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Lectoaperitivos de poemas a la vida en comunidad

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ODA A VALPARAÍSO

Valparaíso,

qué disparate

eres,

qué loco,

puerto loco,

qué cabeza

con cerros,

desgreñada,

no acabas

de peinarte,

nunca

tuviste

tiempo de vestirte,

siempre

te sorprendió

la vida,

te despertó la muerte,

en camisa,

en largos calzoncillos

con flecos de colores,

desnudo

con un nombre

tatuado en la barriga,

y con sombrero,

te agarró el terremoto,

corriste

enloquecido,

te quebraste las uñas,

se movieron

las aguas y las piedras,

las veredas,

el mar,

la noche,

tú dormías

en tierra,

cansado

de tus navegaciones,

y la tierra,

furiosa,

levantó su oleaje

más tempestuoso

que el vendaval marino,

el polvo

te cubría

los ojos,

las llamas

quemaban tus zapatos,

las sólidas

casas de los banqueros

trepidaban

como heridas ballenas,

mientras arriba

las casas de los pobres

saltaban

al vacío

como aves

prisioneras

que probando las alas

se desploman.

Pronto,

Valparaíso,

marinero,

te olvidas

de las lágrimas,

vuelves

a colgar tus moradas,

a pintar puertas

verdes,

ventanas

amarillas,

todo

lo transformas en nave,

eres

la remendada proa

de un pequeño

valeroso

navío.

La tempestad corona

con espuma

tus cordeles que cantan

y la luz del océano

hace temblar camisas

y banderas

en tu vacilación indestructible.

Estrella

oscura,

eres

de lejos,

en la altura de la costa

resplandeces

y pronto

entregas

tu escondido fuego,

el vaivén

de tus sordos callejones,

el desenfado

de tu movimiento,

la claridad

de tu marinería.

Aquí termino, es esta

oda,

Valparaíso,

tan pequeña

como una camiseta

desvalida,

colgando

en tus ventanas harapientas,

meciéndose

en el viento

del océano,

impregnándose

de todos

los dolores

de tu suelo,

recibiendo

el rocío

de los mares, el beso

del ancho mar colérico

que con toda su fuerza

golpeándose en tu piedra

no pudo

derribarte,

porque en tu pecho austral

están tatuadas

la lucha,

la esperanza,

la solidaridad

y la alegría

como anclas

que resisten

las olas de la tierra.

Pablo Neruda

Chile

(desgreñada: RAE 1. adj. Despeinado, con el cabello en desorden. trepidar:  1. intr. Temblar fuertemente.)

POR LAS CALLES DEL ENSUEÑO

Por las calles –siempre una bobada–

que muy de tarde

del ensueño

siempre me pierdo

y me encuentro,

voy con mis alforjas

     llenas de duendes locos

 y versos.

¡No llevo más

 equipaje!

Me basta saber

 que tengo

una sonrisa

 en los labios

y un corazón

 siempre abierto.

Por las calles

del ensueño,

siempre me pierdo

y me encuentro,

ven conmigo

y ya verás

cuánto amor

se va sintiendo.

Graciela Genta

Uruguay

¡A LA PLAZA!

Vamos todos a jugar

a la plaza del lugar.

Correremos, saltaremos,

cantaremos, volaremos.

―¿Muy bajito?

Alto, alto en el columpio

como vuela el pajarito.

Vamos todos a jugar

a la plaza del lugar.

Vuela, globo, sube, sube,

con el viento hasta la nube.

―¿Despacito?

Ligerito, tan ligero

como sube el pajarito.

Vamos todos a jugar

a la plaza del lugar.

Cantaremos,

correremos,

¿saltaremos?

¡Volaremos!

Miguel Moreno Monroy

Chile

MARCHA DE OSÍAS

Osías el Osito en mameluco

paseaba por la calle Chacabuco

mirando las vidrieras de reojo

sin alcancía pero con antojo.

Por fin se decidió y en un bazar

todo esto y mucho más quiso comprar.

Quiero tiempo pero tiempo no apurado,

tiempo de jugar que es el mejor.

Por favor, me lo da suelto y no enjaulado

adentro de un despertador.

Quiero un río con catorce pececitos

y un jardín sin guardia y sin ladrón.

También quiero para cuando este solito

un poco de conversación.

Quiero cuentos, historietas y novelas

pero no las que andan a botón.

Yo las quiero de la mano de una abuela

que me las lea en camisón.

Quiero todo lo que guardan los espejos

y una flor adentro de un raviol

y también una galera con conejos

y una pelota que haga gol.

María Elena Walsh

Argentina

CUADRO MATINAL

¡Qué alegre y fresca la mañana!

Me agarra el aire por la nariz;

los perros ladran, un chico grita,

y una muchacha gorda y bonita,

junto a una piedra muele maíz.

Un mozo trae por el sendero,

sus herramientas y su morral;

otro, que agita su gran sombrero,

busca una vaca con su ternero

para ordeñarla junto al corral.

Por las colinas, la luz se pierde

bajo el cielo claro y sin fin;

allí el ganado las hojas muerde,

y hay, en los tallos del pasto verde,

escarabajos de oro y carmín.

Sonando un cuerno curvo y sonoro,

pasa el vaquero, y a plena luz,

vienen las vacas y un blanco toro

con unas manchas color de oro

por los jarretes y el testuz.

Y la patrona, bate que bate,

me regocija con la ilusión

de una gran taza de chocolate,

que ha de pasarme por el gaznate

con las tostadas y el requesón.

Rubén Darío

Nicaragua

 ♦

AY SEÑORA, MI VECINA

¡Ay, señora, mi vecina,

se me murió la gallina!

Con cresta colorada,

y el traje amarillo entero,

ya no la veré atareada,

paseando en el gallinero,

pues, señora, mi vecina,

se me murió la gallina,

domingo de madrugada.

Sí señora, mi vecina,

ay, señora, mi vecina.

domingo de madrugada.

¡Míreme usted como sudo,

con el corral enlutado,

y el gallo viudo!

¡Míreme usted, como lloro,

con el pecho destrozado

y el gallo a coro!

¡Ay, señora, mi vecina,

como no voy a llorar,

si se murió mi gallina!

Nicolás Guillén

Cuba

 ♦

POR LA CALLE DEL NUEVE

La Calle del Nueve

no tiene farolas

ni faros

ni olas

y no tiene

aceras

ni aes

ni ceras.

