Navigation Menu+

Lectoaperitivos de poemas al mundo vegetal

post186

La artista chilena Gabriela Germain Fonck nos da la bienvenida a esta mesa de deliciosos manjares.  Bon appétit!

EL REINO VEGETAL

El reino vegetal

es un árbol que cobija

nidos,

que guarda

pájaros recién nacidos

como si fueran

sus propias flores

esperando la primavera.

El reino vegetal

es esa flor abierta

que regala su aroma

a los insectos

para luego dejar lleno

de pétalos los suelos.

El reino vegetal

son las raíces hundidas

en busca del agua,

los minerales

que harán crecer

el árbol,

la flor,

la hoja

y el reino entero

del que te cuento.

Y también el brote

que sube hacia el sol

que nos alumbra

buscando la luz,

alimento

de hojas verdes

para darle,

por fin,

su oxígeno

al aire.

Entonces,

el reino vegetal

será la fruta,

hogar de una oruga

y de una docena

de semillas que brotarán

desde la tierra,

como tus brazos pequeños

que asoman de tu cama,

cada mañana.

Esto es

el reino vegetal…

¡Qué maravilla!

Saúl Schkolnik

Chile

En Poemas para volar

LA NARANJA Y EL LIMÓN

Iban juntos de la mano

la naranja y el limón.

Se bajaron de la planta

y cruzaron el portón.

Recorrieron todo el pueblo

entonando una canción,

y volvieron muy cansados

la naranja y el limón.

Horacio Guillén

Argentina

DEFENSA DEL ÁRBOL

Por qué te entregas a esa piedra

Niño de ojos almendrados

Con el impuro pensamiento.

De derramarla contra el árbol.

Quien no hace nunca daño a nadie

No se merece tan mal trato.

Ya sea sauce pensativo

Ya melancólico naranjo

Debe ser siempre por el hombre

Bien distinguido y respetado:

Niño perverso que lo hiera

Hiere a su padre y a su hermano.

Yo no comprendo, francamente,

Cómo es posible que un muchacho,

Tenga este gesto tan indigno

Siendo tan rubio y delicado.

Seguramente que tu madre

No sabe el cuervo que ha criado,

Te cree un hombre verdadero,

Yo pienso todo lo contrario:

Creo que no hay en todo Chile

Niño tan malintencionado.

¡Por qué te entregas a esa piedra

Como a un puñal envenenado,

Tú que comprendes claramente

La gran persona que es el árbol!

El da la fruta deleitosa

Más que la leche, más que el nardo;

Leña de oro en el invierno,

Sombra de plata en el verano

Y, lo que es más que todo junto,

Crea los vientos y los pájaros.

Piénsalo bien y reconoce

Que no hay amigo como el árbol,

Adonde quiera que te-vuelvas

Siempre lo encuentras a tu lado,

Vayas pisando tierra firme

.O móvil mar alborotado,

Estés meciéndote en la cuna

0 bien un día agonizando,

Más fiel que el vidrio del espejo

Y más sumiso que un esclavo.

Medita un poco lo que haces

Mira que Dios te está mirando,

Ruega al Señor que te perdone

De tan gravísimo pecado

Y nunca más la piedra ingrata

Salga silbando de tu mano.

Nicanor Parra

Chile

HUERTA

Cuando llueve de noche,

las mañanitas vienen

como lechugas.

Los mediodías,

como rábanos,

un poquito picantes,

húmedos todavía.

Y las tardes,

temprano,

son zanahorias tiernas

que se van alargando.

Pero cuando

va cayendo la noche,

todo se vuelve

remolachas púrpura.

(La noche es una uva

redondita y morada.)

Aramís Quintero

Cuba

EL LIMONERO

Por las floridas barrancas

pasó anoche el aguacero

y amaneció el limonero

llorando estrellitas blancas.

Alfredo Espino

El Salvador

EL ÁRBOL

Yo era un árbol, daba sombra,

cargaba flores y nidos.

Y ahora, para que pases,

me he tendido sobre el río.

Luis del Valle Silva

Venezuela

LA PAJITA

Esta que era una niña de cera;

pero no era una niña de cera,

era una gavilla parada en la era.

Pero no era una gavilla,

sino la flor tiesa de la maravilla.

Tampoco era la flor, sino que era

un rayito de sol pegado a la vidriera.

No era un rayito de sol siquiera:

una pajita dentro de mis ojitos era.

¡Alléguense a mirar cómo he perdido entera,

en este lagrimón, mi fiesta verdadera!

Gabriela Mistral

Chile

¿Qué les parece si escuchamos esta belleza musicalizada, hecha aún más bella, por Horacio Salinas de Inti Illimani?

LA FRESA

La fresa desperdigada

en el tendal de las hojas,

huele antes de cogida;

antes de vista se sonroja…

La fresa, sin ave picada,

que el rocío del cielo moja.

No magulles a la tierra,

no aprietes a la olorosa.

Por el amor de ella abájate,

huélela y dale la boca.

Gabriela Mistral

Chile

JACARANDÁ

Abrió la plaza de mi pueblo

su sombrilla azul celeste;

sonrió la mañana de gozo,

se detuvo el aire al verle.

De alas y de trinos se llenó

en esa tarde, su sombra.

De alegres juegos de niños,

los pétalos de su alfombra.

La noche quedó despierta

hamacándose en su copa;

cambió sus estrellas por flores

y, de celeste, brilló hermosa.

Otilia Fontanals

Uruguay

LA HIGUERA

Porque es áspera y fea,

porque todas sus ramas son grises

yo le tengo piedad a la higuera.

En mi quinta hay cien árboles bellos,

ciruelos redondos,

limoneros rectos

y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras

todos ellos se cubren de flores

en torno a la higuera.

Y la pobre parece tan triste

con sus gajos torcidos que nunca

de apretados capullos se visten…

Por eso,

cada vez que yo paso a su lado

digo, procurando

hacer dulce y alegre mi acento:

“Es la higuera el mas bello

de los árboles todos del huerto”.

Si ella escucha,

si comprende el idioma en que hablo,

¡qué dulzura tan honda hará nido

en su alma sensible de árbol!

Y tal vez, a la noche,

cuando el viento abanique su copa,

embriagada de gozo le cuente:

“Hoy a mí me dijeron hermosa”.

Juana de Ibarbourou

Uruguay

CURUJEY

Alto tesoro prendido

en la frondosa majagua.

Pocito fresco de agua

entre ramas escondido.

Regalo verde ofrecido

a la hermosa sed mambisa.

Sed volviéndose sonrisa

:  bajo el agua derramada.

¡Agüita clara enfriada

por las hojas y la brisa!

Nersys Felipe Herrera

Cuba

(curujey:  RAE:  “Planta de la familia de las Bromeliáceas, epifita, que vive principalmente sobre las ceibas. Tiene hojas cortantes o punzantes, a manera de espada.”  Majagua: RAE:  “Árbol americano de la familia de las Malváceas, que crece hasta doce metros de altura, con tronco recto y grueso, copa bien poblada, hojas grandes, alternas y acorazonadas, flores de cinco pétalos purpúreos y fruto amarillo. Es muy común en los terrenos anegadizos de la isla de Cuba. Su madera, fuerte y correosa, es muy buena para lanzas y jalones, y del líber de los vástagos nuevos se hacen sogas de mucha duración y uso.”)

FRUTA

En el pasto blanco de sol,

suelto la fruta derramada.

De los Brasiles viene el oro,

en prietos mimbres donde canta

de los Brasiles, niño mío,

mandan la siesta arracimada.

Extiendo el rollo de la gloria;

rueda el color con la fragancia.

Gateando sigues las frutas,

como niñas que se desbandan,

y son los nísperos fundidos

y las duras piñas tatuadas…

Y todo huele a los Brasiles

pecho del mundo que lo amamanta;

que, a no tener el agua atlántica,

rebosaría de su falda…

Tócalas, bésalas, voltéalas

y les aprendes todas sus caras.

Soñarás, hijo, que tu madre

tiene facciones abrasadas,

que es la noche canasto negro

y que es frutal la Vía Láctea.

Gabriela Mistral

Chile

CANCIÓN DEL MAIZAL

I

El maizal canta en el viento

verde, verde de esperanza.

Ha crecido en treinta días:

su rumor es alabanza.

Llega, llega al horizonte,

sobre la meseta afable,

y en el viento ríe entero

con su risa innumerable.

II

El maizal gime en el viento

para trojes ya maduro

se quemaron sus cabellos

y se abrió su estuche duro.

Y su pobre manto seco

se le llena de gemidos:

el maizal gime en el viento

con su manto desceñido.

III

Las mazorcas del maíz

a niñitas se parecen:

diez semanas en los tallos

bien prendidas que se mecen.

Tienen un vellito de oro

como de recién nacido

y unas hojas maternales

que les celan el rocío.

Y debajo de la vaina,

como niños escondidos,

con sus dos mil dientes de oro

ríen, ríen sin sentido…

Las mazorcas del maíz

a niñitas se parecen:

en las cañas maternales

bien prendidas que se mecen.

Él descansa en cada troje

con silencio de dormido;

va soñando, va soñando

un maizal recién nacido.

Gabriela Mistral

Chile

CANCIÓN SEVILLANA

Amanecía

en el naranjel.

Abejitas de oro

buscaban la miel.

¿Dónde estará

la miel?

Está en la flor azul,

Isabel.

En la flor

del romero aquel.

(Sillita de oro

para el moro.

Silla de oropel

para su mujer.)

Amanecía

en el naranjel.

Federico García Lorca

España

EL ÁRBOL TACITURNO

El árbol tenía un letrero,

que sólo los pájaros podían leer.

“Se alquilan ramas para nidos”

decían las letras

que un hombre no hubiera podido leer.

A pesar del anuncio

ningún pájaro vino

a hacer su nido

en este árbol que muere de tristeza,

gacha la cabeza,

al borde del camino.

Alfredo Mario Ferreyro

Uruguay

LOS ÁRBOLES FRUTALES

Perales y cerezos,

ciruelos y manzanos,

¡qué bien danzáis

tomados de la mano!

Ida Réboli

Argentina

PLANTANDO EL ÁRBOL

Abramos la dulce tierra

con amor, con mucho amor,

es éste un acto que encierra,

de misterios el mayor.

Cantemos mientras el tallo

toca el seno maternal.

Bautismo de luz da un rayo

al cono piramidal.

Le entregaremos ahora

 a la buena Agua y a voz,

noble Sol; a vos, señora

Tierra, y al buen Padre Dios.

El Señor le hará tan bueno

como un buen hombre o mejor:

en la tempestad sereno,

y en toda hora, amparador.

Te dejo en pie.  Ya eres mío,

y te juro protección

contra el hacha, contra el frío

y el insecto, y el turbión.

A tu vida me consagro;

descansarás en mi amor.

¿Qué haré que valga el milagro

de tu fruto y de tu flor?

Gabriela Mistral

Chile

(turbión:  RAE  1. m. Aguacero con viento fuerte, que viene repentinamente y dura poco.)

ALAMEDAS

Las alamedas nos siguen

y nos llevan sin saberlo

por su abierta vaina verde

que canta de su aleteo

y ríe y ríe feliz

con risa que es regodeo,

con sus troncos extasiados

y sus brazos en voleo…

La lenta y desenrollada

nos lleva, de magia adentro,

como el Rafael arcángel

en un inefable arreo,

y la marcha nos festeja

a risa y cascabeleo.

¿A dónde será que llevan

para que así las crucemos

como un corredor de gracia

que muda la marcha en vuelo?

Gabriela Mistral

Chile

FRUTILLAR

Vuela un olor delicado

y tímido y placentero,

delgado como la brisa,

íntimo como el aliento.

Lo había olvidado andando

campos de olores violentos

que se dicen y declaran

casi, casi como un grito.

Sí, sí, ya no recordaba

este aroma de embeleso.

Es el frutillar tendido

que crece callado y lento,

pero en la estación del fruto

se declara desde lejos

y hace torcer el camino

al distraído o al lelo.

El bulto del frutillar

se disimula en el huerto

y el pobrecillo se ignora

que su olor de cerca o lejos

lo denuncia y lo declara

y siempre lo está “vendiendo”.

Gabriela Mistral

Chile

LA MARGARITA

El cielo de diciembre es puro

y la fuente mana, divina,

y la hierba llamó temblando

a hacer la ronda en la colina.

Las madres miran desde el valle,

y sobre la alta hierba fina

ven una inmensa margarita,

que es nuestra ronda en la colina.

Ven una loca margarita

que se levanta y que se inclina,

que se desata y que se anuda,

y que es la ronda en la colina.

Es este día abrió una rosa

y perfumó la clavelina,

nació en el valle un corderillo

e hicimos ronda en la colina…

Gabriela Mistral

Chile

RONDA DEL FUEGO

Flor eterna de cien hojas,

fucsia llena de denuedo,

flor en tierra no sembrada,

que mentamos flor de fuego.

Esta roja flor la dan

en la noche de San Juan.

Flor que corre como el gamo,

con la lengua sin jadeo,

flor que se abre con la noche,

repentina flor del fuego.

Esta  flor es la que dan

en la noche de San Juan.

Flor en tierra no sembrada,

flor sin árbol, flor sin riego,

el tu amor está en la tierra

y el tu tallo está en los cielos.

Esta flor cortan y dan

en la noche de San Juan.

Flor que sueltan leñadores

contra bestia y contra miedo;

flor que mata los fantasmas,

¡voladora flor del fuego!

¡Esta roja flor la dan

en la noche de San Juan!

Yo te enciendo, tú me llevas;

yo te celo y te mantengo.

Cuánto amor que nos tuviste,

¡flor caída, flor del fuego!

Esta flor cortan y dan

en la noche de San Juan.

Gabriela Mistral

Chile

NOVIA DEL CAMPO, AMAPOLA

Novia del campo, amapola

que estás abierta en el trigo;

amapolita, amapola,

¿te quieres casar conmigo?

Te daré toda mi alma,

tendrás agua y tendrás pan,

te daré toda mi alma,

toda mi alma de galán.

Tendrás una casa pobre,

yo te querré como un niño,

tendrás una casa pobre

llena de sol y cariño.

Yo te labraré tu campo,

tu irás por agua a la fuente,

yo te regaré tu campo

con el sudor de mi frente.

Amapola del camino,

roja como un corazón,

yo te haré cantar, al son

de la rueda del molino;

yo te haré cantar, y al son

de la rueda dolorida,

te abriré mi corazón,

¡amapola de mi vida!

Novia del campo, amapola

que estás abierta en el trigo;

amapolita, amapola,

¿te quieres casar conmigo?

Juan Ramón Jiménez

España

ÁRBOL

Árbol, ante el callado rumor que al viento haces

con tus ramas de pájaros, yo no sé lo que quieres…

si entre las alegrías del invierno renaces

o si entre las tristezas del estío te mueres…

¿Quien rige tu armonía constante?  ¿Quién ordena

la permanencia de tu eterna maravilla?

Iguales son, en ti, la alegría y la pena…

dulce es lo que en ti cae, dulce lo que en ti brilla.

¿Con qué sueño hila Dios tu mayor hermosura?

¿Cuál es el ornamento de tus días mejores?

¿Tu gala de hojas secas, tu pompa de verdura,

tu corpiño de nieve, o tu manto de flores?

Juan Ramón Jiménez

España

LA ESPIGA

Granado el oro, está la espiga, al día claro,

encendiendo en la luz su apretado tesoro;

pero se pone triste, y, en un orgullo avaro,

derrama por la tierra, descontenta, su oro.

De nuevo se abre el grano rico en la sombra amiga

—cuna y tumba, almo trueque— de la tierra mojada,

para surgir de nuevo, en otra bella espiga

más redonda, más firme, más alta y más dorada.

Y… ¡otra vez a la tierra!  ¡Anhelo inextinguible,

ante la norma única de la espiga perfecta,

de una suprema forma, que eleve a lo imposible

el alma, ¡oh poesía!, infinita, áurea, recta!

Juan Ramón Jiménez

España

(almo:  RAE 2. adj. poét. Excelente, benéfico, santo, digno de veneración.)

EN SU COPA DE GLORIA

Debajo de su olmo,

están todas sus hojas.

Él las mira caídas,

ellas le ven la gloria

azul con nubes blancas

que es ahora su copa.

¡Allí arriba rieron

con los pájaros todas!

(Hoy las ardillas grises

las entresaltan locas.)

No las quemo, las dejo

que se entren gustosas

en la tierra, que es

el mantén de sus bocas,

para que a las raíces

les den sus almas rojas;

las raíces que fueron

sus hondas formadoras.

¡Ojalá no se pierda

una, una sola, sola!

¡Ojalá otra vez sean

todas verdes cantoras!

¡Ojalá todas vuelvan

a la gloria su copa,

ojalá todas tengan

en su copa su gloria!

Juan Ramón Jiménez

España

LA OTRA TARDE SE HA LLEVADO

¡La otra tarde se ha llevado

el viento más hojas secas!

¡Qué pena tendrán los árboles

esta noche sin estrellas!

Y he acariciado los árboles

con miradas de tristeza,

deseándoles que llegue

su florida primavera.

Parece que están soñando

con sus pobres hojas secas;

yo les digo:  no lloréis,

ya vendrán las hojas nuevas.

Juan Ramón Jiménez

España

CORTARON TRES ÁRBOLES

Eran tres.

(Vino el día con sus hachas.)

Eran dos.

(Alas rastreras de plata.)

Era uno.

Era ninguno.

(Se quedó desnuda el agua.)

Federico García Lorca

España

ODA A UNA CASTAÑA EN EL SUELO

Del follaje erizado

caíste

completa,

de madera pulida,

de lúcida caoba,

lista

como un violín que acaba

de nacer en la altura,

y cae

ofreciendo sus dones encerrados,

terminando en secreto

entre pájaros y hojas,

escuela de la forma,

linaje de la leña y de la harina,

instrumento ovalado

que guarda en su estructura

delicia intacta y rosa comestible.

En lo alto abandonaste

el erizado erizo

que entreabrió sus espinas

en la luz del castaño,

por esa partidura

viste al mundo,

pájaros

llenos de sílabas,

rocío

con estrellas,

y abajo

cabezas de muchachos

y muchachas,

hierbas que tiemblan sin reposo,

humo que sube y sube.

Tu decidiste,

castaña,

y saltaste a la tierra,

bruñida y preparada,

endurecida y suave

como un pequeño seno

de las islas de América.

Caíste

golpeando

el suelo

pero

nada pasó,

la hierba

siguió temblando, el viejo

castaño susurró como las bocas

de toda una arboleda,

cayó una hoja del otoño rojo,

firme siguieron trabajando

las horas en la tierra.

Porque eres

sólo

una semilla,

castaño, otoño, tierra,

agua, altura, silencio

prepararon el germen,

la harinosa espesura,

los párpados maternos

que abrirán, enterrados,

de nuevo hacia la altura

la magnitud sencilla

de un follaje,

la oscura trama húmeda

de unas nuevas raíces,

las antiguas y nevas dimensiones

de otro castaño en la tierra.

Pablo Neruda

Chile

EL ÁRBOL

El árbol que verdece

a cada primavera,

no es más feliz que yo,

de nuevo verdiflor.

Las amarillas hojas

cayeron, y en mi tronco

vuelven los novios trémulos

a entrelazar sus cifras,

y hay corazones fijos

por flechas traspasados,

vivos en esa muerte.

Cuando digo “te amo”,

mi voz repite el viento

y en mi alta copa juega

con tu nombre y un pájaro

hijo de abril y marzo.

Nicolás Guillén

Cuba

CAÑAVERAL

Una paloma me dijo

que volando sobre Cuba,

oyó en un cañaveral

esta décima montuna:

—Dulce caña me provoca

con su jugo azucarado,

el cual después de probado

siemrpe es amargo en la boca.

Herir la caña me toca,

mas el destino es tan fiero,

que al golpearla con mi acero

ella todo el bien recibe,

pues que de mi golpe vive

y yo de su sangre muero.

Nicolás Guillén

Cuba

(montuna:  RAE  1. adj. Perteneciente o relativo al monte. 3. m. Cuba. Estribillo propio de la música que se canta y baila.)

PALMA SOLA

La palma que está en el patio

nació sola,

creció sin que yo la viera,

creció sola;

bajo la luna y el sol,

vive sola.

Con su largo cuerpo fijo,

palma sola,

sola en el patio sellado,

siempre sola,

guardián del atardecer,

sueña sola.

La palma sola soñando,

palma sola,

que va libre por el viento,

libre y sola,

suelta de raíz y tierra,

suelta y sola,

cazadora de las nubes,

palma sola,

palma sola,

palma.

Nicolás Guillén

Cuba

En una pequeña semilla

cabe todo el verde

cabe el trébol, cabe la ceiba,

cabe la selva entera.

Jorge Luján

Argentina

EL PINO VERDE

Verde pino, verde pino,

vengo a tu sombra a jugar,

a la orilla del camino

quiero una acequia formar.

El agua, agüita de plata,

pronto correrá hasta aquí,

y una dulce serenata

dirá sólo para mí.

Verde pino, verde pino,

¡qué hermosa y dulce canción!:

los pájaros del camino

están en tu corazón.

Al alba, pino de oro;

verde, en el atardecer;

de noche –blanco tesoro–

de plata pareces ser.

Verde pino, verde pino,

los gnomos te cuidarán,

y las ranas del camino

de noche te dormirán.

Fermín Estrella Gutiérrez

Argentina

(Tomado, con permiso, de Premio La Hormiguita Viajera)

LAS HOJITAS DE LA YERBABUENA

Las hojitas frescas

de la yerbabuena

con luna y estrellas.

Eran las amigas

de la regadera

y de los grillitos

y de las luciérnagas.

Conocían las manos

secas de la abuela;

conocían las horas

de sombra en la huerta

y eran muy felices

con la luna nueva.

Las hojitas frescas

de la yerbabuena,

con luna y estrellas…

Carlos Luis Sáenz

Costa Rica

ODA A LA ARAUCARIA ARAUCANA

Alta sobre la tierra

te pusieron,

dura, hermosa araucaria

de los australes

montes,

torre de Chile, punta

del territorio verde,

pabellón del invierno,

nave

de la fragancia.

Ahora, sin embargo,

no por bella

te canto,

sino por el racimo de tu especie,

por tu fruta cerrada,

por tu piñón abierto.

Antaño,

antaño fue

cuando

sobre los indios

se abrió

como una rosa de madera

el colosal puñado

de tu puño,

y dejó

sobre

la mojada tierra

los piñones:

harina, pan silvestre

del indomable

Arauco.

Ved la guerra:

armados

los guerreros

de Castilla

y sus caballos

de galvánicas

crines

y frente

a ellos

el grito

de los desnudos

héroes,

voz del fuego, cuchillo

de dura piedra parda,

lanzas enloquecidas

en el bosque,

tambor,

tambor

sagrado,

y adentro

de la selva

el silencio,

la muerte

replegándose

la guerra.

Entonces, en el último

bastión verde,

dispersas

por la fuga,

las lanzas

de la selva

se reunieron

bajo las araucarias

espinosas.

La cruz,

la espada,

el hambre

iban diezmando

la familia salvaje.

Terror,

terror de un golpe

de herraduras,

latido de una hoja,

viento,

dolor

y lluvia.

De pronto

se estremeció allá arriba

la araucaria

araucana,

temblaron

sus ilustres

raíces,

las espinas

hirsutas

del poderoso

pabellón

tuvieron

un movimiento

negro

de batalla:

rugió como una ola

de leones

todo el follaje

de la selva

dura

y entonces

cayó

una marejada

de piñones:

los anchos

estuches

se rompieron

contra la tierra, contra

la piedra defendida

y desgranaron

su fruta, el pan postrero

de la patria.

Así la Araucanía recompuso

sus lanzas de agua y oro,

zozobraron los bosques

bajo el silbido

del valor

resurrecto

y avanzaron

las cinturas

violentas como rachas,

las plumas

incendiarias del cacique:

piedra quemada

y flecha voladora

atajaron

al invasor de hierro

en el camino.

Araucaria,

follaje

de bronce con espinas,

gracias

te dio

la ensangrentada estirpe,

gracias

te dio

la tierra defendida,

gracias

pan de valientes,

alimento

escondido

en la mojada aurora

de la patria:

corona verde,

pura

madre de los espacios,

lámpara

del frío

territorio,

hoy

dame

tu

luz sombría

la imponente

seguridad

enarbolada

sobre

tus raíces

y abandona en mi canto

la herencia

y el silbido

del viento que te toca,

del antiguo

y huracanado viento

de mi patria.

Deja caer

en mi alma

tus granadas

para que las legiones

se alimenten

de tu especie en mi canto.

Árbol nutricio, entrégame

la terrenal argolla que te amarra

a la entraña lluviosa

de la tierra

entrégame

tu resistencia, el rostro

y las raíces

firmes

contra la envidia,

la invasión, la codicia,

el desacato.

Pablo Neruda

Chile

ODA AL MANGO BANILEJO

Voy a cantar a la fruta,

dorada, redonda y ocre,

rebosante en piel cerosa

púrpura, granate o roja

que sin sangre entre las

fibras exuda jugos

preciosos.

Hija de la Tierra hermosa

del Grande Máximo Gómez,

yo me pregunto gozosa:

¿Por qué otro suelo no coges?

Hija de Baní, ovalada,

recuerdos guarda tu pulpa,

desde que la infancia prueba

tu sabor insuperable.

Cuatro mil doscientas hectáreas,

mil doscientas plantaciones

con sesenta y cuatro mil tareas

de nacionales primores,

hacen de tu producción

un orgullo comercial con sabor e identidad.

Manjar de fibrosa carne,

delicioso al paladar;

no puede haber otra fruta

con semejante hábitat.

Fruto redondo entre las verdes hojas

liso, cual lomo de ocaso tropical,

amoroso extiendes tu aroma en el campo

y en la urbe sabes adornar el lugar.

Nada puede competir,

en esplendor y sabor,

con tus variedades mil:

el Bombolón, el Morado

el Pascual; Rico Manzano.

Ni siquiera es de extrañar la Teta

(tan singular), si un banilejo se asoma,

Nada tienen que buscar

Otros mangos de este lar.

Obra de arte entre las matas

el paisaje coloreas porque te ha puesto aquí Dios.

Hay en ti tal perfección

que te juro lealtad y hasta la veneración.

Nunca serás tan sabroso como

en el patio, jugoso escurriéndote

en los dedos de quien te sabe apreciar

y no importa que seas Keitt, Madame Francés

o Yamaguí, todo mango banilejo es

Crema de Oro para mí.

Cuando no es la temporada

te extrañamos un montón.

Buscamos en las bandejas

tu forma oblonga y tirante

y si te encontramos verde

la desilusión es grande.

Pero si maduro llegas

tu olor es característico

al tacto suave te aprieto

y me empieza a dar gustito.

No me importa que seas chico

comparado a otros mangos

más grandes que una toronja

que ofrecen mucho tamaño

y muy poca sabrosura.

Te prefiero pequeñito, ovalado

y madurito.

Y si de semilla hablamos,

se paran todas las aguas,

pues carne y jugo nos llevan

al hueso, que es lo mejor

y no hay placer más intenso

que dejar tu pelo blanco

a dentelladas silentes.

Si de terciopelo se forrara el campo

tú encarrilarías el paso de Dios

para que los hombres supieran

sin duda, del regalo inmenso

que hay en la Región.

Leibi Ng

República Dominicana

¿Delicioso verdad?  A mí se me hace agua la boca cuando pruebo este poema al mango banilejo de Leibi Ng…

LAS VERDURAS DE MI BARRIO

A la vuelta de mi casa

hay una verdulería

donde no sé cómo pasa

lo que veo todos los días.

Cuando llego me saludan

enseguida los tomates

y yo quedo casi muda

al ver que me ofrecen mate.

Después, son las zanahorias

que vienen a darme charla

y me cuentan sus historias

anaranjadas y largas.

Al rato es la espinaca

la que con risas se asoma

mientras las hojas de albahaca

se ponen a inventar bromas.

Pocos minutos después

hay varios morrones rojos

que hablan todos a la vez

bien delante de mis ojos.

Berenjenas, rabanitos,

lechugas y coliflores,

repollos y zapallitos,

conversan de sus amores.

Y aunque esto sucede a diario

siempre es grande mi sorpresa,

las verduras de mi barrio

son realmente traviesas.

Adela Basch

Argentina

LA NARANJA

El viejito corre

tras una naranja

que rueda la calle.

La corre

se escapa.

La corre

la alcanza.

La corre

la caza.

La pela

la come.

Guarda tres gajitos

y la perfumada

cinta de la cáscara.

Laura Devetach

Argentina

CUANDO SE ABRE LA VENTANA

Cuando se abre la ventana

roja como sangre está;

el rocío no la toca

porque se teme quemar.

Abierta en el mediodía

es dura como el coral,

el sol se asoma a los vidrios

para verla relumbrar.

Cuando en las ramas empiezan

los pájaros a cantar

y se desmaya la tarde

en las maletas del mar,

se pone blanca, con blanco

de una mejilla de sal;

y cuando toca la noche

blanco cuerno de metal

y las estrellas avanzan

mientras los aires se van,

en la raya de lo oscuro

se comienza a deshojar.

Federico García Lorca

España

CUANDO MIRO EL ALMENDRO…

Cuando miro al almendro

vestirse de flores

pregunto:

¿Cómo sabe que ha llegado ya marzo?

¿Cómo siente la savia

correr con más fuerza

por todos sus brotes?

¿Conoce el despertar de la tortuga?

¿Oye lo que cuenta el pájaro en su vuelo?

¿Dónde está su reloj

que marca la hora?

No hablo su lenguaje.

Mas el almendro

al vestirse de flores

me anuncia el final del invierno

primeras brotes de la primavera.

Luz del Olmo

España

EL ROMANCILLO INÚTIL

Yo le haría un romancillo

a esta casita española,

que sus canteros floridos

y sus sombrías alcobas

están rimando inconscientes

las más bonitas estrofas.

Lo merece, por sus cercos

de madreselva olorosa,

por la opulencia fragante

de sus magníficas rosas

por el jazmín, que florido,

es un gran ramo de novia,

por su linda fuentecica

y el primor de sus baldosas,

y por aquel azulejo

en donde canta la copla,

y por el vivo brochazo

de aquellas macetas rojas.

Mas no necesita versos,

que alguna gran rimadora

es quien enciende en las noches

la luz de aquella farola

que alumbra piadosamente

una imagen religiosa,

y le puso a la casita

un nombre que sabe a gloria,

a la vez agreste y fino

y fragante:  “malvarrosa”.

Julieta Gómez Paz

Argentina

Reciban por favor una hermosa malvarrosa de regalo para ustedes…

ESCENA MUSICAL

Amaneció el algarrobo

sin vainas pero con trinos.

Abuelo de barbas duras

con fina sangre de niño.

Anciano de barbas serias

llenas de risa y de mimos.

Presenciábamos la escena

desde el mojado camino

un asno de pelo crespo,

el espejuelo de un guijo,

y yo:  pensador de sueños,

desde el mojado camino.

El árbol temblaba todo

en la luz estremecido;

aún dulce de miel de luna,

con dorados jilguerillos;

sonoras vainas doradas,

hojuelas de sol y trinos.

El árbol cantaba solo

en el aire amanecido.

Antonio Esteban Agüero

Argentina

(algarrobo)

ÁRBOL MUERTO

A Alberto Guillén

En el medio del llano,

un árbol seco su blasfemia alarga;

un árbol blanco, roto

y mordido de llagas,

en el que el viento, vuelto

mi desesperación aúlla y pasa.

De su bosque, el que ardió, sólo dejaron

de escarnio, su fantasma.

Una llama alcanzó su costado

y lo lamió, como el amor mi alma.

¡Y sube de la herida un purpurino

musgo, como una estrofa ensangrentada!

Los que amó, y que ceñían

a su torno en Setiembre una guirnalda,

cayeron.  Sus raíces

los buscan, torturadas,

tanteando por el césped

con una angustia humana…

Le dan los plenilunios en el llano

su más mortales platas,

y alargan, por que mida su amargura,

hasta lejos su sombra desolada.

¡Y él le da al pasajero

su atroz blasfemia y su visión amarga!

Gabriela Mistral

Chile

RONDA DE LA CEIBA ECUATORIANA

A la maestra Emma Ortiz

¡En el mundo está la luz,

y en la luz está la ceiba,

y en la ceiba está la verde

llamarada de la América!

¡Ea, ceiba, ea, ea!

Árbol-ceiba no ha nacido

y la damos por eterna,

indios quitos no la plantan

y los ríos no la riegan.

Tuerce y tuerce contra el cielo

veinte cobras verdaderas,

y al pasar por ella el viento

canta toda como Débora.

¡Ea, ceiba, ea, ea!

No la alcanzan los ganados

ni le llega la saeta.

Miedo de ella tiene el hacha

y las llamas no la queman.

Es sus gajos, de repente,

se arrebata y se ensangrienta

y después su santa leche

cae en cuajos y guedejas.

¡Ea, ceiba, ea, ea!

A su sombra de giganta

bailan todas las doncellas,

y sus madres que están muertas

bajan a bailar con ellas.

¡Ea, ceiba, ea, ea!

Damos una y otra mano

a las vivas y a las muertas,

y giramos y giramos

las mujeres y las ceibas…

¡En el mundo está la luz,

y en la luz está la ceiba,

y en la ceiba está la verde

llamarada de la Tierra!

Gabriela Mistral

Chile

(ceiba, ceiba 2, ceiba 3.  guedeja:  RAE 1. f. Cabellera larga.)

RONDA CUBANA

Caminando de Este a Oeste

con su arrastre de metales,

hacen la ronda de espadas

doce mil palmeras reales.

Se desparraman en grupos

como estrellas o animales;

y de nuevo se rehace

la ronda de palmas reales…

Entre cafés y algodones,

y entre los cañaverales,

avanza abriéndose paso

la ronda de palmas reales…

Saltan con una pernada

maniguas y platanales

y de noche van somnámbulas

andando, las palmas reales…

Cuando, de loca frenética,

suelta las cofias y chales,

se da bailar con nosotros

la ronda de palmas reales…

Pero ahora, de ligeras,

no llevan cuerpos mortales,

y se pierde rumbo al cielo,

la ronda de palmas reales.

Gabriela Mistral

Chile

(palma real: Árbol nacional de Cuba.  manigua:  RAE 3. f. Col. Bosque tropical pantanoso e impenetrable.)

PALMAS DE CUBA

Isla Caribe y Siboney,

tallo de aire, peana de arena

como tortuga palmoteada,

de conjunciones de palmeras,

clara en los turnos de la caña,

sombría en discos de la ceiba.

Palmas reales doncelleando

a medio cielo y a media tierra,

por el ciclón arrebatadas

y suspendidas y devueltas.

Corren del Este hacia el Oeste.

Por piadosas siempre regresan.

El cielo habla a Siboney

por el cuello de las palmeras

y contesta la Siboney

con avalancha de palmeras.

Si no las hallo quedo huérfana,

si no las gozo estoy aceda.

Duermo mi siesta azuleada

de un largo vuelo de cigüeñas,

y despierto si me despiertan

con su silbo de tantas flechas.

Los palmares de Siboney

me buscan, me toman, me llevan.

La palma columpia mi aliento;

de palmas llevo marcha lenta,

Tránsito y vuelo de palmeras

éxtasis lento de la Tierra.

Y en el sol acre, pasan, pasan,

y yo también pasé con ellas.

Y me llevan sus escuadrones

como es que lleva la marea

y me llevan ebria de viento

con las potencias como ebrias…

Gabriela Mistral

Chile

(Siboney.  peana:  RAE 1. f. Basa, apoyo o pie para colocar encima una figura u otra cosa. aceda:  RAE 3. adj. Dicho especialmente de una persona o de su genio: Áspero, desapacible.)

HUERTA

—Niño, tú pasas de largo

por la huerta de Lucía

aunque te paras a veces

por cualquiera nadería.

—¿Qué le miras a esa mata?

En cualquier pasto, ¡camina!

—Tontito mío, es la albahaca.

¡Qué buena!  ¡Dios la bendiga!

—Pero si no es más que pasto,

mama.  ¿Para qué la acaricias?

—Yo le oí decir a mi madre

que la quería y plantaba

y la bebía en tisana

yo le oí decir que alivia

el corazón y eran ciertas

las cosas que ella nos contaba.

—¿Por qué entonces no la coges?

—Chiquitito, soy un fantasma

y los muertos, ya olvidaste,

no necesitan de nada.

—¡Ay, otra vez, otra vez

me dices esa palabra!

—¿Cómo te respondo entonces

a tántas cosas que me hablas?

—Mama, oye:  algunas veces

yo creo, otras veces nada…

Me dices que te moriste

pero hablas tal como hablabas.

Cuando voy solo y con miedo

siempre vienes y me alcanzas.

Casi nada has olvidado

¡y caminas tan ufana!

¿Por qué te importan, por qué

todavía, hasta las plantas?

—Chiquitito, yo fui huertera.

Este amor me dio la mama.

Nos íbamos por el campo

por fruta o hierbas que sanan.

Yo le preguntaba andando

por árboles y por matas

y ella se los conocía

con virtudes y con mañas.

Por eso te atajo cuando

te allegas a hierbas malas.

Esta Patria que nos dieron

apenas cría cizañas.

Gracias le daba al Señor

de todo, y por esta hazaña.

Agradecía la lluvia,

el buen sol, la trebolada

la lluvia, la nieve, el viento

Norte que nos trae el agua.

Le agradecía los pájaros,

la piedra en que descansaba,

y el regreso del buen tiempo

todo lo llamaba “gracia”

—¿Gracia?  ¿qué quieres decir?

Gabriela Mistral

Chile

(nadería:  tontería.  tisana:  RAE 1. f. Bebida medicinal que resulta del cocimiento ligero de una o varias hierbas y otros ingredientes en agua.  ufano:  RAE 1. adj. Arrogante, presuntuoso, engreído. 2. adj. Satisfecho, alegre, contento. cizaña:  planta o maleza venenosa.)

SALVIA

Vamos pasando un campillo

campillo como mecido de gracia,

aprentando sobre el pecho

como a tórtolas robadas

el hálito de la menta;

el ojo azul de la salvia,

el trascender del romero

y el pudor de la albahaca.

Corto con la mano de aire,

corto como desvariada

y voleando los manojos,

les miento sus cuatro patrias:

la Castilla, y la Vasconia, Génova

la Provenza y la Campania.

Llegué al punto de su flor

y sus bodas azuladas.

Aunque las quise a todas

esta salvia fue mi ahijada.

Lento el hálito, oji-dulces

y este fervor que las alza.

Aquí estoy mirando cuatro

bultitos de encuclilladas,

tan atentas con sus dulces

cuellos de niñas alzadas.

Matas de azul no engreídas

en su hálito balanceadas,

así apresurando azules

y volando aligeradas.

Esta siesta se la doy

y ellas me la dan, sobrada.

Aunque les vuelvo sin bulto

mera señal, bizca fábula.

¡Qué bien que estamos así

por el encuentro arrobadas!

Sobran la ruta y las gentes

y el tiempo que antes volaba,

porque el color azul apacigua

a los cuerpos y a las almas

y sin mecida nos mece

como madre o como aya.

Viene ahora el mediodía

fuerte de esencia voleada,

viene una tarde de treinta

montañas amoratadas

y luego llega una noche que

por densa y por consumada

libera el alma, la toma

y en lo eterno la amamanta.

Ya dormimos niñas-Mentas

y salvias oji-azuladas

y el romero de la huerta

rociado de Vía Láctea.

Gracias por tantas pupilas

de las que yo he sido velada

cuidan de cuerpo y aroma

niñas de la Ruta, Salvias.

Gabriela Mistral

Chile

(salvia)

ROSAS NUEVAS

Al paseante, alegría.

Al triste, el aroma de la rosa.

Al contento, la rosa en la solapa del corazón.

Al enamorado, la rosa para llevar.

Al pobre, la belleza dulce de los pétalos.

A quien vaga extraviado, el cobijo de las ramas del rosal.

A ti, caminante de las horas del tiempo, el color de la rosa recuerdo.

A todos, el corazón del tiempo que comienza y acaba en una rosa.

María Rosa Serdio

España

RAÍCES

Estoy metida en la noche

de estas raíces amargas,

ciegas, iguales y en pie

como ciegas que son hermanas.

Sueñan, sueñan, hacen el sueño

y a la copa mandan la fábula.

Oyen los vientos, oyen los pinos

y no suben a saber nada.

Los pinos tienen su nombre

y sus siervas no descansan,

y por eso pasa mi mano

con piedad por sus espaldas.

Apretadas y revueltas,

las raíces-alimañas

me miran con unos ojos

de peces que no se cansan;

estoy preocupada con ellas

que silenciosas me abrazan.

Abajo son los silencios.

En las copas son las fábulas.

Del sol fueron heridas

y bajaron a esta patria.

No sé quién las haya herido

que al rozarlas doy con llagas.

Quiero aprender lo que oyen

para estar tan arrobadas.

Paso entre ellas y mis mejillas

se manchan de tierra mojada.

Gabriela Mistral

Chile

A UN OLMO SECO

Al olmo viejo, hendido por el rayo

y en su mitad podrido,

con las lluvias de abril y el sol de mayo,

algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina

que lame el Duero!  Un musgo amarillento

le mancha la corteza blanquecina

al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores

que guardan el camino y la ribera,

habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera

va trepando por él, y en sus entrañas

urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,

con su hacha el leñador, y el carpintero

te convierta en melena de campana,

lanza de carro o yugo de carreta;

antes que rojo en el hogar, mañana,

ardas de alguna mísera caseta,

al borde de un camino;

antes que te descuaje un torbellino

y tronche el soplo de las sierras blancas;

antes que el río hasta la mar te empuje

por valles y barrancas,

olmo, quiero anotar en mi cartera

la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera

también, hacia la luz y hacia la vida,

otro milagro de la primavera.

Soria, 1912

Antonio Machado

España

(olmo)

MÚSICA DE COLORES

Música de colores:

en el prado florido

van sonando las flores.

El romero azulado

y el romerillo blanco

y el amarillo,

de romería, rimando

ramitos de alegría.

Veraniegas verónicas

azules, blancas, rojas,

imponiendo su nota

dominante, la tónica.

Las orquestas de orquídeas,

duquesitas moradas,

con sus aires de cámara.

Las liras de los lirios,

de puras notas albas,

el feliz y sonoro campanólogo

de las grandes campánulas,

y las enamoradas, pequeñitas violetas

de susurrantes violas violadas.

Aramís Quintero

Cuba

SE OYEN RUIDOS HORRIBLES

Se oyen ruidos horribles,

y una mancha amarilla

se mueve entre la hierba.

Todas las flores tiemblan

y gritan:  —¡Diente de León!

Los ranúnculos saltan

por todas partes y se pierden.

Las clemátides claman:

—¡Llévennos, no nos dejen!

El Alhelí, alelado,

no puede ni moverse.

El Diente de León se va acercando…

Y de pronto,

¡la valerosa Valeriana aparece!

El Alhelí alelado dice:

—¡Oh, mi princesa azul!–

y se desmaya,

como siempre sucede.

Y en esto los dejamos:

el monstruo y la heroína,

frente a frente.

(Lea en otro poema

el fin de esta aventura,

que es el mismo de siempre.)

Aramís Quintero

Cuba

DE CÓMO TERMINÓ LA AVENTURA

“De cómo terminó la aventura

de la valerosa Valeriana

y el Alhelí alelado

con el temible Diente de León”

La valerosa Valeriana

y el fiero Diente de León

pasaron toda la mañana

en una viva discusión.

Él:  —¡Me la como!

Ella:  —¡Que no!

Y mientras tanto, el Alhelí

volvió en sí,

y se marchó.

Cuando se supo la noticia

todo acabó en una gran fiesta

con muchas rosas, muchas risas,

muchos azahares y azaleas,

miles de malvas, malvaviscos,

y de amapolas y pamelas.

De tres en tres, todos trabados,

bailaron tréboles y trébolas.

Y desplegaron los espliegos

mil espectáculos de feria,

y pantomimas las mimosas,

y candeladas las caléndulas.

Y en todo el prado circularon

rondas de arándonos y anémonas.

Luego contaron la aventura

en este gran poema.

(Una petunia, petulante,

dice que lo hizo ella.)

Aramís Quintero

Cuba

LEYENDAS MAULINAS

III

Selva, dame el árbol más hermoso.

Río, arréamelo con cuidado.

Armador, levántamelo, amigo,

sin perder ni una hoja ni un pájaro.

Yo quiero que aquí siga creciendo

como si fuera el rey de la selva.

Yo no quiero que el martillo lo golpee

ni tampoco que el serrucho lo hiera.

Es mi árbol, mi abuelo lo cuidó,

–y hay que ver qué marino era el viejo–.

Y no quiero destrozar sus raíces

para que se agarre con fuerza en el océano.

Armador, no podes demasiado mi árbol,

porque se caen sus nidos y sus frutos.

Y un árbol es como el mejor de los buques:

no se pierde en el invierno más rudo.

Armador, no cortes su ramaje.

¿No ves que es la mejor arboladura?

Si las tempestades la destruyen,

¿no ves que sus velas se renuevan?

Yo quiero navegar en mi árbol verde,

para que en el mar no me falte la tierra,

para que el viento fecundo no me olvide,

y el sol haga florecer mis velas.

Efraín Barquero

Chile

DE GIRASOLES Y GIRALUNAS

Los girasoles de día

son –de noche– giralunas.

Son flores enamoradas:

No logra dormir ninguna.

¡Despiértate, compañero!

¡Míralas pasear en coche

por los callados senderos,

teñidas de pura noche,

todas con blancos sombreros!

Levántate, di que sí,

y entre las flores abiertas

me verás pasar a mí…

Yo también estoy despierta

de tanto pensar en ti.

Girasolera de día;

de noche, giralunera.

Gira el sueño por el aire…

No lo atrapo, aunque quisiera.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

ROMANCE DE LA AÑAÑUCA

Añañuca de mis sierras,

sangre del cobre florida,

en la acuarela de mi alma

eres recuerdo y herida.

Rojo dolor del minero,

hondo cantar de esperanzas,

en el fulgor del lucero

están dormidas tus ansias.

Hermana de los copihues

talle verde, rojos labios

sobre sus mesas humildes

los campesinos te amaron;

y es coralina tu gracia,

añañuca de la aurora,

cuando te luces prendida

al pecho de las pastoras.

Cuando sus notas desata

la ruda orquesta del viento,

eres Pavlova escarlata

danzando sobre el desierto.

Junto al esquivo sendero

ríes bermeja alegría;

lamparita de minero

que buscas vetas perdidas.

Son los cactos de las cimas,

tus centinelas agrestes;

con sus espadas de espinas

montan guardia en el Oriente.

El algarrobo sombrío,

en invernales mañanas,

con lágrimas de rocío

llora tu ausencia serrana.

Los ojos de los chañares

solo florecen por verte;

la noche viene a los valles,

para besarte la frente.

Y el puma de las llanuras,

señor del ancho desierto,

tiene un fulgor de ternura

frente a tu cáliz abierto.

Añañuca solitaria,

roja bandera del viento;

como una herida o plegaria

te llevo ardiendo en mi acento.

 Eres la savia del cobre

que floreciera en silencio

por eso busco tu nombre

por la vetas de mi verso.

Voy socavando mañanas

con mis barrenos de sueños;

llegaré al fondo del alba

con mi ilusión de minero.

La añañuca de la aurora

la esconderé bajo el pecho,

y no sabrán de la gloria,

que ilumina mi silencio.

Añañuca de mis sierras,

sangre, símbolo y herida;

en las llanuras de mi alma

eres mi verso y mi vida.

Roberto Flores

Chile

UN MINUTO PARA UN CLAVEL

Clavelito perfumado del cielo

clavelito perfumado del suelo

clavelito perfumado del ci

clavelito perfumado del su

clavelito per si

clavelito per su

cla si

cla su

cla.

Juan Cruz Iguerabide

España

¿Dónde están

adónde se han ido

tantas manadas de zorros?

Prendidas de las cortaderas

ligeras se menean

sus largas colas espléndidas.

Ruth Kaufman

Argentina

CYNODON DACTILON

(“pasto diente de perro

tan agresivo que los jardineros lo llaman

pasto del diablo”)

entre los dedos un pasto

del final del tallo salen cuatro varas

como una encrucijada

—¿esta es la flor?

de cada vara penden gotas de rocío

con una pizca de polen dentro

—ahora el sol las toca

Y cada pasto del diablo

cada pasto diente de perro tiene

su collar de perlas

Ruth Kaufman

Argentina

No conocen la vergüenza

ni la moda

¿por qué han dicho los poetas

que los árboles pierden

la ropa?

si nos entregamos a mirarlos

los humanos en invierno

somos capaces de arbolarnos.

Ruth Kaufman

Argentina

Las varas rosas o naranjas

de los mimbres vistos

desde lejos hacen pensar

en la desnudez

de la gente muy joven.

Ruth Kaufman

Argentina

MI CAMA FUE UN ROBLE

Mi cama fue un roble,

y en sus ramas cantaban los pájaros.

Mi cama fue un roble,

y mordió la tormenta sus gajos.

Deslizo mis manos

por sus claros maderos pulidos

y pienso que, acaso, toco el mismo tronco,

donde estuvo aferrado algún nido.

Mi cama fue un roble.

Yo duermo en un árbol.

En un árbol amigo del agua,

del sol y la brisa, del cielo y del musgo,

de lagartos de ojuelos dorados

y de orugas de un verde esmeralda.

Juana de Ibarbourou

Uruguay

LIMONERO

¡Cuántos soles se han quedado

prendidos al limonero,

cuántos soles amarillos

jardinero!

Para este verano

tú me exprimirás

un sol en el vaso.

Que yo quiero

sorberle,

sobre el campo azul

jardinero,

bajo el cielo verde.

Pedro Juan Vignale

Argentina

ÁRBOL DE LIMÓN

Si te subes a un árbol de limón

siente la corteza

con tus rodillas y pies,

huele sus flores blancas,

talla las hojas

entre tus manos.

Recuerda,

el árbol es mayor que tú

y tal vez encuentres cuentos

entre tus ramas.

Jennifer Clement

México

JARDÍN

En la mañana

de octubre,

racimos

leves,

azules,

barcas

lentas

de perfumes…

¡glicinas

nuevas,

en flor!

Y entre los aires

temblando

–sobre hojas

verde claro–,

sol de oro

y rayos blancos…

¡la margarita

se abrió!

Julio Fernández

Uruguay

(glicinas; margarita)

JUANITA DEL NARANJAL

Juanita del naranjal

tenía las manos sucias

y un hoyo en el delantal,

pero la canasta ardía

de su cosecha frutal.

¡A la ronda…  ronda…  ronda…

hay que bailar!

Se levantó al aclarar

y amarrando a la Carlota

por que no fuera a ladrar,

se fue al huerto de don Pancho

y a sacar, sacar, sacar,

las naranjas coloradas,

dulces como la miel.

Cantaba la pandilla

en el redondel

y a la ronda…  ronda…  ronda…

¡hay que ver, que ver, que ver!

Don Pancho andaba de viaje,

más de un año sin volver,

y el naranjal maduraba,

en su cosecha de miel…

¡Las naranjas coloradas,

y comer…  comer…  comer…!

¡Y el naranjo descansaba

de su cosecha frutal,

se abanicaba en sus hojas

y agradecía esa paz

mientras los niños comían

naranjas del naranjal!

¡A la ronda… ronda…  ronda…

Juanita, flor de azahar!

Chela Reyes

Chile

SINFÍN

De la semilla el naranjo,

del naranjo el azahar,

del azahar la naranja.

Y otra vez a comenzar.

En semilla está naranjo,

en naranjo está azahar,

en azahar la naranja

y en naranja ¡maravilla!

la semilla

de sembrar.

¿Quieres que vuelva a empezar?

Mirta Aguirre

Cuba

LOS SUEÑOS DEL NARANJO

El naranjo

teje sueños

con sus gotas de azahar.

La tarde lo mira,

mira

y se pregunta

al pasar…

¿Cuántas naranjas

jugosas

de sus ramas

colgarán?

Inés de Cuevas

Venezuela

QUILLAY

Era rojo el árbol y no sabía él ni menos sabía yo,

se vestía de rojo y se confundía con los arreboles

y destilaba aromas de mieles y abejas por las tardes

y el cerro se vestía de levita verde en tonos de hierbas frescas.

Sus flores aromatizaban al bosque, y el zorzal allí se anida.

Y le canta el universo de estrellas que llenan sus vainas secas,

formando el justo universo en el cosmos verde de su follaje.

Era rojo y yo no sabía, y sus ramas al cielo como brazos,

de brazos casposos y leñosos querían alcanzar a las nubes

y sus ramillas querían escribir poemas y encontró en

siringa canora consuelo, y el crepúsculo se hizo verso para él.

Era un quillay de madera roja y piel desnuda en su juventud

y yo ni siquiera lo sabía.

Juan Carlos Campos (Huilqui)

Chile

TODO SE LO DIO EL CLAVEL

Todo se lo dio el clavel

a la clara clavellina:

su clarín y su esclavina

de carmín y de oropel,

su clavicordio de miel,

sus claves de fa y de sol,

sus clavijas, una col,

un cascabelito viejo,

clavículas de conejo,

tres clavos y un caracol.

Aramís Quintero

Cuba

PINO LOCO

Un pino se volvió loco

anoche, con la tormenta.

Se enloqueció poco a poco…

según lo que el diario cuenta.

Leo:  “Y empezó a agitarse

y a murmurar contra el viento.

Las ramas logró arrancarse.

Quedó calvo en un momento.

La verde pina, su esposa,

lo observaba a la distancia

y llorando, al ver tal cosa,

llamó urgente a una ambulancia.

El hospicio de la esquina

un enfermero envió

y un chaleco de neblina

al pino le colocó,

mientras saltaba ligero

–igual que un gallo de riña–

el pobrecito enfermero

recibía varias piñas”.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

COSAS DE GIRASOLES

Un girasol escribe a una violeta,

que su vestido al aire mueve coqueta.

Usa tinta dorada, con gusto a menta.

En una hoja de parra su amor le cuenta:

“Violeta, te regalo mi corazón…

Girasoleando espero contestación.”

El viento es el cartero de frío traje.

Soplando, a la violeta le da el mensaje.

Pero ella no entiende nada de nada

esa carta con letra girasolada.

Entonces la devuelve, violenta, al viento,

que la lleva al girasol en un momento.

El pobre girasol se desespera,

llorando su tristeza girasolera.

Con gotas de rocío la carta moja,

y cae su cabeza, hoja por hoja.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

BOTÁNICA

El sanguinario litre y el benéfico boldo

diseminan su estilo

en irritantes besos de animal esmeralda

o antologías de agua oscura entre las piedras.

El chupón en la cima del árbol establece

su dentadura nívea

y el salvaje avellano construye su castillo

de páginas y gotas.

La altamisa y la chépica rodean

los ojos del orégano

y el radiante laurel de la frontera

perfuma las lejanas intendencias.

Quila y quelenquelén de las mañanas.

Idioma frío de las fucsias,

que se va por las piedras tricolores

gritando ¡viva Chile! con la espuma.

El dedal de oro espera

los dedos de la nieve

y rueda el tiempo sin su matrimonio

que uniría a los ángeles del fuego y del azúcar.

El mágico canelo

lava en la lluvia su racial ramaje,

y precipita sus lingotes verdes

bajo la vegetal agua del Sur.

La dulce aspa del ulmo

con fanegas de flores

sube las gotas del copihue rojo

a conocer el sol de las guitarras.

La agreste delgadilla

y el celestial poleo

bailan en las praderas con el joven rocío

recientemente armado por el río Toltén.

La indescifrable doca

decapita su púrpura en la arena

y conduce sus triángulos marinos

hacia las secas lunas litorales.

La bruñida amapola,

relámpago y herida, dardo y boca,

sobre el quemante trigo

pone sus puntuaciones escarlata.

La patagua evidente

condecora sus muertos

y teje sus familias

con manantiales aguas y medallas de río.

El paico arregla lámparas

en el clima del Sur, desamparado,

cuando viene la noche

del mar nunca dormido.

El roble duerme solo,

muy vertical, muy pobre, muy mordido,

muy decisivo en la pradera pura

con su traje de roto maltratado

y su cabeza llena de solemnes estrellas.

Pablo Neruda

Chile

DEL ÁRBOL

Hay en la casa un Árbol

que no plantó la madre ni riegan los abuelos:

sólo es visible al niño, al poeta y al perro.

Su primavera no es la que fundan las rosas:

no es la vaca encendida ni el huevo de paloma.

Su otoño no es el tiempo que trae desde el mar

caballos irascibles, por tierras de azafrán.

Al Árbol suben otras primaveras e inviernos:

el enigma es del niño, del poeta y del perro.

Cuando la primavera sube al Árbol-sin-nombre,

vestidos de cordura florecen los varones;

y Amor, en pie de guerra, se desliza

de pronto a la sabrosa soledad de las hijas.

Entonces el sabor de algún cielo perdido

desciende con el llanto de los recién nacidos.

Pero cuando el invierno lo desnuda y oprime,

sobre los techos llueven sus hojas invisibles,

y, horizontal, cruza las altas puertas

alguien que por el cielo desaprendió la tierra.

Hay en la casa un Árbol que los grandes no vieron:

el enigma es del niño, del poeta y del perro.

Leopoldo Marechal

Argentina

10301368_10152852205614176_7765786139072942676_n

Ilustración de Nerina Canzi

Argentina

ÁRBOL

Hojas olor verano

ramas para trepar

y debajo

a la sombrita

un lugar para jugar.

Laura Devetach

Argentina

MANDARINA

Una mandarina

llamada Corina,

en un mediodía

después de comer

llamó a su madrina

y le dijo:

—Estoy aburrida

de ser mandarina…

¡Quiero ser naranja!

Y saltó una zanja

manchándose

todo

                    todo

                                        todo

su traje con lodo.

Al verse tan negra

se puso a llorar…

y con un cuchillo

(con filo

y con brillo)

su cáscara sucia

empezó a cortar.

Su traje embarrado

quedó destrozado…

Al oír que lloraba

la pobre Corina,

corriendo,

corriendo

vino la madrina.

Y se quedó muda

al verla ¡desnuda!

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

UNIVERSO VERDE Y ESTRELLAS PERFUMADAS

Tres blancas flores de jazmín sobre la acera

una mañana de Sídney

cual hechizo repentino han detenido mi marcha.

Un aroma fresco de antaño

una serena embriaguez

un jardincito de acuarela de mi casa de Lima

han invadido mi mente.

Un niño de pantalones cortos

y rodillas verdes de grama

vive nuevamente en un planeta bordeado de geranios rojos.

Es un mundo mágico donde habitan

diminutos seres

cautelosos gorriones

abejas zumbadoras.

Es un mundo secreto

de ríos imaginarios de peces de fábula

de seres extraordinarios.

Y en una esquina está un jazmín

compañero inseparable de mis juegos

tapizando mi universo verde

con estrellas perfumadas.

 Juan Carlos Barreno

Perú

(grama:  césped.)

CANCIÓN DE DICIEMBRE

Qué voluntad de permanencia

la de este viejo pirú desabrigado

que contra toda ley se sostiene

de pie sobre el asfalto. Ya tiene

seco el tronco pero tenaz ocupa

el espacio y el tiempo, meciendo

la breve sombra de lo que fue

alguna vez la copa sorprendente.

Alberto Blanco

México

(pirú o pirul)

QUÉ SE TRAERÁN

¿Y qué se traerán los árboles

tan tranquilos noche y día

sin mover más que sus sombras

ni decir esta boca es mía?

Seguro que están charlando,

seguro, conversadores,

en un solo idioma solo

hecho no más de rumores.

Eliseo Diego

Cuba

LA VOZ DE UN BOSQUE CENTENARIO

Soy un bosque centenario,

con más de cien árboles

que tienen más de cien años.

Más de cien años

cada árbol.

Gotas de lluvia y leña al fuego

de más de cien otoños

y fríos inviernos.

Más de cien árboles

cada año.

Hojas, frutos y pájaros

de más de cien

pequeñas primaveras

y veranos.

Soy un bosque centenario,

tengo más de cien árboles

con más de cien años,

más de cien árboles

que cuentan

más de cien cuentos

a diario,

más de cien veces

el mismo cuento,

más de cien veces cien

más de cien cuentos.

Juan Carlos Martín Ramos

España

RONDA DEL PINAR

Las agujas del pino

–señor, señora–

nunca fueron agujas

de costurero.

Las agujas del pino

–señor, señora–

nunca fueron agujas

de bordadora.

Las agujas del pino

–señor, señora–

nunca fueron agujas

de tejedor.

Pero todas quisieron

–señor, ¡soñar!–

coser, bordar, tejer

el viento al mar.

David Chericián

Cuba

EL CANARIO Y EL LIMÓN

El canario y el limón

son dos hermanos mellizos.

¡Cuánto amarillo en las plumas

y en los gajos amarillos!

Canario, limón que canta

y exprime un agrio estribillo

que eleva un zumo de plumas

al cielo del patinillo.

Limonero, alpiste y rama,

jaula, alambre, cristal, trino…

Si la pluma es amarilla,

hasta el zumo es amarillo.

Con el limón y el canario

Dios supo lo que se hizo:

le dio el zumo a los limones

y al canario el gorgorito.

Adriano del Valle

España

YO NO TE HABÍA VISTO

Yo no te había visto,

amarillo limón escondido

entre el follaje bruñido del limonero,

yo no te había visto.  Pero al niño

le brotó un fuego nuevo de codicia en los ojos

y tendió las dos manos.  Donde ellas no llegaban

llegó su grito.

Ahora es de noche y, como fruto cumplido del día,

te tengo en las manos,

limpio limón escondido,

limpio limón descubierto.

(El niño ya está dormido).

Pedro Salinas

España

LIMÓN, LIMÓN, LIMONERO

Limón, limón, limonero

del viejo patio de casa,

en abril limones rubios

amarilla serenata.

Y cuando llega noviembre

en potros de luna blanca

hay un milagro de azahares

perfumando las distancias.

Limón, limón, limonero

del viejo patio de casa.

Graciela Genta

Uruguay

MARGARITAS

Las verdes lomas del campo

pobladas de margaritas

invitan a preguntarse

la suerte a un vaquita:

¿me quiere muuucho, poquito, nada?

¿me quiere muuucho, poquito, nada?

¿me quiere muuucho, poquito, nada?

¡¡¡Me quiere muuuuuuucho!!!, escucho.

La vaca y su suerte echadas.

Jaime Mancilla

Chile

LUNES

No llenes el cesto.

Una flor es el alma de todas las flores

Aspírala mañana.

Regala el resto.

María Rosa Serdio

España

EL AROMO

De noche nos acordamos

qué amarillo fue ese día

en que julio florecía.

De noche nos acordamos.

La gente llena de ramos

por el camino decía:

el domingo regresamos.

La gente llena de ramos.

Y el aromo sonreía.

Emerson Klappenbach

Uruguay

ACUARELA FRUTAL

La frutilla es una fresca

carita de niña buena,

salpicada de atrayentes

y alargados lunarcitos.

La piña es una ancianita

graciosamente arrugada.

El higo es cofre de ébano

desbordante de minúsculos

y desteñidos rubíes.

La pera es un trompo verde.

Y la naranja es el sol

que se fugó del cielo.

Beatriz Schulze

Bolivia

ESA ROSA

Una rosa siempre nombra

las aves

que le dieron sombra y trinos,

las ramas

a las que deseó ascender,

las raíces

por las que transita el misterio,

los vientos

en los que perdió los pétalos,

la órbita

donde viaja cada noche el rocío…

Una rosa, sólo una,

y el mundo se entrega nuevo

cada mañana.

María Rosa Serdio

España

UVAS

Escapa el zorzal

con una uva.

¿Qué tal?

Con una uva de la parra

que con su pico

a-ga-rra.

Vuela el colibrí

y rodea el racimo:

así, así.

Va y viene la paloma

entre las ramas.

No quiere que otro coma.

Caen una a una

sobre el patio,

uvas, uvas, uvas, uvas.

Didi Grau

Argentina

NUEZ

Nuez:  sabiduría comprimida,

diminuta tortuga vegetal,

cerebro de duende

paralizado por la eternidad.

Jorge Carrera Andrade

Ecuador

DE ÁRBOLES:  LAUREL

Laurel,

aromado,

gran condimento,

noble corona,

en la cocina

y en aquella Roma.

Duro tu cuerpo,

como el ciprés,

y oscuro.

Qué guiso no te tuvo

entre sus jugos.

Didi Grau

Argentina

DE ÁRBOLES:  ESPINILLO

Cinacina,

espinillo,

en tu flor,

el amarillo.

Elegante,

delicado,

los cabellos:

verde claro.

Espinillo,

cinacina,

en tus ramas,

las espinas.

Didi Grau

Argentina

2 Comentarios

  1. Nunca dejo de pasear por aqui. Bonitos los versos de Espino y de tantos otros. Un abrazo.

    • Qué alegría, Marisa, tenerte por aquí disfrutando los sabores de estos lectoaperitivos dispuestos con mucho cariño en cada mesa…
      Un gran abrazo!

¿Aportes? ¿Comentarios acerca de estos lectoaperitivos? Por favor, déjalos aquí: