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¿Lectoaperitivos o platos de fondo? Poemas de autor a las comidas

post190

Una vez más, les doy la bienvenida a esta extra deliciosa mesa de lectoaperitivos acompañada por la talentosa artista española María Luisa Torcida.  Les archi recomiendo visitar su blog… ¡Está lleno de tiernas ilustraciones para deleitar el paladar visual!  Aquí vamos, bon appétit!

LOS ALIMENTOS

Zanahoria,

Perejil,

Para la tortuga

Del verde jardín.

Zapallito,

Espinaca,

Para los conejos

De orejitas largas.

Rabanitos,

Remolacha,

Para los chanchitos

De doña Tomasa.

Roja sandía, dulce melón,

Para los hijitos

Del negro Simón.

J.B. Grosso

Argentina

MI CABALLITO DE CHOCOLATE

Mi caballito de chocolate

arre que arre, bate que bate.

Sobre sus cascos de caramelo

trota que trota, corre Canelo.

Son sus ojazos de colación,

su lengua larga de mermelada,

son de barquillo sus orejadas

y su montura, nuez y turrón.

Hilos de azúcar en su penacho

forman su cola color pistacho.

Piel, cascaritas enconfitadas,

de tutti-frutti su corazón.

¡Sabrosa pinta la de Canelo!

¡Qué tierna su alma de bizcochuelo!

Tomo las riendas, miel y alfandoque,

y entonces sale, trota que trota.

¡Cómo cabalgo, con qué emoción,

sobre la silla nuez y turrón!

Sarah Flor Jiménez

Ecuador

(alfondoque:  pasta con melado, queso, anís o jengibre)

LA CAZUELA

El otro día, a la olla

—así mi abuela lo cuenta—

le di papas, ajo, cebolla

y una pizca de pimienta.

Le di zapallo y le di choclo,

incluso carne le di,

y como si fuera poco,

le di arroz y perejil.

Siguiendo con mi receta

le puse sal, aceite y comino,

porotos verdes y arvejas,

y sobre todo… cariño.

Y —como dice mi abuela—

la olla, que es generosa,

ni corta ni perezosa,

me regaló una cazuela.

Saúl Schkolnik

Chile

En Poemas para volar

ESTOFADO DE COCHAYUYO

Para este banquete

tomas dos paquetes

de cochayuyos anchos

—no muy duros—

y cuatro tomates maduros.

Media taza de aceite

y un pimentón:

tres cebollas y, de yapa,

un kilo de papas.

Agrégale sal,

comino y pimienta,

harina, perejil,

un diente de ajo

y… ¡Nos fuimos al trabajo!

Remoja el cochayuyo,

córtalo en pedazos,

y lo echas a la olla

apiladito en capas

con la cebolla,

el tomate y las papas.

Luego echas el resto,

pero… ¡Cuidado!

cocínalo destapado

y a fuego muy lento…

Así, sin aspaviento

ni barullo

habrás hecho un estofado

cremoso y suculento

de cochayuyo.

Saúl Schkolnik

Chile

En Poemas para volar

RONDA DE SEGADORES

Columpiamos el santo

perfil del pan,

voleando la espiga

de Canaán.

Los brazos segadores

se vienen y se van.

La tierra de Argentina

tiembla de pan.

A pan segado huele

el pecho del jayán,

a pan su padrenuestro,

su sangre a pan.

Alcanza a la cintura

el trigo capitán.

Los brazos segadores

los lame el pan.

El silbo de las hoces

es único refrán,

y el fuego de las hoces

no quema el pan.

Matamos a la muerte

que baja en gavilán,

braceando y cantando

la ola del pan.

Gabriela Mistral

Chile

UNA MANZANA ROJA

Una manzana roja

me moja

como una esponja

crujiente

entre mis dientes.

La desgajo, la rajo

de arriba a abajo

y en mi boca resuena,

me llena

de agüita buena.

La mastico,

¡qué rico!

Disfruto

el dulce fruto

que me moja,

una manzana roja.

EL NARANJO

En el huerto de mi casa

un naranjo maduró.

¡Ay qué naranjas tan frescas

el árbol me regaló!

