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Lectoaperitivos de poemas a la familia

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LA SABANA AFRICANA

Los leones y las crías,

nos damos los buenos días,

rugimos, somos manada,

y nos comemos la almohada

despeinadas las melenas

y riendo por las buenas.

Domingo por la mañana,

la cama de nuestros padres

¡es la sabana africana!

Mar Benegas

España

¿POR QUÉ?

¿Mamá, dónde acaba el cielo?

—Donde acaba tu mirar.

¿Por qué se mueven las olas?

—Pues porque quieren jugar.

María de la Luz Uribe

Chile

MAMÁ Y PAPÁ

Con las letras de la sopa

escribí:  papá y mamá,

y porque estaba jugando

me querían castigar.

Pero dijo mi abuelita

que se debe perdonar

a los niños que ya saben

escribir papá y mamá.

Efraín de la Fuente

Chile

MI ABUELA MIRTA

Me lleva a su casa,

también a pasear.

Me llama “Payasa”

para mimosear.

Compra golosinas,

sabe conquistar.

No repara en gastos,

¡me va a malcriar!

Juntas disfrutamos.

¡Cómo nos reímos!

Siempre nos contamos

secretos de amigos.

Cuando estoy enferma

se alista a ayudar.

Me hace sus cremitas,

se deja pintar.

Entre mis amigas

hay una especial:

mi abuelita Mirta,

la abuela genial.

Karina Foderé

Uruguay

A MI HIJA ADOLESCENTE

Niña mía ya mujer

mi alegría, mi querer.

Tú, mi orgullo, mi tesoro,

mi capullo yo te adoro.

Dios bendijo mi existencia,

siento dulce regocijo

con la luz de tu presencia.

¡Gracias por estar y ser!

¡Gracias mi niña mujer!

Astrid María Reyes Silva

Chile

CORDERITO

Corderito mío,

suavidad callada:

mi pecho es tu gruta

de musgo afelpada.

Carnecita blanca,

tajada de luna:

lo he olvidado todo

por hacerme cuna.

Me olvidé del mundo

y de mí no siento

más que el pecho vivo

con que te sustento.

Yo sé de mí solo

que en mi te recuestas.

Tu fiesta, hijo mío,

apagó las fiestas.

Gabriela Mistral

Chile

PEDIDO

Mami, quiero pedirte un favor…

¿La luna en tu velador?

Pide no más –te dije generosa-

¿Un jardín lleno de rosas?

¿La lámpara de Aladino?

Seguí, con ofertas sin destino.

Hablé como si no te conociera.

Pide, nada hay que yo no te diera,

son mis ofertas de invierno…

Mami, sólo quiero un versito en mi cuaderno.

Astrid María Reyes Silva

Chile

AÑORANZA

Quisiera ver de repente,

a esa niñita inocente,

llena de espontaneidad,

que en honor a la verdad,

quedó perdida en el tiempo.

La añoro en todo momento

a la niña de dientecitos de leche,

que con candor aparece,

cuando veo en otros niños

manifestar su cariño

sin pose de restricción.

Recuerdo mi turbación

cuando mi hijita preciosa

en sus cinco añitos, gloriosa

preguntó muy intrigada

con transparente mirada…

Bueno, empiezo por el comienzo:

temprano, esa mañana,

una pariente cercana,

su visita me anunció

(lo que mucho me alegró).

Ella es entretenida

con las noticias al día,

histriónica por naturaleza;

no tiene un pelo de lesa

casi siempre, divertida.

Almorzamos, disfrutando la comida.

Luego de levantar la mesa,

yo me puse de cabeza

a terminar un vestido

de un género, que mi marido

ya me había regalado.

Mi parienta, a mi lado

mi niña, sentada en frente

sus ojitos solamente

fijos, fijos en su tía.

Ella, comentando el día a día,

contando chistes graciosos

nuevos, finos, numerosos….

supe de la parentela….

y ahí estaba mi chicuela

“parando” ambas orejas

afirmada en la mesa

Entonces, mi pariente la miró

y luego me comentó :

La niña está fascinada

no me quita la mirada,

como dos horas sentada

y sigue maravillada.

A todos los niños les pasa

cuando voy a otra casa

escuchan atentamente a esta tía

porque soy muy divertida

y el desastre se produjo

cuando mi niña, me preguntó sin tapujos

de improviso, de repente:

Mami, ¿tú puedes columpiar los dientes?

Astrid María Reyes Silva

Chile

ABUELITO

Explícame algo, abuelito,

pero dime la verdad:

¿Siempre te portabas bien

cuando tenías mi edad?

Alma Flor Ada

Cuba

EL SUEÑO

Tres cabezas de oro

 y una 
donde ha nevado la luna.


—Otro cuento más abuela,


que mañana no hay escuela.


—Pues señor, éste era el caso…

(las tres cabezas hermanas

cayeron como manzanas


maduras en el regazo).

Rafael Alberto Arrieta

Argentina

ABUELITA

Quien subiera tan alto

como la luna

para ver las estrellas

una por una,

y elegir entre todas

la más bonita

para alumbrar el cuarto

de la abuelita.

Tomás Allende

Argentina

PAPÁ

Es mi papacito

el papá más bueno.

Yo lo quiero mucho,

le abrazo, lo beso.

