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Lectoaperitivos de poemas a personas y personajes

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Con esta magnífica ilustración de una Caperucita que definitivamente no le teme al lobo feroz y que nos ha compartido desde Cáceres, España la ilustradora y escritora Mar Azabal, les presento esta deliciosa mesa de lectoaperitivos.  Bon appétit!

CAPERUCITA

—Caperucita, la más pequeña

de mis amigas, ¿en dónde está?

—Al viejo bosque se fue por leña,

por leña seca para amasar.

—Caperucita, di, ¿no ha venido?

¿Cómo, tan tarde, no regresó?

—Tras ella todos al bosque han ido,

pero ninguno se la encontró…

—Decidme niños, ¿qué es lo que pasa?

¿Qué mala nueva llegó a la casa?

¿Por qué esos llantos?  ¿Por qué esos gritos?

¿Caperucita no regresó?

—Sólo trajeran sus zapatitos.

¡Dicen que un lobo se la comió!

Francisco Villaespesa

España

CAPERUCITA ROJA

Caperucita Roja visitará a la abuela

que en el poblado próximo postra un extraño mal.

Caperucita Roja, la de rizos rubios,

tiene el corazoncito tierno como un panal.

A las primeras luces ya se ha puesto en camino

y va cruzando el bosque con un pasito audaz.

Le sale al paso Maese Lobo, de ojos diabólicos

—”Caperucita Roja, cuéntame a dónde vas”.

Caperucita es cándida como los lirios blancos…

—”Abuelita ha enfermado.  Le llevo aquí un pastel

y un pucherito suave, que deslíe manteca.

¿Sabes el pueblo próximo?  Vive a la entrada de él”.

Y después, por el bosque, discurriendo encantada,

recoge bayas rojas, corta ramas en flor,

y se enamora de unas mariposas pintadas

que le hacen olvidarse del viaje del traidor…

El Lobo fabuloso de blanqueados dientes,

ha pasado ya el bosque, el molino, el alcor,

y golpea en la plácida puerta de la abuelita,

que le abre.  (A la niña ha anunciado el traidor).

A tres días el pérfido no sabe de bocado.

¡Pobre abuelita inválida, quién la va a defender!

…Se la comió sonriendo, sabia y pausadamente

y se ha puesto enseguida sus ropas de mujer.

Tocan dedos menudos a la entornada puerta.

De la arrugada cama dice el Lobo:  “¿Quién va?”

La voz es ronca:  “Pero la abuelita está enferma”,

la niña ingenua explica:  “De parte de mamá”.

Caperucita ha entrado, olorosa en bayas.

Le tiemblan en la mano, gajos de salvia en flor.

“Deja los pastelitos; ven a entibiarme el lecho”.

Caperucita cede al reclamo de amor.

De entre la cofia salen las orejas monstruosas.

“¿Por qué tan largas?”, dice la niña con candor.

Y el velludo engañoso abrazado a la niña:

“¿Para qué son tan largas?  Para oírte mejor”.

El cuerpecito rosa le dilata los ojos.

El terror en la niña los dilata también.

“Abuelita, decidme:  ¿por qué esos grandes ojos?”

“Corazoncito mío, para mirarte bien…”

Y el viejo Lobo ríe, y entre la boca negra

tienen los dientes blancos un terrible fulgor.

—”Abuelita, decidme:  ¿por qué esos grandes dientes?”

—”Corazoncito, para devorarte mejor…”

Ha arrollado la bestia, bajo sus pelos ásperos,

el cuerpecito trémulo, suave como un vellón;

y ha molido las carnes, y ha molido los huesos

y ha exprimido como una cereza el corazón.

Gabriela Mistral

Chile

Para no quedarnos con el sabor amargo del final de Caperucita Roja —que la Mistral cuenta como lo contara Perrault, es decir, sin leñador ni salvación como los Grimm— les invito a ver este trailer del libro publicado por Editorial Amanuta con ilustraciones de Paloma Valdivia y comentario crítico de Manuel Peña Muñoz… ¡Una maravilla!

ESTEBAN PIRO: UN ESPANTAPÁJAROS MUY DIVERTIDO

Todos los gorriones

se acercaban al huerto,

comían pequeñas porciones

y sólo dejaban los huesos.

Un buen día apareció

Esteban Piro,

espantapájaros mayor

de todos los caminos.

Conocedor de La Sierra,

de gorriones y niños.

Cuidaría la huerta

haciéndole guiños.

Los pájaros al verlo

aleteaban de risa

y Esteban Piro muy serio

les hacía caricias.

Es un espantapájaros,

le gustan las cosquillas

y guarda en un cántaro

ricas semillas.

¡Cuida el huerto!

Los niños le decían

y Esteban Piro

ni caso les hacía.

Todos los pájaros

a él acudían,

en su cántaro

semillas encontrarían.

Movía los brazos

al son del viento,

dándose codazos

con tanto movimiento.

En el huerto crecen

verduras y hortalizas.

Los pájaros sólo cogen

del cántaro sus semillas.

¡Vaya espantapájaros,

sólo tiene amigos!

Aquí lo dejamos…

Con los pájaros y sus nidos…

Encarni Ruiz Vázquez

España

ADIVINA, AMIGO LECTOR

Adivina, amigo lector:

hay un niño debilucho

muy travieso y hablador…

—¡Que se llama Papelucho!

Ahora sí te quiero ver:

Garfio era un capitán…

¿Y el personaje que no quería crecer?

—¡El personaje, Peter Pan!

Muy chiquito y bien vestido,

saltaba desde un bolsillo

para hablar al oído…

—¡El pequeño Pepe Grillo!

En el jardín amurallado

vivía sin perder de vista

a los niños del poblado…

—¡Era el Gigante Egoísta!

Vaya que me has ganado,

nunca te pude sorprender.

¿Y cómo lo has logrado?

—¡Me gusta jugar y leer!

Héctor Hidalgo

Chile

En Receta para espantar la tristeza

GATO CON BOTAS

Gato con Botas salió de paseo,

Gato con Botas salió a pasear.

Las botas lustradas, aludo sombrero,

erguidos mostachos, espada y demás.

Cantaban las nubes en la mañanita;

cantaban las flores con suave cantar.

Camino adelante, erguido y ufano,

el gato marchaba sin mirar atrás.