Están maduras… jugosas

porque invierno las pintó,

le dio el color de la tarde

cuando va cayendo el sol.

En el huerto de mi casa

un naranjo maduró.

¡Ay qué naranjas tan dulces

el árbol me regaló!

Graciela Genta

Uruguay

MARÍA CEBOLLA

María Cebolla,

tan blanca y redonda,

hoy se emperifolla,

porque va a la ronda

y no va a la olla.

Con don Juan Tomate

comienza la danza:

se pone granate,

¡le pesa la panza,

como un disparate!

La joven Lechuga

-fina la pollera,

dulce la pechuga-,

aunque no quisiera,

se arruga, se arruga.

De amor se desfonda

por don Ají Verde

María la oronda.

Llorando se pierde

y acaba la ronda.

Andrés Sabella

Chile

ODA A LA CEBOLLA

Cebolla

luminosa redoma,

pétalo a pétalo

se formó tu hermosura,

escamas de cristal te acrecentaron

y en el secreto de la tierra oscura

se redondeó tu vientre de rocío.

Bajo la tierra

fue el milagro

y cuando apareció

tu torpe tallo verde,

y nacieron

tus hojas como espadas en el huerto,

la tierra acumuló su poderío

mostrando tu desnuda transparencia,

y como en Afrodita el mar remoto

duplicó la magnolia

levantando sus senos,

la tierra

así te hizo,

cebolla,

clara como un planeta,

y destinada

a relucir,

constelación constante,

redonda rosa de agua,

sobre

la mesa

de las pobres gentes.

Generosa

deshaces

tu globo de frescura

en la consumación

ferviente de la olla,

y el jirón de cristal

al calor encendido del aceite

se transforma en rizada pluma de oro.

También recordaré cómo fecunda

tu influencia el amor de la ensalada

y parece que el cielo contribuye

dándote fina forma de granizo

a celebrar tu claridad picada

sobre los hemisferios de un tomate.

Pero al alcance

de las manos del pueblo,

regada con aceite,

espolvoreada

con un poco de sal,

matas el hambre

del jornalero en el duro camino.

Estrella de los pobres,

hada madrina

envuelta

en delicado

papel, sales del suelo,

eterna, intacta, pura

como semilla de astro,

y al cortarte

el cuchillo en la cocina

sube la única lágrima

sin pena.

Nos hiciste llorar sin afligirnos.

Yo cuanto existe celebré, cebolla,

pero para mí eres

más hermosa que un ave

de plumas cegadoras,

eres para mis ojos

globo celeste, copa de platino,

baile inmóvil

de anémona nevada

y vive la fragancia de la tierra

en tu naturaleza cristalina.

Pablo Neruda

Chile

ODA A LA ALCACHOFA

La alcachofa

de tierno corazón

se vistió de guerrero,

erecta, construyó

una pequeña cúpula,

se mantuvo

impermeable

bajo

sus escamas,

a su lado

los vegetales locos

se encresparon,

se hicieron

zarcillos, espadañas,

bulbos conmovedores,

en el subsuelo

durmió la zanahoria

de bigotes rojos,

la viña

resecó los sarmientos

por donde sube el vino,

la col

se dedicó

a probarse faldas,

el orégano

a perfumar el mundo,

y la dulce

alcachofa

allí en el huerto,

vestida de guerrero,

bruñida

como una granada,

orgullosa,

y un día

una con otra

en grandes cestos

de mimbre, caminó

por el mercado

a realizar su sueño:

la milicia.

En hileras

nunca fue tan marcial

como en la feria,

los hombres

entre las legumbres

con sus camisas blancas

eran

mariscales

de las alcachofas,

las filas apretadas,,,

las voces de comando,

y la denotación

de una caja que cae,

pero

entonces

viene

María

con su cesto,

escoge

una alcachofa,

no le teme,

la examina, la observa

contra la luz como si fuera un huevo,

la compra,

la confunde

en su bolsa

con un par de zapatos,

con un repollo y una

botella

de vinagre

hasta

que entrando a la cocina

la sumerge en la olla.

Así termina

en paz

esa carrera

del vegetal armado

que se llama alcachofa,

luego

escama por escama

desvestimos

la delicia

y comemos

la pacífica pasta

de su corazón verde.