Cuando llega a casa

fatigado y serio,

al verme se ríe,

se pone contento.

Me toma en sus brazos,

me cubre de besos,

y yo con qué ganas

me cuelgo a su cuello.

Cuando me pregunta

cuánto yo lo quiero,

inmediatamente

le digo:  ¡Hasta el cielo!

Eduardo Valenzuela

Chile

TUS MANOS

Dos soles

asoman

tus manos

mamá.

Me miman,

me besan,

amasan

el pan.

Si miro

tus manos

dos soles

me dan.

Sylvia Puentes de Oyenard

Uruguay

CANCIÓN TONTA

Mamá.

Yo quiero ser de plata.

Hijo,

tendrás mucho frío.

Mamá.

Yo quiero ser de agua.

Hijo,

tendrás mucho frío.

Mamá.

Bórdame en tu almohada.

¡Eso sí!

¡Ahora mismo!

Federico García Lorca

España

A MI PRIMER NIETO

La media luna es una cuna

y quién la briza?

y el niño de la media luna

qué sueños riza?

La media luna es una cuna

y quién la mece?

y el niño de la media luna

para quién crece?

La media luna es una cuna,

va a luna nueva,

y al niño de la media luna

quién me lo lleva?

Miguel de Unamuno

España

EL RECIÉN NACIDO

Y tú, todavía sin nombre,

clavelito recién caído,

montoncito de carne tibia

arrebujado en el nido,

también tienes tu rincón

en las páginas de este libro.

Cuando yo tenga sesenta años,

tú cumplirás veinticinco,

y comprenderás entonces

la emoción con que te digo

mi bienvenida a esta casa,

hijo mío.

Guillermo Díaz-Plaja

España

QUIERES SABER Y SABER

Quieres saber y saber

cómo es el fondo del mar;

cierra los ojos y eso es,

como soñar y soñar

con tu madre y con un pez.

Tu madre siempre es igual

en donde la quieras ver,

en el cielo y en el mar

siempre es ella sin revés.

Solo tú puedes cambiar,

en tu sueño, como un pez;

solo tú puedes volar

y volverte a entretener;

tornasol, tornasolar,

lo que quieras puedes ser.

¡Tu madre, como la sal,

siempre será como es!

Efraín Barquero

Chile

DULZURA

Madrecita mía,

madrecita tierna,

déjame decirte

dulzuras extremas.

Es tuyo mi cuerpo

que hiciste cual ramo,

deja revolverlo

sobre tu regazo.

Juega tú a ser hoja

y yo a ser rocío:

sobre tus dos brazos

tenme suspendido.

Madrecita mía

todito mi mundo,

déjame decirte

los cariños sumos.

Gabriela Mistral

Chile

CARICIA

Madre, madre, tú me besas;

pero yo te beso más.

Como el agua en los cristales

son mis besos en tu faz.

Te he besado tanto, tanto,

que de mí cubierta estás

y el enjambre de mis besos

no te deja ya mirar…

Si la abeja se entra al lirio,

no se siente su aletear.

Cuando tú al hijito escondes

no se le oye el respirar…

Yo te miro, yo te miro

sin cansarme de mirar,

y qué lindo niño veo

a tus ojos asomar…

El estanque copia todo

lo que tú mirando estás;

pero tú en los ojos copias

a tu niño y nada más.

Los ojitos que me diste

yo los tengo que gastar

en seguirte por los valles

por el cielo y por el mar…

Gabriela Mistral

Chile

OBRERITO

Madre, cuando sea grande

¡ay!  qué mozo el que tendrás.

Te levantaré en mis brazos

como el viento alza el trigal.

Yo no sé si haré tu casa

cual me hiciste tú el panal

o si fundiré los bronces,

los que son eternidad.

Qué hermosa casa ha de hacerte

tu niñito, tu titán

y qué sombra tan amante

el alero te va a dar.

Yo te regaré una huerta

y tu falda he de colmar

con las frutas perfumadas:

pura miel y suavidad.

O mejor te haré tapices

y la juncia he de trenzar;

o mejor tendré un molino,

el que canta y hace el pan.

¡Ay!  qué alegre tu hombrecito

en la fragua va a cantar,

o en la rueda del molino

o en las jarcias en el mar.

Cuenta, cuenta las ventanas

que estas manos abrirán;

cuenta, cuentas las gavillas

si las puedes tú contar…

(Con la greda purpurina

me enseñaste tú a crear,

y me diste en las canciones

todo el valle y todo el mar…)

¡Ay!  qué hermoso niño el tuyo

que jugando te pondrá

en lo alto de las parvas

y en las olas del trigal…

Gabriela Mistral

Chile

Versión de Ternura sección “Casi escolares”:

OBRERITO

Madre, cuando sea grande

¡ay, qué mozo el que tendrás!

Te levantaré en mis brazos,

como el zonda al herbazal.

O te acostaré en las parvas

o te cargaré hasta el mar

o te subiré las cuestas

o te dejaré al umbral.

Y ¡qué casal ha de hacerte

tu niñito, tu titán,

y qué sombra tan amante

sus aleros van a dar!

Yo te regaré una huerta

y tu falda he de cansar

con las frutas y las frutas

que son mil y que son más.

O mejor te haré tapices

con la juncia de trenzar

o mejor tendré un molino

que te hable haciendo el pan.