Cruza diez ciudades de torres azules,

ríos caudalosos, montañas, el mar…

Las aves lo miran marchar, asombradas,

¿el Gato con Botas hacia dónde irá?

Cruza diez ciudades de torres azules,

ríos caudalosos, montañas, el mar…

Y un campo aparece, florecido en lirios,

frescas amapolas y flores de azahar.

a un grillo que pasa, sonriente y garboso,

pregúntale el gato con suave ademán:

—Amiguito Grillo, ¡salú y buenas tardes!

Ratoncito Pérez, ¿vive por acá?

—Pues… marcha aún un poco, camino adelante,

y entre lirios frescos y flores de azahar,

en casa pequeña, de blancas paredes,

con hijos y nietos, Ratoncito está.

Y Gato con Botas siguió su camino,

siguió su camino sin mirar atrás.

¡El Grillito humilde quedóse mirando

sus botas lustradas, espada y demás!

¡Tan!…  ¡Tan!…  —¿Quién golpea mi puerta a estas horas?

—Soy yo, Ratón Pérez, ábreme y verás…

—¿Quién eres? –responde la voz desde adentro.

—¡El Gato con Botas!… ¡Abrid, no temáis!

—¿El Gato con Botas?… ¡Ah, no!  Ratón Pérez

al Gato con Botas nunca le abrirá.

—Abre, Ratón Pérez, ¡de mí ya no temas!,

por bosques y prados vamos a pasear.

Caminemos juntos por entre los lirios,

por entre amapolas y flores de azahar.

Ratoncito Pérez, desde lejos vengo,

¡ya somos muy viejos para pelear!

Abrió Ratón Pérez.  Sus ojos pequeños

apenas, apenas, si pueden mirar.

Asombrado mira, del Gato con Botas,

las botas brillantes, espada y demás.

Después…, ya no duda, se pone a su lado

y lentos, muy lentos, comienzan a andar.

¡Ratoncito Pérez y Gato con Botas,

y Gato con Botas se van a pasear!

Juntos caminaron por entre los lirios,

por entre amapolas y flores de azahar.

Temblando de miedo, los grillos exclaman:

—¡Ay del Ratón Pérez!  ¿Qué daño le hará?

Pero Ratón Pérez y Gato con Botas

por bosques y prados se van a pasear…

Sonríen las nubes al verlos tan juntos.

Sonríen los lirios y flores de azahar.

Ricardo E. Pose

Argentina

CENICIENTA

Levemente, suavemente te presiento,

como un vago pensamiento

que se siente y no se ve.

Cenicienta, ¿dónde has ido?

En mis manos sólo queda

–oro y seda–

un jirón de tu vestido

y la leve zapatilla de tu pie…

¿Dónde fuiste, sombra…, bruma…,

flor de espuma?

Y el silencio me responde:

—¡No sé dónde

pasa siempre ya se fue!

Francisco Villaespesa

España

ROMANCE DE BLANCA NIEVES

Enanitos del bosque

la visten de pasionarias,

zapatos de oro le han hecho

con el hilo de sus barbas,

y en capita de cristal

la llevan con luminarias.

—Acércate a Blanca Nieves,

príncipe que vas de caza:

dinos si los cisnes son

tan blancos como su cara.

Al inclinar la cajita

la niña resucitara…

¡Qué redobles de tambor!

¡Cómo suenan las bombardas!

En los palacios del rey

Blanca Nieves se casaba.

R. Olivares Figueroa

Venezuela

(pasionarias)

BLANCA NIEVE EN LA CASA DE LOS ENANOS

De la barranca, la niña

miró a la loma cercana;

ya se apretaba la noche

como una negra cuajada.

En lo alto de una loma

está encendida una casa,

y pestañea en la sombra

como una madre que llama.

Blanca Nieve sube, sube,

y golpea atribulada.

Todo sigue en el silencio,

que la casa está encantada;

tan sólo laten adentro,

dulcemente, siete lámparas.

La niña empuja la puerta;

se le abre como dos alas.

La casa sigue tan muda

como si ha siglos callara.

Blanca Nieve va pasando

con temblor, de sala en sala.

Hay un comedor pequeño,

que en cien aromas se exhala.

En la mesa hay siete platos;

en los platos siete viandas;

junto a ellos, dobladitas,

siete servilletas blancas;

hay siete ramos de flores;

siete ampollas de sal cándida;

siete sillas chiquititas,

del porte de una castaña;

en las sillas siete paños

con siete cifras grabadas,

y la paz que hay en los sueños,

en la casa se derrama.

Y Blanca Nieve la mesa

mira, contenida y pálida.

Tiene un hambre tan tremenda,

que todo lo devorara;

pero sólo va pasando,

como un ladrón, empinada,

y despunta un bocadito

de cada sabrosa vianda…

Aunque tiembla del espanto,

va siguiendo a la otra sala.

Hay un dormitorio blanco

que cabe en una mirada,

y tiene siete camitas

tan suaves como la nata;

son del largo de un jazmín

las menuditas almohadas;

las colchas son siete hojas

de una col encenizada.

Con qué miedo Blanca Nieve

se va acercando y las palpa,

y sonríe cuando ve

que no se le desbaratan.

Elige una que está oculta

y se tiende fatigada,

como una gota de agua

que en otra gota descansa.

Duérmese profundamente,

y su respirar se apaga;

se le oye el corazón

como grillo en una caja.

Llegaron los siete enanos.

Riendo entran en la casa,

y se sientan a la mesa

y se cruzan sus miradas.

—¿Quién se ha sentado en mi silla?

—¿Y quién probó de mi vianda?

—¿Y quién pellizcó mi pan?

—¿Y quién mordió mi tostada?

—¿Quién cambió mi tenedor?

—¿Quién dio más luz a mi lámpara?

—¿Y quién probó de mi vino?

—¿Quién vació mi limonada?

Gritan todos, y el asombro

sus breves ojos agranda,

y van hacia el dormitorio,

llevando sus siete lámparas.

Y van entrando miedosos,

y va a estallar su algazara:

¡Alguien se acostó en mi lecho!

¡Han movido las almohadas!

Y grita uno desde el fondo:

—¡Hay una niña en mi casa!

Corren con sus siete luces

los enanos a mirarla,

y le hacen una aureola

grande junto a la cara.

