta,

mas ninguna tan clara…

—Panimávida.

Nicolás Guillén

Cuba

CANTO AL CHIMBORAZO

Montaña:

Cimborio de platino

Campanario de los huracanes

Te oriflamas de crepúsculos en las tardes

Te incendias con fogatas de estrellas en las noches

Campo de aterrizaje para cóndores

Abanderado de nuestra América

que llevas en el pecho como una medalla

la huella dorada del pie de Bolívar.

Carpa más alta del vivac de los Andes,

donde acampó la raza del indio.

Cubierto con el manto de piel de oso del polo

que con el iris curvado hacia atrás

me recuerdas la gloria de tus caciques bravos.

Montaña:

Paracaídas de nuestros panoramas

En las cuerdas sonoras de tus ríos

te pasa la vida cantando paisajes.

El trópico es un cinturón de sol

que sostiene la falda de raso de la tierra

y tú eres la hebilla

en tu cima.

(Ta huan ti suyo)

gira la giralda de la rosa náutica.

Montaña:

ovillo del que se desovilla la vía láctea.

Caravela de tres velas

en el oleaje crespo de los horizontes.

Sobre tu popa

iremos cantando nuestra canción autóctona.

Parábola de la altura.

Mi alma disparada por ti

ha hecho blanco en el Sol.

Montaña tu copa

en las manos de América

es una copa de champaña.

Miguel Ángel León

Ecuador

(cimborio:  cúpula; vivac:  RAE 1. m. Mil. Guardia principal en las plazas de armas, a la cual acuden todas las demás a tomar el santo y seña. 2. m. Mil. Paraje donde las tropas vivaquean; giralda:  RAE 1. f. Veleta de torre que tiene figura humana o de animal.)

¿Y el Chimborazo?  Aquí lo tienen… imponente.

SOY SEGOVIANO

Europa es

un continente,

me enseña en clase

Don Benavente.

España es

país de Europa,

me enseña en clase

Doña Carlota.

Segovia es

ciudad de España,

me enseña en clase

Doña Luciana.

Soy segoviano,

soy español,

soy europeo,

del mundo soy.

Marisa Alonso Santamaría

España

¿Que dónde queda Segovia?  Les dejo un mapa para llevar en sus maletas y ¡viajar!

CORDILLERA

A Don Eduardo Santos

¡Cordillera de los Andes,

Madre yacente y Madre que anda,

que de niños nos enloquece

y hace morir cuando nos falta;

que en los metales y el amianto

nos aupaste las entrañas;

hallazgo de los primogénitos,

de Mama Ocllo y Manco Cápac,

tremendo amor y alzado cuerno

del hidromiel de la esperanza!

Jadeadora del Zodíaco,

sobre la esfera galopada;

corredora de meridianos,

piedra Mazzepa que no se cansa,

Atalanta que en la carrera

es el camino y es la marcha,

y nos lleva, pecho con pecho,

a lo madre y lo marejada,

a maná blanco y peán rojo

de nuestra bienaventuranza.

Caminas, Madre, sin rodillas,

dura de ímpetu y confianza;

con tus siete pueblos caminas

en tus faldas acigüeñadas;

caminas la noche y el día,

desde mi Estrecho a Santa Marta,

y subes de las aguas últimas

la cornamenta del Aconcagua.

Pasas el valle de mis leches,

amoratando la higuerada;

cruzas el cíngulo de fuego

y los ríos Dioscuros lanzas;

pruebas Sargassos de salmuera

y desciendes alucinada…

Viboreas de las señales

del camino del Inca Huayna,

veteada de ingenierías

y tropeles de alpaca y llama,

de la hebra del indio atónito

y del ¡ay! de la quena mágica.

Donde son valles, son dulzuras;

donde repechas, das el ansia;

donde azurea el altiplano

es la anchura de la alabanza.

Extendida como una amante

y en los soles reverberada,

punzas al indio y al venado

con el jengibre y con la salvia;

en las carnes vivas te oyes

lento hormiguero, sorda vizcacha;

oyes al puma ayuntamiento

y a la nevera, despeñada,

y te escuchas el propio amor

en tumbo y tumbo de tu lava.

Bajan de ti, bajan cantando,

como de nupcias consumadas,

tumbadores de las caobas

y rompedor de araucarias.

Aleluya por el tenerte

para cosecha de las fábulas,

alto ciervo que vio San Jorge

de cornamenta aureolada

y el fantasma del Viracocha,

vaho de niebla y vaho de habla.

¡Por las noches nos acordamos

de bestia negra y plateada,

leona que era nuestra madre

y de pie nos amamantaba!

En los umbrales de mis casas,

tengo tu sombra amoratada.

Hago, sonámbula, mis rutas,

en seguimiento de tu espalda,

o devanándome en tu niebla,

o tanteando un flanco de arca;

y la tarde me cae al pecho

en una madre desollada.

¡Ancha pasión, por la pasión

de hombros de hijos jadeada!

¡Carne de piedra de la América,

halalí de piedras rodadas,

sueño de piedra que soñamos,

piedras del mundo pastoreadas;

enderezarse de las piedras

para juntarse con sus almas!

¡En el cerco del valle de Elqui

en luna llena de fantasma,

no sabemos si somos hombres

o somos peñas arrobadas!

Vuelven los tiempos en sordo río

y se les oye la arribada

a la meseta de los Cuzcos

que es la peana de la gracia.

Silbaste el silbo subterráneo

a la gente color del ámbar;

te desatamos el mensaje

enrollado de salamandra;

y de tus tajos recogemos

nuestro destino en bocanada.

¡Anduvimos como los hijos

que perdieron signo y palabra,

como beduino o ismaelita,

como las peñas hondeadas,

vagabundos envilecidos,

gajos pisados de vid santa,

hasta el día de recobrarnos

como amantes que se encontraran!

Otra vez somos los que fuimos,

cinta de hombres, anillo que anda,

viejo tropel, larga costumbre

en derechura a la peana,

donde quedó la madre augur

que desde cuatro siglos llama,

en toda noche de los Andes

y con el grito que es lanzada.

Otra vez suben nuestros coros

y el roto anillo de la danza,

por caminos que eran de chasquis

y en pespuntes de llamaradas.

Son otra vez adoratorios

jaloneando la montaña

y la espiral en que columpian

mirra-copal, mirra-copaiba,

¡para tu gozo y nuestro gozo

balsámica y embalsamada!

El fueguino sube al Caribe

por tus punas espejeadas;

a criaturas de salares

y de pinar lleva a las palmas.

Nos devuelves al Quetzalcóatl

acarreándonos al maya,

y en las mesetas cansa-cielos,

donde es la luz transfigurada,

braceadora, ata tus pueblos

como juncales de sabana.

¡Suelde el caldo de tus metales

los pueblos rotos de tus abras;

cose tus ríos vagabundos,

tus vertientes acainadas.

Puño de hielo, palma de fuego,

a hielo y fuego purifícanos!

Te llamemos en aleluya

y en letanía arrebatada.

¡Especie eterna y suspendida,

Alta-ciudad  –  Torres-doradas,

Pascual Arribo de tu gente,

Arca tendida de la Alianza!

Gabriela Mistral

Chile

(amianto:  RAE 1. m. Mineral que se presenta en fibras blancas y flexibles, de aspecto sedoso. Es un silicato de cal, alúmina y hierro, y por sus condiciones tiene aplicación para hacer con él tejidos incombustibles.  Atalanta.  peán:  RAE 1. m. Canto coral griego en honor de Apolo, con frecuencia de carácter guerrero.  cíngulo: cordón.  Sargassos. halalí:  Cuerno de caza alemán que da inicio a la temporada. peana:  base. augur:  RAE 1. m. Oficiante, que en la antigua Roma practicaba oficialmente la adivinación por el canto, el vuelo y la manera de comer de las aves y por otros signos. 2. m. Persona que vaticina.  abras: grietas.)

SALTO DEL LAJA

A Radomiro  Tomic

Salto del Laja, viejo tumulto,

hervor de las flechas indias,

despeño de belfos vivos,

majador de tus orillas.

Avientas las rocas, rompes

tu tesoro, te avientas tú misma,

y por vivir y por morir,

agua india, te precipitas.

Cae y de caer no acaba

la cegada maravilla,

cae el viejo fervor terrestre,

la tremenda Araucanía.

Juegas cuerpo y juegas alma;

caes entera, agua suicida;

caen contigo los tiempos,

caen gozos con agonías,

cae la mártir indiada,

y cae también mi vida.

Las bestias cubres de espumas;

ciega las liebres tu neblina,

y hieren cohetes blancos

mis brazos y mis rodillas.

Te oyen caer los que talan,

los que hacen pan o que caminan,

los que duermen no están muertos,

o dan su alma o cavan minas

o en los pastos y las lagunas

cazan el coipo y la chinchilla.

Cael el ancho amor vencido,

medio dolor, medio dicha,

en un ímpetu de madre

que a sus hijos encontraría.

Y te entiendo y no te entiendo,

Salto del Laja, vocería,

vaina de antiguos sollozos

y aleluya que cae rendida.

Salto del Laja, pecho blanco

y desgarrado, Agua Antígona,

mundo cayendo sin derrota,

Madre, cayendo sin mancilla…

Me voy con el río Laja,

me voy con las locas víboras,

me voy por el cuerpo de Chile;

doy vida y voluntad mías;

juego sangre, juego sentidos

y me entrego, ganada y perdida…

Gabriela Mistral

Chile

(Salto del Laja, Región VIII del Biobío, Chile)

SELVA AUSTRAL

Algo se asoma y gestea

y de vago pasa a cierto,

un largo manchón de noche

que nos manda llamamientos

y forra el pie de los Andes

o en hija los va subiendo.

Por más que sea taimada,

la selva se va entreabriendo

y en rasgando su ceguera

ya por nuestra la daremos.

Caen copihues rosados

atarantándome al ciervo

y los blancos se descuelgan

en luz y estremecimiento.

Ella, con gestos que vuelan,

se va a sí misma creciendo;

se alza, bracea, se abaja,

echando oblicuo el ojeo;

abre apretadas aurículas

y otras hurta con recelo,

y así va, la marrullera,

llevándonos magia adentro…

Sobre un testuz y dos frentes

ahora palpita entero

un trocado cielo verde

de avellanos y canelos,

y la araucaria negra

toda brazo y toda cuello…

Huele el ulmo, huele el pino,

y el humus huele tan denso

como fue el segundo día

cuando el soplo y el fermento.

Por la merced de la siesta

todo, exhalándose, es nuestro,

y el huemul corre alocado

o gira y se estrega en cedros,

reconociendo resinas

olvidadas de su cuerpo.

Está en cuclillas el niño,

juntando piñones secos

y espía a la selva que

mira en madre, consintiendo…

Ella, como que no entiende,

pero se llena de gestos,

como que es cerrada noche

pero hierve de unos siseos.

Cuando es que ya sosegamos

en hojarascas y légamos,

van subiendo, van subiendo,

rozaduras, silabeos,

mascaduras, frotecillos,

temblores calenturientos,

el caer de las piñetas,

la resina, el gajo muerto,

pizcas de nido, una baya,

unas burlitas de estiércol…

Abuela silabeadora,

ya te entiendo, ya te entiendo…

Deshace redes y nudos,

abaja, abuela, el aliento;

pasa y repasa las caras,

cuélate de sueño adentro.

Yo me fui sin entenderte

y tal vez por eso vuelvo;

pero allá olvido a la Tierra

Y, en bajando, olvido al Cielo.

Y así voy, y vengo, y vivo

a puro desasosiego.

La tribu de tus pinares

gime con oscuro acento

y se revuelve y voltea,

mascullando y no diciendo.

Eres una y eres tántas

que te tomo y que te pierdo,

y guiñas y silvas, burla

burlando y hurtas el cuerpo,

carcajeadora que escapas

y mandas mofas de lejos…

Y ay no te mueves, que tienes

los pies cargados de sueño…

Se está volteando el indio

y queda, pecho con pecho,

con la tierra, oliendo el rastro

de la chilla y del culpeo.

Que te sosieguen los pulsos,

aunque sea el puma-abuelo.

Pasarían rumbo al agua,

secos y duros los belfos,

y en sellos vivos dejaron

prisa, peso, y uñeteo.

El puma sería padre;

los zorrillos eran nuevos.