Cuenta, cuenta las ventanas

y las puertas del casal;

cuenta, cuenta maravillas

si las puedes tú contar…

Gabriela Mistral

Chile

(zonda:  RAE  De Zonda, nombre de un valle de la provincia de San Juan.  1. m. Arg. Viento fuerte, cálido, de extrema sequedad, proveniente de la precordillera cuyana, que afecta desfavorablemente a los seres vivos produciendo cierta inquietud y excitación.  parva: RAE  3. f. Mies tendida en la era para trillarla, o después de trillada, antes de separar el grano. casal: caserío, granja.  juncia)

 ♦

CANCIÓN AMARGA

¡Ay!  ¡Juguemos, hijo mío,

a la reina con el rey!

Este verde campo es tuyo.

¿De quién más podría ser?

Las alfalfas temblorosas

para ti se han de mecer.

Este valle es todo tuyo.

¿De quién más podría ser?

Para que los disfrutemos

los pomares se hacen miel.

(¡Ay!  No es cierto que tiritas

como el Niño de Belén

y que el seno de tu madre

se secó de padecer!)

El cordero está espesando

el vellón que he de tejer.

Y son tuyas las majadas,

¿De quién más podrían ser?

Y la leche del establo

que en la ubre ha de correr

y el manojo de las mieses,

¿De quién más podrían ser?

(¡Ay!  No es cierto que tiritas

como el Niño de Belén

y que el seno de tu madre

se secó de padecer!)

¡Sí!   ¡Juguemos, hijo mío,

a la reina con el rey!

Gabriela Mistral

Chile

ROCÍO

Esta era una rosa

llena de rocío:

este era mi pecho

con el hijo mío.

Junta sus hojitas

para sostenerlo;

esquiva la brisa

por no desprenderlo.

Descendió una noche

desde el cielo inmenso:

y del amor tiene

su aliento suspenso.

De dicha se queda

callada, callada:

no hay rosa entre rosas

más maravillada.

Esta era una rosa

llena de rocío:

este era mi pecho

con el hijo mío.

Gabriela Mistral

Chile

ESTRELLITA

Estrellita sobre

mi pecho caída:

¡ay! de milagrosa

no pareces mía.

Me dormí una noche,

desperté con ella

que resplandecía

caída de mis trenzas.

Grité a mis hermanas,

que acudieron prestas:

¿No veis que en las sábanas

echa luz y tiembla?

Y saliendo al patio

clamé a las incrédulas:

¡Mirad que no es niña,

palpad que es estrella!

Llenaron mi casa

las comadres trémulas.

¡Y unas me la tocan

y otras me la besan!

Y días y días

ya duran las fiestas

en torno a la cuna

donde arde mi estrella.

Este año no cae

la escarcha a las huertas,

no muere el ganado,

se cargan las cepas.

Me bendicen todas

y mi amor contesta:

¡Ay, dejad dormir

mi niñita estrella!

Luz echa su cuerpo

y luz sus pupilas,

y la miro y lloro,

¡que es mía y es mía!

Gabriela Mistral

Chile

ABUELO TORTUGA

Mi abuelito ya es tortuga,

él tenía muchos años.

Caminaba muy despacio:

no quería hacerse daño.

Un martes se cansó tanto

que ya no quiso seguir,

vino la muerte ese día

a llevárselo de aquí.

Cogiéndolo con cuidado

la muerte lo llevó al mar,

yo siempre llevo mis gafas

por si lo puedo encontrar.

Y en la orilla de la playa

hago un castillo de arena:

quiero que tenga mi abuelo

en el mar su casa nueva.

Mar Benegas

España

JAULA DE GRILLOS

A veces mi casa parece

una jaula, jaula de grillos.

Mis padres reparten broncas

como si fuesen barquillos.

Mar Benegas

España

CANCIONCILLA DEL VIAJE

La carretera es culebra:

culebra que no camina.

Estirada e infinita

porque nunca se termina.

Estoy deseando llegar

poco a poco me impaciento.

Yo en el asiento de atrás.

Ellos me cuentan un cuento.

Aún así y a cada rato

a mis padres los achucho

repitiendo como un pato:

¿ya llegamos?  ¿falta mucho?

Mar Benegas

España

(achuchar:  RAE 5. tr. coloq. Apremiar, atosigar, abrumar.)

SENCILLAS PALABRAS A MI MADRE

Eres pequeña y dulce, y el color de tu nombre

viste las cosas idas y los mares de la tarde.

Te conocí en la infancia, cuando arrullabas mis veleros,

cuando trazabas caminos azules a mis sueños.

Estaba entonces tan cerca de tu corazón,

que me dormía en su latido como en la música de un verso.

Aquello fue el entonces, madre menuda y dulce.

Ahora soy el hombre de las flechas ardidas,

que nunca acercó su pena al Dios de rostro herido.

Mis palabras, mis ansias, no caben ya en tu vida.

He de llevarlas solo, sin tu canto y tu beso,

con la cara hacia el cielo y el corazón hacia el olvido.

Te veo cada día junto al rumor de la vajilla.

Las flores, mis hermanas, los quehaceres humildes,

todo ocupa un lugar en tu mundo, y tu vida

es como un lugar en tu mundo, y tu vida

es como un noble canto, aunque tú no lo sepas.

