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Lectoaperitivos de poemas a objetos

post034

CORBATA

Era una corbata

que dijo:  “¡Qué lata!

Estoy hecha un nudo,

la vida es barata.”

María de la Luz Uribe

Chile

COLLAR

Érase un collar

que dijo:  “Adornar

es mi gran misión,

y además brillar.”

“En cualquier edad

nada hay más amado,

deseado, admirado,

que un fino collar.”

María de la Luz Uribe

Chile

BUEN VIAJE

Con la mitad de un periódico

hice un buque de papel,

y en la fuente de mi casa

va navegando muy bien.

Mi hermana con su abanico

sopla que sopla sobre él.

¡Muy buen viaje, muy buen viaje,

buquecito de papel!

Amado Nervo

México

LA TIJERA DE MAMÁ

Cuando me recorta el pelo

la tijera de mamá,

va diciendo en su revuelo:

chiqui-chiqui-chiqui-cha…

Aletea, viene y va

y a mi oído cuchichea:

chiqui-chiqui-chiqui-cha…

Cuando el pelo me recorta

la tijera de mamá,

charla más de lo que corta:

chiqui-chiqui-chiqui-cha…

Germán Berdiales

Argentina

Con más de una lectura, les dejo con…

EL COCHE

¡Triqui!

¡Traque!

¡Juipi!

¡Juape!

¡Arre!

¡Hola!

¡Upa! ¡Vivo! ¡Carambola!

Así del pescante,

feroz, jadeante,

se explica el cochero

de un coche viajero

que alzando humareda

y atroz polvareda

veloz bamboleante,

más brinca que rueda.

Y el látigo zumba;

y todo retumba

con tal alboroto,

cual de un terremoto

que al orbe derrumba,

y toda la gente

se agolpa imprudente

a ver qué noticia

al mundo desquicia,

o qué personaje

va en urgente viaje

de cántaros de oro,

que siguen ligeros

tal vez bandoleros,

galgos carniceros,

en pos del tesoro.

Al fin paró el coche

ya entrada la noche,

y abriólo el gentío

con gran reverencia;

y (¡extraña ocurrencia!)

lo hallaron… ¡vacío!

Tal es, en retrato,

más de un mentecato

de muchos que encuentro.

¡Qué afán! ¡Qué aparato!

Y nada por dentro.

Rafael Pombo

Colombia

EL OJO DE LA AGUJA

Por el ojo de la aguja

veo ciertas maravillas:

del panal vuelan ardillas,

cabe el sol en la burbuja.

Los enanos juguetones

con la Luna en las narices

roban hojas y raíces

para hacerse pantalones.

Sale el mar sobre los barcos,

de las nubes caen peces,

cae el cielo siete veces

hasta el fondo de los charcos.

Pasa el viento en bicicleta,

derribando al búho tieso,

repartiendo –beso a beso–

el azar de la veleta.

Andrés Sabella

Chile

ODA A LAS COSAS

Amo las cosas loca,

locamente.

Me gustan las tenazas,

las tijeras,

adoro

las tazas,

las argollas,

las soperas,

sin hablar, por supuesto,

del sombrero.

Amo

todas las cosas,

no sólo

las supremas,

sino

las

infinita-

mente

chicas,

el dedal,

las espuelas,

los platos,

los floreros.

Ay, alma mía,

hermoso

es el planeta,

lleno

de pipas

por la mano

conducidas

en el humo,

de llaves,

de saleros,

en fin,

todo

lo que se hizo

por la mano del hombre, toda cosa:

las curvas del zapato,

el tejido,

el nuevo nacimiento

del oro

sin la sangre,

los anteojos,

los clavos,

las escobas,

los relojes, las brújulas,

las monedas, la suave

suavidad de las sillas.

Ay cuántas

cosas

puras

ha construido

el hombre:

de lana,

de madera,

de cristal,

de cordeles,

mesas

maravillosas,

navíos, escaleras.

Amo

todas

las cosas,

no porque sean

ardientes

o fragantes,

sino porque

no sé,

porque

este océano es el tuyo,

es el mío:

los botones,

las ruedas,

los pequeños

tesoros

olvidados,

los abanicos en

cuyos plumajes

desvaneció el amor

sus azahares,

las copas, los cuchillos,

las tijeras,

todo tiene

en el mango, en el contorno,

la huella

de unos dedos,

de una remota mano

perdida

en lo más olvidado del olvido.