—¡Ay, qué hermosa!  –dicen todos–,

y qué grande, es como un haya.

Y uno le toca las sienes,

otro le mide la espalda,

y Blanca Nieve, por fin,

despierta entre la algarada.

Los va mirando, mirando,

y su risa se desata.

Son pequeños como siete

almendritas claveteadas,

y para que ella los vea

se empinan como las llamas.

En el regazo le caben;

los siete a una vez abraza…

Entonces les va contando

de su tremenda madrastra

y del cazador que al hombro

le cargó como alimaña.

Y ellos, conmovidos, lloran

sin cansarse de mirarla.

Le dicen nombres de flores;

“olor de salvia mojada”,

“cuesta con almendros blancos”,

“vertiente de la montaña”.

Y ella pregunta sus nombres.

Dicen:  —Yo me llamo Plata.

—Yo me llamo Estaño Azul.

—Y yo Barbazas, Barbazas.

Y le cogen las orejas.

Le dicen:  “almejas blancas”,

y miden sus dedos largos;

“caracolazos” los llaman.

Y por fin la van durmiendo

con canción enamorada.

“Duerme hasta que cante el gallo

de cresta más encarnada

y se cuelguen los murciélagos

y muja largo una vaca.

“Te espantan los siete enanos

los monstruos de la montaña;

el lagarto volador,

la catarina giganta;

el que se parece al musgo

y que sube hasta la almohada,

y la culebra más negra

que a la medianoche baja.

“Para que el cuerpo no encojas

juntamos las siete camas,

y los enanos te velan

en cerco de siete espadas.

“Los duendes de los metales

te cuidan mejor que tu alma.

Duerme hasta que el gallo cante

y muja largo una vaca”.

Gabriela Mistral

Chile

(algazara:  RAE 2. f. Ruido, gritería, aunque sea de una sola persona.  haya  algarada:  RAE 3. f. Tumulto causado por algún tropel de gente.  alimaña:  RAE 2. f. Animal perjudicial a la caza menor; p. ej., la zorra, el gato montés, el milano, etc  catarina)

¿Veamos el trailer del libro publicado por Editorial Amanuta?  Las ilustraciones son de Carles Ballesteros y el libro incluye el comentario crítico de Manuel Peña Muñoz… ¡No se lo pierdan!

RONDA DE LOS ENANOS

I

Los enanos en la arena

hacen ronda con la nena.

Ronda, ronda que te ronda,

y la luna bien redonda.

Ronda que ronda rondón,

y a cada enano un turrón.

Ronda que ronda rondel,

y a la nena un cascabel

de oro fino y del mejor,

que la nena es un primor.

Ahora pasa cada enano

con la nena de la mano.

A unos el nombre les sé,

de los otros me olvidé.

II

Ahí viene el enano blanco

que baila en un solo zanco,

de punta sobre su pata

como un trompito de plata.

Colgado de un hilo en vilo,

baila sin pausa ninguna,

y el ovillo de la luna

pone el hilo,

que usted se puede comer

porque vuelven a crecer.

Este es el enano azul

que guardado en un baúl

tiene el príncipe Gandul

que reina sobre el Kabul.

Ahí viene el enano rojo

montado en un ganso cojo

porque sufrió esa avería

en una juguetería.

Y el enano naranjado,

y el enano violeta,

y el que tiene la chaqueta

de clavel disciplinado…

Ronda que ronda rondín,

y ahora pasan al jardín.

III

Miren aquel de los rizos

que son granizos postizos.

Y este que ata con neblina

sus barbas de escarcha fina.

Y la nena que traviesa

rulos y barbas les mesa.

Cada cual lleva un farol

la nena un chal tornasol.

Ahí va el enano Bamboche

vestido de negro noche;

con su carota borracha

como una gran remolacha.

Y en el rico terciopelo

de jubón, trusa y chinelas,

terciopelo y lentejuelas

pone el cielo.

Ahí viene el enano verde

que parece un renacuajo,

con su boca como un tajo

y una manzana que muerde

con dos dientes de cristal

y un colmillo de metal.

Este es el enano Alfil,

el que toca el tamboril.

Ahí va el enano amarillo

con sus piernas de tornillo,

su barriga de acordeón

y su morrión fanfarrón.

Y a compás la ronda gira,

con la música que da

cuando se encoge y se estira:

Tira lira tiralá.

Leopoldo Lugones

Argentina

(jubón.  trusa: RAE 2. f. Arg., Méx., Perú y Ur. braga (‖ prenda interior).  chinelas)

COSAS DEL CID

Cuenta Barbey, en versos que valen bien su prosa,

una hazaña del Cid, fresca como una rosa,

pura como una perla.  No se oyen en la hazaña

resonar en el viento las trompetas de España,

ni el azorado moro las tiendas abandona

al ver al sol el alma de acero de Tizona.

Babieca, descansando del huracán guerrero,

tranquilo pace, mientras el bravo caballero

sale a gozar del aire de la estancia florida.

Ríe la primavera, y el vuelo de la vida

abre lirios y sueños en el jardín del mundo.

Rodrigo de Vivar pasa, meditabundo,

por una senda en donde bajo el sol glorioso,

tendiéndole la mano le detiene un leproso.

Frente a frente el soberbio príncipe del estrago

y la victoria, joven, bello como Santiago,

y el horror animado, la viviente carroña

que infecta los suburbios de hedor y de ponzoña.

Y el Cid tiende la mano al siniestro mendigo,

y su escarcela busca y no encuentra Rodrigo.

“—¡Oh Cid, una limosna!”, dice el precito.  “—¡Hermano,

te ofrezco la desnuda limosna de mi mano!”,

dice el Cid; y quitando su férreo guante extiende

la diestra al miserable, que llora y que comprende.

Tal es el sucedido que el condestable escancia

como un vino precioso en su copa de Francia.

Yo agregaré este sorbo de licor castellano:

Cuando su guantelete hubo vuelto a la mano

el Cid siguió su rumbo por la primaveral

senda.  Un pájaro daba su nota de cristal

en un árbol.  El cielo profundo desleía

un perfume de gracia en la gloria del día.

Las ermitas lanzaban en el aire sonoro

su melodiosa lluvia de tórtolas de oro;

el alma de las flores iba por los caminos

a unirse a la piadosa voz de los peregrinos,

y el gran Rodrigo Díaz de Vivar, satisfecho,

iba cual si llevase una estrella en el pecho.

Cuando de la campiña aromada de esencia

sutil, salió una niña vestida de inocencia,

una niña que fuera una mujer, de franca

y angelical pupila, y muy dulce, y muy blanca.

Una niña que fuera un hada, o que surgiera

encarnación de la divina Primavera.

Y fue al Cid y le dijo:  “—Alma de amor y fuego,

por Jimena y por Dios un regalo te entrego:

esta rosa naciente y este fresco laurel”.

Y el Cid sobre su yelmo las frescas hojas siente,

en su guante de hierro hay una flor naciente,

y en lo íntimo del alma como un dulzor de miel.

Rubén Darío

Nicaragua

(estrago:  RAE 1. m. Daño hecho en guerra, como una matanza de gente, o la destrucción de la campaña, del país o del ejército.  escarcela:  RAE 4. f. Parte de la armadura que caía desde la cintura y cubría el muslo.  precito:  RAE 1. adj. Condenado a las penas del infierno, réprobo.  condestable:  RAE 1. m. En la Edad Media, hombre que ejercía la primera dignidad de la milicia.  escanciar:  RAE 1. tr. Echar el vino, servirlo en las mesas y convites.)

CASTILLA

El ciego sol se estrella

en las duras aristas de las armas,

llaga de luz los petos y espaldares

y flamea en las puntas de las lanzas.

El ciego sol, la sed y la fatiga.

Por la terrible estepa castellana,

al destierro, con doce de los suyos

–polvo, sudor y hierro–, el Cid cabalga.

Cerrado está el mesón a piedra y lodo…

Nadie responde.  Al pomo de la espada

y al cuento de las picas el postigo

va a ceder…  ¡Quema el sol, el aire abrasa!

A los terribles golpes

de eco ronco, una voz pura, de plata

y de cristal, responde…  Hay una niña

muy débil y muy blanca

en el umbral.  Es toda

ojos azules, y en los ojos, lágrimas.

Oro pálido nimba

su carita curiosa y asustada.

“—Buen Cid, pasad…  El rey nos dará muerte,

arruinará la casa

y sembrará de sal el pobre campo

que mi padre trabaja…

Idos.  El cielo os colme de venturas…

¡En nuestro mal, oh Cid, no ganáis nada!”

Calla la niña y llora sin gemido…

Un sollozo infantil cruza la escuadra

de feroces guerreros,

y una voz inflexible grita:  “—¡En marcha!”

El ciego sol, la sed y la fatiga.

Por la terrible estepa castellana,

al destierro, con doce de los suyos

–polvo, sudor y hierro–, el Cid cabalga.

Manuel Machado

España

(nimbar:  RAE 1. tr. Rodear de nimbo o aureola una figura o imagen.)

LA BELLA DEL BOSQUE DURMIENTE

A mi hermana

Princesas de cuento, princesas,

las más bellas y poderosas,

que como brazada de rosas

llevan su carga de sorpresas.

Las más cintilantes y puras,

pero que, inocentes y audaces,

en inconcebible aventura

se dan en amores tenaces…

Y la de este cuento es princesa

como no la ha habido mejor,

que nunca en realeza y belleza

más alta princesa hubo amor.

“Una cunita suspendida

entre dos coronas reales,

donde hay una niña dormida

como rosa entre dos rosales.

“El paisaje, un quieto y silente

atardecer de primavera.

Para la futura Durmiente,

¿qué otro paisaje mejor fuera?…

“El rey está pálido y grave,

el goce le pone severo:

la reina cobija suave

rubor en el rostro hechicero.

“Diez hadas madrinas rodean

su gracia en la cuna de plata,

y un suave viento juguetea

en aquel paisaje escarlata.

“Las hadas le donan apriesa

belleza, talentos, fortuna

y nunca, ninguna princesa

más bienes obtuvo en la cuna.

“Claro está que no faltó una hada,

gota de ajenjo en la alegría,

con sus ojos de encrucijada

y su boca negra y vacía.

“Y fue una rueca su instrumento…

Nada sin ella sucediera…

¡Nunca en maravilloso cuento

la Bella del Bosque durmiera!

“Nunca de su sangre una gota

tiñera nuestra fantasía

inesperadamente rota

en centelleante mediodía.

“Nunca, en deshojarse de rosas

en tardes grises otoñales,

cayeran personas y cosas,

princesas y pavos reales.

“Creció maleza y dura espina,

tal, que no hay hacha que la hienda

hasta que hasta allí se encamina

el príncipe de la leyenda.

“El beso maduró cien años

para hacerse fruta de encanto

y fuerte rompedor de engaños

y blando enjugador de llanto;

“tañedor de campanas muertas

y encendedor de sol y luna,

lámpara en las salas desiertas

por el embrujo de la cuna,

“oriente en las perlas dormidas

en el seno de la princesa

y sobre todo fuego y vida

en la roja boca que besa.

“Latido profundo en el pecho

que a la vida el amor aúna,

mientras se atraviesa en el lecho

un despierto rayo de luna”.

Princesa, qué bien que soñamos

para que se aquiete la vida,

para que durmiéndonos vamos,

princesa en el Bosque Dormida…

María Monvel

Chile

(apriesa:  RAE 1. adv. m. aprisa. U. c. vulg.)

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Ilustración de Marad

EL ESPANTAPÁJAROS

Estaba un espantapájaros

algo triste y aburrido,

esperando que salieran

los pájaros de sus nidos

Mirando al cielo esperaba

que alguno le fuera a ver,

sabiendo que por su nombre

le deberían temer.

Un día al atardecer

un mochuelo despistado,

posándose en su sombrero

apareció desolado.

¿Qué te pasa pajarillo?

Qué alegría me da verte,

le dijo el espantapájaros,

sintiéndose muy alegre.

Pero asustado el mochuelo,

tras una rama voló,

y el muñeco entristecido

dos lágrimas derramó.

El pajarillo escondido

viendo su enorme dolor,

volvió de nuevo a su lado

y en su hombro se posó.

No quería hacerte daño,

no era mi intención,

le dijo el espantapájaros,

es que me asustó tu voz.

No tengo muchos amigos

dijo el mochuelo hablador,

siempre me siento muy solo.

Y le abrió su corazón.

Pues yo con mi aspecto humano

tampoco soy muy feliz,

le dijo el espantapájaros,

todos se alejan de mí.

El hombre por ser un hombre

siempre ignora mi presencia,

y a vosotros os doy miedo

y no me queréis tener cerca.

Hablando el espantapájaros

se le quebraba la voz,

y emocionado el mochuelo

en la cara le besó.

Marisa Alonso Santamaría

España

(mochuelo)

LA CENICIENTA

Cenicienta, Cenicienta,

pegada al fogón se pasa

y el hollín la va cubriendo

como penitente saya.

Con la ardentez de la hoguera

se quemaron sus pestañas;

de lavar grandes mosaicos

quebrada tiene la espalda.

De amigas tiene la leña

que en el fogón arde y salta,

las sartenes hervidoras

y cuatro ratitas blancas.

Su madrastra sólo quiere

las hijas de sus entrañas;

las besa de sol a sol

y las tiene regaladas;

esclavos les dan masaje

y camareras las bañan

y entre sus brocados rojos

descansan congestionadas.

Mas son feas como el susto

de medianoche cerrada…

A veces las dos se acuerdan

de la pobre Encenizada

y le dicen:  “Ea, ven,

péinanos, que tienes gracia,

abróchanos las hebillas

y venos tejer la danza”.

Y la pobre Cenicienta,

con una tierna mirada,

les anuda los cabellos

y arrodillada las calza.

Un día el rey dio una fiesta

por ver gracia derramada.

Para asistir a la fiesta

se preparan las hermanas.

Está ya hace cuatro días

sobre ellas la Encenizada

depilándoles las cejas,

amasando sus gargantas,

enseñando reverencias,

corrigiéndoles la danza…

Tiene quemados los dedos

de rizarlas y rizarlas;

de ceñirles la cintura

se rinde desventurada.

Y bailan siempre como ocas

y caminan desgarbadas.

Al fin se fueron al baile

y se apagó su rumor.

¡Ay!, qué callada la noche

para oírse el corazón,

¡la Cenicienta que llora

apegadita al fogón!

La llama del fuego brinca

distrayendo su aflicción;

las cuatro ratitas vienen

a mirarla alrededor.

Pero Cenicienta tiene

(¡ay!, ¡bendito sea Dios!)

hada que fue su madrina

y que se llama Esplendor.

cuando los criados duermen

con silencio de ilusión,

va abriendo puertas y puertas

y llegando hasta el fogón,

—¡Ah!, mi Cenicienta –dícele–,

ábreme tu corazón.

¿No quieres ir a la fiesta?

¿Lloras por eso mi amor?

Dícele la pobrecilla:

—Soy la hija del Tizón;

y la ceniza me cubre

hasta el mismo corazón.

El hada va sacudiéndole

con el aliento el hollín:

Cenicienta va quedando

desnuda como un jazmín.

La va mirando, mirando

y el mirarla es un cubrir

su cuerpo de velo de oro,

amaranto y carmesí.

—¡Ay!, ¡madrina!, ¿y mi carruaje?

—Hijita, ya vas a ver.

—¡Ay!, ¡madrina!, ¿y mis lacayos?

—Hijita, vienen también.

—¡Ay!…  ¿y mis palafreneros?

—Hijita, déjame hacer…

Las cuatro ratitas blancas

se hicieron caballos árabes

y los lagartos azules

dos lacayos fulgurantes,

y la calabaza vuelta

concha perla, fue carruaje.

—Mi ahijada Cenicienta,

¡acabaste de nacer!

No te reconoce tu ogro

de madrastra si te ve.

Ahora corres al baile

y bailarás como un pez:

pero por la medianoche

te despides sin volver,

porque el encanto termina

cuando el día alza la sien.

¡Cómo galopa el carruaje,

que en momentos no se ve

y la calabaza entra

en el palacio del rey!

Está el baile en su comienzo:

la sala alumbra mil lámparas

y los tocadores hieren

misterios de cobre y plata.

Del resplandor del palacio

la misma noche se aclara;

el baile se va tejiendo

a lo largo de cien salas,

y parece que es la tierra

la desposada que danza.

Rigen el rey con el príncipe

esta noche apasionada

y el orden de las parejas

que parecen marejadas

y de repente las guzlas

como los cobres se paran;

se vuelven todos los rostros:

¡va entrando la Encenizada!

Con tanta gracia camina

como la nube dorada;

con tal donaire saluda

que es como si se donara.

Aún vacilaba el príncipe

como el ciervo entre dos aguas.

Al verla sale a su encuentro

como quien entrega su alma.

Sobre la pareja cae

el millón de las miradas

y ellos pasan entre todos

ligeros como dos llamas.

Al sonar la medianoche

Cenicienta se separa

y sube al carruaje que

como jabalina escapa.

Cuando ya llegaba el día

volvieron las hermanastras

y despertó el mundo entero

al escuchar su algazara.

Desde el profundo fogón

Cenicienta viene, cándida,

y pregunta cómo ha sido

el baile de las hermanas.

Y las ogresas le cuentan

de la noche iluminada,

de la música de fuego

y de la princesa extraña

que al salir dejó la fiesta

como novia amortajada.

El rey renovó el convite

para la noche cercana,

y las ogresas partieron

en su carroza escarlata.

Y la pobre Cenicienta

en torno al fogón quedaba;

del fogón iba a la puerta

empinadita del ansia.

Llegó el hada Resplandor

y empezó a hermosearla

hasta hacerla grande de oros

como la noche estrellada.

(¡Ay, cómo va galopando

el trineo de las ratas,

y los lagartos azules

y la veloz calabaza!).

Cenicienta fue hacia el príncipe:

el príncipe le tendió

una mano en que los pulsos

se hacían puro temblor.

Pasa como un torbellino

la pareja del amor

y los ojos de las damas

echan desesperación.

Cenicienta tiene miedo

de oírse la propia voz,

porque está viviendo un sueño

tan perfecto como Dios.

Al llegar la medianoche

no oyó sonar el reloj

y al bajar las escaleras

su zapatito saltó…

Al otro día salieron

desde el palacio real

cuarenta heraldos voceando

pregón de Su Majestad:

—Que las mozas comarcanas

que el rey invitó a bailar

dejen probar en sus plantas

un zapato de cristal;

que a la dueña el mismo día

va el príncipe a desposar.