¡Madre, cómo repartes en la existencia nuestra,

tu corazón de pan, tu resplandor de lámpara!

Ahora está la noche en la casa y yo escribo.

No he de contarte aquello.  Podrías despertarte.

A qué decir que aquella novia se parecía

a ti, en lo pequeñita, en lo suave, en lo buena.

Ella no está, es verdad.  Me perfumó la vida,

me desgarró la vida.  Se fue.  Pero no importa.

Me quedas tú, y estás durmiendo ahora.

No vaya a ser mi pena lágrima en tus ojos verdes.

Cierto es que no comprendes a tu hijo.  Y sin embargo,

justificas la santa verdad de su locura.

Yo sé que algunas veces quisieras estrecharlo

a tu pecho, librarlo de no sé qué, de algo impreciso

que está en las rosas, en la cruz de las estrellas

y en el llanto de los que sufren y son pobres.

Pero el muchacho tuyo no sabe lo que dice.

Te quiere y nada más.  Para qué estas palabras,

cuando en ti la verdad florece su poema.

Óscar Castro

Chile

MI ABUELA

Mi abuela era un árbol

cuya memoria se agitaba con el viento.

En las tardes me encantaba

columpiarme en sus brazos

y ver las cosas

desde la increíble altura de su infancia,

aunque a veces,

presionada por mis preguntas,

se le quebraban las ramas

y, llorando,

me dejaba en el suelo.

Alberto Forcada

México

LOS AVENTUREROS DEL CIRCO Y LA ROSQUILLA

Mi abuelo cambió haciendas y camastros

por un circo sin payasos ni astros.

Ese día, el listo sufría catarro

porque el médico le había quitado el cigarro.

Cuando se repuso vendió circos y trastos.

Mis tíos todos los días comían banana.

Bombasto fue a la guerra de Morgana

y lo condecoraron con jugo de tomate.

Entre Erre amaba las palomas y el arte

y vivió para enseñar a croar a su rana.

Yo, Albertucho, fabrico ceniceros y cerillas.

No fumo cigarrillos morenos ni rubios

ni voy a nadar a los mares turbios.

Me gustan los jarabes y las rosquillas.

Fernando Ayala Poveda

Colombia

OTOÑO

Otoño.

Viento traicionero

me despeina el pelo.

Y el abuelo

me presta el sombrero.

Membrillo.

Píldora amarilla.

Al sol resplandece

y parece

que le hace cosquillas.

La nube.

Alfombra del cielo.

Hacia el suelo viene

y ya tiene

la novia su velo.

Abuelo.

El otoño a cuestas.

Me escondo en tu abrigo

y contigo

me duermo la siesta.

Javier Fonseca

España

CUANDO SEA GRANDE

Mamá, cuando sea grande,

voy a hacer una escalera

tan alta que llegue al cielo,

para ir a buscar estrellas.

Me llenaré los bolsillos

de estrellas y cometas,

y bajaré a repartirlas

a los chicos de la escuela.

Pero a ti voy a traerte,

mamita, la luna llena,

para que alumbres la casa

sin gastar en luz eléctrica.

 Álvaro Yunque

Argentina

LAS MANOS DE MI MADRE

Miro tus manos.  Pienso cuánto trabajo y caricia

entremezclados tienen sus tactos.  Cuánto poder de amor,

hasta ayer ejercido, movió lamas y cosas.  No me engaña

quietud con que las posas, con abandono, en el regazo.

Manos para ser mimadas por lo que consolaron,

manos para ser servidas por tanto que se dieron,

manos para la triste enfermedad y la alegría abierta,

manos de los diarios dolorosos adioses expresivos

y modestas  en los gozos de los reencuentros.

Contienen esas manos tanta vida que los demás perdieron

al entregarse en vivir sin guardar memoria.

Miro tus manos, cálidas, cándidas palomas,

y de ellas, como lino leve, a mi piel se trasfunde

aquella caricia con que me recibió la vida.

Roque Esteban Scarpa

Chile

MI CABALLERO

Por las mañanas

mi pequeñuelo

me despertaba

con un gran beso.

Puesto a horcajadas

sobre mi pecho,

bridas forjaba

con mis cabellos.

Ebrio él de gozo,

de gozo yo ebrio,

me espoloneaba

mi caballero.

¡Qué suave espuela

sus dos pies frescos!

¡Cómo reía

mi jinetuelo!

¡Y yo besaba

sus pies pequeños,

dos pies que caben

en sólo un beso!

José Martí

Cuba

(a horcajadas: RAE 1. loc. adv. Dicho de montar, cabalgar o sentarse: Con una pierna a cada lado de la caballería, persona o cosa sobre la que se está.  brida:  RAE 1. f. Freno del caballo con las riendas y todo el correaje que sirve para sujetarlo a la cabeza del animal.)

LA NOCHE TIENE SUEÑOS

La noche tiene sueños

hechos con luna

y una ilusión larguidulce

que te acuna.

La noche tiene juegos

para acunarte

mientras mamá te mira

acurrucarte.

La noche está repleta

de maravillas

que siembran los silencios

en zapatillas.

Junto a tu asombro

recién nacido

la noche se hace niño

en nuestro nido.

Y brillan las luces

del mundo entero

cuando mamá repite,

hijo, ¡te quiero!