La Calle del Nueve

ya no tiene

estrellas

ni estrés

ni ellas

no tiene praderas

ni prados

ni eras.

Pero tiene sueños

chiquitos

pequeños

y besos de nieve

la Calle del Nueve.

Antonio García Teijeiro

España

COSAS DEL PASAJE

“¡Se perdió Magdalena!”

gritó la Ale

y se largó a llorar

dale que dale.

Sus lágrimas saltaban

como perlitas

de collar que se corta

en escalita.

“¡Se perdió Sebastián!”

siguió llorando

“¡estaba en el Pasaje

recién jugando!”

La mamá se asomó

con la Lulú

“Ale, están en la casa

la perdida eres tú!”

Marcela Paz

Chile

MI PUEBLO

Qué lindo es mi pueblo

cuando va el otoño

vaciando en las calles

sus saquitos de oro.

Qué lindo es mi pueblo

cuando va el invierno

bailando en la lluvia,

corriendo en el viento.

Qué lindo es mi pueblo

cuando es primavera

y las flores ríen

de nuevo en la tierra.

Qué lindo es mi pueblo

si pasa el verano

repartiendo a todos

sus rayos dorados.

Miguel Moreno Monroy

Chile

¡QUÉ LINDO, QUÉ LINDO VIAJAR EN COLECTIVO!

¡Qué lindo, qué lindo,

viajar en colectivo!

Lindo, si viajo solo

o voy con un amigo.

Y por la ventanilla

yo veo desfilar

las casas de mi barrio,

el almacén y el bar.

¡Qué lindo, qué lindo,

viajar en omnibus

por las calles soleadas,

todas llenas de luz!

Y sentado en mi asiento

parece que yo vuelo

en un avión sin alas

que vuela a ras del suelo.

¡Qué lindo, qué lindo,

andar en un transporte

con ventanas enormes

y asientos con resorte!

Y así, callado y quieto,

sentado en mi lugar,

paseando por la vida:

¡la vida veo pasar!

 

Douglas Wright

Argentina

MI CASA ES COMO UN BARCO

Mi casa es como un barco,

un barco de madera;

la calle es como el mar,

la costa es la vereda.

En mi barco yo navego

por el mar de la mañana;

el sol que brilla en el cielo

se mete por la ventana.

Mi casa es como un barco,

que anda por la vida;

la calle es mar tranquilo,

mar bravo es la avenida.

En mi barco yo navego

por el mar del mediodía;

navego un mar de aventura,

navego un mar de alegría.

Mi casa es como un barco,

un barco de papel;

yo soy el capitán,

yo soy el timonel.

En mi barco yo navego

por el cielo de la tarde;

el cielo está todo rojo,

el mar parece que arde.

Mi casa es como un barco,

el balcón, la cubierta;

de noche anda mi barco

por la calle desierta.

En mi barco yo navego

por la noche que es un mar;

cierro los ojos y en sueños

nos vamos a navegar.

Douglas Wright

Argentina

 ♦

EL MONTAÑÉS EN LA CIUDAD

Todo el silabario de los pájaros

me lo sabía de memoria en el campo

cuando atisbaba, de puntillas,

en los nidos,

los huevos aún no reventados.

Entonces,

distinguía en el concierto silvestre,

la sinfonía de los canarios,

el dúo de los carpinteros,

el capricho de las alondras…

¡Y yo, que venía de la montaña

donde se escucha el eco

dorado de los astros,

—carceleros de signos—

me dejé robar una mañana

en un parque ciudadano

mi alfabeto de trinos!

Manuel Felipe Rugeles

Venezuela

LOS INDIOS BAJAN DE MIXCO

Los indios bajan de Mixco

cargados de azul oscuro,

y la ciudad los recibe

con las calles asustadas

por un manojo de luces

que, como estrellas, se apagan

al venir la madrugada.

Las estrellas que se asoman a Mixco

en Mixco quedan,

porque los indios las cogen

para canastos que llenan

con gallinas y florones

blancas de izote dorado.

Es más callada la vida

de los indios que la nuestra

y cuando bajan de Mixco

sólo se escucha el jadeo

que a veces silba en sus labios

como serpiente de seda.

Miguel Ángel Asturias

Guatemala

(izote:  RAE:  Árbol de América Central, de la familia de las Liliáceas. Es una especie de palma, de unos cuatro metros de altura, con ramas en forma de abanico, hojas fuertes y ensiformes, punzantes y ásperas en los bordes, y flores blancas, muy olorosas, que suelen comerse en conserva. En España se cultiva en los jardines.)

CANCIÓN QUECHUA

Donde fue Tihuantisuyo,

nacían los indios.

Llegábamos a la puna

con danzas, con himnos.

Silbaban quenas, ardían

dos mil fuegos vivos.

Cantaban Coyas de oro

y Amautas benditos.

Bajaste ciego de soles,

volando dormido,

para hallar viudos los aires

de llama y de indio.

Y donde eran maizales

ver subir el trigo

y en lugar de las vicuñas

topar los novillos.

¡Regresa a tu Pachacamac,

En-Vano-Venido,

Indio loco, Indio que nace,

pájaro perdido!

Gabriela Mistral

Chile

(Tihuantisuyo:   Nombre dado al Imperio Inca en las leyendas;   puna:  RAE 1. f. Tierra alta, próxima a la cordillera de los Andes;   Coya:  RAE 1. f. Entre los antiguos incas, mujer del emperador, señora soberana o princesa;

EL HUMO

El humo

de las chimeneas

se va de viaje

y por eso se pone

su mejor traje.

Para no perderse

deja sus huellas

por toda

la escalera

de las estrellas.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

PIECECITOS

A doña Isaura Dinator

Piececitos de niño

azulosos de frío,

¿cómo os ven y no os cubren?

¡Dios mío!

¡Piececitos heridos

por los guijarros todos,

ultrajados de nieves

y lodos!

El hombre, ciego, ignora

que allí donde os posáis,

una flor de luz viva

dejáis.

que allí donde ponéis

la plantita sangrante,

el nardo nace más

fragante.

Vosotros que marcháis

por los caminos rectos,

sed puros, como sois

perfectos.

Piececitos de niño,

dos joyitas sufrientes,

¿cómo pasan sin veros

las gentes?

Gabriela Mistral

Chile

MANITAS

Manitas de los niños,

manitas pedigüeñas,

de los valles del mundo

sois dueñas.