Yo voy por casas,

calles,

ascensores,

tocando cosas,

divisando objetos

que en secreto ambiciono:

uno porque repica,

otro porque

es tan suave

como la suavidad de una cadera,

otro por su color de agua profunda,

otro por su espesor de terciopelo.

Oh río

irrevocable

de las cosas,

no se dirá

que sólo

amé

los peces,

o las plantas de selva y de pradera,

que no sólo

amé

lo que salta, sube, sobrevive, suspira.

No es verdad:

muchas cosas

me lo dijeron todo.

No sólo me tocaron

o las tocó mi mano,

sino que acompañaron

de tal modo

mi existencia

que conmigo existieron

y fueron para mí tan existentes

que vivieron conmigo media vida

y morirán conmigo media muerte.

Pablo Neruda

Chile

EN UNA CAJITA DE FÓSFOROS

En una cajita de fósforos

se pueden guardar muchas cosas.

Un rayo de sol, por ejemplo.

(Pero hay que encerrarlo muy rápido,

si no, se lo come la sombra).

Un poco de copo de nieve,

quizá una moneda de luna,

botones del traje del viento,

y mucho, muchísimo más.

Les voy a contar un secreto.

En una cajita de fósforos

yo tengo guardada una lágrima,

y nadie, por suerte la ve.

Es claro que ya no me sirve.

Es cierto que está muy gastada.

Lo sé pero qué voy a hacer,

tirarla me da mucha lástima.

Tal vez las personas mayores

no entiendan jamás de tesoros.

“Basura”, dirán, “Cachivaches”,

“no sé por qué juntan todo esto”.

No importa, que ustedes y yo

igual seguiremos guardando

palitos, pelusas, botones,

tachuelas, virutas de lápiz,

carozos, tapitas, papeles,

piolín, carreteles, trapitos,

hilachas, cascotes y bichos.

En una cajita de fósforos

se pueden guardar muchas cosas.

Las cosas no tienen mamá.

María Elena Walsh

Argentina

CARTAS

Las cartas viajan

quién sabe

por aire, tierra o mar.

De un puerto parten

quién sabe

a qué puerto han de arribar.

Hay cartas

que viajan

quien sabe en una botella,

navegan desde

quien sabe

un náufrago perdió estrella.

También hay cartas

que acortan

quién sabe que desencuentro,

viajan invisiblemente

van desde adentro hacia adentro.

Hay ciertas cartas

quién sabe

por qué jamás se escribieron,

palabras que se

anudaron

con lo que nunca dijeron.

Mis cartas viajan

y saben

andar por ningún camino,

será porque estás

al lado,

será porque estás conmigo.

Silvia Schujer

Argentina

EN EL SOMBRERO DE UN DUENDE

En el sombrero de un duende

muchas cosas encontré:

un dedal de malaquita

y un anillo de oropel;

cintas de hadas, caracoles,

zapatillas de ciempiés,

alitas de cucarachas

y migajas de pastel;

papeles de caramelos,

fragancia de vetiver,

un helecho diminuto

y una lágrima de té.

en un sombrero de paja

con un lazo de piqué.

Sergio Andricaín

Cuba

LA FAMILIA

Muy señorona

doña Cuchara

toma la sopa

con mala cara.

Don Tenedor

muestra a la gente

siempre enojado

sus cuatro dientes.

Es don Cuchillo

bravo señor

muy compañero

del Tenedor.

Carita dulce

de señorita

siempre a los postres

la Cucharita.

El abuelito

don Cucharón

es un viejito

muy rezongón.

Horacio Guillén

Argentina

Sombra que brilla sobre una

estera amarilla

sombrero que hace sombra

sobre la cabeza

mía.

María Teresa Andruetto

Argentina

agua/cero

LA CAJITA DE OLINALÁ

A Emma y Daniel Cossio

I

Cajita mía

de Olinalá,

palo-rosa,

jacarandá.

Cuando la abro

de golpe da

su olor de Reina

de Sabá.

¡Ay, bocanada

tropical:

clavo, caoba

y el copal!

La pongo aquí,

la dejo allá;

por corredores

viene y va.

Hierve de grecas

como un país:

nopal, venado,

codorniz,

los volcanes

de gran cerviz

y el indio aéreo

como el maíz.

Así la pintan

así, así,

dedos de indio

o colibrí;

y así la hace

de cabal

mano azteca,

mano quetzal.

II

Cuando la noche

va a llegar,

porque me guarde

de su mal,

me la pongo

de cabezal

donde otros ponen

su metal.