Graciela Pérez

Argentina

LUNA, LUNITA

Luna, lunita

si te pudiera pedir

que mi madre cerca

pudiera verte a ti,

para que no le falte

ni la alegría, ni el cariño

ni las ganas de cuidarme

que todas las mañanas

tiene al levantarse.

Luna, lunita

si te pudiera pedir

que bajaras un poquito

y sorprender a mi madre;

así… despacito

como ella siempre

conmigo lo hace.

Si estoy triste

ella sabe alegrarme,

si algo me preocupa

sabe tranquilizarme,

si estoy feliz

conmigo lo comparte.

Luna, lunita

baja un poquito,

hoy quiero felicitarle

por todos los días

que está para cuidarme.

Hoy es su día

tú ya lo sabes,

qué mejor regalo

pudiera yo darle

que un abrazo de luna

¡para la mejor madre!

Encarni Ruiz Vázquez

España

AMOR FILIAL

Yo adoro a mi madre querida,

yo adoro a mi padre también;

ninguno me quiere en la vida

como ellos me saben querer.

Si duermo, ellos velan mi sueño;

si lloro, están tristes los dos;

si río, su rostro es risueño;

mi risa es para ellos el sol.

Me enseñan los dos con inmensa

ternura a ser bueno y feliz.

Mi padre por mí lucha y piensa,

mi madre ora siempre por mí.

Yo adoro a mi madre querida,

yo adoro a mi padre también;

ninguno me quiere en la vida

como ellos me saben querer.

Amado Nervo

México

LOS MADEROS DE SAN JUAN

…Y aserrín,

aserrán,

los maderos

de San Juan

piden queso,

piden pan;

los de Roque

alfandoque;

los de Rique,

alfeñique;

los de Trique,

triquitrán.

¡Triqui, triqui, triqui, tran!

Y en las rodillas duras y firmes de la abuela

con movimiento rítmico se balancea el niño,

y entrambos agitados y trémulos están.

La abuela se sonríe con maternal cariño,

mas cruza por su espíritu como un temor extraño

por lo que en el futuro, de angustia y desengaño,

los días ignorados del nieto guardarán…

Los maderos

de San Juan

piden queso,

piden pan.

¡Triqui, triqui, triqui, tran!

Esas arrugas hondas recuerdan una historia

de largos sufrimientos y silenciosa angustia,

y sus cabellos blancos como la nieve están;

de un gran dolor el sello marcó la frente mustia

y son sus ojos turbios espejos que empañaron

los años y que ha tiempo las formas reflejaron

de seres y de cosas que nunca volverán…

…Los de Roque,

alfandoque…

¡Triqui, triqui, triqui, tran!

Mañana cuando duerma la abuela, yerta y muda,

lejos del mundo vivo bajo la obscura tierra,

donde otros, en la sombra, desde hace tiempo están,

del nieto a la memoria, con grave voz que encierra

todo el poema triste de la remota infancia

pasando por las sombras del tiempo y la distancia,

de aquella voz querida las notas volverán…

…Los de Rique

alfeñique…

¡Triqui, triqui, triqui, tran!

En tanto, en las rodillas cansadas de la abuela,

con movimiento rítmico se balancea el niño,

y entrambos agitados y trémulos están…

La abuela se sonríe con maternal cariño,

mas cruza por su espíritu como un temor extraño

por lo que en el futuro, de angustia y desengaño,

los días ignorados del nieto guardarán…

…Los maderos

de San Juan

piden queso,

piden pan;

los de Roque

alfandoque;

los de Rique,

alfeñique;

los de Trique,

triquitrán.

¡Triqui, triqui, triqui, tran!

 José Asunción Silva

Colombia

(entrambos:  ambos;  ha tiempo:  hace tiempo)

MI MADRE

Nos dio con toda el alma, como el árbol da ramos

y como el nido, pájaros, y ahora, sin querer,

llora cuando nos tiene, llora cuando nos vamos

y llora de alegría cuando nos ve volver.

José Pedroni

Argentina

EN TUS BRAZOS

Mamita, mamita,

si tú fueses árbol,

tu hijito en tus ramas

quisiera ser pájaro.

Si tú fueses río

que al mar va cantando,

tu hijito en tus aguas

quisiera ser barco.

Mamita, mamita,

si fueses un árbol,

tú me acunarías

igual en tus brazos.

Germán Berdiales

Argentina

CAMINEMOS

Cansancio de las calles y las gentes,

cansancio de charlar con los amigos,

cansancio del ayer y del mañana…

Caminemos:  en casa tengo un hijo.

Baldomero Fernández Moreno

Argentina

EL HIJO Y YO EN EL MONTE

Mi hijo y yo en el monte, caminando despacio…

Ha caído la tarde sobre el campo sonoro.

Como concha de perlas está claro el espacio,

y el rumor de las aguas se eleva como un coro.

—Papá, papá, ¿qué es eso?–…  Yo sonriendo, le agracio:

—Es la luna–.  Y el niño, como quien ve un tesoro,

piensa acaso que un príncipe, jugando en el espacio,

echó por los tejados una pelota de oro…

Y se queda mirándola…  En la casa comenta

con su loca alegría lo que vio, ¡y lo cuenta

con un modo tan lindo!…  Y acostado en la cuna,

tarde, tarde la noche, cuando todo reposa,

murmuraba, muy suave, con su lengua traposa:

—Papacito, yo quiero que me compres la luna…

Carlos Barella

Chile

AGUA

A veces, hijo mío,

consigues decir:  aba…

Un diamante clarísimo

en tu boquita cuaja,

y yo escucho el murmullo

universal del agua.