Manitas de los niños,

que hacia el árbol se tienden,

por vosotros los frutos

se encienden.

Y los panales llenos

se vierten y se hienden.

¡Y los hombres que pasan

no entienden!

Manitas blancas, hechas

como de suave harina,

la espiga por tocaros

se inclina.

Manitas extendidas,

manos de pobrecitos,

benditos los que os colman,

¡benditos!

Benditos los que oyendo

que parecéis un grito,

os devuelven el mundo:

¡benditos!

Gabriela Mistral

Chile

RONDA DE LA PAZ

Las madres, contando batallas,

sentadas están al umbral.

Los niños se fueron al campo

la piña de pino a cortar.

Se han puesto a jugar a los ecos

al pie de su cerro alemán.

Los niños de Francia responden

sin rostro en el viento del mar.

Refrán y palabra no entienden,

mas luego se van a encontrar

y cuando a los ojos se miren

el verse será adivinar.

Ahora en el mundo el suspiro

y el soplo se alcanza a escuchar

y a cada refrán las dos rondas

ya van acercándose más.

Las madres, subiendo la ruta

de olores que lleva al pinar,

llegando a la rueda se vieron

cogidas del viento volar…

Los hombres salieron por ellas

y viendo la tierra girar

y oyendo cantar a los montes

al ruedo del mundo se dan.

Gabriela Mistral

Chile

ODA AL ÁTOMO

Pequeñísima

estrella,

parecías

para siempre

enterrada

en el metal:  oculto,

tu diabólico

fuego.

Un día

golpearon

en la puerta

minúscula:

era el hombre.

Con una

descarga

te desencadenaron,

viste el mundo,

saliste

por el día,

recorriste

ciudades,

tu gran fulgor llegaba

a iluminar las vidas,

eras

una fruta terrible,

de eléctrica hermosura,

venías

a apresurar las llamas

del estío,

y entonces

llegó

armado

con anteojos de tigre

y armadura,

con camisa cuadrada,

sulfúricos bigotes,

cola de puerco espín,

llegó el guerrero

y te sedujo:

duerme,

te dijo,

enróllate,

átomo, te pareces

a un dios griego,

a una primaveral

modista de París,

acuéstate

en mi uña,

entra en esta cajita,

y entonces

el guerrero

te guardó en su chaleco

como si fueras sólo

píldora

norteamericana,

y viajó por el mundo

dejándote caer

en Hiroshima.

Despertamos.

La aurora

se había consumido.

Todos los pájaros

cayeron calcinados.

Un olor

de ataúd,

gas de las tumbas,

tronó por los espacios.

Subió horrenda

la forma del castigo

sobrehumano,

hongo sangriento, cúpula,

humareda,

espada

del infierno.

Subió quemante el aire

y se esparció la muerte

en ondas paralelas,

alcanzando

a la madre dormida

con su niño,

al pescador del río

y a los peces,

a la panadería

y a los panes,

al ingeniero

y a sus edificios,

todo

fue polvo

que mordía,

aire

asesino.

La ciudad

desmoronó sus últimos alvéolos,

cayó, cayó de pronto,

derribada,

podrida,

los hombres

fueron súbitos leprosos,

tomaban

la mano de sus hijos

y la pequeña mano

se quedaba en sus manos.

Así de tu refugio,

del secreto

manto de piedra

en que el fuego dormía

te sacaron,

chispa enceguecedora,

luz rabiosa,

a destruir las vidas,

a perseguir lejanas existencias,

bajo el mar,

en el aire,

en las arenas,

en el último

recodo de los puertos,

a borrar

las semillas,

a asesinar los gérmenes,

a impedir la corola,

te destinaron, átomo,

a dejar arrasadas

las naciones,

a convertir el amor en negra pústula,

a quemar amontonados corazones

y aniquilar la sangre.

Oh chispa loca,

vuelve

a tu mortaja,

entiérrate

en tus mantos minerales,

vuelve a ser piedra ciega,

desoye a los bandidos,

colabora

tú, con la vida, con la agricultura,

suplanta los motores,

eleva la energía,

fecunda los planetas.

Ya no tienes

secreto,

camina

entre los hombres

sin máscara

terrible,

apresurando el paso

y extendiendo

los pasos de los frutos,

separando

montañas,

enderezando ríos,

fecundando,

átomo,

desbordada

copa

cósmica,

vuelve

a la paz del racimo,

a la velocidad de la alegría,

vuelve al recinto

de la naturaleza,

ponte a nuestro servicio,

y en vez de las cenizas

mortales

de tu máscara,

en vez de los infiernos desatados

de tu cólera,

en vez de la amenaza

de tu terrible claridad, entréganos

tu sobrecogedora

rebeldía

para los cereales,

tu magnetismo desencadenado

para fundar la paz entre los hombres,

y así no será infierno

tu luz deslumbradora,

sino felicidad,

matutina esperanza,

contribución terrestre.

Pablo Neruda

Chile

ARRIBA… ABAJO

Uno se sienta en la cima del mundo

y ¡RECITA!

Entonces no hay tormentas

ni cambios de estación

… ni apenas cielos grises.

Hay naves sobre el tiempo,

cernícalos que atisban,

libélulas vidriera…

Desde arriba,

a vista de oropéndola,

la ciudad es más sabia,

la vida menos dura…

Luego, enrollo mi voz

en un ovillito de versos,

desciendo hasta la acera

y me voy a mi casa.

¡Y nadie nota nada!

María Rosa Serdio

España

¿Cómo cantan las oropéndolas de estos versos?

 ♦

CERRO DE SANTA LUCÍA

Santiago de Chile

¡Cerro de Santa Lucía,

tan culpable por la noche,

tan inocente de día!

En el Cerro, en un banco

junto al Museo,

ay, ayer te veía

y hoy no te veo.

¡Quién me dijera

que iba a pasar un día

sin que te viera!

Por un caminito

que sólo yo sé,

va el Arcángel, ángel,

Arcángel Gabriel.

En el alto cerro

media noche es,

en mí la mañana

comienza a nacer.

Pasó a nuestro lado

cuando la besé.

¡Qué roto (gritaba)

qué roto es usted!

¿Y usted, don Arcángel

(luego repliqué)

qué busca a estas horas,

sin alas y a pie,

por este camino

que sólo yo sé?

No busco (me dijo)

que ya la encontré,

a la virgen virgen

que ayer se nos fue

con un ángel ángel

más grande que usted.