Se abrieron todas las casas

como vivas de ansiedad,

y las jóvenes hicieron

maravillas por calzar

el zapato más menudo

que la ampolla de la sal.

A casa de Cenicienta

golpeando ahora están

los heraldos.  Y las mozas

con qué jadeante afán

prueban y prueban gimiendo

el zapato sin igual.

Y del fogón Cenicienta

avanzando luego va

y las ogresas se ríen

cuando la ven alargar

su piececito de almendra,

vivo de felicidad.

Y se van enmudeciendo

las ogresas, al mirar

que el piececito se queda

en el cuenco de cristal;

y se van poniendo rojas

y terminan por llorar

viendo que la Cenicienta

con el zapato echa a andar.

Y aquella misma mañana

desposó el príncipe Sol

a María Cenicienta

veladora del tizón,

hija de ninguna madre,

desnudita hija de Dios…

Gabriela Mistral

Chile

Veamos el trailer de Editorial Amanuta para este precioso poema cuyo libro incluye un interesantísimo comentario crítico de Manuel Peña Muñoz:

¿SON USTEDES?

¿Son ustedes los duendes,

los elfos y las hadas,

los gatos rojiverdes

y las lauchas moradas

los seres invisibles

que bajo cada cama

de los niños del mundo

esperan la mañana?

¿Son ustedes los magos

que entran en sus sueños

y les cuentan historias

desde que eran pequeños?

¿Son ustedes las hadas

que cantan en silencio,

hablan bien despacito,

bailan al son del viento?

¿Son ustedes los que ríen

y cuentan que la luna

en las noches se pone

un collar de cuncunas?

¿Son ustedes acaso

los que siempre hacen soñar

a los niños del mundo

un día poder volar?

Jacqueline Balcells

Chile

¿QUIÉN SERÁ EL LADRÓN?

Josefina, Josefina,

¿Qué buscas en el rincón?

¿Tu muñeca de trapo

o el autito de Simón?

¡Ya sé lo que buscas!

Se perdió tu almohada,

tus sábanas con flores

y también tu frazada.

¿Qué ha sucedido?

¡Tu cama está vacía;

ni siquiera está el

colchón,

y nadie lo sabía!

¿Quién será el ladrón?

Te lo voy a contar:

un duende goloso

que quiere descansar

tendido en tu colchón

como tú lo haces

soñando con flores

y estrellas fugaces.

El duende no sabe:

para soñar hadas

no hay que ser goloso,

comer ensaladas,

repollo y lechugas,

leche con bananas,

papas con chuchoca,

peras y manzanas.

Pocos chocolates,

menos caramelos,

pan sólo un poquito,

ojalá de centeno.

Así se dormirá

tranquilito y feliz

soñando princesas

de pelo rojo y gris.

Duende comilón,

¡devuelve la almohada,

la sábana, el colchón,

también la frazada!

Si no lo haces luego,

mi papá se enojará

y te dará una tunda

que nunca olvidarás.

Jacqueline Balcells

Chile

¿DIFERENTES?

Este duende gordo

no comió pastel

quiere ser delgado

como un alfiler.

Este duende flaco

se comió el pastel

y quedó tan gordo

como un cascabel.

María Luisa Silva

Chile

Junto a esta preciosa ilustración de la artista chilena Gabriela Germain Fonck, disfrutemos del poema EL HADA LUCÍA…

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EL HADA LUCÍA

El hada Lucía

es como un confite.

Gustosa, colorida,

sonriente convida

risas y emociones.

Como un ventarrón.

Picarona, intensa,

confunde veletas.

Espanta tormentas.

Nubes tenebrosas

se asustan, se alejan.

El hada Lucía

es como un jardín.

Reparte colores,

bichitos, balcones

un trébol y sol.

María Mercedes Córdoba

Argentina

A JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, ZENOBIA Y PLATERO

Dicen que una amapola

pintó a Zenobia la cara,

y la luna de plata

a Juan Ramón la barba.

Dicen que un rayo de luz

a Moguer dibujó

con un cielo tan azul

y “Platero y yo” nació.

Dicen que las olas

a Juan Ramón llamaban,

y él escribía

mientras las escuchaba.

Dicen que a Platero,

todos se acercaban.

Los niños de Moguer

siempre lo acariciaban.

Dicen que los días

todos se alargaban,

cuando el Poeta vivía

rodeado de palabras.

Encarni Ruiz Vásquez

España

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DOÑA PITO PITURRA

Doña Pito Piturra

tiene unos guantes;

Doña Pito Piturra,

muy elegantes.

Doña Pito Piturra

tiene un sombrero;

Doña Pito Piturra,

con un plumero.

Doña Pito Piturra

tiene un zapato;

Doña Pito Piturra,

le viene ancho.

Doña Pito Piturra

tiene unos guantes;

Doña Pito Piturra,

le están muy grandes.

Doña Pito Piturra

tiene unos guantes;

Doña Pito Piturra,

lo he dicho antes.

Gloria Fuertes

España

ONCE CUENTOS

El Principito

cuida una flor.

Ha comprendido

lo que es amor.

Alicia vive

en el país

de maravillas.

¿Tendrá parchis?

Pierde un zapato

La Cenicienta

y desde entonces

no es asistenta.

¿Por qué el patito

era tan feo?

Después fue cisne

por chapoteo.

Las zapatillas

eran muy rojas.

Bailaban siempre

en cuerdas flojas.

Caperucita

Roja y valiente.

Encuentra al lobo

que engaña a gente.

Este Pinocho

es de madera.

Su nariz crece.

¡No es verdadera!

Son dos hermanos

Hansel y Gretel

la bruja mala

les da un pastel.

Toca el flautista

de Hamelin

La melodía

no es para ti.

Solo una lámpara

tiene Aladino

Consigue todo

Es un cansino.

Era El gigante

siempre egoísta

todos los niños

le dan la pista.

Luz del Olmo

España

ABRACADABRA

Abracadabra…

Quiero ser tu hada madrina.

¿Me das permiso?

Tengo entre el bolsillo

mi varita mágica

para convertirte en duende.

Tengo también

una calabaza enorme

para transformar en carroza

y pasear por las calles contigo.