Lindos sueños

que hace soñar;

hace reír,

hace llorar…

Mano a mano

se pasa el mar,

sierras mellizas

campos de arar.

Se ve al Anáhuac

rebrillar,

la bestia-Ajusco

que va a saltar,

y por el rumbo

que lleva al mar,

a Quetzalcoatl

se va a alcanzar.

Ella es mi hálito,

yo, su andar;

ella, saber,

yo, desvariar.

Y paramos

como el maná

donde el camino

se sobra ya,

donde nos grita

un ¡halalá!

el mujerío

de Olinalá.

Gabriela Mistral

Chile

(Olinalá:  Municipio del estado de Guerrero, México, donde se hacen unas cajitas en madera de olor coloreadas y decoradas.  Copal:  RAE 1. adj. Se dice de una resina casi incolora, muy dura y sin olor ni sabor, que se emplea en barnices duros de buena calidad.  Nopal:   RAE 1. m. Planta de la familia de las Cactáceas…; Anáhuac:   Meseta volcánica próxima a México que toma su nombre del imperio azteca.)

PARAGUAS

Érase un paraguas

un verano entero

queriendo llorar

lágrimas de invierno.

María de la Luz Uribe

Chile

EL SURTIDOR DE LA ESCUELA

Brota, brota el agua del surtidor,

su fino chorro se va hasta el cielo.

El agua canta una canción,

el agua sube como en un vuelo.

El agua juega con los colores

y es cada gota una estrellita.

Niño:  no bebas más que agua pura;

el agua es santa y está bendita.

Ida Réboli

Argentina

PELUSAS

Debajo de la cama,

las pelusas

y, aunque tal vez,

de manera confusa

a las cosas perdidas

las rodean

y llaman tu atención

para que veas.

Cecilia Pisos

Argentina

CUADRÚPEDA

La silla tiene

cuatro patas y un sueño.

¡A ver si sabes!

Cecilia Pisos

Argentina

TESOROS

Un laúd, un bastón,

unas monedas,

un ánfora, un abrigo,

una espada, un baúl,

unas hebillas,

un caracol, un lienzo,

una pelota.

Eliseo Diego

Cuba

EL TREN

En la mañana fría

lejos, quién sabe en qué remota vía,

en demanda de qué remoto andén,

¡cuánto sueño infantil me devolvía

el ingenuo fragor con que rugía

su  si-se-rompe-se-compone, el tren!

Nicolás Guillén

Cuba

GUITARRA

Fueron a cazar guitarras,

bajo la luna llena.

Y trajeron ésta,

pálida, fina, esbelta,

ojos de inagotable mulata,

cintura de ardiente madera.

Es joven, apenas vuela.

Pero ya canta

cuando oye en otras jaulas

aletear sones y coplas.

Los sobrenombres y las coplasolas.

Hay en su jaula esta inscripción:

                       “Cuidado:  sueña”.

Nicolás Guillén

Cuba

LA ESTATUA

La estatua tiene dos ojos

blancos que me miran mal,

sin pestañas y sin cejas,

parecen ojos de sal.

Pero esos ojos terribles

que no pueden parpadear

ni lloran ni se divierten

porque no saben soñar.

Cuando me acerco a la estatua,

y la veo tal cual es

si me asusta, le hago burla,

o cosquillas en los pies.

Olga Drennen

Argentina

UN TESORO EN LOS BOLSILLOS

En estos bolsillos

escondo de todo,

cosas encantadas,

secretos tesoros.

En una cajita

guardo unas canicas,

son siete planetas

que he inventado yo,

ahí viven hormigas

en unas casitas

hechas de saliva,

harina y cartón.

También tengo un coche,

botones, cordeles

y una lagartija

con dos cascabeles.

En estos bolsillos

escondo de todo,

cosas encantadas,

secretos tesoros.

Montse Torrents

España

LA VENTANA

La ventana

es un ave

que quiere

volar.

En su viaje

descubre

que es lindo

poder mirar.

La ventana

por la mañana

se empapa de luz,

por la noche

se esconde

tras las persianas

como un avestruz.

Saúl Schkolnik

Chile

En Poemas para volar

 ♦

LA BUFANDA

Érase que se era

un ternero temeroso:

se asustaba en primavera,

en cualquier día lluvioso.

Cuando aún era pequeño

mugía dulce bufido:

⎯’B’⎯,

y como le daba sueño

se quedaba dormido.

Ya bastante más crecido,

él mismo se asustaba

cuando al enojarse

lanzaba su bufido:

⎯’BU’⎯,

y como era distraído

los toritos le gritaban:

⎯’BUF’⎯,

y él huía despavorido.