¡Cerro de Santa Lucía,

tan culpable por la noche,

tan inocente de día!

Nicolás Guillén

Cuba

APUNTE

La Habana, con sus caderas

sonoras,

y sus moradas ojeras

a todas horas.

Danza de pasos medidos

danza la Muerte,

y le cuidan el mar fuerte

seis marineros dormidos.

Nicolás Guillén

Cuba

BARES

Amo los bares y tabernas

junto al mar,

donde la gente charla y bebe

sólo por beber y charlar.

Donde Juan Nadie llega y pide

su trago elemental,

y están Juan Bronco y Juan Navaja

y Juan Narices y hasta Juan

Simple, el sólo, el simplemente

Juan.

Allí la blanca ola

bate de la amistad,

una amistad de pueblo, sin retórica,

una ola de ¡hola! y ¿cómo estás?

Allí huele a pescado,

a mangle, a ron, a sal

y a camisa sudada puesta a secar al sol.

Búscame, hermano, y me hallarás

(en La Habana, en Oporto,

en Jacmel, en Shanghai)

con la sencilla gente

que sólo por beber y charlar

puebla los bares y tabernas

junto al mar.

Nicolás Guillén

Cuba

(mangle)

 EL SEMÁFORO

—¿Conocen a ese señor

que está parado en la esquina

y que cambia de color

cada vez que se le mira?

Pongamos mucha atención

y aprendamos su canción:

—Rojos, verdes y amarillos,

mis trajecitos sencillos

me los tengo que cambiar

sin dejar de trabajar.

—Rojo.

—Nadie puede pasaaar…

—Amarillo.

—Hay que esperaaar…

—Verde.

—Puedes avanzaaar…

—Rojos, verdes y amarillos,

mis trajecitos sencillos

me los tengo que cambiar

sin dejar de trabajar.

—¿Conocen a ese señor

que ya cambió de color?

Miguel Moreno Monroy

Chile

REMEDIOS CASEROS PARA LA GUERRA

Usar transporte publico.

Viajar con todos los poros abiertos,

buscando el horizonte en otras

caras.

Cantar blues.

Matar el hambre masticando menos

y con la boca

cerrada.

Cambiar de idioma.

hablar, hablar, hablar

y deshacer el plomo con

palabras.

Hacer caso a los poetas.

Mancharse manos, huesos,

hasta el alma

buscando con el otro

la esperanza.

Limpiarse los oídos.

Vaciar el diccionario de palabras

que suenan como truenos

y no traen

agua.

Cepillarse los dientes

con el grifo cerrado.

Cambiar la economía de los números

por pan, educación y

casas.

Vocear paz.

Amar a los soldados sin dar tregua.

También sin darles flores,

que es muy

cursi.

Dar gracias a los árboles.

Desnudar la cabeza de fronteras.

-Se borran bien con roce

de experiencias y con pieles

mezcladas-

Hacer y beber vino.

Limpiar las cañerías de carroña

con refrescos de cola,

y reciclar las

latas.

 Javier Fonseca

España

MI CASA

Tengo una casa grande.

Arriba, su techo

es de palomas,

abajo,

su piso es un jardín

de insectos,

adentro, la lluvia

siempre asoma,

afuera,

el mar, las nubes

y una inmensa cama

para mirar tumbados

tumbados

las estrellas del cielo.

Mi casa es infinita

está llena de tiempo

pero de tiempo mío

porque yo

todos los días

la invento.

María Baranda

México

BREVE ROMANCE

Llegó hasta la esquina

aquella camioneta:

nueva, tímida y discreta.

Sobre un poste

recién instalado

había un semáforo

trepado.

Al verla, él le hizo

un guiño con un ojo:

era rojo.

Frenó la dulce camioneta.

Entonces el semáforo

⎯que por cierto

era muy pillo⎯ le abrió

su ojo amarillo.

Ella embragó muy coqueta.

Y el semáforo le dijo:

⎯Para que usted

me recuerde le enseñaré

mi ojo verde.

También él era coqueto.

Ella aceleró pensando:

¡Simpático sujeto!

Saúl Schkolnik

Chile

En Poemas para volar

¿CONTAMINA?

Una hiena rellena

marcha a Japón,

y su abuela le dice:

monta en avión.

Un lechuzo merluzo

va a ser piloto,

y su madre le dice:

usa la moto.

Una mona muy mona

sale de noche,

y su padre le dice:

llévate el coche.

Pero un oso marchoso,

bastante atleta,

cuando sale a algún sitio,

va en bicicleta.

Pues él opina

que, al quemar gasolina,

se contamina.

Antonio A. Gómez Yebra

España

 ♦

CASA

Ventanas azules,

verdes escaleras,

muros amarillos

con enredaderas,

y, en el tejadillo,

palomas caseras.

Clemencia Laborda

España

LA PLAZA TIENE UNA TORRE

La plaza tiene una torre,

la torre tiene un balcón,

el balcón tiene una dama,

la dama una blanca flor.

Ha pasado un caballero,

¡quién sabe por qué pasó!,

y se ha llevado la plaza

con su torre y su balcón,

con su balcón y su dama,

su dama y su blanca flor.

Antonio Machado

España

EL VAGABUNDO

Se está acercando la noche

y no tiene donde ir,

se acurruca en un portal

y se dispone a dormir.

Cierra con fuerza los ojos

ruega que pronto amanezca

es una noche muy fría

se abriga con la chaqueta.

Una niña de ojos claros

se ha acercado hasta su lado,

y con una gran sonrisa

algo ha dejado en su mano.

Le ha llevado chocolate

¡Chocolate del amargo!

Es su dulce preferido

ya casi lo había olvidado.

Aunque ha llegado la noche

y no tiene donde ir,

tapado con su chaqueta

el vagabundo es feliz.

Marisa Alonso Santamaría

España

LA TORRE MÁS ALTA

—La torre, madre, más alta

es la torre de aquel pueblo,

la torre de aquella iglesia

hunde su cruz en el cielo.

Dime, madre, ¿hay otra torre

más alta en el mundo entero?

—Esa torre sólo es alta,

hijo mío, en tu recuerdo.

Tu brazo de siete años

alcanzaba sin esfuerzo

una piedra a sus campanas.

¿Te acuerdas, hijo?  —Me acuerdo.

Pero la torre más alta

del mundo, es la de aquel pueblo.