Baldomero Fernández Moreno

Argentina

LA LUZ

Por los aires anda la Luz

que para verte, hijo, me vale.

Si no estuviese, todas las cosas

que te aman no te mirasen;

en la noche te buscarían,

todas gimiendo y sin hallarte.

Ella se cambia, ella se trueca

y nunca es cosa de saciarse.

amar el mundo nos creemos,

pero amamos la Luz que cae.

La Bendita, cuando nacías,

tomó tu cuerpo para llevarte.

Cuando yo muera y que te deje,

¡síguela, hijo, como a tu madre!

Gabriela Mistral

Chile

UNA ABUELITA DEL TIEMPO DE ANTES

Mi querida abuelita,

era del tiempo de antes,

desanudaba recuerdos

como si fueran diamantes.

En las tardes de verano,

y bajo la sombra del parrón,

me contaba las historias

provenientes del corazón.

Me hablaba de su casa,

del zumbido del panal,

del manzano del huerto,

de las flores del rosal.

Y del vestido de organdí

de su muñeca de lana,

de sus zapatos de charol

que reflejaban la mañana.

Pero de pronto suspiraba,

enseñándome una postal,

tan borrosa y desgastada,

de su novio de ultramar.

Para saber cuánto lo amó,

bastaba mirar sus ojitos,

sentir su voz temblorosa

entre suspiros cortitos.

Así era mi abuelita,

muy del tiempo de antes,

desanudaba recuerdos

como si fueran diamantes.

Héctor Hidalgo

Chile

EL DOLOR DE LO QUE SE FUE

Siéntate a mi lado, abuela,

que aquí junto a la candela

quiero platicar contigo.

Si duermes, tu nieto vela.

Yo soy tu mejor amigo.

Siéntate a mi lado, abuela.

Risas de pipiripao

que animaban el sarao,

¿a dónde, abuela, se han ido

del tiempo en la arcaica nao?

¿No sientes aún en tu oído

risas de pipiripao?

Tus bucles ayer endrinos.

Tu traje de polizón

era de fino crespón.

De varillas de marfil

tu abanico pericón.

¡Y qué regio y señorial

tu traje de polizón!

Mi abuelo, que fue poeta,

te diría en la glorieta,

una noche, un madrigal;

tal vez su pasión secreta

te contó junto a un rosal

mi abuelo, que fue poeta.

Pero ¡qué!, ¿lloras, abuela?

¿Nadie tu llanto consuela?

¿Nadie quiere estar contigo?

¡Duerme, que tu nieto vela!

Yo soy tu mejor amigo,

¡Siéntate a mi lado, abuela!

Miguel de Castro

España

(pipiripao:  RAE 1. m. coloq. Convite espléndido y magnífico, especialmente el que forma parte de una serie de ellos que se van haciendo un día en una casa y otro en otra.  sarao:  RAE  1. m. Reunión nocturna de personas de distinción para divertirse con baile o música.  nao:  nave.  endrino:  RAE 1. adj. De color negro azulado, parecido al de la endrina.  pericón:  RAE 5. m. Abanico de gran tamaño usado antiguamente por las mujeres.)

MI HIJA JUEGA EN EL JARDÍN

Mi hija juega en el jardín

y yo la miro quieta y triste,

triste de tanta dicha, triste

porque la dicha tiene fin.

Viene corriendo y se va luego

y me da un beso y una flor;

su voz musita a vez un ruego,

a vez un mimo encantador.

Es la más linda de las flores.

En ella están dicha o dolor.

¿Qué han sido todos mis amores

comparados con este amor?

No pienso en destinos amargos,

ni en que las cosas tienen fin;

pero quisiera largos, largos

estos momentos del jardín.

María Monvel

Chile

NIÑO

Pedacito de carne rubia

con hebras de sol en el rostro.

Carrillos sonrosados como frutas,

pequeños pies inútiles que adoro.

Cuerpecito encendido de besos,

manecitas con menudos hoyos,

átomo azul caído entre mis manos

y que bebo a besos sonoros.

Maravilla otorgada a mi vida,

única que colma mi asombro,

niño que crece  entre mis brazos

como un astro frente a mi rostro…

¡No sabía que hubiera en mis entrañas

sol, resplandor y oro!

María Monvel

Chile

LOS VALIENTES CAZADORES

En la casa de mi abuela

hay dos tigres escondidos,

cuando llego a visitarla,

ellos se hacen los dormidos.

Uno es grande y muy feroz,

tiene un rugido espantoso,

vive abajo de la cama

y se esconde, silencioso.

Otro es chiquito y travieso,

sólo asusta a las palomas…

Si lo corro con la escoba,

me dice que es una broma.

A ninguno tengo miedo,

soy un nene muy valiente,

al tenerlos por delante,

les muestro todos mis dientes.

En caso de que aparezcan,

una cosa necesito,

una ayuda imprescindible…

¡La mano de mi abuelito!

Entonces todo se aclara

los bravos tigres se van…

¡Somos dos para decirles

que no vuelvan por acá!