Pablo Neruda

Chile

SE MATÓ UN TOMATE

¡Ay!  ¡Qué disparate!

¡Se mató un tomate!

¿Quieren que les cuente?

Se arrojó de la fuente

sobre la ensalada

recién preparada.

Su rojo vestido

todo descosido,

cayó haciendo arrugas

al mar de lechugas.

Su amigo Zapallo

corrió como un rayo

pidiendo de urgencia

por una asistencia.

Vino el Doctor Ajo

y remedios trajo.

Llamó a la carrera

a Sal, la enfermera.

Después de sacarlo

quisieron salvarlo,

pero no hubo caso:

¡Estaba en pedazos!

Preparó el entierro

la agencia “Los Puerros”.

Y fue mucha gente…

¿quieren que les cuente?

Llegó muy doliente

Papa el presidente

del Club de Verduras,

para dar lectura

de un “Verso al tomate”

(otro disparate),

mientras de perfil,

el gran Perejil

hablaba bajito

con un rabanito.

También el Laurel

(de luna de miel

con Doña Nabiza)

regresó de prisa

en su nuevo yate

por ver al tomate.

Acaba la historia:

Ocho zanahorias

y un alcaucil viejo

formaron cortejo

con diez berenjenas

de verdes melenas,

sobre una carroza

bordado con rosas.

Choclos musiqueros

con negros sombreros,

tocaron violines,

quenas y flautines,

y dos ajíes sordos

y espárragos gordos

con negras camisas

cantaron la misa.

—“HOY, ¡QUÉ DISPARATE!

¡SE MATÓ UN TOMATE!”—

Al leer, la cebolla

lloraba en su olla.

Una remolacha

se puso borracha.

—“¡Me importa un camino!”,

dijo don Pepino…

y no habló la acelga

(estaba de huelga).

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

GAJO DE NARANJA

Un gajo de naranja

es una luna encantada;

un gajo de naranja

es una diminuta carcajada.

Antonio Granados

México

ACUARELA FRUTAL

La FRUTILLA es una fresca

carita de niña buena,

salpicada de atrayentes

y alargados lunarcitos.

La PIÑA es una ancianita

graciosamente arrugada.

El HIGO es cofre de ébano

desbordante de minúsculos

y desteñidos rubíes.

La PERA es un trompo verde.

Y la NARANJA es el sol

que se fugó del cielo.

Beatriz Schulze

Bolivia

SANDÍA

¡Del verano,

roja y fría,

carcajada

rebanada

de sandía!

José Juan Tablada

México

ODA AL CALDILLO DE CONGRIO

En el mar

tormentoso

de Chile

vive el rosado congrio,

gigante anguila

de nevada carne.

Y en las ollas

chilenas,

en la costa,

nació el caldillo

grávido y suculento,

provechoso.

Lleven a la cocina

el congrio desollado,

su piel manchada cede

como un guante

y al descubierto queda

entonces

el racimo del mar,

el congrio tierno

reluce

ya desnudo,

preparado

para nuestro apetito.

Ahora

recoges

ajos,

acaricia primero

ese marfil

precioso,

huele

su fragancia iracunda,

entonces

deja el ajo picado

caer con la cebolla

y el tomate

hasta que la cebolla

tenga color de oro.

Mientras tanto

se cuecen

con el vapor

los regios

camarones marinos

y cuando ya llegaron

a su punto,

cuando cuajó el sabor

en una salsa

formada por el jugo

del océano

y por el agua clara

que desprendió la luz de la cebolla,

entonces

que entre el congrio

y se sumerja en gloria,

que en la olla

se aceite,

se contraiga y se impregne.

Ya sólo es necesario

dejar en el manjar

caer la crema

como una rosa espesa,

y al fuego,

lentamente

entregar el tesoro

hasta que en el caldillo

se calienten

las esencias de Chile,

y a la mesa

lleguen recién casados

los sabores

del mar y de la tierra

para que en ese plato

tú conozcas el cielo.

Pablo Neruda

Chile

ODA AL PAN

Pan,

con harina,

agua

y fuego

te levantas.