Por fin nuestro ternero

aprendió a bufar.

Ahora, aunque temeroso

‘BUFA’

como los toros rabiosos

que ‘BUFAN’

en el potrero.

Un día de primavera,

encontró él una ternera.

Fue tal el susto

que sintió, que huyó

‘BUFANDO’.

Así de tímido era.

La pobre ternera

estaba aún más asustada.

Mas como era ternera

y no ternero, ella escapó

‘BUFAND…A’.

 Saúl Schkolnik

Chile

En Poemas para volar

 ♦

MI PANTALÓN

Mi pantalón

tiene dos piernas

igual que yo.

Se sienta cuando me siento,

¡qué atento!

Se para cuando me paro,

¡qué raro!

Camina cuando camino,

¡qué fino!

Tiene una boca

mucho mayor que la mía,

¡qué osadía!,

y cuando está abierta

es mayor que mi cintura,

¡qué caradura!

Por las mañanas me abraza

con su cinturón,

¡el muy bribón!

Y por las noches

se queda quieto

y bien estirado,

¡qué descarado!

Como si yo no supiera

que no duerme…

espera el otro día,

¡qué simpatía!,

para irse de nuevo

a jugar conmigo.

¡Qué buen amigo

es mi pantalón!

 Saúl Schkolnik

Chile

En Poemas para volar

 ♦

LA CANCIÓN DE LOS MARTILLOS

Con alegre son

los martillos cantan

su alegre canción.

Sus voces livianas

hacen en el aire

fiesta de campanas.

No son perezosos

sus repiqueteos

vibran presurosos.

Como si anhelantes

golpearan las puertas

los amigos de antes.

Cantan los martillos

y son sus cantares

claros y sencillos

cantan, y a su canto

se alza el maderamen

como por encanto.

En abrazo estrecho

se une la solera

con el pie derecho

y la resistente

cumbrera el vacío

cruza como un puente.

Cantan los martillos

y son sus cantares

claros y sencillos.

Son cantos de fiesta,

como los que se oyen

allá en la floresta.

Son cantos floridos,

cantatas de pájaros

que construyen nidos.

Alada canción;

canta la esperanza

de mi corazón.

Manuel Magallanes Moure

Chile

LA COMPUTADORA

Ayer la computadora

se escapó de la oficina.

Dicen que estaba muy rara

desde hacía varios días.

Se le perdían las palabras

y andaba muy distraída

con los cables despeinados

y las letras desprolijas.

Su único ojo lloraba

cuando nadie la veía.

Y sus teclas suspiraban

cada vez que la encendían.

Dibujaba corazones

en su pantalla aburrida

y una noche la encontraron

deshojando margaritas.

Pensaba que estaba enferma

con un virus complicado.

Pero también se sospecha

que se había enamorado.

Si los demás le pedían

que diera una explicación,

contestaba entre sollozos:

“Estoy triste punto com”.

Hasta que hace una semana,

la vieron emocionada

mientras leía un e-mail

que al fin alguien le mandaba.

Y ayer, la computadora

guardó todos sus archivos

y con el enchufe al hombro

se fue silbando bajito.

El fax le envía mensajes.

El teléfono la llama.

Y la extraña la impresora

que se ha quedado callada.

Pero ahora será feliz

porque estará, a lo mejor,

escribiendo en internet

una página de amor.

Liliana Cinetto

Argentina

LA TIJERA

Dos grandes ojos tiene

la tijera,

dos largas piernas finas.

Siempre en puntas de pie,

como una bailarina.

Miguel Ángel Viola

Argentina

ERA UN LIBRO PEQUEÑO…

Era un libro pequeño

de unas doscientas páginas.

Tenía tapas duras

AEDO era su casa.

Me miraba piadoso desde el asfalto negro

y me ponía “Leyendas del Cielo y de la Tierra”:

Atronaba en silencio.

Yo no quería ensuciarme,

Vergüenza es recoger lo que tiran en calle,

Pero el grito era inmenso y era débil mi sangre.

Me incliné con presteza y guardé en mi mochila

el libro maltratado, caído u olvidado.

¡Quién sabe qué destino lo arrojó en el camino!

Cuando llegué a mi casa, ¡Milagro!

Aquel prodigio era el libro más lindo

que entre horizonte y Cielo

Yo había recogido.

De allí salieron santos,

Estrellas, peregrinos,

Reyes y damiselas,

Monstruos, mares, mendigos…

Yo lavé con ternura

Los pétalos escritos y

No fue un libro solo,

Sino mi fiel amigo.