Baldomero Fernández Moreno

Argentina

LA BIBLIOTECA

Con gran paciencia

un señor,

amante de la ciencia

⎯aunque muy, muy egoísta⎯

fue juntando

con tal dedicación

libros y revistas,

que llegó a tener

la más grande colección.

Mas nadie los pudo leer

porque a nadie

se los mostraba.

Sólo él ⎯no leyendo

sino mirando su tesoro⎯

exclamaba:

⎯¡Libros míos,

cuánto os adoro!

Pero sucedió que un día

la mirada atenta

de una ratoncita

que vagaba hambrienta,

encontró

aquellos libros reunidos

con tanto,

tanto esfuerzo,

y se los comió pensando,

¡Hum!,

¡qué delicioso almuerzo!

Moraleja: Libro

que no has de prestar

⎯ni leer⎯

deja que una ratoncita

se lo pueda comer.

Saúl Schkolnik

Chile

En Poemas para volar

OFICINA DE RECLAMOS

Justo cuando el señor Lirón,

descorre la ventanilla,

el público que espera

con reclamos lo aportilla.

El Murciélago, enojado,

aleteando se define:

—¡No soy primo del vampiro

que aparece en el cine!

El Loro, sin parar de hablar,

refunfuña muy en serio:

—¿Creen que soy un parlanchín

que ya no tengo remedio?

Y las brujas, pobres brujas,

estirándose la estola:

—Si no nos dejan tranquilas,

¡vamos a dejar la escoba!

Las arañas enredadas

en sus telas de colores,

reclaman con gran empeño

por ser causa de temores.

También está el Lobo Feroz,

quien con fuerte voz les grita:

—Pero si no soy tan malo,

¡culpen a Caperucita!

—¿Qué me dices, sabio Búho,

qué pasa, por qué no hablas?

—¿Y qué quieres que te diga?

¡Si no me sé ni las tablas!

La ganada  mala fama

de madrastras convocadas,

no se debe a su culpa…

¡es por los cuentos de hadas!

Aunque son tan pequeñitos,

hay que oír a los ratones,

corretean por la sala

reclamando por montones.

Un cerdito limpiecito,

con corbata y chaquetón,

se presenta compuestito,

para romper la tradición.

Y la esforzada Hormiga,

recolectora y obrera,

quiere muchas vacaciones,

de verano a primavera.

Hasta el Viejito Pascual

solicita con gran bondad:

—Pido una fresca polera

en la próxima Navidad.

Pero en la ventanilla,

dice bostezando el Lirón:

—No más reclamos, señores,

que comenzó mi colación.

Entonces todos acuerdan

volver en otro horario,

y así mejor reclamar

llenando el formulario.

Héctor Hidalgo

Chile

En Receta para espantar la tristeza

(aportillar: En este caso, yo diría “lo abrumaron con”; sabotear, minar,  causar dificultades para que otro logre algo.  refunfuñar: RAE  1. intr. Emitir voces confusas o palabras mal articuladas o entre dientes, en señal de enojo o desagrado. dejar la escoba: provocar  problemas o causar un desastre.)

PEPINO VA AL ZOOLÓGICO

Un domingo de mañana

el Zoo estaba de fiesta,

y Pepino con sus padres,

esperaban en la puerta.

Globo rojo bailarín

comienzas tu primer vuelo,

basta un suave tironcito

y te paseas por el cielo.

—¿A quién veremos primero?

¡Qué difícil elección!

—Comencemos por las aves,

escuchemos su canción.

—Yo prefiero el león

que se encuentra dormitando.

En su melena dorada…,

¿qué sueños irá guardando?

Y la tranquila jirafa

estiró con dificultad

el largo cuello manchado

para mirar la ciudad.

—¿Qué opinas de los monos?

—Son tipos muy chistosos,

que al rascarse la cabeza

nos saludan amistosos.

De pronto, el globo rojo,

de Pepino se arrancó,

pero el mono de Brasil

con un brinco lo agarró.

El globito tironeaba

sin tener escapatoria,

hasta que el mono lo soltó

para tomar una zanahoria.

Entonces el globo rojo

salió en vuelo rasante,

de la jaula de los monos

al rincón del elefante.

El elefante, resfriado,

sin ánimo para jugar,

de un estornudo lo lanzó

a la jaula del jaguar.

El jaguar, de un coletazo,

lanzó el globo de Pepino,

hacia el lado de las cebras

porque era un buen vecino.

Por un cabezazo de las cebras

saltó el globo bailarín,

que con buen fútbol lo lanzaron

a las tortugas del jardín.

Una tortuga ni se movió,

como siempre, adormecida,

y el globo rojo se quedó

esperando la salida.

El viento quiso participar,

regalando un ventarrón

que llegó a las pajareras,

y allí no había solución.

Luego Pepino murmuró:

—Ahora viene lo peor,

para cualquier pájaro…,

¡un globo rojo es tentador!

Los pájaros planearon,

ajustaron puntería,

se lanzaron en picada

como nadie lo quería.

El tucán que estaba cerca,

vio el globo de Pepino

y con certero picotazo

le fijó un mal destino.

El estampido producido

espantó a los pajaritos,

mientras el globo juguetón

se convirtió en mil trocitos.

El Zoo quedó en silencio

después del gran reventón,

nadie jugó, nadie soñó,

se acabó la diversión.

—No te preocupes, hijo,

si te sirve de consuelo

te compro otro globo

para que remonte el vuelo.

—No lo creo necesario,

los animales en este día

con mi globo han tenido

un momento de alegría.

Y a Pepino, por dar ilusión

a tanto animal aburrido,

un helado de vainilla

fue el premio ofrecido.

Todavía duermen

las tortugas del jardín,

y es que nunca ellas jugaron

con el globito saltarín.

Héctor Hidalgo

Chile

En Receta para espantar la tristeza

ROMANCE DE LA NIÑA QUE SALE DE COMPRAS

La niña sale de compras,

de compras sale la niña;

porque ella sale de compras

se pone más lindo el día.

Las calles de Buenos Aires

la esperan en las esquinas

y la saludan al paso

con impacientes bocinas,

mientras muelen con el freno,

su lentitud, los tranvías.

Ella va de tienda en tienda

(¿Qué busca?… ¿Qué necesita?…),

pregunta el precio de todo,

revuelve las mercerías,

y al azar de su capricho

toda la ciudad se agita,

tiembla el comercio y la industria,

el tráfico se complica.

A la hora de regreso,

por el cansancio encendida,

la niña vuelve de compras

con medio metro de cinta.