Pero si prefieres ir volando

hay una escoba en la cocina.

La puedo embrujar

especialmente para ti.

Y los dos, hechizados,

saldremos a dar la vuelta al

mundo

mientras gira la Tierra

y todos duermen.

Quiero ser tu hada madrina

tu ángel de la guarda

tu bruja de cabecera

o, al menos,

tu amiga secreta.

¿Me das permiso?

Yolanda Reyes

Colombia

OSO-ROJO-CARIÑOSO

Yo era una bruja aburrida,

siempre sola entre los sapos,

salí a pasear en mi escoba

para divertirme un rato…

A Oso-Rojo-Cariñoso

una mañana encontré

con príncipes y princesas,

duendes y brujas también.

Por ser bruja de laguna,

vivo muy sola en el campo

–le comenté al Oso-Rojo–

¡Tanta gente es un encanto!

Entonces el Oso-Rojo

a un baile me convidó.

Había una orquesta de grillos,

estaba un pato silbón.

Oso-Rojo-Cariñoso

pronto nos sacó a bailar,

a las brujas y a los duendes

y también a los demás…

Cuando terminó la farra

un globo me regaló

y como era cariñoso

diez mil besitos me dio.

Después regresé a mi cueva

y a mi caldero aburrido,

pero volví muy contenta…

¡Tenía un montón de amigos!

María Alicia Esain

Argentina

SI TE DICEN INDIA…

dice el abuelo,

—ellos no saben de estrellas,

no importa que te digan india,

qué podrá enseñar quien no conozca las cosas bellas,

y no querrán verte digna,

solo por vestir tu raíz,

tu divina esencia.

Tus ojos, saben esperar el mañana,

y platicarle al sol,

qué se siente mirar desde la más grande ventana,

tu cielo no tiene fronteras,

como el don que tienes para amar,

india, si, india a muchas leguas,

la que canta con los pájaros,

la que nuevas voces estrena,

la que hoy le arranca los versos,

a un juglar que le canta a las quimeras,

ser un sueño viviente es ilusión,

así tú, enseñando y aprendiendo,

bella entre la gente,

sobre todas las miradas,

si, sobre todas ellas,

qué importa que te digan india,

dice el abuelo,

que ellos no saben de estrellas…

Erick de Jesús Ocelotl

México

JUAN MATACHÍN

¡Mírenle la estampa!

Parece un ratón

que han cogido en trampa,

con ese morrión.

Fusil, cartuchera,

tambor y morral,

tiene cuanto quiera

nuestro general.

Las moscas se espantan

así que lo ven,

y él mismo al mirarse

se asusta también.

Y a todos advierte

con lengua y clarín

“¡Ay de aquel que insulte

a Juan Matachín!”

Rafael Pombo

Colombia

ROMANCE DEL SEÑOR TITIRITERO

¡Pero qué elegancia lleva

el señor titiritero!

Una casaca de pana,

pantalón marinero,

botines de doble suela

y un gorro color de cielo.

¡Ah! Mírenlo cuando habla

y tiende la mano al pecho

y le hace sombra en la frente

un puñado de cabellos.

Muy bien pudiera pasar

por un señor de otros tiempos

–España de los hidalgos

y carabelas al viento–

y decir si se le antoja:

—Dejé a treinta moros muertos…

O:  —Una vez por una dama…

O:  —Ayer salí de un convento…

Y nadie puede dudarlo,

Todo lo que él dice es cierto.

¡Esa casaca de pana

y ese gorro color cielo!

Javier Villafañe

Argentina

CANCIÓN EN ON DEL DUENDE

Es un hombrecito

petiso y panzón

con un sombrerote

y un largo bastón,

los ojos saltones,

el genio burlón,

que sale a la siesta

por el callejón

besando a las niñas,

corriendo al varón.

Derrama la leche,

apaga el carbón,

resala la sopa,

esconde el jabón,

y mil travesuras

que no hago mención.

Hay quienes lo han visto

por la población:

el duende le llaman,

mentiras no son.

María Elena Walsh

Argentina

EL VIAJE AL ARCO IRIS

Un tipo de Marte

de su casa parte.

Como irá de viaje

se lleva su traje

modelo “espacial”,

de vidrio y metal.

Se pone un sombrero

con dos agujeros

por donde, serenas,

salen las antenas.

Arranca el motor

del plato volador

y empieza su vuelo

flotando en el cielo.

Se va al arco iris,

a pescar colores

para pintar flores.

En un botellón

alto y gordinflón,

traerá a sus flores

todos los colores.

Tras viajar dos ratos

detiene su plato

y con gran salto

se baja en el arco.

Cuando con su caña

de tela de araña

se pone a pescar,

empiezan a gritar

todos los colores

como entre dolores:

—¡Ay!  ¡No!  No queremos

ser de aquí llevados,

pues quedará el arco

todo agujereado

si faltan pedazos

de azul de raso,

del verde esmeralda

o del rojo malva.

Pero él no hace caso.

Camina tres pasos

y al gran botellón

alto y gordinflón,

llena, sin temores,

de todos colores.

Arranca el motor

del plato volador

y rápido parte

de regreso a Marte.

Los colores ¡BOOM!

en el botellón

saltan enojados

para todos lados

y le hacen cosquillas,

cosquillas, cosquillas…

Ríe hasta el delirio

su panza de vidrio…

Entre carcajadas

se queda rajada

y de pronto ¡BOOM!

rompe el botellón

y se escapan todos

de uno y mil modos:

Allá van pedazos

de azul de raso,

del verde esmeralda

y del rojo malva.

Mientras en su plato,

el marciano al rato

llora que te llora

una, dos, tres horas

pues los ha perdido,

ellos, divertidos,

pintan en su vuelo

las barbas del cielo.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

YO VIVO EN UNA VIDRIERA

Si usted supiera

¡qué triste vivo

en una vidriera!

Mi piel es dura

pues de madera

es mi figura.

Cada semana

cambian mi ropa

de seda o lana.

Uso vestidos

que no son míos.

(Yo nada pido).

Pasa la gente:

lindas señoras…

hombres de lentes…

La gente llega:

todos me miran,

nadie me lleva.

No tengo amigos

pues nadie puede

pasear conmigo.