Él me ayudó a creer

aún todo perdido

se derrumbara entorno

de mi frágil destino.

Desde entonces bendigo

las manos que piadosas

en mitad del asfalto

recogen algún libro.

Leibi Ng

República Dominicana

LA CUCHARA

Tengo una cuchara

muy acucharada

que se pasa todo el día

requete mojada.

Lo visita al plato

siempre al mediodía;

busca y busca en la sopa

dedalitos de alegría.

De tarde, merendona,

muy acalorada

se lanza a la azucarera

¡por la chocolatada!

Cómplice con la heladera,

entrada la noche,

bucea y bucea en el pote

del dulce de leche.

Tengo una cuchara

muy acucharada

que se pasa todo el día

requete mojada.

Beatriz Re

Argentina

VUELTA DE CONEJO

Martín jugaba en la plaza

con su globo de conejo

pero se soltó el piolín

y el globo empezó a subir

hasta perderse allá lejos.

Volando cruzó las calles

del centro de la ciudad,

con sus balcones cuadrados,

filosos y amontonados

planta baja, quinto A.

Y si la gente del campo

le convidaba un saludo

el globo se hacía más gordo

porque suspiraba hondo

aire puro puro puro.

Cuando descubrió la playa

recostado en una nube

saltó y se puso a jugar

con esas olas de sal

que siempre bajan y suben.

Una vez que cruzó el mar

(por arriba y por adentro)

el sol lo empapó de brillo

y él se puso amarillo:

había llegado al desierto.

Después de tanto calor,

por suerte llegó a la selva

donde las sombras son largas

y los animales andan

tejiendo naturaleza.

Dio toda la vuelta al mundo

en su redondo paseo,

cuando otra vez vio las casas

en el barrio de la plaza

y flotó hasta el arenero.

Martín vio que su conejo

iba directo hacia él,

lo abrazó y le dijo: ¡Dale,

en la otra vuelta llevame

a mí también!

 María Laura Dedé

Argentina

LÁPICES DE COLORES

Payasos que andan de cabeza,

sobre las páginas en blanco,

y con la punta de la lengua

dibujan colas de relámpagos.

Y en su carrera pirotécnica,

van dibujando mil primores.

y fulminando mis cuadernos

con explosiones de colores.

Cuando terminan su trabajo

saltan al fondo de la caja.

y en doble fila de soldados

vuelven unidos a la casa.

Óscar Alfaro

Bolivia

EL TENDEDERO

En casa a menudo

me vienen a ver,

a tender ropa mojada,

y la seca a recoger.

Dos camisas verdes,

corto pantalón,

vestido de rayas

largo camisón.

Sábanas de flores,

ropa de interior,

cuelgan de mis brazos

secándose al sol.

Soy el tendedero

que está en el jardín

cargado de ropa

¡Me falta un calcetín!

Marisa Alonso Santamaría

España

 ♦

CAMPANAS A TRAVÉS DE LAS HOJAS

LA TAZA DEL TÉ

En la taza frágil van, entre luceros,

suscitando un vago temblor de campana,

los poetas chinos, como jardineros

que cuidan las rosas de la porcelana.

Adriano del Valle

España

ARABESCO NÚMERO 1

PIANO DE COLA

Dragón de la música alada

que difiendes al Príncipe Abril

ante el Sol, que te clava su espada…

boquiabierto y sonoro marfil.

Adriano del Valle

España

ARABESCO NÚMERO 2

Abrió el piano su música,

abrió su bosque de escalas…

Volaban plumas de oro hacia el oeste…

Tú removías el fonde de la luna,

de una luna dispersa entre reflejos.

Llevabas flechas de oro entre tus manos…

Flechas y uñas fúlgidas, rosadas,

y un negro terciopelo tinto en sangre,

tinto en sangre y en música, en el alma…

En el alma que, oblícua y japonesa,

se escondió en el biombo de la luna…

Saltaban peces de oro de las aguas…

Y tú, arpista feliz de un arco iris,

arrancabas sus luces al paisaje,

siete notas de luz, siete colores…

Volaban plumas de oro hacia el oeste;

llevabas flechas de oro entre las manos,

y un negro terciopelo tinto en sangre,

tinto en sangre y en música, en el alma…

Saltaban peces de oro de las aguas…

Adriano del Valle

España

ODA A LA TIJERA

Prodigiosas

tijeras

(parecidas

a pájaros,

a peces),

bruñidas sois como las armaduras

de la caballería.