Luis Cané

Argentina

NACIMIENTO DE UNA CASA

A Concha Romero James

Una casa va naciendo

en duna californiana

y va saltando del médano

en gaviota atolondrada.

El nacimiento lo agitan

carreras y bufonadas,

chorros silbados de arena,

risas que suelta la grava,

y ya van las vigas-madres

subiendo apelicanadas.

Puerta y puertas van llegando

reñidas con las ventanas,

unas a guardarlo todo,

otras a darlo, fiadas.

Los umbrales y dinteles

se casan en cuerpos y almas,

y unas piernas de pilares

bajan a paso de danza…

Yo no sé si es que la hacen

 o de sí misma se alza;

más sé que su alumbramiento

la costa trae agitada

y van llegando mensajes

en flechas enarboladas…

El amor acudiría

si ya se funde la helada,

y por dar fe, luz y aire,

hasta tocarla se abajan,

aunque se vea tan solo

a medio alzar las espaldas…

llegando están los trabajos

menudos, pardos en banda,

cargando en gibados gnomos

teatinos, mimbres y lanas

que ojean buscando manos

todavía no arribadas…

Y baja en un sesgo el Ángel

custodio de las moradas

volea la mano diestra,

jurándole su alianza

y se la entrega a la costa

en alta virgen dorada.

En torno al bendecidor

hierven cien cosas trocadas;

fiestas, bodas, nacimientos,

risas, bienaventuranzas,

y se echa una Muerte grande,

al umbral, atravesada…

Gabriela Mistral

Chile

(médano:  duna, arenal. grava:  piedrecillas.)

ROMANCE DE LA NIÑA DE SANTIAGO

No por negocios de cobre

ni para mercar salitre,

a través de las montañas,

desde mi llanuras vine.

Vine desde mis llanuras

a rodar tierras de Chile,

y me he quedado en Santiago,

mirando tus ojos tristes.

Ay, la niña de Santiago,

la de Santiago de Chile,

que se va a pie al San Cristóbal

para rezarle a la Virgen…

Altiva, pero con gracia

dulce, pero sin melindre,

te enseña el cielo a ser clara,

tus montañas a ser firme.

Hablando en diminutivos,

todo a tu encanto se rinde,

y el caudal de tu ternura,

el corazón no resiste.

Ay, la niña de Santiago,

la de Santiago de Chile,

desde el Cerro San Cristóbal

te guarde siempre la Virgen,

transparente como el cielo;

como tus montañas, firme.

Luis Cané

Argentina

SINFONÍA DE LOS TRENES

Los trenes llegan del sur con un olor a bosque.

son lejanos y tristes, vienen mojados por la lluvia.

Su silbido recuerda a un pastor perdido.

Llegan preguntando por helechos y pájaros,

y nadie los espera:  vienen de tan lejos.

Trenes del norte con la campana seca.

Sois silenciosos como el inmenso desierto.

La máquina bufa cansada:  es una yegua pobre

que busca agua de quebrada en quebrada.

Trenes de San Rosendo, Curicó o San Fernando,

llegáis como los huasos fanfarrones,

venís siempre de fiesta recordando estribillos,

tropezando con los corderos y los pavos,

y con una gritería de viejas y chiquillas,

con un olor a empanada y un vigor de chicha.

Sois el acordeón de los andenes,

y a vuestra llegada florecen los huevos y las flores,

cantan los gallos, maduran los canastos,

como si hubiera empezado ya la primavera.

Tren de las seis de la mañana, en invierno

con sueño y en verano como un árbol con pájaros.

Tren de medianoche, el que cruza lejano y perdido;

es el último y nos despierta en la noche

con un sollozo largo como si todo hubiera muerto

y los viajeros corrieran en busca del olvido.

Tren de las lentas despedidas, tren

de los lejanos regresos, tren del tiempo,

vuelta campana llama en el fondo de nosotros.

Yo quiero el mío, el tren pequeño de la costa,

el que habla familiarmente con cada estación,

el del sombrero de paja y la camisa de tocuyo,

el que corre entre colinas hacia el mar,

y lo siguen las gaviotas y los ríos,

el que cruza entre animales y castillos de madera.

Tren del ramal de trocha angosta, pequeño

tren que corre a dormir junto al mar,

en ti si parto sigo oliendo mi tierra hasta muy lejos,

y si regreso tú siempre encontrarás a la que amo,

porque a todos nos conoces, tren antiguo y familiar,

viejo y dulce habitante del tiempo,

padre de las ciudades pequeñas,

amigo de nuestros abuelos.

Efraín Barquero

Chile

EN LA PLACITA

Por escribir alguna bagatela

sobre el reencuentro con las cosas idas

hoy vuelvo a recorrer las avenidas

que antaño me llevaban a la escuela.

Marco de aquella edad fue esta plazuela

llena de rosas blancas o encendidas,

y las acacias, ¡siempre tan floridas!

del Gran Ferrocarril de Venezuela.

Oh, placita infantil en la que un día

el duro corazón de una policía

me hizo llorar hasta ponerme ronco!

Tú has sido más feliz que la arboleda,

pues de aquellas acacias ya no queda

ni una ramita, ni una flor, ¡ni un tronco!

Aquiles Nazoa

Venezuela

POEMA RIGUROSAMENTE PARROQUIAL

Un día –cualquier día– sin meditarlo mucho,

cansado de hacer versos cogeré mi morral

y en busca de sosiego me marcharé a un pueblucho

donde nunca suceda nada trascendental;

donde pueda pasarme la vida en un chinchorro

hablando con la vieja dueña de la pensión

sobre los amoríos de su ahijada Socorro,

la moral de estos tiempos, la mala situación…

Por las tardes, sin saco me sentaré a la puerta

–recostada la silla de cuero a la pared–

para ver al curita que en la plaza desierta

evoca las escenas cristianas de Millet.

Me llegaré otras veces al botiquín de enfrente

en donde los “pesados” juegan al dominó,

y allí tendré una charla pueril e intrascendente

con un bachillercito poeta como yo.

Seré el mejor amigo de un viejo excomulgado

detenido tres veces por el jefe civil

por acusar al cura de ladrón de ganado

y a la iglesia católica de empresa mercantil.

Y vendrán los domingos –esbozo de sonrisa

sobre la adusta cara del tedio parroquial–

con sus pobres muchachas que concurren a misa

y su descolorida banda municipal.