Espeso y leve,

recostado y redondo,

repites

el vientre

de la madre,

equinoccial

germinación

terrestre.

Pan,

qué fácil

y qué profundo eres:

en la bandeja blanca

de la panadería

se alargan tus hileras

como utensilios, platos

o papeles,

y de pronto,

la ola

de la vida,

la conjunción del germen

y del fuego,

creces, creces

de pronto

como

cintura, boca, senos,

colinas de la tierra,

vidas,

sube el calor, te inunda

la plenitud, el viento

de la fecundidad,

y entonces

se inmoviliza tu color de oro,

y cuando se preñaron

tus pequeños vientres,

la cicatriz morena

dejó su quemadura

en todo tu dorado

sistema

de hemisferios.

Ahora,

intacto,

eres

acción de hombre,

milagro repetido,

voluntad de la vida.

Oh pan de cada boca,

no

te imploraremos,

los hombres

no somos

mendigos

de vagos dioses

o de ángeles oscuros:

del mar y de la tierra

haremos pan,

plantaremos de trigo

la tierra y los planetas,

el pan de cada boca,

de cada hombre,

en cada día,

llegará porque fuimos

a sembrarlo

y a hacerlo,

no para un hombre sino

para todos,

el pan, el pan

para todos los pueblos

y con él lo que tiene

forma y sabor de pan

repartiremos:

la tierra,

la belleza,

el amor,

todo eso

tiene sabor de pan,

forma de pan,

germinación de harina,

todo

nació para ser compartido,

para ser entregado,

para multiplicarse.

Por eso, pan,

si huyes

de la casa del hombre,

si te ocultan,

te niegan,

si el avaro

te prostituye,

si el rico

te acapara,

si el trigo

no busca surco y tierra,

pan,

ro rezaremos,

pan,

no mendigaremos,

lucharemos por ti con otros hombres

con todos los hambrientos,

por todos los ríos y el aire

iremos a buscarte,

toda la tierra la repartiremos

para que tú germines,

y con nosotros

avanzará la tierra:

el agua, el fuego, el hombre

lucharán con nosotros.

Iremos coronados

con espigas,

conquistando

tierra y pan para todos,

y entonces

también la vida

tendrá forma de pan,

será simple y profunda,

innumerable y pura.

Todos los seres

tendrán derecho

a la tierra y a la vida,

y así será el pan de mañana

el pan de cada boca,

sagrado,

consagrado,

porque será el producto

de la más larga y dura

lucha humana.

No tiene alas

la victoria terrestre:

tiene pan en sus hombros,

y vuela valerosa

liberando la tierra

como una panadera

conducida en el viento.

Pablo Neruda

Chile

Propongo un brindis, con un delicioso vino chileno.  ¡Salud por la vida llenita de poesía!

ODA AL VINO

Vino de color de día,

vino color de noche,

vino con pies de púrpura

o sangre de topacio,

vino,

estrellado hijo

de la tierra,

vino, liso

como una espada de oro,

suave

como un desordenado terciopelo,

vino encaracolado

y suspendido,

amoroso,

marino,

nunca has cabido en una copa,

en un canto, en un hombre,

coral, gregario eres,

y cuando menos, mutuo.

A veces

te nutres de recuerdos

mortales,

en tu ola

vamos de tumba en tumba,

picapedrero de sepulcro helado,

y lloramos

lágrimas transitorias,

pero

tu hermoso

traje de primavera

es diferente,

el corazón sube a las ramas,

el viento mueve el día,

nada queda

dentro de tu alma inmóvil.

El vino

mueve la primavera,

crece como una planta la alegría,

caen muros,

peñascos,

se cierran los abismos,

nace el canto.

Oh tú, jarra de vino, en el desierto

con la sabrosa que amo,

dijo el viejo poeta.

Que el cántaro de vino

al peso del amor sume su beso.

Amor mío, de pronto

tu cadera

es la curva colmada

de la copa,

tu pecho es el racimo,

la luz del alcohol tu cabellera,

las uvas tus pezones,

tu ombligo sello puro

estampado en tu vientre de vasija,

y tu amor la cascada

de vino inextinguible,

la claridad que cae en mis sentidos,

el esplendor terrestre de la vida.

Pero no sólo amor,

beso quemante

o corazón quemado

eres, vino de vida,

sino

amistad de los seres, transparencia,

coro de disciplina,

abundancia de flores.

Amo sobre una mesa,

cuando se habla,

la luz de una botella

de inteligente vino.

Que lo beban,

que recuerden en cada

gota de oro

o copa de topacio

o cuchara de púrpura

que trabajó el otoño

hasta llenar de vino las vasijas

y aprenda el hombre oscuro,

en el ceremonial de su negocio,

a recordar la tierra y sus deberes,

a propagar el cántico del fruto.

Pablo Neruda

Chile

CUCURUCHOS

De lluvia o de menta,

de arroz o de sol…

Decide tú el gusto,

color y sabor.

…Los hay de albahaca

y de nube o de voz,

de sencillas flores

o de corazón.

Hoy vendo baratos

helados y soy

la que más vocea

del verano en flor.

¡¡Helados, muchachos,

helados de amor,

helado y canela,

menta y relimón

que ya está el verano

en el corazón!!

María Rosa Serdio

España

SANDÍA

¡Del verano, roja y fría,

carcajada rebanada

de sandía!

José Juan Tablada

México

LA SOPA

¡Uf, me carga la sopa!

Si es agua caliente…

Me duelen los dientes,

me arde la lengua,

me quemo la boca,

me carga la sopa.

 

 

¡Uf, me carga la sopa!

Mi madre me reta,

me dice: ⎯Archibaldo

no sorbas el caldo

y no te chorrees

que manchas la ropa.

Me carga la sopa.

Saúl Schkolnik

Chile

En Poemas para volar

SOPAIPILLAS

La señora Harina Fina

y don Zapallo Bayo

se juntaron

(como por casualidad)

con la pilla mantequilla

simplemente a conversar.

⎯Hagamos sopaipillas

⎯propuso don Zapallo.

⎯Iré por mi receta

(como por casualidad)

⎯ofreció la Mantequilla

deseosa de ayudar.

⎯Debemos revolvernos

para el amasijo

⎯dijo Harina y advirtió

(como por casualidad)

⎯cuidando de revolver,

¡es claro!, sin amasar.

⎯La masa que tenemos

se corta ahora en rodajas

⎯explicó Zapallo Bayo

(como por casualidad)

⎯y se les hacen agujeros,

que así no se han de inflar.

En aceite muy caliente

las pusieron a freír

y salieron sopaipillas

(como por casualidad)

redonditas y amarillas:

¡las mejores del lugar!

La chancaca y el limón,

el azúcar, la vainilla,

el palito de canela, y

(como por casualidad)

el pasar la sopaipilla:

tema es de otro cantar.

Saúl Schkolnik

Chile

En Poemas para volar

HUMITAS

Para comenzar,

diez choclos tiernos debes rallar.

Media cebolla cortada finita, finita,

fríe en forma separada.

Cuatro tomates gorditos

pelas y cortas en pedacitos.

Cuando lo anterior esté bien frito,

para darle más sabor

agregas, haciendo alharaca,

diez hojas picadas de albahaca,

sal, pimienta y aliños;

pero para los niños

pon azúcar y no sal.

(A mí me haces una igual.)

Ahora el problema

es mezclar de manera

que quede una crema bastante ligera.

Y ya es tiempo de que escojas

las mejores hojas.

Las lavas y estiras

y para armar las humitas

las amarras con tiras

de las mismas hojitas.

Las echas de golpe, ahora

en agua salada hirviendo

y las dejas cociendo

durante media hora.

¡Ya está completa!

Si te gustó, da las gracias a Pessy.

Ella escribió esta receta.

Saúl Schkolnik

Chile

En Poemas para volar

EL MOTE CON HUESILLOS

⎯¿Sabe? ⎯le dijo don Mote

a don Huesillo.

⎯Usted es un pillo.

Hace menos de una hora

lo vi arrugado y marchito,

lo miro ahora

y veo un globito.

⎯¡Quién habla!

⎯repuso don Huesillo.

⎯Si hace un instante

no era usted más grande

que un grano de trigo,

cuando de pronto…

¡Puf!

aparece gordo y redondo.

⎯¡Qué bien que lo note!

⎯se alegró el señor don Mote⎯.

Pero recuerde

que antes fui semilla verde

alojada en una espiga

dorada de trigo.

⎯Yo también tengo

un pasado esplendor

⎯respondió el Huesillo⎯.

Nací como flor

y fui luego durazno

rosado y jugoso

colgando en el sol.

Y añadió:

⎯Seamos amigos

y no discutamos,

¡qué importa ser chico,

ser grande o ser bello!,

si ambos estamos

con el agua hasta el cuello

en este “mote con huesillo”.

Saúl Schkolnik

Chile

En Poemas para volar

A QUÉ SABE

Ha venido el sol

del durazno

en un bocado.

En mi boca,

una siesta

de pulpa amarilla.

Una lluvia

de roce furtivo,

y luego

escandalosa tormenta.

Y también

tarde de escarcha,

y noche

de abundante estrella.

Ha venido a mi boca,

en un solo bocado

el sudor de un hombre

inclinado en el surco,

el cansancio

en la carne,

en los huesos,

el dolor,

el aire frío

en los pulmones,

el agobio del cuerpo

bajo el sol,

la lluvia,

la escarcha

y la noche.

Ha venido a mi boca

la extenuación

de una mujer

que alzó los brazos,

una

y otra

y otra vez

para traer este bocado,

esta pulpa dulce

de siesta,

hasta mi boca.

Laura Escudero Tobler

Argentina

LA SANDÍA

Cual si de pronto se entreabriera el día

despidiendo una intensa llamarada,

por el acero fúlgido rasgada

mostró su carne roja la sandía.

 

Carmín incandescente parecía

la larga y deslumbrante cuchillada,

como boca encendida y desatada

en frescos borbotones de alegría.

 

Tajada tras tajada, señalando

las fue el hábil cuchillo separando,

vivas a la ilusión como ningunas.

 

Las separó la mano de repente,

y de improviso decoró la fuente

un círculo de rojas medias lunas.

Salvador Rueda

España

CUCURUCHOS

Por el cielo navega

un barco manisero.

En el barco,

un cocinero que feliz

va friendo por montones

mil cometas retozones,

como si fueran

palomitas de maíz.

Al tenerlos

bien tostados,

dulcesitos o salados,

los va echando

en un cartucho

y se va por la galaxia

pregonando:

—¡A los ricos cucuruchos

de estrellitas

confitadas!

¡Los estamos regalando

por sólo una mirada!

Saúl Schkolnik

Chile

En Poemas para volar

(retozón:  RAE 1. adj. Inclinado a retozar o que retoza con frecuencia.)

EL PAN

El hombre busca el pan con un esfuerzo sobrehumano.

Dando saltos inverosímiles hacia el cielo,

con pesados andamios llenos de materiales

que alcanzarían para construir dos veces la tierra.

 

 

Sigue vetas imposibles más allá del espacio,

reteniendo la respiración aun donde el aire explota,

escarbando montañas más viejas que el tiempo,

descansando mucho menos que el sol, muchos menos que el agua,

más húmedo y solo que los metales hallados.

 

 

Es blanco el pan, es familiar como la madre;

pero él cuando lo encuentra después de un día de siega

o después de hacer un surco en el pecho del sol,

hundiéndose hasta la cintura en su materia candente,

lo descubre negro como un resto de desgracia o incendio,

lo tacta duro como si su dolor ya lo hubiera forjado,

lo gusta amargo como si lo hubiera avinagrado su fiebre,

lo siente triste como si lo llorara su cuerpo envejeciendo,

lo calla, avergonzado, como si todos sus hijos lo pidieran,

lo deja, tembloroso, como si se tocara su carne maltratada.

 

 

Este es el pan que desborda las bandejas,

y que en vez de dolor tiene gusto a mermelada,

y que en vez de sudor lo sirven en la boca

con delicadeza a toda hora los criados.

 

 

Esta es la historia del pan, la triste historia del pan,

pero el dueño de la hamaca lo muerde con despreocupación,

el invitado de honor lo parte con desgano,

y el niño consentido lo pide en forma de juguete.