Ninguno de ellos va herido,

que va a galope abierto

y beberemos nosotros

sobre el mismo sorbo de ellos…

Aliherido el puelche junta

la selva, como en arreo

y con resollar de niño

se queda en platas durmiendo…

Vamos a dormir, si es dable,

tú, mi atarantado ciervo,

y mi bronce silencioso,

en majaduras de helechos,

si es que el puelche maldadoso

no vuelve a darnos manteo.

Que esta noche no te corra

la manada por el sueño,

mira que quiero dormirme

como el coipo en su agujero,

con el sueño duro de esta

luma donde me recuesto.

¡Ay, qué de hablar a dos mudos

más ariscos que becerros,

qué disparate no haber

cuerpo y guardar su remedo!

¡A qué me dejaron voz

si yo misma no la creo

y los dos que me la oyen

me bizquean con recelo!

Pero no, que el desvariado,

dormido, sigue corriendo.

Algo masculla su boca

en jerga con que no acierto

y el puelche ahora berrea

sobre los aventureros…

Gabriela Mistral

Chile

CAUPOLICÁN

Es algo formidable que vio la vieja raza:

robusto tronco de árbol al hombro de un campeón

salvaje y aguerrido, cuya fornida maza

blandiera el brazo de Hércules o el brazo de Sansón.

Por casco, sus cabellos; su pecho por coraza:

pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,

lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,

desjarretar un toro y estrangular un león.

Anduvo…, anduvo…, anduvo…  Lo vio la luz del día,

lo vio la tarde pálida, lo vio la noche fría,

y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.

“¡El toqui!, ¡el toqui!”, clama la conmovida casta.

Anduvo…, anduvo…, anduvo…  La aurora dijo:  “¡Basta!”

e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.

Rubén Darío

Nicaragua

AMOR DE LA TIERRA

Amor de la tierra, no das tregua a tus hijos.

Cada árbol de tu cuerpo, quiere ser besado por mí

en cada una de sus hojas, quiere ser recordado

en cada cicatriz y en cada nido.  Cada cerro,

cada colina suave de tu tierra sedienta,

quiere que yo la recorra como un torrente blanco.

Cada piedra, planta o flor de tu piel salobre,

quiere que yo la reconozca.  Cada brazo de río,

quiere que yo lo enlace.  Cada estación de tu camino,

quiere que yo me quede para toda la vida.

Cada bestia que va a parir a tus quebradas,

quiere que yo nazca también un poco.  Cada red

de tus manos marinas, quiere que yo la extienda.

Cada gaviota dormida en tus senos, cada

pájaro de tu risa marina, quiere que yo lo persiga.

Cada astillero de tu labor, cada martillo

silvestre, cada árbol con hojas y con nidos

que has elevado por mástil, cada falucho,

que es como un escondrijo selvático con raíces y helechos,

quiere que yo sea con mi canto la vela mayor.

Cada gruta submarina, quiere que yo vuelva

como una ola ausente.  Cada playa inexplorada

de tu cuerpo, como una mujer extendida,

desconocida y salvaje, me espera desde siempre.

Cada paso de tu selva, de tu mar o tu río,

quiere ser el eco de mis pies ausentes.

Amor de la tierra, no me des tregua nunca.

Yo seré como una ola que regresará siempre

a morir y a renacer en tus arenas.

Tú me escucharás en tu voz, porque cada hora mía que muere,

corre a ser piedra de tu río o espuma de tus olas.

Porque cada gota de sudor que cae de mi frente,

vuelva a ser lluvia y fragancia de tu selva.

Amor de la tierra, entiérrame en el río cuando muera,

para seguir siempre recorriendo tu cuerpo.

O entiérrame en la selva, para estar siempre rodando

hacia tus astilleros como un árbol marino.

O empújame, muerto, en un navío hacia el mar,

para volcarme de costado, no lejos de tu tierra.

Y quedar así navegando eternamente de regreso,

con mi casco fulgurando al sol,

y con mi campana sonando, sumergida,

en cada movimiento de tus aguas.

Efraín Barquero

Chile

CANTARES

Vino, sentimiento, guitarra y poesía

hacen los cantares de la patria mía…

Cantares…

Quien dice cantares, dice Andalucía.

A la sombra fresca e la vieja parra,

un mozo moreno rasguea la guitarra…

Cantares…

Algo que acaricia y algo que desgarra.

La prima que canta y el bordón que llora…

Y el tiempo callado se va hora tras hora.

Cantares…

Son dejos fatales de la raza mora.

No importa la vida, que ya está perdida;

y después de todo, ¿qué es eso, la vida?…

Cantares…

Cantando la pena, la pena se olvida.

Madre, pena, suerte, pena, madre, muerte,

ojos negros, negros, y negra la suerte.

Cantares…

En ellos el alma del alma se vierte.

Cantares.  Cantares de la patria mía.

Cantares son sólo los de Andalucía.

Cantares…

No tiene más notas la guitarra mía.

Manuel Machado

España

LA VIDA DE UN DIPLOMÁTICO

“La vida de un diplomático

es azarosa, complicada

puede ser muy arriesgada,

tener un tinte dramático

o bien, ser algo simpático”

–pensaba el Embajador

que deseaba lo mejor

en su nuevo nombramiento

y tan sólo un pensamiento

le producía… ¡pavor!

Pasaba por su cabeza

era su sueño dorado

llegar a un clima templado,

donde la naturaleza

desplegara su belleza;

despertar al amanecer,

ver la luz del día crecer,

en un gran jardín de zafiros,

entre azulados suspiros

rosas, claveles coger.

Esa tarde fue nombrado

era Chile su destino

haría un largo camino

era más que lo soñado

con paisaje muy variado

desierto, lagos, cascadas,

con cordillera nevada

con muy hermosos volcanes

un país sin huracanes

con islas, ríos mar helada.

Dichoso el Embajador

su trabajo, ¡impecable!

sin complicación, amable

hasta que vivió un temblor

que lo llenó de pavor

pasó luego a terremoto

y el encanto quedó roto

y “eclipse de sol” sufrió

y todo muy negro vio

de Chile, ¡veló la foto!

Y el país de maravilla

de belleza tan grandiosa

de gente muy generosa

pasó a ser de pesadilla

y él juró de rodillas

que nunca más volvería

que en su casa viviría

tranquilo, sin sobresalto

pero pasando por alto

que es muy riesgosa la vida.

Astrid Reyes Silva

Chile

PAÍS DE LA AUSENCIA

A Ribeiro Cuoto

País de la ausencia,

extraño país,

más ligero que ángel

y seña sutil

color de alga muerta

color de neblí,

con edad de siempre,

sin edad feliz.

No echa granada,

no cría jazmín,

y no tiene cielos

ni mares de añil.

Nombre suyo, nombre,

nunca se lo oí,

y en país sin nombre

me voy a morir.

Ni puente ni barca

me trajo hasta aquí.

No me lo contaron

por isla o país.

Yo no lo buscaba

ni lo descubrí.

Parece una fábula

que ya me aprendí,

sueño de tomar

y de desasir.

Y es mi patria donde

vivir y morir.

Me nació de cosas

que no son país:

de patrias y patrias

que tuve y perdí;

de las criaturas

que yo vi morir;

de lo que era mío

y se fue de mí.

Perdí cordilleras

en donde dormí;

perdí huertos de oro

dulces de vivir;

perdí yo las islas

de caña y añil,

y las sombras de ellos

me las vi ceñir

y juntas y amantes

hacerse país.

Guedejas de nieblas

sin dorso y cerviz,

alientos dormidos

me los vi seguir,

y en años errantes,

volverse país,

y en país sin nombre

me voy a morir.

Gabriela Mistral

Chile

ÁGUEDA DEL ECUADOR

Para Águeda, nieta de Benjamín Carrión

Águeda del Ecuador

mándame una flor dorada,

y en una nube pintada

un ala de ruiseñor.

—Sí, señor.

Junto a la dorada flor

mándame en un solo trazo

la cumbre del Chimborazo,

la nieve y su resplandor.

—Sí, señor.

Guayaquil con su valor,

Quito en su montaña pura

y la selva y la llanura,

mándamelos, por favor.

—Sí, señor.

Pero quisiera mejor,

Águeda, que todo eso,

que me mandaras un beso,

un beso del Ecuador.

—Sí, señor.

Nicolás Guillén

Cuba

NACÍ

Nací en la tierra,

en el mar,

en la cumbre de una montaña

donde cada madrugada,

se respiraba el pulso de las vertientes azulinas

que brotaban de las venas ancestrales.

Nací del pasto firme que subió a mis sienes

y se cobijó en el alma de nuestro suelo.

Y fui niña danzando en Iakutun.

Mis manos amoldaron el trigo,

el huso, la rueca, el telar

abrigaron mi cuerpo.

Y con las hebras del Foqui,

cogí una estrella para volar.

Eliana Pulquillanca

Chile

El 22 de mayo de 2014, la Alibruji María Alicia Esain nos compartió vía Facebook, “Escribo porque sí. Soy como el grillo de Nalé Roxlo, pero con palabras en lugar de música. Por eso, Ana Guantay Briones me inspiró.”

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DIBUJOS

La luna de Cafayate

temprano salió a pasear.

Se escondió en una vasija

para viajar hasta acá.

Me anunciaron su llegada.

las lechuzas coloridas.

Se alborotaron las coplas

en recuerdo de otros días.

Con su paisaje de cerros,

de cardones y de llamas,

hay un cofre de recuerdos

para alumbrar la mañana.

Changuitos de ojazos negros,

sonrisa de cobre y sal.

En el vino la nostalgia,

en los sueños regresar…

Suenan charangos y quenas,

las zambas levantan vuelo

y mi horizonte de pampa

comparte música y cielo.

Misterios del alma criolla,

feliz de ser argentina.

Abrazo a Salta, la linda,

como parte de mi vida.

María Alicia Esain

Argentina

TODAS LAS COSAS CANTAN BAJO EL CIELO

Querido cielo de mi país

Cantan las cumbres de los Andes, los pastos,

el desierto de Atacama, los grandes ríos,

canales y aguas del sur, Pacífico, nevados

y glaciares

                                                  cantan cantan

Las aves, las bandadas y nieves delas cimas,

garzas, loicas

y las aves más lóbregas de los pequeños de

alma cantan

Canta el día radiante y el día nublado, el

vuelo de las inmaculadas praderas, de las

montañas y los archipiélagos del amor

más helado cantan

Cantan todas las cosas cantan y cantan

Solo porque están vivas cantan

cantan cantan

                                                                    bajo el cielo de mi país.

Raúl Zurita

Chile

(lóbrega:  RAE 1. adj. Oscuro, tenebroso.  2. adj. Triste, melancólico.)

La loica canta canta canta…

BELÉN DEL COLUMPIO

Para mi nieta Alicia Venegas Thayer, que da a sus abuelos su dulzura y serenidad.

En esta tierra bendita

hijo mío, todo es tuyo,

te esperan para jugar

los delfines en el mar

en la montaña, el columpio.

En el bosque hay un pudú

enredado entre las quilas,

anda, es tuyo el latido

de la dulce bestiecita.

Los ojos del puma brillan

ardiendo entre matorrales

para iluminar tu noche

con dos estrellas salvajes.

No temas ir por el mundo

porque tienes mil guardianas:

araucarias en los montes,

en los valles las pataguas.

Aquí no hay cedros oscuros

y es inocente el espino.

Juega, hijo, entre dos aires,

uno sopla desde el mar,

otro enciende los volcanes.

Alicia Morel

Chile

TU NOMBRE, PATRIA

Una gota de miel que se desliza

en dirección al pecho,

en las primeras horas del día,

iluminada con ganas

por el sol;

gota tibia y espesa

de poder curativo insospechado.

Gota inquieta, florida,

permanente,

auténtica, fiel

y memoriosa.

Gota en el aire

y en los labios gota

es tu nombre,

Guatemala.

Francisco Morales Santos

Guatemala

4 Comentarios

  1. Es buena la pagina
    Pa las tarea

    • Qué bueno que te sirva, Silvio. Cuando quieras, con o sin tareas, pasas a vernos 😉

  2. Me ha hecho mucha ilusión ver mi poema “Soy segoviano” en vuestra página. me gusta mi ciudad y estoy muy orgullosa de darla a conocer.
    Todos los poemas son preciosos, pero “El paisaje” de Caupolicán Montaldo, me ha encantado.¡Felicidades!
    ¡Gracias!
    Un abrazo desde Segovia.
    Marisa Alonso

    • Un honor y un gusto enorme “conocer” Segovia a través de tus ojos y tu corazón de segoviana, Marisa. ¡GRACIAS!

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