Yo también daré entonces unos cuantos paseos

por la pequeña plaza, y acaso yo también

me incorpore a la cuerda de locales romeos

que “se tiran a fondo” con todo lo que ven.

Después para sus casas se irá toda la gente

mientras de algún potrero viene el triste gemir

de un burro que rebuzna melancólicamente

anunciando la hora de acostarse a dormir.

Y seguirá mi vida monótona y oscura

sin que en ella suceda nada trascendental,

salvo alguna pequeña discusión con el cura

o alguna periquera de tipo electoral.

Hasta que un día salga montado en mi tarima

rumbo del camposanto, y algún corresponsal

escriba mi elegía con esa frase encima:

“Ha muerto el secretario del Juez Municipal”.

Aquiles Nazoa

Venezuela

ELECCIONES

Tal y como el doctor me lo ha prescrito

y porque la ciudad me desagrada,

vivo en la soledad de un pueblito

rural, en el que nunca pasa nada.

Antigua cabecera de Distrito,

hoy es una comarca abandonada

con una iglesia descarapelada,

diez casas y un billar, ¡todo marchito!

Mas hoy, por excepción, algo ha ocurrido:

de las casas de frente derruido

brotan rostros de apático semblante.

Pasa un radio gritando:  ¡Llegó el pollo!

Y más atrás, sonriente y rozagante,

un doctor con sombrero de cogollo.

Aquiles Nazoa

Venezuela

GUERRA

IN MEMORIAM MIGUEL HERNÁNDEZ

La voz, el trino

se eleva.

Enardece la tarde

de la trinchera…

¡Campesinos, que es el

tiempo

de varear la tristeza!

Sólo un niño, todo ojos

y en los ojos

la miseria.

María Rosa Serdio

España

(varear:  RAE 1. tr. Derribar con los golpes y movimientos de la vara los frutos de algunos árboles. 2. tr. Dar golpes con vara o palo.)

COMPARTO

En homenaje al poeta Jorge Teillier

Comparto tu poesía de pueblo rural y pequeño,

de calles silenciosas con casas de madera tibia,

de serenos rostros en las ventanas

o manos cansadas abriendo puertas crujientes,

aseguradas con el grueso madero de una tranca,

de rosales empolvados empinados en los árboles

de las polvorientas veredas.

Comparto tu pueblo imaginario de brumas matinales

oliendo al humo oscuro de brillantes guijarros negros

enrojecidos y ardientes en el corazón de las máquinas,

arrastrando carros con chocar de fierros

y rechinar de rieles aplastados.

Comparto tus vivencias de pueblo tranquilo

donde se oía el trotar del noble caballo tirando la carretela,

donde oliendo a harina tus dedos infantiles

dibujaron sobre las pesadas puertas de los molinos,

donde un olor húmedo a tabaco y cerveza

se escabullía por cada hendidura de esos bares oscuros

y las voces lentas compartían penas, silencios, poesías de la vida.

Comparto el grosor de la manta de Castilla

que fortalecía la figura del abuelo

con un blindaje cálido e impermeable

bajo la sombra de las alas de su negro sombrero.

Son todos los mismos pequeños pueblos

con un cúmulo de similares momentos y detalles,

de personas conocidas saludándose cada mañana,

respirando el aire puro sin premura,

mientras silbaban suavemente camino al quehacer cotidiano.

Comparto las risas de los niños

correteando entre los castillos de madera

cual edificios de mudas aldeas

donde el viento y el polvo pasaban

para arrastrar el húmedo recuerdo de sus vidas.

Mis ojos entornados en los días de infancia

se llenan de la simplicidad de las azules campanillas

que el viento remecía en los jardines de la estación

cuando se convertía en el inmenso patio de juegos

lleno de tesoros que alimentaban nuestra imaginación:

personas deambulando, perros adormilados,

la estridencia de los pitazos, el pregonar de un vendedor…

Saricarmen

Chile

PUEBLO Y MÁS PUEBLO

Salvo algún chisme –siempre una bobada–

que muy de tarde en tarde lo recorre

 y en su fastidio apenas lo socorre,

 en este pueblo nunca pasa nada.

 Siempre parece ser de madrugada,

 y se diría que ni el tiempo corre

 si no se oyera en la distante torre

 de vez en cuando alguna campanada.

Pero, mientras escribo, por la acera

 pasa un tropel de gente a la carrera

 en dirección del cruce de caminos.

Y cuando salgo a ver:  —Pero, ¿qué pasa?

Ya responde una vieja en la otra casa:

—¡Que se volteó el camión de los cochinos!

Aquiles Nazoa

Venezuela

AL TUERTO LÓPEZ

Tuerto López, me estoy pasando el día

en un desvencijado poblachón

donde no turba la monotonía

sino el paso fugaz de algún camión.

Nada le falta:  ni la pulpería

con su burro amarrado de un horcón,

ni la municipal chismografía

de las solteras sin composición.

Hay una paz asnal que no convida

sino a echarse a dormir, porque la vida

es, mi querido Tuerto, por acá,

intransitable y sorda como esta

calle por donde a pleno sol de siesta

pasa el bobo diciendo:  —Bá, bá, bá…

Aquiles Nazoa

Venezuela

LA ANDARIEGA

 “La Andariega” es una biblioteca

aunque tenga apariencia de carreta.

Resistencia, Las Breñas,

por la tierra chaqueña…

¡Siempre con libros cargando las maletas!

Cada semana regala algún poema

que barre lejos los ecos de las penas.

Quizás también un cuento

como feliz invento… ¡Con sapos bellos y brujitas muy buenas!

…Con príncipes durmientes

y monstruos con mil dientes.

Para llevar en coche,

para pasear de noche…

¡Historias listas y lectores valientes!

María Alicia Esain

Argentina

CASA DE CAMPO

A la señora Herminia Placencia.

Desenvaino mi verso

para lustrar este aire

de tierra, cielo y mar.

Para inaugurar la luz que se derrama

sobre este paraíso de las flores,

de los colores amaneciendo a plena tarde.

Jardines de rincones escondidos

abiertos para ojos deslumbrados,

colores no adictos a concursos,

pétalos que están bien en donde están.

Jardín de campo,

entre peumos, madroños y quillayes,

avispas, moscardones, colibríes,

entre olor de cocina,

con gusto a madre, a abuela, a hijos, a nietos,

con olor a pan de casa,

a aire saliendo recién a recorrer un mundo

todavía reciente,

rumor de atardecer

alumbrando horizontes que duran años luz,

que todavía no terminan de nacer,

de comenzar su viaje por la historia.