De dos cuchillos largos

y alevosos,

casados y cruzados

para siempre,

de dos

pequeños ríos

amarrados,

resultó una cortante criatura,

un pez que nada en tempestuosos

lienzos,

un pájaro que vuela

en

las peluquerías.

Tijeras

olorosas

a

mano

de la tía

costurera,

cuando con su metálico

ojo blanco

miraron

nuestra

arrinconada

infancia

contando

a los vecinos

nuestros robos de besos y ciruelas.

Allí

en la casa

y dentro de su nido

las tijeras cruzaron

nuestras vidas

y luego

cuánta

tela

cortaron y cortaron

para novias y muertos,

para recién nacidos y hospitales

cortaron,

y cortaron,

y el pelo

campesino

duro

como planta en la piedra,

y las banderas

que luego

fuego y sangre

mancharon y horadaron,

y el tallo

de las viñas en invierno,

el hilo

de la

voz

en el teléfono.

Unas tijeras olvidadas

cortaron en tu ombligo

el hilo

de la madre

y te entregaron para siempre

tu separada parte de existencia;

otras, no necesariamente oscuras,

cortarán algún día

tu traje de difunto.

Las tijeras

fueron

a todas partes:

exploraron

el mundo

cortando

por igual

alegría

y tristeza:

todo fue paño

para las tijeras:

titánicas

tijeras

de sastrería,

bellas como cruceros,

minúsculas

que cortan uñas

dándoles forma de menguante una,

delgadas,

submarinas tijeras

del cirujano

que cortan el enredo

o el nudo equivocado de tu intestino.

Y aquí con las tijeras

de la razón

corto mi oda,

para que no se alargue y no se encrespe,

para que

pueda

caber en tu bolsillo

plegada y preparada

como

un par

de tijeras.

Pablo Neruda

Chile

VIOLÍN

Ese árbol tiene

un violín adentro

no fue tallado aún pero está adentro

espera el día de la resurrección

árbol adentro.

Dijo el Señor Stradivarius

tengo que rescatar ese violín

tengo que quitarle la corteza que lo aprisiona

y verlo respirar al aire libre

Tengo que oírlo cantar para mí.

Ese violín

tiene un árbol adentro

tiene flores que escuchan la música callada

tiene pájaros.

Óscar Hahn

Chile

MI CAMA FUE UN ROBLE

Mi cama fue un roble,

y en sus ramas cantaban los pájaros.

Mi cama fue un roble,

y mordió la tormenta sus gajos.

Deslizo mis manos

por sus claros maderos pulidos

y pienso que, acaso, toco el mismo tronco,

donde estuvo aferrado algún nido.

Mi cama fue un roble.

Yo duermo en un árbol.

En un árbol amigo del agua,

del sol y la brisa, del cielo y del musgo,

de lagartos de ojuelos dorados

y de orugas de un verde esmeralda.

Juana de Ibarbourou

Uruguay

EN LA LAVANDERÍA

En la lavandería

del señor Wong Fong

conversan las poleras

con un pantalón.

—¡Qué sucio el pantalón!

—Poleras, ¿se han mirado?

—¡¡¡Jugamos un partido!!!

—Y yo fui a un asado.

Debajo de la plancha,

la falda azul se queja.

—¡Sacadme las arrugas,

no quiero verme vieja!

El único furioso

es su delantal,

que grita:  ¡¡¡estoy sucio!!!

¿Wong me irá a lavar?

María Luisa Silva

Chile

UN AMOR EN MI CASA

La pata de la cama

y el brazo del sofá

un día se miraron,

fue por casualidad.

¡Qué hermosa señorita!,

el gran sofá pensó.

¡Qué brazo tan robusto!,

la pata le sonrió.

Desde entonces el sofá

todas las mañanas

cuando se hace el aseo

saluda a la cama.

Y aún sigue existiendo

este amor en mi casa,

según me lo contó

la oreja de la taza.

María Luisa Silva

Chile

LOS PARAGUAS DE SANTIAGO

Llueve fuerte y los paraguas

han salido a trabajar

en la calle Providencia.

Se saludan.  ¿Cómo estás?

Uno negro y elegante

no contesta y se va…

El floreado dice entonces

—¡Qué arrugado y feo está!

Han llegado a la esquina

los paraguas extranjeros

que se acortan y se alargan

según dicen… ¡no son buenos!

Paraguas en Vitacura,

por Colón y en calle Ahumada,

La Florida, Recoleta,

Barnechea y Cerro Navia.

Cae la tarde, aún llueve.

¡A dormir y hasta mañana!

Sólo aquel que dijo ¡Atchis!

deberá quedarse en cama.

María Luisa Silva

Chile

EL ASCENSOR Y LA ESCALERA

Un día de primavera

el ascensor

se enamoró de una escalera

del corredor.

Entonces, desde ese día

él la miraba

mientras diez pisos subía

o los bajaba.

Ella, con traje de mármol

color marfil,

siempre duro como un árbol

del año mil.

Él presentó sus quejas

al portero:

—¡Tras la puerta de rejas

soy prisionero!

Pero aunque sea primavera

y haga calor…

¡Nadie entiende a una escalera

o a un ascensor!

Pero una noche, amable,

hablarle pudo

mientras su lengua de cable

se hacía un nudo:

—Te quiero, escalera, y vivo

sólo por ti.

¿Quieres casarte conmigo?

Por favor, di.

Con palabras que salieron

a empujones

muertos de risa dijeron

sus escalones:

—No ganas ni un centavo

por tu trabajo,

y siempre como un pavo

de arriba a abajo.

Cada cable y botones

del ascensor,

cada tuerca, a montones

sintió dolor.

Ya entonces disparando

en triste vuelo,

se dejó caer, llorando,

en el subsuelo.

Pero aunque sea primavera

y haga calor…

¡Nadie entiende a una escalera

o a un ascensor!

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

LA LLAVE DE MI CASA

La llave de mi casa…

La llave

todo lo sabe.

Se pasa cada día,

–¡qué caradura!–

mirando

mirando

por la cerradura.

La llave de mi casa

¡espía!

¡Quién lo diría!

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

AYER NACIÓ UN ESPEJO

Ayer nació un espejo

en el armario viejo.

Su corazón

de vidrio

brillaba en la mañana

de su primer

domingo.

Voló una mariposa

a tocarle

la cara,

su piel, color reflejo,

su camisa

tan rara.

Vino desde muy lejos

a mirarlo,

traviesa.

Ayer nació el espejo

que en el armario

cupo.

No salió en ningún diario.

Sólo ella

lo supo.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

AUTO DE CARRERA

En la largada.

El auto de carrera

está listo y espera

la bajada de bandera

Rum-Rum.

Es tan veloz,

su motor

es su voz.

En cada curva de la pista

es todo un artista.

Un, dos, tres…

y más vueltas.

La velocidad

es más y más.

El auto de carrera

toma la delantera.

En el final de la pista:

fotógrafos y periodistas.

Se ve la bandera de llegada.

Es otra carrera ganada.

Lorena Scigliano

Argentina

UN LÁPIZ

Un lápiz se tiró a un pozo

¡booom!

Escribió versos cortitos

¡toc!

Con suspiros de mosquitos

¡zummm!

¿Qué más fue lo que escribió?

Es secreto y lo sé yo

Porque él me lo contó.

Laura Devetach

Argentina

EL HELICÓPTERO

El helicóptero vuela

como pájaro zumbón

la luna dice burlona

adiós, don ventilador.

El helicóptero lleva

en la cabeza una flor

que gira espumando nubes

con giros de batidor.

Laura Devetach

Argentina

POEMA DE LA GUITARRA…

Cuando siento que tus manos me tocan,

una amapola recorre mi cuerpo

y mi alma se acelera para darte,

este fuego de amor que llevo dentro.

Esos dedos me templan con primor

y como un junco me hacen temblar,

consiguen que mi rubor se disipe

y mi alma verbalice su cantar.

Enlazadas tus manos a mi cuerpo,

el aire se embriaga con mis notas,

el ambiente se vuelve enrarecido

y devora mi sangre gota a gota.

Mi corazón al compás del tuyo late,

las almas se estremecen abrasadas

y este río de sangre y de perfumes,

irrumpe y se derrama por la sala.

Todas las miradas flotan ausentes,

sólo se oye el latir de corazones,

el aire se rompe en mil pedazos

cuando rozan tus dedos mis bordones.

Vísteme compañero y no olvides

que esta dama te espera en su aposento

para que tus sabios dedos la acaricien

y esparza sus aromas a los vientos.

Juan Moreno López

España

LA ROPA TENDIDA

¡Gente divertida

la ropa tendida!

Allí van, en coches

modelo FORD BROCHES.

¡Mírenlos!  ¡Qué risa!

La pobre camisa

está muy cansada

dando bofetadas

al aire que va,

de aquí para allá.

Doña Camiseta

tiene una rabieta

con su hijo mayor,

Juan Repasador.

Allá, un pantalón

baila “El Pericón”

con su bella esposa,

la sábana rosa.

Y ¡uy!  ¡Qué tragedia!

Las hermanas medias

juntitas colgadas,

están casi ahogadas.

(Por tan retorcidas

se les va la vida).

Sus novios, los guantes,

lloran adelante.

Sus lágrimas son

con gusto a jabón;

caen, despacito,

formando un charquito.

¡Gente divertida

la ropa tendida!

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

LLORA LA REGADERA

¡Oh!  ¡Llora la regadera!

No quiere ser jardinera…

Kilos de lágrimas tira

hacia la tierra que mira,

y las plantas enojadas

con sus chinelas mojadas

le gritan:  —¡No llores más

y vete a dormir en paz!

Se traga quince secantes

pero aún no es bastante.

Llora tanto, pobrecita,

que ahoga a una margarita.

En su nariz amarilla

el agua brilla que brilla…

y en vez de una margarita

parece una mar…  chiquita.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

MI BARRILETE

Con caña tacuara

te hago los huesos

y para tu cara

papel no muy grueso.

Con agua y harina

preparo el engrudo

Busco en la cocina

un hilo sin nudos.

Después, muchos trapos

rayados y lisos…

rojo, verde sapo…

Todo eso preciso.

Corto, doblo, pego…

Pego, mido y ato.

Y con este juego

me paso un buen rato.

Va tu cara sola

sobre el esqueleto.

Te agrego una cola

y ya estás completo.

Me voy al potrero,

al campo o la plaza

¡y subes primero…!

¡y nadie te pasa…!

(En un periquete

el hilo se estira

porque el barrilete

por soltarse tira).

Tragas tanto cielo

durante tu viaje

que, después del vuelo,

queda azul tu traje.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

HABLA EL COLECTIVO

Mi cuerpo es de lata

toda pintada

y de goma mis patas

bien reforzadas.

Sí.  Tengo pies redondos

como manzanas

y muchos ojos grandes

que son ventanas.

Hay asientos de cuero

en mi barriga

y la lleno de gente

como de hormigas.

Yo nací en un taller

no sé por dónde.

Soy hijo de un tranvía

que llegó a conde.

Como un día lo echaron,

quedó sin plata,

por eso estoy yo ahora

traca que traca.

Mi primo es un taxi

muy poligriyo,

siempre de traje negro

con amarillo.

Por la ciudad yo ando

todos los días.

¡Siempre el mismo camino…!

¡Quién lo diría!

Un número es mi nombre

y mi apellido

lo sabe todo el mundo.

¡Muy conocido!

Nací en Buenos Aires

y aquí yo vivo

para servir a ustedes:

El Colectivo.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

SOFÍA, LA LOCOMOTORA

La vieja locomotora Sofía

se fue una mañana por la vía,

porque estaba muy aburrida

de hacer siempre la misma recorrida.

Silbando muy bajito se escapó.

Con anteojos a los guardas engañó.

Por    las    calles    fue    a    pasear    con    alegría…

y decían:  —Qué raro ese tranvía.

La gente que viajaba a Ituzaingó,

en Avenida Santa Fe apareció.

De repente, ¡uy! vino un vigilante

todo panza y botones adelante.

Con las dos manos juntas por detrás,

algo dijo, que no me acuerdo más.

Ah, sí.  Dijo, golpeando un pie en el piso:

—Señorita, enseñe su permiso.

Y Sofía, por estar tan asustada,

le empezó a soplar su humo por la cara.

—Señorita, usted está muy confundida,

pues no puede andar por la avenida.

Ella, entonces, marchó a la estación,

donde el guarda la esperaba en el portón:

—Ay, Sofía, desde hoy tendré cuidado

que no vuelvas a escapar para otro lado.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

SOY UN CLAVO

Soy un clavo amargado,

hace mucho estoy clavado.

Estoy triste en la pared

porque nadie a mí me ve.

Nunca nada me colgaron.

Todos de mí se olvidaron.

Oye tú:  cuélgame algo.

Así sentiré que valgo.

Cuelga un pétalo, un cuadrito,

la foto de tu gatito.

Un chupete, un escarpín,

aunque sea ese piolín.

Por favor, a ti te pido,

consígueme algún amigo.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

BRE-VERDADES

Lo que fue un árbol

es ahora un libro

hermosas páginas

sin trino.

Emma Artiles

Cuba

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