 

 

Este es el pan, el terrible pan, el pan

que se esconde sobre el tiempo y debajo de la tierra,

el pan que alcanzan algunos después de quedar ciegos,

o perder ambas manos, o reventar en sangre.

 

 

El pan fino, el pan injusto, el pan

que encuentra otros con sólo perfumarse las manos

y ponerse un mágico anillo de piedras preciosas,

arrancándolo como por encanto de distracción o de robo

del canasto descuidado de la tierra atareada.

Efraín Barquero

Chile

MISIA CEBOLLA

Misia cebolla, cristal de escamas,

busca consuelo, cada mañana…

 

 

Sé que quisieras ser una pera,

volverte postre la vida entera.

Tampoco quieres perder la ropa,

cuando en la olla hierva la sopa.

 

Si en la cocina baila el aceite,

sin tu vestido, te harás deleite…

Aunque primero, encebollados,

lloren los ojos, acongojados.

 

¡Pobre cebolla, blanca y radiante,

capa sedosa, tan elegante!

Si fueras fruta, dulce y sabrosa…

¡Te sentirías la más hermosa!

 

 

Yo te recuerdo, mi cebollita,

sola cantaste canción de cuna,

fue cuando Hernández, tras de las rejas,

lloraba penas bajo la luna…

 

 

Y el gran Neruda te hizo una oda,

poeta inmenso, que frente al mar,

escribió versos para que nadie

tanta cebolla pueda olvidar…

María Alicia Esaín

Argentina

ODA AL MERKÉN

Concierto de la tierra mapuche

jolgorio de sabores ancestrales

cobrizo polvo esparcido

en médulas de cazuelas sureñas

 

Tu sabor quema y acaricia,

abraza un trago,

perfuma de amor los costillares

y el apetito revienta sobre el charquicán humilde

cuando hueles en el vaho

de las ollas invernales

 

El humo hizo nido

en tus sabores misteriosos

para transformarse, como un orgasmo,

en una danza febril de primaveras

 

Te esparzo ansioso

sobre el ñachi de cordero;

y junto al cilantro de mi huerto,

eres la cantata sublime

en las alboradas de enero.

 

Merkén:

digno tesoro de las rucas;

polvo de cobre sabroso

energía celestial

canto,

prosa,

misterio y poesía…

Juan Enrique Acuña

Chile

El jueves 8 de mayo de 2014, la autora e ilustradora argentina Didí Grau me escribió en el Facebook de Lectoaperitivos, “Hablando de la cebolla, Astrid, acá una historia que me contaron:”

En la cocina

de un restaurante,

el cocinero

se dispone a preparar

el plato del día.

“Lo primero,

es cortar la cebolla”,

se dice,

y le quita la piel

al lustroso bulbo.

En eso, la cebolla,

que estaba en medio de

una siesta,

molesta por tan brusco despertar,

lanza su queja:

Que no tiene por qué

participar de todos los platos.

Que al fin y al cabo

más gustoso es el ajo.

Que con él en las comidas

ella no es tan necesaria

y que la dejen, en fin,

un poco tranquila.

El cocinero,

conmovido como pocas veces,

duda unos instantes,

piensa si la condenada

tendrá esposo, hijos,

familia a quien cocinarle

o estará sola en el mundo

como lo está él.

Pero pronto vuelve el hombre

a la cocina y las recetas

y con sonoros

chac, chac, chac, chac,

la corta en finísimos trozos.

Él se debe a sus clientes,

qué tanto,

y si el plato lleva cebolla

no hay otra que ponérsela.

Sin embargo, no hay modo

de que no lagrimeen sus ojos

mientras la rebana.

Y sigue llorando, el pobre,

mientras la vuelca

en el aceite caliente

de la sartén.

Enseguida se deja oír

un frshhh, frshhh, frshhh,

sabroso y dorado,

que alegra el corazón del cocinero.

No me equivoqué, piensa.

Se enjuga las lágrimas

con papel tisú

y sigue cocinando.

Didi Grau

Argentina

La berenjena

su fulgor ha robado al vitral de una iglesia.

En su piel de uva y llanto

guarda toda la luz morada del ocaso.

Jorge Carrera Andrade

Ecuador

FRUTILLA

En las extremaduras

de mi país

afiebrado,

angosto,

germinaste,

en los parajes profundos.

Invisible y jaspeada

crecías salvaje

en los pastos suaves,

cercana a la felicidad

de las tranquilas familias,

y te nombraron

frutilla,

delicada,

ágil, blanquecina,

con los primeros

brotes de la inocencia

o los fervores

enmascarados.

Fuiste tú

la primera

adornadora

de suntuosos manjares

de una Francia deseosa

y deseada

te llamaron fraise de Chile,

pero nosotros

te decimos

frutilla;

los niños se enorgullecen cálidos

dando alegría

melodiosa

cuando te recogen

y te guardan en cestas frágiles,

cubiertas de paja y

domingos de ramos y flores;

frutilla

de la tierra del cielo,

dulce húmeda

y a veces agria,

apareces,

inesperada,

jamás inoportuna, como un rezo

o una vela

que alumbra el paladar

de los sencillos

de los que

en la frente

aún llevan

canasto de estrellas.

Marjorie Agosin

Chile

EL PAN FLAUTA

Todos los días toco

con el pan flauta,

un bailecito loco

que a mí me encanta.

 

 

Cuando clavo mi diente

en su barriga

toda mi boca siente

canción de miga.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

LA SOPA

Un ajo y una cebolla

y un caldo de anochecer,

que alcancen para la sopa

que nos vamos a beber.

Y una papa en cuatro partes,

un puerro cortado en tres

y un cucharón que remueva

lo que hay que remover,

el frío que trajo el día

cuando estaba por caer

al costado de la nube

que pusimos de mantel,

donde la sopa ya tiene

lo que tiene que tener,

un ajo y una cebolla

y una hojita de laurel.

María Cristina Ramos

Argentina

(Poema incluido en Rondas del agua,Nostra Ediciones, México.)

Viendo el programa de TVN Frutos del país, el día 9 de agosto de 2015, me encantó la Fiesta Costumbrista Chilota en la cual algún día espero poder participar.  Como un delicioso –y textual– Lectoaperitivo, les dejo este poema de una de sus principales impulsoras, la señora Sonia Catepillán Huinao, una williche chilena que despierta el apetito también con poesía…

POEMA A MI CURANTO

El curanto, mi señore

no es solo lo que se ve,

lleva cariño y paciencia

pa’ que lo deguste usté.

 

El curanto es historia

de nuestros antepasados,

la comida más perfecta

que ellos hayan inventado.

Es familia reunida,

es alegría y encanto.

Se van tejiendo ilusiones

alrededor del curanto.

Curanto que hizo mi abuelo,

él se lo enseñó a mi padre;

 a mí me lo enseñó mi madre

con mucha dedicación.

Yo se lo enseño a mis nietos,

¡que siga la tradición!

Sonia Catepillán Huinao

Chile

DE ÁRBOLES:  LAUREL

Laurel,

aromado,

gran condimento,

noble corona,

en la cocina

y en aquella Roma.

Duro tu cuerpo,

como el ciprés,

y oscuro.

Qué guiso no te tuvo

entre sus jugos.

Didi Grau

Argentina

4 Comentarios

  1. estan muy lindos los poemas peroooooooooooo yo quiero de Sarah flor jimenessssssssssssssssssssssssssssssssss

    • Hola Carlos!
      Por el momento, de la autora Sarah Flor Jiménez sólo está MI CABALLITO DE CHOCOLATE, precioso poema. Seguiré incluyendo otras obras de la autora, así que atento, que ya irás satisfaciendo tu apetito 😉
      Muchas gracias por tu comentario y sugerencia.
      Un abrazo,

  2. Me encantó este espacio. Soy Profesora de Idioma Español y usaré algunos textos con mi grupo FPB de Gastronomía. Muchas gracias por compartirlo.

    • ¡Qué bueno, María! Y qué mejor que agregar poesía y tradición oral a esas preparaciones? Que disfruten cada pedacito y no dejen de volver por más!
      Saludos :)

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