Si estoy tan quieta…

Tampoco canto…

Y siempre a dieta…

Y nunca crece

mi pelo rubio.

¿Qué le parece?

¡Ay!  ¡La vidriera!

¡Qué casa triste!

¡Si usted supiera!

Usted que es bueno…

Si viene aquí,

quiérame un poco…

Soy…  Maniquí.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

EL SOLDADITO DE PLOMO

El soldadito de plomo

está muy disconforme

porque le pesa el fusil

y le aprieta el uniforme.

El soldadito de plomo

quiere tocar el tambor,

mas no llamando a la guerra

sino llamando al amor.

El soldadito de plomo

se escapa de su cuartel

y cambia sus armamentos

por un hermoso clavel.

El soldadito de plomo

está ahora muy contento,

corre libre por los campos,

bajo sol, lluvias y vientos.

El soldadito de plomo

su uniforme se quitó,

luce ya una polera

que una araña le tejió.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

TITULARES

EL LOBO FEROZ

TUVO MALA PATA:

se quedó sin dientes

por andar con hambre

y sin abrelatas.

¡QUÉ LÍO, SEÑORES!

Dijo Blancanieves:

Estos enanitos

se vuelven más chicos

cada vez que llueve.

A TOMAR MEDIDAS

EN EL OBELISCO

HOY A BUENOS AIRES

LLEGA PULGARCITO.

Y dicen que dijo

mirándolo fijo:

Este monumento

me resulta chico.

Laura Devetach

Argentina

COPLAS DEL HARAGÁN

Haragancito me dicen

que por tanto haraganear

tomo el guiso con bombilla

sólo por no masticar.

No me gusta andar corriendo

ni tomar leche con nata

pero si tocan milongas

se me alborotan las patas.

Haragán haragancito

que no huele los jazmines

por no estirar el pescuezo

por no doblar los botines.

Ni se baña ni se peina

ni toma el mate cocido

que le pesa la cuchara

que el agua lo pone frío.

Haragán haragancito

se le viene la sueñera

baile un vals con los diez dedos

búsquese una compañera.

Laura Devetach

Argentina

CONFESIÓN DE LA MADRASTRA DE BLANCANIEVES

Justo ayer, cuando salí de compras

vi que ya no me seguía ni mi sombra.

Dije:  “¡Antes era la más bella del reino,

ahora no me miran ni cuando me peino!”

Al regresar, le conté todo a mi espejo,

dijo:  “Eso pasa a lo que se pone viejo.

Dos arrugas en tus párpados verás:

al salir… mejor, ponte un antifaz”.

Con un chicle, pegué el párpado a mi frente,

para estirarlo y verme diferente.

Mas no pude dormir en toda la noche,

¡tuve que cerrar mi ojo con un broche!

Decidí ya no disimular mi edad

de ser abuela, ¡disfrutar de verdad!,

pues lo más importante no es la belleza,

sino lo que está dentro de la cabeza.

Carla Dulfano

Argentina

CARACATACA

Cenicienta fue a parar a Ushuaia

con una de las botas de sieteleguas.

El gato, sin botas,

y con los pelos de punta,

trataba de encontrar el zapatito de cristal.

Pulgarcito abrió una puerta,

una ventana,

arregló su dormitorio en la planta alta,

y hasta puso margaritas en la terraza.

Todo esto

dentro de la otra bota

del gato.

Esta caracataca,

puede suceder un día de viento,

si las hojas de un libro se agitan

escandalosamente.

Laura Devetach

Argentina

LA SIRENITA

¡Quiero usar zapatos,

sandalias con taco,

zapatillas, botas,

chatitas, ojotas!

Quiero una pollera,

¡usar ropa seca!

Bufandas y guantes.

¡Ser muy elegante!

¡Ay!  Si yo pudiera

sacarme la cola,

no ser más sirena.

Cómo yo quisiera,

caminar despacio,

conocer mis huellas.

Florencia Esses

Argentina

EL GATO CON BOTAS

—Desde ahora tú serás

el Marqués de Carabás,

yo elaboré el mejor plan.

Confía en mí, ya verás–

dijo el Gato muy locuaz.

Era un gato charlatán.

Un pícaro sin igual.

Botas mandó a buscar

y una bolsa, nada más.

—Con esto me alcanzará–

dijo el felino y ahí no más

se fue para el matorral.

A un conejo fue a cazar,

para después regalar

y al Rey poder conquistar.

Al Ogro logró engañar

para robarle su hogar.

¡Pero cuánta habilidad

tenía para engatusar!

Ese gato era fatal.

Florencia Esses

Argentina

LA BELLA DURMIENTE

—¿Alguien tiene una curita?–

preguntó la princesita.

—Me pinché con una aguja,

¡qué maldita es esa bruja!

¡Ay, ay, ay qué sueño tengo!

¡Cómo me duele este dedo!

Voy a dormir por un rato,

¿cien años es demasiado?

Otro hubiera sido el cuento

si le daban la curita a tiempo…

Cien años durmiendo,

¿con qué habrá soñado?

¿Con hadas, con tortas,

con príncipes encantados?

Tal vez tuvo pesadillas,

tal vez soñó con fantasmas.

Cien años es mucho tiempo

para charlar con la almohada.

Florencia Esses

Argentina

ORGULLOSA OPONENTE DE LA MUERTE

Frida Kahlo

se retrató a sí misma:

plenilunar,

estoica,

reconstruida.

Creó su atmósfera propia,

su antimuerte,

su territorio libre.

Creó sus reglas de juego

para apostar por la vida.

Y para no obviar detalles

posó de cara a la muerte

bajo una luz cenital.

Cuánto temple en el gesto,

cuánto enigma,

cuánto fuego rodeándole las manos,

los ojos y la boca,

cuánta palpitación votiva.

La suya es una saga

en la que el sufrimiento

se vuelve un contrafuerte.

Francisco Morales Santos

Guatemala

3 Comentarios

  1. Enhorabuena a Mar Azabal por la bonita ilustración de Caperucita. ¡Genial!
    Un abrazo desde Segovia.

  2. ¡Qué bonitos todos los cuentos! La ronda de los enanos me encanta. Un abrazo desde Segovia. Marisa Alonso

    • A mí también me encantó, Marisa. ¡Parece que estuviera allí haciendo palmas!
      Un abrazo,
      Astrid

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