María Alicia Esaín

Argentina

MI REGALO PARA MAMÁ

Le regalo a mi mamá

una sonrisa de plata

que es la que alumbra mi cara

cuando de noche me tapa.

Le regalo a mi mamá

una caperuza roja,

por contarme tantas veces

el cuento que se me antoja.

Le regalo a mi mamá

una colonia fresquita,

por no soltarme la mano

cuando me suena la tripa.

Le regalo a mi mamá

una armadura amarilla

que la proteja del monstruo

que espanta mis pesadillas.

Le regalo a mi mamá

el lenguaje de los duendes

por entender lo que digo

cuando nadie más me entiende.

Le regalo a mi mamá

una chistera de mago,

en la que quepan mis besos

envueltos para regalo.

Juan Guinea

España

MI PADRE

Si un vampiro negro me acecha en la noche

o una bruja quiere comerme enterito…

si veo unos fantasmas siguiendo a mi coche

o a un león enorme con mucho apetito…

Entonces mi padre,

con sus grandes manos,

me abraza y me calma,

siempre me defiende,

me mira y sonríe,

me besa en la frente,

vigila a los monstruos

que veo en mi mente.

(Mi padre me cuida

y nunca se duerme)

Si tras la cortina se esconden serpientes

o un gran dinosaurio dispuesto a atacarme…

si los cocodrilos van a hincarme el diente

o un pirata quiere al agua tirarme…

Entonces mi padre,

con sus grandes manos,

me abraza y me calma,

siempre me defiende,

me mira y sonríe,

me besa en la frente,

vigila a los monstruos

que veo en mi mente.

(Mi padre me cuida

y nunca se duerme).

Juan Guinea

España

EL ABUELO BOTARATE

Mi abuelo está loco,

loco de remate

me gusta quedarme

con él por la tarde.

Puedo disfrazarle

él siempre se deja:

vampiro, payaso…

o como una vieja.

Tiene una cajita

¿Dónde la escondiste?

Él nunca se acuerda

¡menudo despiste!

Si quiero buscarla

leemos el mapa

«dos pasos al norte…»

¡como los piratas!

Esa caja tiene

miles de tesoros:

cuentos, chocolate,

la pluma de un loro,

un viejo amuleto

de un faraón egipcio;

De la bruja, un diente,

del príncipe, un rizo.

Una haba que lleva

escrito un consejo:

¡Si me comes nunca

llegarás a viejo!

Canicas antiguas,

una piruleta,

dibujos que ilustran

miles de historietas.

Sentado en sus piernas

me cuenta leyendas

de dioses antiguos

luchando sin tregua.

Siempre me despido

con guerra de besos,

y gane quien gane,

los dos, tan contentos.

Juan Guinea

España

HOMBRE

Hombre, ni más ni menos, madre mía,

y fruto de tu vientre ilusionado.

Hombre en tu tibia leche amamantado

y por tu carne envuelto en la armonía.

Hombre hecho al dolor y a la alegría

y, a veces, hombre oscuro y desolado;

pero también, a veces, embriagado

de radiante y humana fantasía.

Hombre; tu niño, madre, ayer apenas;

el niño que tus sueños aromaba

y aromado de ti, reía dormido.

Hombre, madre, surgido de tus venas;

que no comenzó en ti, que en mi no acaba;

que como tú es misterio trascendido.

Juan Cervera Sanchís

España

EL POEMA DEL HIJO

Cae la tarde dorada

tras de los verdes pinos;

hay en las altas cumbres

un resplandor rojizo,

y el perfil de los montes

se recorta en un nimbo

de luz verdosa, azul, aurirrosada:

en el añil el humo está dormido.

Quieta la tarde, y dulce.

—Ven al campo, hijo mío:

comeremos majuelas,

iremos al endrino,

te alcanzaré las bayas de los robles,

y en aquel regatillo

de los helechos cogerás las piedras

y cortarás los lirios.

Entre mi mano, suave,

su manecita oprimo,

y avanzamos parejos

por el albo camino.

Los cuencos y colodras

del viejo cabrerizo,

llenando va la ordeña

con blanco chorro, mantecoso y tibio.

Y la leche, aromada

de menta y de tomillo,

sus fragancias esparce

por el verdor ya seco del aprisco.

—¿Tienes hambre?  Si vemos

al pastor de los chivos,

al que en las “Maribuenas”

la otra tarde te dijo:

“Vaya un zagal con los ojuelos guapos”,

llámale, y le pedimos

una cuerna de leche

y el cantero de pan que te ha ofrecido.

En tarde; los trucheros

se recogen del río,

cubren con sucias ropas

los cuerpos renegridos,

y entre la malla de la red platea

la pesca que rebosa del cestillo.

De su pinar se tornan los hacheros;

aire lento y cansino;

en los hombros, las hachas,

y en sus gastados filos,

un reflejo fugaz, que a ratos hiere

los semblantes cetrinos.

Se acercan.  —Buenas tardes.

—Vaya con Dios, amigo…

—Pero ¿no los conoces?

El de la aijada es Lino,

en que la otra mañana

trajo al Paular el nido,

el que baja en el carro de sus bueyes

los troncos de los pinos…

¿Te fatiga la cuesta?

descansaremos, hijo.

Aquí no; más arriba,

que ya se siente la humedad del río.

La espesura del roble

va cerrando el camino;

se oye el graznar de un cuervo

y un lejano silbido.

—¿Por qué te paras?…  ¿Tiemblas?…

¿Acaso sientes frío?…

¡Ah, ya!…  ¡Caperucita!…

No temas, vas conmigo.

El lobo vive lejos

y es generoso y noble con los niños.

Finge un céfiro blando

misterioso suspiro;

el pipiar de las aves

ha cesado en los nidos.

—¿Que te lleve en mis brazos?

¡Siempre acabas lo mismo!

Agárrate a mi cuello;

no sueltes y te caigas, hijo mío.

No siento la materia:

es aire y luz mi pensamiento limpio.

De la carne desnudo

llevo al viento el espíritu.

—¿Vas bien?…  No me responde.

Como el humo en el aire, se ha dormido.

¡Ay deleitosa carga,

de mi cansancio alivio!

Enrique de Mesa

España

(majuelas; endrino;  colodra;  aprisco:  RAE 1. m. Paraje donde los pastores recogen el ganado para resguardarlo de la intemperie.  aijada:  RAE aguijada. 1. f. Vara larga que en un extremo tiene una punta de hierro con que los boyeros pican a la yunta.)

SOSPECHA

Cada día la abuela está más chica:

nos medimos y ya le “llego” al hombro,

sus manos son casi como las mías

y noto que sus pies también se achican.

Podré prestarle pronto mis zapatos,

mis guantes y también mis calcetines;

los gritos y los llantos le molestan

y creo que prefiere las muñecas.

Mientras paso de curso, mi abuelita

puede apenas leer y hacer las cuentas;

se cansa muy luego en los paseos

y temprano en la noche está dormida.

Se ha puesto temerosa hasta del tráfico

y atraviesa la calle de mi mano;

al verla más pequeña cada día

sospecho que se está volviendo niña.

Alicia Morel

Chile

UNA MAÑANA

Una mañana

de abril o mayo,

la prima Isis

vino a buscarnos.

—¡La prima Isis!

¡Al carrusel!—

Llevamos tortas

de queso y miel.

Ni el sol ni el aire

son más dichosos,

ni canta el agua

con tanto gozo.

Vueltas y vueltas,

risas, canciones.

A caballito

los corazones.

Abril o mayo

resplandeciendo,

como una lámina,

como en un cuento.

Nubes, gaviotas

y espuma y sal.

—¡La prima Isis!

¡Nos va a llevar!—

Llegó de pronto,

como la luz:

el pelo al aire

y al cielo azul.

De blanco toda,

linda, gentil.

¡Ella era mayo!

¡Ella era abril!

Aramís Quintero

Cuba

EL PREGUNTÓN

Abuela…  ¿cómo nací?

—Una cigüeña te trajo aquí.

(—Pero yo, yo no me explico

cómo no se rompió el pico…)

—Abuela…  ¿y mi hermanita

por qué ha nacido tan chiquitita?

—Pues ella…  tu madre vio

que de un repollo salió.

—¿Repollo y cigüeña, abuela?

(Mejor pregunto en la escuela:

¿entonces, para qué está

el papá con la mamá?)

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

Con esta fotografía de una preciosa intervención de “yarn bombing” hecha por la artista Carol Hummel, nuestra querida autora María Rosa Serdio nos introduce un bello poema…

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LÍNEAS DE MANO DE MUJER

María, madre.

María, Generosa, Balbina, Virginia, Serafina y Francisca. Hijas.

Herminia, María Margarita, María Luisa, María Paz, Leonides y Ramona. Hermanas

Son las líneas de la mano con la que ahora escribo.

María, madre.

Irene, hija.

Rosa Alicia, María Josefa, Guillermina y Julia. Hermanas.

Son las líneas de mi mano izquierda,

venidas a mis días en la voz de un hombre

que afirmó, en el siglo pasado,

el deseo de una hija en la ocasión primera

de ser padre.

Mujeres que conocía

en la voz y en los ecos y a las que hoy convoco

en este afortunado Día

de acción de

gracias.

María Rosa Serdio

España

MI HERMANO MAYOR

Tengo un hermano mayor,

siempre me deja el balón,

si se pone de portero

deja que le meta un gol.

Yo le dejo mi muñeca

volamos con su cometa,

cuando salimos al parque

montamos en bicicleta.

Compartimos los amigos,

los juguetes y los juegos,

y aunque a veces peleamos

¡No sabe cuánto le quiero!

Marisa Alonso Santamaría

España

4 Comentarios

  1. mui bueno tia a mi familia le encanto ojala que le baya muy pero muy bien

    • ¡Qué bueno, Tami, que compartiste con tu familia estos poemas! Así son más lindos aún. Un abrazo,

  2. Los poemas que son cortitos y sencillos me parecen preciosos.
    ¡Felicidades para todos!
    Un abrazo desde Segovia.
    Marisa Alonso

    • A mí también me encantan esas joyitas que se escabullen entre los más extensos, querida Marisa. Intento disponer en las mesas poemas para todos los gustos y momentos, cosa de que todos disfrutemos la belleza de nuestros versos y tradición oral. Me alegra muchísimo tenerte siempre pasando a dejar y probar en las mesas de lectoaperitivos.
      Un abrazo!
      Astrid

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