Fidel Sepúlveda

Chile

UN PASEO TROPICAL POR EL MUSEO DEL MANGO

Vayamos al mercado

Señoras y señores,

vayamos al mercado

de los buenos sabores.

¡Qué “güeno” está el kiwano!

¡Qué dulce el cañadul!

¡Qué guapa la papaya!

¡Qué rica la guayaba!

(Guayaba de limón,

guayaba de guayaba).

A orillas de la playa,

señoras y señores,

visiten el Museo,

¡qué vivos sus colores!

Yo quiero mandarinas,

naranjas de Lecrín,

bananas de Almuñécar,

bananas de Motril,

tomates del Azud,

las peras limoneras,

las coles de Bruselas…

Se venden chirimoyas,

los kiwis, los papaos,

naranjas “guachintonas”,

los mangos, carambolas,

la níspora, el melón,

las frescas paraguayas…

Vayamos al mercado,

Señoras y señores,

con la ropa elegante

de todas las mañanas,

el sol en los cabellos

y zapatos ligeros

con las suelas de arena.

¡Vayamos al Museo,

al Museo Tropical,

donde cuesta barato

oler y pasear!

 Ayes Tortosa

España

(Kiwano;  guayaba;  níspora:  níspero;  paraguaya)

REALIDADES

Para Glòria Falcón Falcón

Por el trozo de cielo

que hay en mi patio

vuelan tres golondrinas

de cuando en cuando.

Pasan las nubes gruesas

llenas de lluvia

remangando sus faldas

de cien puntillas.

Muy alto, allá en la tarde,

llama el milano.

Su voz de cristal roto

se va elevando.

Abajo, entre las líneas

de las baldosas,

senderitos de agua

y otras cien cosas.

Nunca piso el destino

de los arroyos…

Voy con mucho cuidado

Y altos los ojos.

María Rosa Serdio

España

OBELISCO

Voy a estudiarte,

Don Obelisco.

De tanto mirarte

me quedo bizco.

Obelisco,

¿qué ha pasado?

¿tanto cemento

junto pegado?

Obelisco,

yo me enojo:

¿cara tan grande

y un solo ojo?

Obelisco,

no estás sano:

¿cuerpo gigante

y puerta de enano?

Obelisco,

¿qué ha pasado?

¿tanto cemento

junto pegado?

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

MIRANDO UNA IGLESIA

La iglesia:  su torre

el cielo recorre.

Su cruz amarilla

le hace cosquillas.

Tan alto se sube

que pincha las nubes.

Una gran campana

salta en la mañana.

Golpeando las horas

jamás se demora.

El reloj viajero

gira en su sendero.

Dos negras agujas

marchan al compás:

–la larga primero,

la corta detrás–.

La iglesia

y su torre

color de ceniza,

reloj y campana

llamando

a la misa.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

UNA CIUDAD GIGANTE

Mi ciudad es muy muy grande

y se parece a un gigante.

Por todos lados hay calles

con gente de muchos talles.

Y los ruidos son cosquillas

que crecen en las esquinas.

¡Adoro a mi gigante

y a su abrazo de elefante!

Mónica López

Argentina

UNA CIUDAD CANSADA

Mi ciudad está cansada

de correr tan apurada.

Colectivos, subtes, trenes

agitados van y vienen.

Le duelen todos los huesos

desde los pies al pescuezo.

No quiero verla cansada.

Le regalo mi almohada.

La dibujo en pijama

y hasta le presto mi cama.

Mónica López

Argentina

MI BELLA CIUDAD DURMIENTE

Mi bella ciudad durmiente

sueña príncipes valientes.

Y arropada con las nubes

deja a un lado los tules.

“Es que susurra la luna

tibias canciones de cuna”.

Descansa la dormilona,

abrazada a su pepona.

Mónica López

Argentina

GUERRA A LA GUERRA

¡La guerra!  ¡La guerra

se sube a la Tierra!

Su cara que asusta

a nadie le gusta.

Su panza redonda

es sólo una bomba

que crece, que explota

si alguien la toca.

Usa un traje grande

color de la sangre.

Trae en su solapa

una flor que mata

y en sus zapatones

tristeza a montones.

Salen mil soldados,

fusiles pesados,

caballos, aviones,

barcos y cañones

para echar la guerra

del mar y la sierra,

del cielo y la plaza,

del país, de casa…

Pero nadie sabe

lograr que se acabe

el traje que encierra

¡la guerra!  ¡la guerra!

Pero en un segundo

las madres del mundo

que viven llorando,

algo van guardando:

atan por las puntas

sus lágrimas, juntas,

y hacen una soga

que a la guerra ahoga.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

EL HUMO

El humo

de las chimeneas

se va de viaje

y por eso

se pone

su mejor traje.

Para

no perderse,

deja sus huellas

por toda

la escalera

de las estrellas.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

ANTENAS

Somos dos misteriosas estaciones

inalámbricas…  nunca el pensamiento

pudo soñar siquiera que en el viento

hablaran dos distantes corazones.

¡Cartas!…, papeles que se lleva el viento

con lo mejor de nuestras ilusiones:

¿de qué serviría si nuestros corazones

se cuentan sus ternuras en el viento?

Bajo la luz de las constelaciones,

cuando es como un jardín el firmamento

despiertan nuestros castos corazones

y se dicen sus penas en el viento.

Somos dos misteriosas estaciones

inalámbricas…

Ricardo Miró

Panamá

Con cinco palabras por verso, Didi Grau nos invita a asomarnos al…

BALCÓN

Barco anclado a la pared

Abierto al cielo del barrio

Listo a volar alguna noche

Con las cortinas hechas velas

O sobre una nube pasajera

Navegar el mar de techos

Didi Grau

Argentina

4 Comentarios

  1. He visto por ahí un vagabundo conocido al que le encanta el chocolate jaja (igual que a mí)
    Un gusto leer por aquí.
    Gracias Astrid.
    Un abrazo desde Segovia
    Marisa

    • Chocolate amargo o dulce, como quieras, para seguir compartiendo versos y lecturas, querida Marisa. Sigamos…

  2. ¡¡Chocolate y versos para todo el mundo!!

¿Aportes? ¿Comentarios acerca de estos lectoaperitivos? Por favor, déjalos aquí: