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Lectoaperitivos de cuentos breves y fábulas en verso

post089

EL GATO BANDIDO

Michín dijo a su mamá:

“Voy a volverme Pateta,

y el que a impedirlo se meta

en el acto morirá.

Ya le he robado a papá

daga y pistolas; ya estoy

armado y listo; y me voy

a robar y matar gente,

y nunca más (¡ten presente!)

verás a Michín desde hoy”.

Yéndose al monte, encontró

a un gallo por el camino,

y dijo: “A ver qué tal tino

para matar tengo yo”.

Puesto en facha disparó,

retumba el monte al estallo,

Michín maltrátase un callo

y se chamusca el bigote;

pero tronchado el cogote,

cayó de redondo el gallo.

Luego a robar se encarama,

tentado de la gazuza,

al nido de una lechuza

que en furia al verlo se inflama,

mas se le rompe la rama,

vuelan chambergo y puñal,

y al son de silba infernal

que taladra los oídos

cae dando vueltas y aullidos

el prófugo criminal.

Repuesto de su caída

ve otro gato, y da el asalto

“¡Tocayito, haga usted alto!

¡Déme la bolsa o la vida!”

El otro no se intimida

y antes grita: “¡Alto el ladrón!”

Tira el pillo, hace explosión

el arma por la culata,

y casi se desbarata

Michín de la contusión.

Topando armado otro día

a un perro, gran bandolero,

se le acercó el marrullero

con cariño y cortesía:

“Camarada, le decía,

celebremos nuestra alianza”;

y así fue: diéronse chanza,

baile y brandy, hasta que al fin

cayó rendido Michín

y se rascaba la panza.

“Compañero”, dijo el perro,

“debemos juntar caudales

y asegurar los reales

haciéndoles un entierro”.

Hubo al contar cierto yerro

y grita y gresca se armó,

hasta que el perro empuñó

a dos manos el garrote:

Zumba, cae, y el amigote

medio muerto se tendió.

Con la fresca matinal

Michín recobró el sentido

y se halló manco, impedido,

tuerto, hambriento y sin un

real.

Y en tanto que su rival

va ladrando a carcajadas,

con orejas agachadas

y con el rabo entre piernas,

Michín llora en voces tiernas

todas sus barrabasadas.

Recoge su sombrerito,

y bajo un sol que lo abrasa,

paso a paso vuelve a casa

con aire humilde y contrito.

“Confieso mi gran delito

y purgarlo es menester”,

dice a la madre; “has de ver

que nunca más seré malo,

¡oh mamita! dame palo

¡pero dame qué comer!”

Rafael Pombo

Colombia

(gazuza: hambre.)

SONATINA

La princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa?

Los suspiros se escapan de su boca de fresa,

que ha perdido la risa, que ha perdido el color.

 La princesa está pálida en su silla de oro,

está mudo el teclado de su clave sonoro,

y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.

Parlanchina, la dueña dice cosas banales,

y vestido de rojo piruetea el bufón.

La princesa no ríe, la princesa no siente;

la princesa persigue por el cielo de Oriente

la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,

o en el que ha detenido su carroza argentina

para ver de sus ojos la dulzura de luz?

¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,

o en el que es soberano de los claros diamantes,

o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa

quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,

tener alas ligeras, bajo el cielo volar;

ir al sol por la escala luminosa de un rayo,

saludar a los lirios con los versos de mayo

o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,

ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,

ni los cisnes unánimes en el lago de azur.

Y están tristes las flores por la flor de la corte,

los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,

de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!

Está presa en sus oros, está presa en sus tules,

en la jaula de mármol del palacio real;

el palacio soberbio que vigilan los guardas,

que custodian cien negros con sus cien alabardas,

un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!

(La princesa está triste, la princesa está pálida)

¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!

¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,

—la princesa está pálida, la princesa está triste—,

más brillante que el alba, más hermoso que abril!


—«Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—;

en caballo, con alas, hacia acá se encamina,

en el cinto la espada y en la mano el azor,

el feliz caballero que te adora sin verte,

y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,

a encenderte los labios con un beso de amor».

Rubén Darío

Nicaragua

LA CABEZA DEL RAWÍ

¿Cuentos quieres, niña bella?

Tengo muchos que contar:

de una sirena de mar,

de un ruiseñor y una estrella;

de una cándida doncella

que robó un encantador;

de un gallardo trovador

y de una odalisca mora,

con sus perlas de Bassora

y sus chales de Lahor.

Cuentos dulces, cuentos bravos,

de damas y caballeros,

de cantores y guerreros,

de señores y de esclavos;

de bosques escandinavos

y alcázares de cristal;

cuentos de dicha inmortal,

divinos cuentos de amores

que reviste de colores

la fantasía oriental.

Dime tú: ¿de cuáles quieres?

Dicen gentes muy formales

que los cuentos orientales

les gustan a las mujeres;

así, pues, si eso prefieres

verás colmado tu afán,

pues sé un cuento musulmán

que sobre un amante versa,

y me lo ha contado un persa

que ha venido de Hispahán.

Enfermo del corazón

un gran monarca de Oriente,

congregó inmediatamente

los sabios de su nación;

cada cual dio su opinión,

y sin hallar la verdad

en medio de su ansiedad,

acordaron en consejo

llamar con presura a un viejo

astrólogo de Bagdad.

Emprendió viaje el anciano;

llegó, miró las estrellas;

supo conocer en ellas

las cuitas del soberano;

y adivinando el arcano

como viejo sabedor,

entre el inmenso estupor

de la cortesana grey,

le dijo al monarca: «¡Oh Rey!

Te estás muriendo de amor».

Luego, el altivo monarca,

con órdenes imperiosas

llama a todas las hermosas

mujeres de la comarca

que su poderío abarca;

y ante el viejo de Bagdad,

escoge su voluntad

de tanta hermosura en medio,

la que deba ser remedio

que cure su enfermedad.

Allí ojos negros y vivos;

bocas de morir al verlas,

con unos hilos de perlas

en rojo coral cautivos;

allí rostros expresivos;

allí como una áurea lluvia,

una cabellera rubia;

allí el ardor y la gracia,

y las siervas de Circasia

con las esclavas de Nubia.

 Unas bellas, adornadas

con diademas en las frentes,

con riquísimos pendientes

y valiosas arracadas;

otras con telas preciadas

cubriendo su morbidez;

y otras, de marmórea tez,

bajas las frentes y mudas,

completamente desnudas

en toda su esplendidez.

En tan preciada revista,

ve el Rey una linda persa

de ojos bellos y piel tersa,

que al verle baja la vista;

el alma del Rey conquista

con su semblante la hermosa,

y agitada y ruborosa

tiembla llena de temor

cuando el altivo Señor

le dice: «Serás mi esposa».

Así fue. La joven bella

de tez blanca y negros ojos,

colmó los reales antojos

y el Rey se casó con ella.

¿Feliz, dirás, tal estrella,

Emelina?  No fue así:

no es feliz la Reina allí

la linda persa agraciada,

porque ella está enamorada

de Balzarad el rawí.

Balzarad tiene en verdad

una guzla en la garganta,

guzla dúlcida que encanta

cuando canta Balzarad.

Vióle un día la beldad

y oyó cantar al rawí;

de sus labios de rubí

brotó un suspiro temblante…

Y Balzarad fue el amante

de la celestial hurí.

Por eso es que triste se halla

siendo del monarca esposa,

y el tiempo pasa quejosa

en una interior batalla.

Del Rey la cólera estalla,

y así le dice una vez:

«Mujer llena de doblez:

di si amas a otro, falaz».

Y entonces de ella en la faz

surgió vaga palidez.

 Sí —le dijo—, es la verdad;

de mi destino es la ley:

yo no puedo amarte, ¡Oh Rey!

porque adoro a Balzarad.

El Rey, en la intensidad,

de su ira, entonces, calló;

mudo, la espalda volvió;

mas se veía en su mirada

del odio la llamarada,

la venganza en que pensó.


Al otro día la hermosa

de parte de él recibió

una caja que la envió

de filigrana preciosa;

abrióla presto curiosa

y lanzó, fuera de sí,

un grito; que estaba allí

entre la caja, guardada,

lívida y ensangrentada

la cabeza del rawí.

En medio de su locura

y en lo horrible de su suerte,

avariciosa de muerte

ponzoñoso filtro apura.

Fue el Rey donde la hermosura,

y estaba allí la beldad

fría y siniestra, en verdad,

medio desnuda y ya muerta,

besando la horrible y yerta

cabeza de Balzarad.


El Rey se puso a pensar

en lo que la pasión es,

y poco tiempo después

el Rey se volvió a enfermar.

Rubén Darío

Nicaragua

(hurí: Cada una de las mujeres bellísimas creadas, según los musulmanes, para compañeras de los bienaventurados en el paraíso.  Guzla: Instrumento de música de una sola cuerda de crin, a modo de rabel, con el cual los ilirios acompañan sus cantos.  Arracada: Arete con adorno colgante.)

MARGARITA, ESTÁ LINDA LA MAR

A Margarita Debayle

 Margarita, está linda la mar,

y el viento

lleva esencia sutil de azahar;

yo siento

en el alma una alondra cantar:

tu acento.

Margarita, te voy a contar

un cuento.

Este era un rey que tenía

un palacio de diamantes,

una tienda hecha del día

y un rebaño de elefantes.

Un kiosco de malaquita,

un gran manto de tisú,

y una gentil princesita,

tan bonita,

Margarita,

tan bonita como tú.

Una tarde la princesa

vio una estrella aparecer;

la princesa era traviesa

y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla

decorar un prendedor,

con un verso y una perla,

una pluma y una flor.

Las princesas primorosas

se parecen mucho a ti.

Cortan lirios, cortan rosas,

cortan astros. Son así.

Pues se fue la niña bella,

bajo el cielo y sobre el mar,

a cortar la blanca estrella

que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,

por la luna y mas allá;

mas lo malo es que ella iba

sin permiso del papá.

Cuando estuvo ya de vuelta

de los parques del Señor,

se miraba toda envuelta

en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: “¿Qué te has hecho?

Te he buscado y no te hallé;

¿y qué tienes en el pecho,

que encendido se te ve?”

La princesa no mentía,

y así, dijo la verdad:

“Fui a cortar la estrella mía

a la azul inmensidad.”

Y el rey clama: “¿No te he dicho

que el azul no hay que tocar?

¡Qué locura! ¡Qué capricho!

El Señor se va a enojar.”

Y dice ella : “No hubo intento:

yo me fui no sé por qué;

por las olas y en el viento

fui a la estrella y la corté.”

Y el papá dice enojado:

“Un castigo has de tener:

vuelve al cielo, y lo robado

vas ahora a devolver.”

La princesa se entristece

por su dulce flor de luz,

cuando entonces aparece

sonriendo el Buen Jesús.

Y así dice: “En mis campiñas

esa rosa le ofrecí:

son mis flores de las niñas

que al soñar piensan en Mí.”

Viste el rey ropas brillantes,

y luego hace desfilar

cuatrocientos elefantes

a la orilla de la mar.

La princesita está bella,

pues ya tiene el prendedor

en que lucen, con la estrella,

verso, perla, pluma y flor.

Margarita, está linda la mar,

y el viento

lleva esencia sutil de azahar:

tu aliento.

Ya que lejos de mí vas a estar,

guarda, niña, un gentil pensamiento

al que un día te quiso contar

un cuento.

Rubén Darío

Nicaragua

ERA QUE SE ERA

Era- érase que se era

Juani- Juanito y su abuela.

Comi- comían en plato

hierbi- hierbitas del campo.

Juga- jugaban de día

co- con madera en astillas.

Dormi- dormían de noche

so- sobre el techo de un coche.

Tra- trabajaban un poco

do – donde Elías el loco.

Barri – barrían su puerta

gana – ganaban monedas.

Con – con – con ellas compraban

cami – camisas de lana.

Y así, Juanito y su abuela

pasaban la vida entera.

Juga- jugando, saltando

comi – comiendo y cantando.

Y mu – mucho se reían

de todo lo que veían:

Ni – ni – niños con carteras,

ma – ma – madres con sus cuentas,

Pa – pa – padres preocupados

vie – vie – viejos asustados,

Va – va – vacas y conejos

ca – ca – caballos y cuervos.

Y ja -ja -ja se reían

de no – noche y de – día.

María de la Luz Uribe

Chile

 ♦

EL RENACUAJO PASEADOR

El hijo de Rana, Rinrín Renacuajo,

salió esta mañana muy tieso y muy majo

con pantalón corto, corbata a la moda,

sombrero encintado, y chupa de boda.

“¡Muchacho, no salgas!”, le grita mamá,

pero él le hace un gesto y orondo se va.

Halló en el camino a un ratón vecino,

y le dijo: “¡Amigo!, venga usted conmigo,

visitemos juntos a doña Ratona

y habrá francachela y habrá comilona.”

A poco llegaron y avanza Ratón,

estírase el cuello, coge el aldabón,

da dos o tres golpes, preguntan: “¿Quién es?”

—”Yo doña Ratona, beso a usted los pies.”

—”¿Está usted en casa?”  —”Sí, señor, sí estoy;

y celebro mucho ver a ustedes hoy;

estaba en mi oficio, hilando algodón,

pero eso no importa;  bienvenidos son.”

Se hicieron la venia, se dieron la mano,

y dice Ratico, que es más veterano:

“Mi amigo el de verde, rabia de calor,

démele cerveza, hágame el favor.”

Y en tanto que el pillo consume la jarra

mandó la señora traer la guitarra

y a Renacuajito le pide que cante

versitos alegres, tonada elegante.

—”¡Ay! de mil amores lo hiciera, señora,

pero es imposible darle gusto ahora,

que tengo el gaznate más seco que estopa

y me aprieta mucho esta nueva ropa.”

—”Lo siento infinito, responde tía Rata,

aflójese un poco chaleco y corbata,

y yo mientras tanto les voy a cantar

una cancioncita muy particular.”

Mas estando en esta brillante función

de baile y cerveza, guitarra y canción,

la Gata y sus Gatos salvan el umbral,

y vuélvese aquello el juicio final.

Doña Gata vieja trinchó por la oreja

al niño Ratico maullándole: “¡Hola!”

Y los niños Gatos a la vieja Rata

uno por la pata y otro por la cola.

Don Renacuajito mirando este asalto

tomó su sombrero, dio un tremendo salto,

y abriendo la puerta con mano y narices,

se fue dando a todos “noches muy felices.”

Y siguió saltando tan alto y aprisa,

que perdió el sombrero, rasgó la camisa,

se coló en la boca de un pato tragón

y éste se lo embucha de un solo estirón.

Y así concluyeron, uno, dos y tres,

Ratón y Ratona, y el Rana después;

los Gatos comieron y el Pato cenó,

¡y mamá Ranita solita quedó!

Rafael Pombo

Colombia

(francachela:  RAE 1. f. coloq. Reunión de varias personas para regalarse y divertirse comiendo y bebiendo, en general sin tasa y descomedidamente.  gaznate:  RAE  garguero o gargüero.  1. m. Parte superior de la tráquea.  estopa:  RAE 1. f. Parte basta o gruesa del lino o del cáñamo, que queda en el rastrillo cuando se peina y rastrilla.)

MIRRINGA Y MIRRONGA

Mirringa Mirronga, la gata candonga,

va a dar un convite jugando escondite,

y quiere que todos los gatos y gatas

no almuercen ratones ni cenen con ratas.

“A ver mis anteojos, y pluma y tintero,

y vamos poniendo las cartas primero.

Que vengan las Fuñas y las Fanfurriñas,

y Ñoño y Marroño y Tompo y sus niñas.”

“Ahora veamos qué tal de alacena.

Hay pollo y pescado, ¡la cosa está buena!

Y hay tortas y pollos y carnes sin grasa.

¡Qué amable señora la dueña de casa!”

“Venid mis michitos Mirrín y Mirrón.

Id volando al cuarto de mamá Fogón

por ocho escudillas y cuatro bandejas

que no estén rajadas, ni rotas ni viejas.”

“Venid mis michitos Mirrón y Mirrín,

traed la canasta y el dindirindín,

¡Y zape, al mercado! que faltan lechugas

y nabos y coles y arroz y tortuga.”

“Decid a mi amita que tengo visita,

que no venga a verme, no sea que se enferme

que mañana mismo devuelvo sus platos,

que agradezco mucho y están muy baratos.”

“¡Cuidado, patitas, si el suelo me embarran!

¡Que quiten el polvo, que frieguen, que barran!

¡Las flores, la mesa, la sopa!… ¡Tilín!

Ya llega la gente.  ¡Jesús, qué trajín!”.

Llegaron en coche ya entrada la noche

señores y damas, con muchas zalemas,

en grande uniforme, de cola y de guante,

con cuellos muy tiesos y frac elegante.

Al cerrar la puerta Mirriña la tuerta

en una cabriola se mordió la cola,

mas olió el tocino y dijo “¡Miaao!

¡Este es un banquete de pípiripao!”

Con muy buenos modos sentáronse todos,

tomaron la sopa y alzaron la copa;

el pescado frito estaba exquisito

y el pavo sin hueso era un embeleso.

De todo les brinda Mirringa Mirronga:

—”¿Le sirvo pechuga?”  —”Como usted disponga;

y yo a usted pescado, que está delicado”.

—”Pues tanto le peta, no gaste etiqueta:

“Repita sin miedo”.  Y él dice: —”Concedo”.

Mas ¡ay! que una espina se le atasca indina,

y Ñoña la hermosa que es habilidosa

metiéndole el fuelle le dice: “¡Resuelle!”

Mirriña la cuca le golpeó en la nuca

y pasó al instante la espina del diantre,

sirvieron los postres y luego el café,

y empezó la danza bailando un minué.

Hubo vals, lanceros y polka y mazurca,

y Tompo que estaba con máxima turca,

enreda en las uñas el traje de Ñoña

y ambos van al suelo y ella se desmoña.

Maullaron de risa todos los danzantes

y siguió el jaleo más alegre que antes,

y gritó Mirringa: “¡Ya cerré la puerta!

¡Mientras no amanezca, ninguno deserta!”

Pero ¡qué desgracia! entró doña Engracia

y armó un gatuperio un poquito serio

dándoles chorizo de tío Pegadizo

para que hagan cenas con tortas ajenas.

Rafael Pombo

Colombia

(zalema:  RAE  1. f. coloq. Reverencia o cortesía humilde en muestra de sumisión. indina:  RAE 1. adj. coloq. Dicho de una persona, un muchacho generalmente: Traviesa o descarada.  2. adj. vulg. Que no es digno.  cuca:  RAE 4. f. coloq. Mujer enviciada en el juego.  diantre:  diablo.  turca:  RAE  7. f. coloq. Borrachera, embriaguez.)

AMOR EN LA BIBLIOTECA

Cuentan que cuentan que había

una vez una princesa

que vivía en un estante

de una vieja biblioteca.

Su casa era un cuento de hadas,

que casi nadie leía,

que estaba entre un diccionario

y un libro de poesías.

Solamente algunos chicos

acariciaban sus páginas

y visitaban a veces

su palacio de palabras.

Desde la torre más alta,

suspiraba la princesa.

Lágrimas de tinta negra

deletreaban su tristeza.

Es que ella estaba aburrida

de vivir la misma historia

que de tanto repetir

se sabía de memoria:

la bruja que la hechizaba

por envidiar su belleza

y el príncipe rescatándola

y casándose con ella.

Cuentan que cuentan que un día

justo en el último estante

alguien encontró otro libro

que no había visto antes.

Al abrir con suavidad

sus hojas amarillentas

salió un capitán pirata

que estaba en esa novela.

Asomada entre las páginas

la princesa lo miraba.

Él dibujó una sonrisa

sólo para saludarla.

Y tarareó la canción

que el mar le canta a la luna

y le regaló un collar

hecho de algas y espuma.

Sentado sobre un renglón.

el pirata, cada noche,

la esperaba en una esquina

del capítulo catorce.

Ella subía en silencio

una escalera de sílabas

para encontrar al pirata

en la última repisa.

Y se quedaban muy juntos

hasta que salía el sol,

oyendo el murmullo tibio

del mar, en un caracol.

Cuentan que cuentan que en mayo

los dos se fueron un día

y dejaron en sus libros

varias páginas vacías.

Muchos otros personajes

ofendidos protestaban:

–Las princesas de los cuentos

no se van con los piratas.

Pero ellos ya estaban lejos,

muy lejos, en alta mar

y escribían otra historia

conjugando el verbo amar.

El pirata y la princesa

aferrada al brazo de él

navegan por siete mares

en un barco de papel.

Liliana Cristina Cinetto

Argentina

EL DRAGÓN FILIBERTO

El dragón Filiberto

quiere dar un concierto

e invita a sus amigos

a escucharlo cantar

pues ha ensayado tanto

en su clase de canto

que cree que está listo

para un gran recital.

Nadie falta a la cita

en un claro del bosque.

Filiberto nervioso

se dispone a cantar.

Pero entonces ocurre

que enormes llamaradas

le salen por la boca

sin poderlo evitar

y le quema las plumas

a un gorrión distraído,

le chamusca la oreja

a un conejo haragán.

A una ardilla coqueta

se le enciende el vestido

y le incendia la cola

a un zorro charlatán.

Todos los invitados

huyen despavoridos

y el pobre Filiberto

¡BUAH! se pone a llorar.

Patalea en el suelo

y no tiene consuelo:

-No hay caso.¡Qué fracaso!

Nunca podré cantar.

Al verlo deprimido

y descorazonado

una vieja lechuza

lo quiere consolar

y le dice en secreto

que le dará un consejo

para que sin peligro

pueda por fin cantar.

Otra vez Filiberto

organiza un concierto

aunque no es en el bosque

sino en otro lugar.

Pues siguiendo el consejo

de la lechuza sabia

dentro de una bañera

el dragón cantará.

Y así mientras lo escuchan

cantar bajo la ducha

el dragón Filiberto

su sueño cumplirá.

Liliana Cristina Cinetto

Argentina

 ♦

ANTÓN PIRULERO

Antón Pirulero

se quiere casar

y busca una novia

que sepa bordar,

con hilos de luna,

de flor el dedal,

la aguja de viento

y el hilo cristal.

Antón Pirulero

la salió a buscar

y encontró una ola

a orillas del mar,

que bordaba encajes

de arena y de sal.

¡Ya encontré mi novia,

me quiero casar!

Antón Pirulero

ya no busca más.

Graciela Genta

Uruguay

SAPITO Y SAPÓN

Sapito y Sapón

son dos muchachitos

de buen corazón.

El uno, bonito,

el otro, feón;

el uno, callado,

el otro, gritón;

y están con nosotros

en esta ocasión

comiendo malanga,

casabe y lechón.

¿Qué tienes, Sapito,

que estás tan tristón?

Madrina, me duele

la boca, un pulmón,

la frente, un zapato

y hasta el pantalón,

por lo que me gusta

su prima Asunción.

(¡Niño!)

¿Y a ti, qué te pasa?

¿Qué tienes, Sapón?

Madrina, me duele

todo el esternón,

la quinta costilla

y hasta mi bastón,

pues sé que a Sapito

le sobra razón.

(¡Pero niño!)

Sapito y Sapón

son dos muchachitos

de buen corazón.

Nicolás Guillén

Cuba

En esta mesa de lectoaperitivos, también compartimos  fábulas: RAE  1. f. Breve relato ficticio, en prosa o verso, con intención didáctica frecuentemente manifestada en una moraleja final, y en el que pueden intervenir personas, animales y otros seres animados o inanimados.)  Aquí vamos con la primera:

FÁBULA DEL ELEFANTE MIEDOSO

Corriendo por la pradera

un elefante venía.

—¿Qué pasa —dice un león—

que corres con tanta prisa?

El elefante, agotado,

levanta la trompa y grita:

—¡Un ratón que me persigue

y que me asusta y me irrita!

Las hienas que allí se encuentran

casi se mueren de risa.

Ya ves, amigo lector,

que —según la fabulilla—

no tiene nada que ver

el valor con las medidas.

Carlos Reviejo

España

ECLIPSE DE SOL

Jugaron a los novios

la luna y el sol;

el sol madrugaba,

pero la novia no;

oscurita la tarde

le daba por salir

justito cuando él

ya se iba a dormir.

De este modo las cosas

marchaban siempre mal;

palomas con mensajes

volaban de aquí y allá;

“amor correspondido

por medio de papel

no es amor duradero”,

siempre escribía él;

y ella le respondía

en este diapasón:

“Oh, sol, es todo tuyo,

tuyo mi corazón…,

amor que no se encuentra

también es grande amor,

quizá el amor más grande

es el que ofrezco yo!”

Pero, entonces un ángel

hizo de mediador,

y volando, volando,

fue al palacio del sol.

Hablaron en secreto

cosas que ignoro yo;

luego volvió otra vez

y a la luna llegó;

le habló quedo al oído

y le habló al corazón.

La luna le decía:

“Despacito, por Dios…

que no oigan las estrellas

lo que me dice el sol…”,

y escuchaba sonriente

rosada de emoción.

Después, al otro día

sucedió, sucedió,

que media hora juntos

estuvieron los dos

diciéndose bajito

lindas frases de amor.

La gente los miraba

(qué curiosa es la gente),

detrás de un vidrio ahumado

como detrás de un lente.

Yo creo que a los novios

la cosa les gustó.

Ya no precisan ángel

que los arregle, no,

porque, de cuando en cuando,

-es la pura verdad-

se dan cita allá arriba

cuando las estrellitas

en el cielo no están.

Esta es la linda historia

de la luna y el sol,

se citan allá arriba

para hablarse de amor.

Hombres que saben mucho,

más que tú y más que yo,

dan en llamar eclipses

a estas cosas del sol;

mas yo, que al ser poeta

me trato con los dos,

les llamo a los eclipses,

amor de luna y sol.

Fernán Silva Valdés

Uruguay

EL CIEMPIÉS COMPRA ZAPATOS

Un día el señor ciempiés

entró en la zapatería.

¡Qué revolución armó!

¿Tantos zapatos habría?

El dependiente, asustado,

pregunta qué quería.

—Zapatos para mis pies,

de seda y de rafia fina.

Cincuenta con sus cordones

y los demás con hebillas.

—¿De qué número los quiere?

—Del veintidós me valdrían.

Pie por pie fueron calzando

hasta los cien que tenía,

y para calzarlos todos

tardaron más de diez días.

Sudaban los dependientes.

Respiran cuando terminan.

¡Qué contento iba el ciempiés,

luciendo por las esquinas

sus cien zapatos brillantes

de seda y de rafia fina!

Carlos Reviejo

España

 ♦

EL SECRETO DE CATITA

Catita encontró en la plaza

un platillo volador

estaba en medio del pasto

y brillaba como un sol.

“Catita, no tengas miedo”

dijo el Marciano del plato

“Quiero llevarte a volar

aunque sea por un rato…”

Cata lo quedó mirando:

“¿Soys marciano de verdá

o eres un juguete roto

que no sirve para ná?

“Soy Marciano y te elegí

entre todas las niñitas

si tú no crees en mí

¡me darás pena, Catita!”

Catita, por no apenarlo

al platillo se trepó

y entonces el marcianito

por el aire se elevó.

Y volaron muy arriba

más alto que las montañas

pero de pronto bajaron

donde había una cabaña.

“Aquí vive Blanca Nieves”

dijo el marciano a Catita

“¿Quieres ver a los enanos

y jugar en su casita?”

“Mejor déjalos en paz

que se pueden asustar

volvamos más bien a casa

que me esperan a almorzar”.

Y Catita nada dijo

que fue a ver a los enanos

porque nadie iba a creer

que voló con un marciano.

Marcela Paz

Chile

MADRUGADAS

El gallo se enamoró

de una gallina pintada

con transparencias del río,

y plumas de orilla clara.

Ella cantaba en un coro

que se reunía en las gradas

de un cercano gallinero,

a la sombra de una parra.

Él la veía pasar

con un cuaderno de rayas,

donde ella iba anotando

las canciones que estudiaba.

Se saludaban los dos

cuando el camino les daba

una esquina de durazno,

unas piedritas descalzas.

Ella cantó un estribillo

un día por la mañana,

y él cantó en su compañía

una canción clarinada.

Se fueron al otro día

caminando por las chacras.

Para que el cielo se alumbre,

juntos cantan madrugadas,

que son canciones de Luna

mojaditas con escarcha,

que cuentan que por aquí

se cuenta que una mañana,

el gallo se enamoró

de una gallina pintada.

María Cristina Ramos

Argentina

TEJELINDA

Bajando por la pared,

lentamente, silenciosa,

va mirando a todos lados,

Tejelinda cautelosa.

Con los dueños de la casa

no se quiere encontrar.

Le da miedo que la atrapen

y comiencen a gritar.

Después de mucho buscar,

¡por fin halla un escondite!

Detrás de un cuadro moderno

atornillado a un tabique.

Cuando asoman las estrellas

ella sale de paseo,

recorre toda la casa,

va a la pieza de Romeo.

Lo observa desde el techo,

quiere invitarlo a jugar.

El niño duerme tranquilo:

no la puede escuchar.

Se columpia en su tela

mientras inventa un plan.

Luego pierde el equilibrio

¡y a la cama va a parar!

El pequeño se despierta,

lanza un grito aterrador,

sus padres sobresaltados

van camino al corredor.

Tejelinda, asustada,

avanza por la pared,

gracias a sus patas largas,

nada más alcanza a ver.

El padre muy enojado

va en busca de un zapato:

—¡No dejaré que se esconda!

¡Si la pillo, yo la mato!

Tejelinda, sin pensarlo,

teje una telaraña,

se camufla en la pared,

y a todos ella engaña.

Él busca y no la encuentra,

registra en cada rincón:

—Debió ser un sueño, hijo.

Ahora, duérmete, campeón.

El padre apaga la luz,

luego sale de la pieza.

Tejelinda toma aire

y asoma su cabeza.

Mientras trata de volver,

se detiene en una esquina,

reconoce aquel lugar,

hacia el cuadro se encamina.

Una vez que está a salvo,

Tejelinda, tejedora,

suspira muy aliviada

en su cueva acogedora.

Sofía Larraín

Chile

LOS DOS CONEJOS

Por entre unas matas,

seguido de perros

–no diré corría–

volaba un conejo.

De su madriguera

salió un compañero,

y le dijo:  —¡Tente,

amigo!…  ¿qué es esto?

—¿Qué ha de ser?  –responde–;

sin aliento llego…

Dos pícaros galgos

me vienen siguiendo.

—Sí –replica el otro–,

por allí los veo…;

pero no son galgos.

—Pues, ¿qué son?  —Podencos.

—¿Qué?  ¿Podencos dices?

—Sí, como mi abuelo.

—Galgos y muy galgos,

bien visto lo tengo.

—Son podencos,  vaya,

que no entiendes de eso.

—Son galgos, te digo.

—Digo que podencos.

En esta disputa,

llegando los perros,

pillan descuidados

a mis dos conejos.

Los que por cuestiones

de poco momento

dejan lo que importa,

llévense este ejemplo.

No debemos detenernos en cuestiones frívolas,

olvidando el asunto principal.

Tomás de Iriarte

España

(galgo, podenco)

LOS DOS AMIGOS

Un enano y un gigante

se encontraron una vez.

Al principio se trataron

con mucho “servir de usted”.

El enano se empinaba

con ganitas de crecer,

y el gigante, agachadito,

lo escuchaba lo más bien.

Pero, pasando unos días,

se acabó el trato cortés.

Al gigante, la cintura

se le estaba por romper,

y al enano le dolían

las puntitas de los pies.

Desparejas amistades

este fin suelen tener.

Germán Berdiales

Argentina

 ♦

EL BARCO DE LA SEÑORA CUCARACHA

Pensativa,

junto al pozo donde danzan pececitos de colores,

la señora Cucaracha, muy cansada,

de esta suerte suspiró:

—¡Quién pudiera, dulcemente,

en un barco pequeñito atravesar

este lago tan inmenso y tan profundo

que no sé cómo pasar!—

Una rosa que escuchaba

de lo alto, en su magnífico esplendor,

compasiva y bondadosa, tiró al agua

dos estambres y una hoja, sin rumor…

Blandamente, la señora Cucaracha

fue remando sobre el pétalo de la rosa;

cruzó el lago y a su casa retornó,

abrazando a sus hijitos cariñosa.

Cual la rosa, en esta vida

hay que hacer el bien a todos, sin rumor,

ayudarse unos a otros

y poner en toda ayuda mucho amor.

Óscar Jara Azócar

Chile

EL BURRO FLAUTISTA

Esta fabulilla,

salga bien o mal,

me ha ocurrido ahora

por casualidad.

Cerca de unos prados

que hay en mi lugar,

pasaba un burro

por casualidad.

Una flauta en ellos

halló, que un pastor

dejó olvidada

por casualidad.

Acercóse a olerla

el dicho animal,

y dio un resoplido

por casualidad.

En la flauta el aire

se hubo de colar,

y sonó la flauta

por casualidad.

—¡Oh! —dijo el burro—,

¡qué bien sé tocar!

¡Y dirán que es mala

la música asnal!

Sin reglas del arte

burritos hay

que una vez aciertan

por casualidad.

Tomás de Iriarte

España

HISTORIA DEL DIENTE Y EL RATÓN QUE NO SABÍA LEER

En el medio de una risa,

un diente con una carta

está esperando al ratón,

asomado a la ventana.

Quiere pedirle que vuelva

a buscarlo otra semana

y metió adentro del sobre

un dibujo, ocho palabras.

El dibujo es el de un diente

con una flecha clavada.

Las letras dicen:  “Más flojo

está el diente de la hermana”.

Pero el ratón que no sabe

nada de hermana y palabras,

pasó y se ha llevado todo:

diente, sobre, flecha y carta.

Cecilia Pisos

Argentina

EL PINO DE PIÑAS

El alto pino que no acaba

y que resuena como un río,

desde el cogollo a lo sombrío,

sus puñitos balanceaba.

Unos puñitos olorosos,

apretados de su secreto,

y al negro pino recoleto

tanta piña le daba gozo.

Bajo el pino que la cubría,

Madrecita Burla habitaba

y la vieja feliz criaba

enanito que no veía.

Del tamaño de la lenteja,

y que nunca más le crecía

y en su bolsillo se dormía

ronroneando como abeja.

Cuando a la aldea iba la vieja,

de cascabel se lo ponía,

y lo guardaba, si llovía,

dentro del pliegue de su oreja…

O como rama con madroño,

con su vaivén de trotecito,

le cosquilleaba, el colgadito,

o se soltaba de su moño…

El enano miraba pinos

que se iban y se venían,

por saberse lo que cogían

en sus cien puñitos endrinos,

y una vez que la Madrecita

lo dejó por adormilado,

se subió al empingorotado

y se encontró cosa bendita.

Topando la piña primera,

entró sin doblar la cabeza,

y gritó, loco de sorpresa,

al encontrar iglesia entera.

Oyó una música lejana;

vio arder la cera muy contrita,

y con su mano de arañita,

tomó temblando agua cristalina.

Y a la pila de nuez de plata,

vino un obispo que era de oro,

y bautizó al enano moro

mojando su nuca de rata.

Se abrió una puerta pequeñita,

entró una niña más pequeña,

y se allegó como una seña

a saltos de catarinita.

Vio que a su pecho no llegaba

y de confusa esta roja,

y se dobló como una hoja,

porque era que le saludaba.

En el altar, de gran tesoro,

el obispo tieso y atónito

bendijo los novios de acónito

y soltó música del coro…

La catedral dio un gran crujido

y se partió en castaña añeja,

y lanzó el pino su pareja

sin daño, como cae el nido.

La Madre Burla dormitaba,

tendida al sol como una almeja,

y al despertar tocó en su ceja

una cosa que era doblada…

Y trepaditos a su oído

los dos dieron testimonio

de bautizo y de matrimonio,

y ella lloró del sucedido.

Y con los años que vinieron

les nació un niño y una niña;

cada uno subió a una piña

en donde bautizados fueron.

Y cuenta boca contadora

que aumentó la enana raza

igual que cunde la mostaza

y que prende la zarzamora…

Gabriela Mistral

Chile

(endrino:  RAE 1. adj. De color negro azulado, parecido al de la endrina: 2. m. Ciruelo silvestre con espinas en las ramas, hojas lanceadas y lampiñas, y fruto pequeño, negro azulado y áspero al gusto.  contrita:  Que siente contrición:  2. f. Arrepentimiento de una culpa cometida.  acónito:  1. m. Planta ranunculácea de hojas palmeadas y flores azules o amarillas, cuyas variedades son todas venenosas cuando la semilla ha llegado a la madurez.  2. m. Sustancia venenosa que se extrae de esta planta y que tiene uso en medicina.)

ROMANCILLO DEL VIEJO RATÓN

Hay catorce lauchas

en torno a un ratón

viejo, rengo y ciego

pelado y rabón.

—Cuéntenos, abuelo,

lo que le pasó…

Y repite el cuento

que otra vez contó:

—Pito Colorín…

Pito Colorón…

Por una cocina

me paseaba yo.

Limpias las baldosas,

fregado el fogón,

no había en el suelo

ni un grano de arroz.

la señora escoba

todo se llevó.

Pito Colorín…

Pito Colorón…

Dormida en un banco

sobre un almohadón,

una gata negra

hacía rom-rom…

Cuando el gato duerme

pasea el ratón.

Esto lo sabemos

ustedes y yo.

Pito Colorín…

Pito Colorón…

Andaba esa noche

del banco al fogón,

con mi larga cola

como un gran señor.

Pito Colorín…

Pito Colorón…

De pronto descubro,

que allá en un rincón,

un trozo de queso

la escoba olvidó.

Lo que no se barre

lo come el ratón.

Esto lo sabemos

ustedes y yo.

Pito Colorín…

Pito Colorón…

Huelo, me relamo,

doy un mordiscón

y en una trampera

mi cola quedó.

Pito Colorín…

Pito Colorón…

Por comer deprisa

me quedé rabón…

La laucha más laucha

pregunta al ratón:

—¿Y la gata negra

no se despertó?

—Fue por un milagro

que no me comió.

—Este cuento, abuelo,

sirve de lección…

Pito Colorín…

Pito Colorón…

Javier Villafañe

Argentina

LOS TRES HERMANOS

Colorado, colorín,

empecemos por oír

el cuento de tres hermanos

que al Cielo quisieron ir.

Por Pedro obedece el grande,

por Juan despierta el mediano;

el chico ha perdido el nombre

de tanto correr cercados:

Colorín lo llamaremos

por las guindas que ha robado.

Pedro, que es el más serio,

dijo que iría a caballo,

que alguna montaña habría

más alta que el encielado.

Juan dijo que esperaría

volar con su ángel al lado,

cuando el Señor lo llamara

a sentarse en sus estrados.

Pero el diablo Colorín

dijo arriba de un vallado

que él iría y volvería

sin que notaran el daño,

que bastaba no hacer ruido,

saltar y caer parado,

no botar ninguna teja

ni pisar en el sembrado.

Colorín, colorado,

pillaron a Colorín

pues se puso colorado!

Efraín Barquero

Chile

VERSOS SIN FIN

Vuela la liebre

corre el delfín.

El pingüino anda

en monopatín.

La gaviota vuela

por playas sin mar.

Si no te lo crees

lo vuelvo a contar.

Montse Torrents

España

EL CARACOL MARTÍN

Una vez en mi jardín

pasó algo extraordinario:

Se vió al caracol Martin

sentado leyendo el diario.

Le pregunté preocupada:

—Oiga Señor, ¿que le pasa?

El me dijo tristemente:

—Aquí ando, buscando casa.

—¿Que ha pasado con la suya?

fue mi pregunta inmediata.

—La he perdido, —dijo el pobre—

¡Un auto casi me mata!

—No se aflija, Don Martin

le contestó mi hermanita

y en un momento le puso

sobre el lomo una cajita.

Entonces el caracol

se fue a dormir muy contento

porque en lugar de una casa…

¡Tenía departamento!

María Alicia Esaín

Argentina

BALADA DE DOÑA RATA

Doña Rata salió de paseo

por los prados que esmalta el estío,

son sus ojos tan viejos, tan viejos,

que no puede encontrar el camino.

Demandóle a una flor de los campos:

—Guíame hasta el lugar en que vivo.

Mas la flor no podía guiarla

con los pies en la tierra cautivos.

Sola va por los campos, perdida,

ya la noche la envuelve en su frío,

ya se moja su traje de lana

con las gotas del fresco rocío.

A las ranas que halló en una charca

Doña Rata pregunta el camino,

mas las ramas no saben que exista

nada más que su canto y su limo.

A buscarla salieron los gnomos,

que los gnomos son buenos amigos.

en la mano luciérnagas llevan

para ver en la noche el camino.

Doña Rata regresa trotando

entre luces y barbas de lino.

¡Qué feliz dormirá cuando llegue

a las pajas doradas del nido!

Conrado Nalé Roxlo

Argentino

LA NIÑA DE GUATEMALA

Quiero, a la sombra de un ala,

contar este cuento en flor:

la niña de Guatemala

la que se murió de amor.

Eran de lirio los ramos,

y las orlas de reseda

y de jazmín; la enterramos

en una caja de seda.

…Ella dio al desmemoriado

una almohadilla de olor:

él volvió, volvió casado;

ella se murió de amor.

Iban cargándola en andas

obispos y embajadores:

detrás iba el pueblo en tandas,

todo cargado de flores.

…Ella, por volverlo a ver,

salió a verlo al mirador:

él volvió con su mujer,

ella se murió de amor.

Como de bronce candente

al beso de despedida

era su frente, ¡la frente

que más he amado en la vida!

…Se entró de tarde en el río,

la sacó muerta el doctor:

dicen que murió de frío

yo sé que murió de amor.

Allí en la bóveda helada,

la pusieron en dos bancos:

besé su mano afilada,

besé sus zapatos blancos.

Callado, al oscurecer,

Me llamó el enterrador;

¡nunca más he vuelto a ver

a la que murió de amor!

José Martí

Cuba

 ♦

UNA FAMILIA SINGULAR

Este es el cuento de Blas,

que camina para atrás,

y de su esposa Teresa,

que camina de cabeza;

de sus hijos grandullones,

que van sobre los talones;

del pequeño Ferdinando,

que se desplaza rodando…

y acaba con su hija Inés,

que corre en punta de pies.

(Eso sí:  si están cansados,

todos marchan agachados…)

¡Solo en un cuento has de hallar

familia tan singular!

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

CUENTO BREVÍSIMO Nº1

Nació de muy chiquitita,

una brujita.

De muy anciana murió,

se evaporó.

Como nada le pasó

en toda su bruja vida…

esta historia se acabó,

embrujecida.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

CUENTO BREVÍSIMO Nº2

Había una vez un gato

que pasaba apuradísimo…

Por aquí pasó hace un rato.

Por eso, el cuento es cortísimo.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

CUENTO BREVÍSIMO Nº3

Pues señor, este es el cuento

de una pícara princesa…

y aquí mismo se termina,

porque la llevaron presa.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

CUENTO BREVÍSIMO Nº4

De un gorrión que se voló

este es el cuento encantado.

Ya empezó.  Ya se acabó.

Y colorín colorado.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

CUENTO BREVÍSIMO (Y SINVERGÜENZA) Nº5

Había una vez cierta gente

diferente,

que se bañaba sin malla

en cierta playa.

Tomaba sol en la cola,

entre ola y ola.

Y este cuento llega al fin

—colorín—

con un tono muy tostado

—colorado—.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

CUENTO BREVÍSIMO Nº6

Este cuento no sucede

hasta el año tres mil veinte.

Tenga paciencia y espere

quien quiera que se lo cuente.

(Entretanto, que se siente.)

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

CUENTO BREVÍSIMO Nº7

Érase, en primavera,

una flor que dijo MIAU…

(El cuento sólo eso era.

                                  Chau.)

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

HABÍA UNA VEZ

Había una vez

una bruja bella

y un príncipe inglés

se casó con ella.

El rey los bendijo,

les dio los anillos;

tuvieron un hijo,

un bosque, un castillo…

Pero una mañana,

la reina —muy cruel—

la convirtió en rana

con veneno y miel.

La rana le dijo:

—¡La bruja soy yo!

¡Será sapo mi hijo!

(lo sapificó)

—¡Con mi amado esposo

de este cuento escapo!

Y al príncipe hermoso

lo transformó en sapo;

en cielo encantado

transformó al castillo;

al bosque, en un prado;

en sol, los anillos…

Y —hoy— en su laguna

—felices los tres—

cantan a la luna

de había una vez…

Y —hoy— la reina llora

su dicha perdida…

y el rey anda —ahora—

de capa caída.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

LEYENDA DEL MAR

Cuenta la leyenda que un día en el mar,

una sirenita se puso a llorar

porque de un joven príncipe se enamoró

y de tanto llorar, así, salado quedó el mar…

El príncipe tenía los ojos azules

y pertenecía a un mundo de tules

de oro y de joyas, de grandes banquetes

de ropas costosas y muchos sirvientes

Solía pasearse solo por las playas

y con la sirena un día tropezó

Sus ojos apenas pudieron creerlo

y de la sirena, él, se enamoró

Mundos diferentes

diferentes mundos

el oro y la arena

fundidos en uno

¨Qué importa quien sos

de donde venís

llévame con vos

con vos quiero ir…¨

El príncipe de oro, le dijo que la amaba

la dulce sirena, de emoción, lloraba

Pero fué muy triste lo que sucedió;

fueron alejados, y todo acabó

porque en el palacio, cuando se enteraron

que el príncipe amaba a una sirena

así, lo encerraron, y murió de pena.

Cuenta la leyenda que se fue a una estrella

que pasó un cometa y en el se subió

y volvió a la tierra y resucitó…

Y todos aquellos que lo habían llorado

pidieron perdón y todo olvidaron…

Y así comprendieron que el príncipe amaba

a aquella sirena que siempre lloraba.

Cuenta la leyenda que el oro y el mar

a veces se funden en el más allá.

El príncipe quiso una gran ceremonia

y al borde del mar besar a la novia

y los invitados entonces supieron

que nunca se muere lo que es verdadero

Mundos diferentes, diferentes mundos

el oro y la sal, fundidos en uno…

Cuenta la leyenda que un día en el mar

una sirenita se puso a llorar

porque de un principe encantado se enamoró

y de tanto llorar, así, salado quedó el mar…

Coni Salgado

Argentina

 LOS GATITOS MELLIZOS

Dos gatitos muy suaves vivían

haciendo ron-ron.

Lo pasaban jugando y durmiendo

Michín y Michón.

Los gatitos querían ser buenos

y portarse bien.

¡Pero cuántas diabluras hacían!

Pasaban de cien…

Cuando estaba tejiendo la abuela

su ovillo cayó.

Nuestro par de gatitos traviesos

sobre él se arrojó.

Escaleras abajo rodaron,

¡patapím-pam-pom!

Enredados, ovillos y gatos,

un solo montón.

Dos paquetes envueltos en lana

en cada escalón,

calladitos y quietos quedaron

Michín y Michón.

Un buen reto les dio la abuelita

al llegar por fin.

Ya no pudo tejerse los guantes

de lana carmín.

Enojada gritó la señora:

“¡No los quiero ver!”

Con gran susto, en las botas de abrigo

fuéronse a esconder.

Más tranquilos, al cabo de un rato,

cansados al fin.

“Tengo hambre”, murmuró bajito

el pobre MIchín.

Escapando de allí a la cocina

corren en tropel,

y se trepan con uñas y garras

al blanco mantel.

El abuelo tenía servida

su leche en tazón.

Gota a gota la tomaron toda

Michín y Michón.

Con el rico manjar de ciruelas

hicieron festín,

y uno de ellos metió la patita

dentro del budín.

En dos saltos llegó a la pileta

y allí se lavó,

pero todo marcado de dulce

el mármol quedó.

¡Qué fresquito y qué divertido

fue aquel chapuzón!

Entre blancas escamas y espuma

de suave jabón.

Sacudiendo el pelaje mojado

apareció el par,

resoplando igual que si hubieran

salido del mar.

Dispararon los pobres mininos

con frío y con tos,

y dejaron el piso manchado

al huir los dos.

Al secarse en el pasto soleado

del verde jardín,

otra vez en sus juegos pensaron

Michón y Michín.

Linda pista de juego la cama,

¡salto viene y va!

En la almohada reposa el sombrero

nuevo de mamá.

Al sombrero le dieron mil vueltas

jugando los dos.

Los adornos, la paja, las cintas,

las flores, ¡adiós!

Cuando vino la pobre señora

dio un chillido atroz.

Las patitas movieron los gatos

en fuga veloz.

Los mininos jamás entendieron

griterío tal.

No querían los gatos, jugando,

causar ningún mal.

Asombrado, el par de gatitos

volvió a su rincón

y durmieron tranquilos su siesta

Michín y Michón.

María Laura Serrano, seudónimo de Julia Daroqui

Argentina

DESCONSUELO

—¿Qué fue de aquel caballito

 al que trajo la corriente?

 —Se enamoró de repente

 de una nereida engreída.

Meciéndose conversaban

 las vecinas en el pueblo,

 al que quitaban el sueño

 con los chimentos del mar.

—Después le dio por nadar

 y buscar a la que amaba

 que entonces ya se encontraba

 en un carruaje real.

Disgustada lo miró

con desdén por la ventana,

 sin pena por la lejana

 historia de amor fugaz.

—¿Ya no te acordás de mí?

Vine a verte, te extrañaba.

En cardumen recordaba

solo tu imagen pasar.

Tantos collares de perlas,

esmeraldas y topacios

que encontré en viejos naufragios

en noches de soledad.

—Creo que seré Duquesa,

o tal vez Emperatriz.

Solo esto me hace feliz.

¡Nunca vi tanta riqueza!

Bueno, me voy pero espero

que no cambies de opinión,

porque no habrá otra ocasión

en que volvamos a vernos.

Triste, triste decepción

me dieron estos parajes.

Mujer rodeada de pajes

que olvidó su condición.

Hipocampo atormentado

huye de corazón helado.

Húmeda casa lo espera

tras el timón de madera.

Por un tiempo los rumores

de nereida y sus fulgores

surcaron playas gigantes

con cuentos amenazantes.

Hoy son sólo una leyenda,

nadie sabe si pasó.

Fiel hipocampo recuerda

porque el mar ya la olvidó.

Cecilia Maurig

Argentina

RAMONA Y RAMÓN

La mariposa Ramona

nació en una biblioteca…

Además de ser muy mona,

no era una cabeza hueca.

De tanto andar en lo oscuro

estaba un poquito pálida.

Le mandaron, con apuro,

descansar como crisálida…

En el Hotel Lirio Azul

pasaba una temporada,

bajo sombrilla de tul,

hasta estar recuperada.

Sobre un pétalo amarillo

se tendía a tomar sol.

De lejos miraba un grillo,

asomado a un girasol.

Ella leía cuentos de hadas,

no le prestaba atención…

—¡Qué bicha tan agraciada,

ya me robó el corazón!

Decía el grillo, contento

al verla tan diferente…

Esa chica es un portento,

¡tan linda, e inteligente!

Ramón Grillo era escritor

de libros hechos con hojas.

Declaró en versos su amor

a la blanca mariposa.

Ramona alzó los ojos

al oír la serenata

Cuando dejó los anteojos…

¡se puso rojo escarlata!

(En los estantes oscuros

nunca sintió esa emoción…)

Saltando como canguro

cantó Ramón su canción.

Le invitó un té de hojitas…

Él hizo una reverencia…

Temblándole las patitas,

la saludó con prudencia.

Charlaron el día entero

como dos viejos amigos…

Después él dijo: “Te quiero.

¿Vas a casarte conmigo?”

Ella se puso muy roja,

(y no por causa del sol…)

Entre el verde de las hojas

brillaba como farol.

Llegó el día de la boda

y los casó la chicharra.

Hubo música de moda,

flor de torta y mucha farra…

Colorado, colorín…

¿O colorín, colorado?

Mejor será decir “Fin…”

¡Este cuento ha terminado!

Olga Appiani de Linares

Argentina

LA SEÑORITA TORTUGA

La señorita Tortuga

era bella y delicada

dulce como una caluga

por todos muy admirada.

La señorita Tortuga

no salía de su casa

pues tenía una verruga

y se sentía feasa.

La señorita Tortuga

no se miraba al espejo

pues tenía la verruga

en medio del entrecejo.

Ya no sabía qué hacer

la verruga crecía y crecía

ya parecía pastel

que no la dejaba ver.

Tuvo que ir al doctor,

el médico la examinó

se sentiría mejor

con la receta que dió.

Ella fue a la farmacia

compró nitrato de plata

pero no tuvo eficacia

no lo usó pues le dio lata.

Entonces fue al cirujano

llevándole su tormento

y él cortó por lo sano

en unos pocos momentos.

Con rayo láser operó

a la señorita Tortuga

quien mucho más linda quedó

¡dulce como una caluga!

Astrid María Reyes Silva

Chile

Otro cuento corto de mi mamá, pero éste, con trabalenguas incluido:

EN UNA NOCHE DE LUNA

En una noche de Luna

dos traviesos hermanitos

salieron muy calladitos

queriendo probar fortuna.

Eran dos lindos cerditos

los llamaban Chacho y Checho

manchas negras en el pecho

rosados, muy guatoncitos.

Ya lejos de su corral

olieron algo dulzón

y les saltó el corazón

en medio del matorral.

“Eso es aroma de chicha”

—Chacho le dijo a Checho

y ya lo dieron por hecho

y se colmaron de chicha.

Llegaron a las barricas,

una de ellas goteaba

un recipiente captaba

una chicha dulce y rica.

Chacho y Checho más la chicha

se sentían chochos, chochos

bebiendo por tres, ¡por ocho!

y se inundaron de dicha.

Y la luna se escondió,

los cerditos la dormían

entre barricas vacías

tarde el sol los despertó.

Y volvieron abrazados

chachareando, chacoteando

Chacho y Checho, tambaleando

¡Hip! con chicha, ¡Hip!, ¡Se han curado!

Al llegar al corral

doña Chencha y don Chancho

(ambos de doble ancho)

los salieron a encontrar.

Los padres se han desvelado

pensando que sus campeones

sus nenes aún lechones

terminaron como “asados”.

Los nenes muertos de risa

no se hacían entender

sólo por tanto beber

sucios hasta la camisa.

Una lluvia de coscachos

le dan a Checho y a Chacho

ya sea en vasos o en cachos

¡la chicha no es pa’ muchachos!

Astrid María Reyes Silva

Chile

(chicha: RAE  2. f. Chile. Bebida que se obtiene de la fermentación del zumo de la uva o de la manzana)

LA GALLINA SERAFINA

La gallina Serafina,

viuda del gallo Peralta,

vendió toda su herencia

para ser astronauta.

Sobre un choclo espacial

en justísimo horario

Serafina salió rumbo

al sistema planetario.

En el sembrado amarillo

de una gran estrella

buscó granitos tiernos

como los de la tierra.

Pasó en raudo vuelo

por toda la galaxia

y eligió el mejor lugar

para edificar su casa.

En las altas sombras

armó su gallinero

y se sentó muy oronda

en su nido de cielo.

Ahora todas las noches

la astronauta Serafina

pone un huevo de luna

como ninguna gallina.

Vilma Novick

Argentina

UNA ABEJA AVISPADA

Hay un tremendo revuelo

dentro y fuera del colmenar

pues han venido a robar

el fruto de sus desvelos

del trabajo que con celo

desarrollan las abejas

nunca se oyó ni una queja

hasta hoy, al mediodía

los vientos de rebeldía

soplan y la paz se aleja

Una abeja avispada

arenga a sus compañeras:

“¡Abajo las plañideras!

¡Desenvainen las espadas!

¡La guerra está declarada!

No pelaremos el ajo

y sufrir el desparpajo

de hombres depredadores

¡y vendrán días mejores

a premiar nuestro trabajo!”

Los hombres son poderosos

arteros y despiadados

¿Cuál será el resultado

de dar guerra al ventajoso?

Puede ser muy peligroso

–decían las más prudentes–

La abeja inteligente

las convenció enseguida

“Jugaremos la partida

con todos nuestros parientes”

En menos que canta un gallo

se ha formado un batallón,

actuarán con discreción

tienen la fuerza del rayo

pisarán todos los callos

atacarán donde duele

y el triunfo casi se huele.

¡Qué tremendo familión!

¡Es disciplina en acción!

¡Es máquina que demuele!

Y esperan con impaciencia

las hormigas y hormigones

las avispas y avispones

las chaquetas amarillas

las abejas, las sencillas

pelearán por su existencia

ellas no tendrán clemencia

y en el momento propicio

causarán tal estropicio

que ganarán por presencia

Llegó el día esperado

hay fiesta al aire libre

será de grueso calibre

ya todo está preparado

alguien se ha matrimoniado

los anfitriones, ¡confiados!

Ya llegan los invitados

la finca está deslumbrante

todos de muy buen talante

domina el olor a asados

Hay música, alegría

brindis con y sin motivo

el único objetivo

pasarlo bien a porfía

desde hoy, al mediodía

y por el fin de semana

hay dispuestas algunas camas

por si quieren descansar

y las pilas recargar

algunas mañosas damas

A la mesa pasan todos,

se sirven ricos manjares

pa’ exigentes paladares

hablan hasta por los codos

y comen del mismo modo.

Está comenzando la guerra

cubriendo toda la tierra

las hormigas, por millones

desplazan sus batallones

¡No se libra ni la perra!

Lo cuento porque yo lo vi:

“Subieron por los talones

llegaron a los calzones

se metieron “por allí”

picando más que el ají.”

Otras vaciaron los platos

lo hicieron en poco rato

arrasaron las despensas

porque estaban indefensas

¡y todo quedo pa’l gato!

Las avispas, las abejas

obscurecieron el cielo

era pa’ erizar el pelo

ya la alegría se aleja

todo era llanto y quejas…

las chaquetas amarillas

no son nada de sencillas

para comer son maestras,

del asado… ¡ni la muestra!

Y eso que eran tres vaquillas

Relámpago fue el ataque

sin ningún damnificado

todos sí muy asustados

como golpeados con laques

por diez minutos en jaque

han quedado sin comida

con la fiesta destruida

una gran interrogante

todo pasó en un instante

¡Qué cosas tiene la vida!

Tras largas cavilaciones

luego de pensarlo mucho

de fumar hasta los puchos

y copiosas libaciones

sacaron las conclusiones:

“Las abejas se enojaron

y por eso nos fregaron,

les pediremos perdón

lo haremos de corazón”

y luego de eso… rezaron.

Los días pasan con celeridad

los hombres, por primera vez

vieron el mundo al revés

comprendiendo con humildad

su enorme inferioridad

y alzando blanca bandera

llegaron a la pradera

donde estaba el colmenar

para el compromiso dejar

de ayudarlas en lo que fuera

Vemos en la actualidad

la finca llena de flores

de toditos los colores

los hombres y abejas en verdad

trabajan en sociedad.

Es rincón del paraíso

así como Dios lo quiso:

“Ver todas sus creaturas

muy felices y seguras”

¡Así como Dios lo quiso!

Astrid María Reyes Silva

Chile

(avispada:  RAE 1. adj. coloq. Vivo, despierto, agudo.  plañidera:  RAE 1. adj. Lloroso y lastimero. talante: RAE 2. m. Semblante o disposición personal.  laque:  RAE 2. m. Chile. Especie de porra de fierro o de madera recubierta. pucho:  RAE Del quechua puchu, sobrante. 1. m. Am. Mer. y Hond. colilla (‖ resto del cigarro).)

SIN SUS ZAPATILLAS

Sin sus zapatillas

sólo con calcetas

corría la abuela

tras la gallineta

Tendría visitas

haría cazuela

¡Pero no conmigo!

-dijo la polluela-

Corre, corre, corre

échate a volar

¡pronto gallineta!

te van a alcanzar

Se puso la abuela

sus viejas chancletas

siguió a la polluela

en su patineta

No avanzaba mucho

siguió en bicicleta

cruzó un negro cucho

cayó a la cuneta

Se asustó la polla

se siente cansada

se ve en una olla

toda desplumada

Quiere descansar un rato

se esconde en el maizal

siente que está para el gato

¡nadie la va a cazuelear!

Vuela hasta la veleta

la polluela por su vida

avanza en la camioneta

la abuela está decidida

¡Qué viejecilla atrevida!

viene ahora en avioneta

no perderá la partida

casi pisando la meta

Pero suena el celular

son sus nietas muy amadas

ya la vienen a buscar

tendrán vacaciones soñadas

¡Se salvó la gallineta!

la abuela va a navegar

aterriza la avioneta

todos van a descansar

Traen todo preparado

ya tiene puesta la mesa

luego habrán almorzado

y la alegría no cesa

En yate navega la abuela

entre islas caribeñas

se olvidó de la cazuela

toma el sol en blanca arena

Feliz se siente la abuela

¡la más feliz del planeta!

Feliz y en paz la polluela

Astrid María Reyes Silva

Chile

(cazuela cucho: RAE 1. interj. Chile U. para llamar al gato. U. m. en dim. 2. m. Chile. gato.  celular:  Teléfono móvil.)

MASCOTAS

Hay cosas que son injustas

como el estar encerrado

me tienen muy castigado,

desde luego, no me gusta

Un amigo del colegio

me regalo un ratoncito

le puse un nombre bonito

digno de su porte regio

Mirrey siempre me acompaña

lo llevo en cualquier bolsillo

es tan lindo y traviesillo

no tiene ninguna maña

Hoy, mi abuela vino a vernos

como siempre, con regalos

y pasó algo muy malo

¡todo se volvió un infierno!

Mirrey, saltó, no sé cómo,

encima de mi abuelita

ella, ni siquiera grita,

se desmaya, cae a plomo

Mi mami se sobresalta

piensa que ella se murió

de seguro se infartó

Mirrey, de repente, salta

¡Mamá es tan re gritona!

mi ratoncito se asusta

la situación me disgusta,

ella está como una leona

Me dice a grito pelado

“le daré queso y veneno…

(yo creo que eso no es bueno)

llévalo para otro lado”

Me despedí de mi amigo

el fué comprensivo y tierno

pasará bien este invierno

se casará, yo me digo…

Ya no me deja en vigilia,

lo veo cerca del colegio

a veces, le llevo queso,

el me mostró su familia

Ahora, para callado

tengo otra mascotita

le puse por nombre Lita

a nadie se la he mostrado

Es discreta, muy bonita

de color cobre bruñido

se esconde, si siente ruido

mi amada ¡Tarantulita!

Astrid María Reyes Silva

Chile

LA HORMIGUITA

(con problemas existenciales)

Una linda hormiguita

mientras llevaba su carga

pensaba en su vida

tan fome y amarga

Todos los santos días

en horarios extenuantes

las hormigas conseguían

provisiones abundantes

En fila india, marchando

a pasos acelerados

no pueden ir conversando

eso resulta impensado

Cansada de su rutina

quiso hacer algo atrevido

se desvió a una cantina

quizás para hallar olvido

El campeonato ha ganado

el equipo azul de rayuela

hay fiesta, un rico asado

y están brindando con “chela”

Los amigos están felices

cantan, bailan, comen, beben

no hay excesos, no hay deslices

¡esto las hormigas quieren!

La hormiga no lo pensó

sin ninguna sutileza

al hormiguero llevó

una jaba de cerveza

Les convidó la cerveza

a sus hermanas obreras

la risa de oreja a oreja

¿y el trabajo?, en espera

Se produjo tal desorden

que la Reina las retó

¡Vuelvan al trabajo! ¡Es orden!

pero nadie la escuchó

Le perdieron el respeto

la fiesta ya es una juerga

porque han ignorado el veto

ya todas están en huelga

La Reina ya se integró

¡qué fiestoca! ¡qué fiestoca!

sabe que el hormiguero acabó

todas están más que locas

Y todos sus enemigos

aprovechan la ocasión

terminan con las hormigas,

sin ninguna oposición

Yo quería una fiestita

igual al Club de Rayuela

-reflexiona la hormiguita-

¡Nos pasamos con la chela!

Astrid María Reyes Silva

Chile

(chela:  RAE 2. f. fest. coloq. Méx. cerveza. En Chile también)

No es secreto.  En la versión que la propia Dedé compartió para lectoaperitivos, les dejo…

ES UN SECRETO

Hace tiempo, panza arriba,

descansaba una botella

en esa raya plateada

donde cielo y mar se encuentran.

La botellita flotaba

(¿qué otra cosa podía hacer?)

cuando la vio un pez aguja

que iba tejiendo al crochet.

Tenía adentro un papelucho

ya tostado por el sol

y el pez aguja, curioso,

enseguida lo leyó.

Algunos le preguntaron

qué tenía escrito el mensaje.

–Es un secreto –les dijo

y siguió tejiendo el traje.

¡El pez aguja se burla!

pensó el pez globo, ofendido.

–Yo también quiero leerlo,

después vengo y se los digo.

Se infló como una pelota

y subió a la superficie.

Ahí estaba la botella

en la húmeda planicie.

Cuando vio lo que decía

cayó para atrás redondo

y largó una carcajada

que lo empujó para el fondo.

–¿Pero qué dice el mensaje?

preguntaron los amigos.

–Es un secreto –contó

y huyó como había venido.

–Si es un secreto tan grande

lo queremos develar.

Vamos todos a leerlo,

¡que se sepa la verdad!

Allá fueron en cardumen

a descubrir el misterio.

“Es un secreto” decían

cuando volvían de leerlo.

Los marineros relatan

que aún se ve la botella

con una mitad mojada,

con la otra parte seca.

Y dicen que si los peces

nadan todos para un lado

es que van a conocer

ese mensaje encerrado.

Porque ellos no mienten nunca,

lo que dicen es verdad:

“ES UN SECRETO” está escrito

en la botella del mar.

María Laura Dedé

Argentina

CATALINA AVENTURERA

Va la hormiga Catalina

en media nuez embarcada

Lleva una vela muy fina

con una hojita pintada.

Catalina, muy coqueta,

usa un gorro marinero

y una bonita chaqueta

que tejió en el hormiguero.

Por el río de la zanja,

esta hormiga aventurera,

se va lejos de la granja

y de su vida hormiguera.

Quiere llegar al Uruguay,

donde vive la cigarra

y, a la sombra de un yatay,

pasar el día de farra…

Tomar mate con galletas,

y refrescos con pajita…

Conocer grillos poetas

en el Bar La Margarita.

Cantar a coro algún samba,

un rock, una chacarera…

¡Qué buena vida, caramba!

¡Más dulce que azucarera!

Le bailan solos los pies

pensando en ese mañana…

Y, en su barquito de nuez…

¡ya dio cien vueltas manzana!

 Olga Appiani de Linares

Argentina

LA GATITA MICHIFÚ

Entre chapas una noche

la gatita Michifú nació,

por delante tenía un coche

y un charco casi la mojó.

Los chiquillos charlaban

al ver a Michifú dormida,

casi se chocaban

en una noche tan fría.

Por la mañana Euchenia

leche a los gatos llevó,

sus ojos chispeaban

y Michifú la llamó.

Pasaron noches y días

Michifú ocho meses cumplió,

Euchenia la bañaría

y mucho champú compró.

Una tarde siguió a un coche

Michifú se despistó,

se le hizo de noche

y a los chopos del rio llegó.

Por la mañana una chicharra

en lo alto de la chopera,

más que cantar chirriaba

y a Michifú desespera.

Euchenia en su coche

hasta los chopos llegó

y con un cacho de corcho

a Michifú encontró.

Vente con nosotros chicharra

quédate en mi porche,

pondré colchón y sábanas

dormirás con los gatos de noche.

Michifú es feliz con su cascabel

la chicharra le enseña la corchea,

Euchenia les teje chalecos de crochet

y la luna los tapa con su chistera.

Encarni Ruiz Vázquez

España

(chopera:  RAE  1. f. Sitio poblado de chopos. chopos: RAE 1. m. Nombre con el que se designan varias especies de  álamos.)

EL SAPO RUFINO

El sapo Rufino

siempre lleva guantes,

con su traje de lino

cree estar muy elegante.

Quiere saltar desde un pino

hasta un charco,

y jugar y jugar

con el agua y el barro.

¡Pobre Rufino

triste al ensuciarse

su traje tan fino

y su verde pelaje!

Llega Rufina

su rana amiga,

con una rosa en la mano

y una gran sonrisa.

¿Qué te ocurre Rufino

tan lleno de barro?

Te limpiaré despacito

y no cogerás catarro.

Gracias, amiga Rufina

ya no tengo frío,

no voy a llorar

contigo siempre me río.

Croando, croando

quieren decirte algo a ti:

¡Esperamos verte algún día

y hacerte … sonreír!

Encarni Ruiz Vázquez

España

DE CIEN COLORES

¡¡Alegría hay en el bosque!!,

llegó la Araña Dolores,

la que puede fabricar

telitas de cien colores.

—¡Téjame unos guantes verdes!

–suplica una linda rana–.

Pero, por favor que sean

verde del verde manzana.

—Señora Araña –le pide

un ciempiés que está algo cojo–.

¿Me haría unas cien calcetas?,

pero de un rojo muy rojo.

Vuelan y salen colores

de las patas de esta artista,

rojos, celestes, rosados

si parece una florista.

Después de tanto tejer

se va la Araña Dolores,

y el bosque ahora ha quedado

tapizado de colores.

María Luisa Silva

Chile

CUENTO DE NUBES

El viento arrea las nubes

por los caminos del cielo,

unas a otras se empujan

como si fueran corderos.

Una nube más pequeña

se enredó en el horizonte.

—Espérenme, hermanas mías!

–gritó apoyada en un monte.

—Espérenme –gimió luego,

trepando muy lentamente

por el gran arco del cielo.

—Yo te empujo –gritó el viento

arreando a su cordero–

hoy va estar muy malo el tiempo

y muy luego lloraremos.

Lloró la pequeña nube,

lloró porque hacía frío.

En el jardín de una niña

cayó su puro rocío.

—Gracias –dijeron las rosas–,

—gracias –cantaron las salvias,

y la nube, alivianada,

persiguió a sus hermanas

y jugaron los corderos

con el viento y las montañas.

Alicia Morel

Chile

EL BURRO Y LA RANA

Retozaba

risueño y radiante

un burro en el arroyuelo.

De repente una mirada

–hacia atrás,

que no hacia adelante–

le reveló

su imagen reflejada

en aquel refrescante

riachuelo.

Reparando en una rana

que en remoto rincón

se reconfortaba

dándose un remojón,

le rebuznó así el borrico:

—Dime rana si no es rico

reconocer

mi rostro honrado,

romántico, arriesgado,

resuelto,

sonriente y recio.

—Le ruego que recuerde

lo mucho que lo aprecio

—respondió la rana verde

rascando su barriga:

—Pero,

¿qué quiere que le diga?

No fue su rostro,

amigo borrico,

robusto

y rebosante de alegría

lo que con tanto regocijo

usted vio reflejado…

en realidad, yo le diría

más bien, que fue su rabo.

Saúl Schkolnik

Chile

En Poemas para volar

EL GATO ALTANERO

¿Qué sientes en mi presencia?

dice el gato al roedor

atrapándole del rabo

altanero y bravucón

llevándole hasta un rincón.

Tu presencia me da miedo,

por tí conozco el terror,

le contesta el roedor,

pero por ti también siento

verdadera admiración.

Pues eres tan elegante

un animal superior,

tienes los ojos tan grandes

de tan precioso color

y que en la noche relucen

como en el día brilla el sol.

Un animal tan bonito,

inteligente y veloz,

con un cuerpo tan esbelto,

viajero y saltador,

un animal sigiloso,

con fama de buen cazador

que cuenta con siete vidas,

y no una, como yo.

¿Qué haces perdiendo el tiempo

con un miserable ratón?

El gato tan vanidoso

callado mira al ratón

y estirando sus bigotes

deja ir al roedor,

que muy rápido se aleja

corriendo de aquél rincón,

demostrando ser más listo

que el felino, el roedor.

Marisa Alonso Santamaría

España

LAS RANAS CAZADORAS

Un búho de ojos oscuros

en lo alto de una rama,

observa con atención

como pelean dos ranas.

Tienen presa a una mosca

cada una de una ala,

las dos a la vez la vieron

y se niegan a soltarla.

Ninguna ve a la culebra

que se acerca por detrás,

hasta que el búho en lo alto

nervioso empieza a ulular.

Con el susto las dos ranas

abren a la vez la boca,

momento en que se escapa

muy aturdida la mosca.

En unos segundos

la presa es liberada,

y las ranas cazadoras

pasan a ser las cazadas.

Marisa Alonso Santamaría

España

EL RATÓN DESAGRADECIDO

En una botella

que no tiene tapón,

algo despistado,

se mete un ratón.

Al llegar al fondo

aplasta la nariz,

sólo asoma el rabo,

y no puede salir.

Al pasar un pájaro,

le cree una lombriz,

tirando con fuerza

le saca de allí.

“¡Ay, mi rabito,

triste de mí!

Cómo me duele

¡Vete de aquí!”

El pájaro le mira

un poco aturdido,

no es más que un ratón

¡Y muy desagradecido!

Las palabras del ratón

al pájaro han ofendido,

y otra vez de un empujón,

a la botella ha metido.

Marisa Alonso Santamaría

España

LA RATA BLANCA

De la gran rata se alejan,

aunque tiene poca edad,

es una gran rata blanca,

mucho más de lo normal.

Ningún ratoncito del bosque

quiere con ella jugar,

y la gran rata muy triste,

de allí se quiere marchar.

Detrás de un gran árbol

hecha una gran bola,

se ha ido a esconder

y está llorando muy sola.

A unos ratoncitos

ve llegar gritando,

detrás un gato enorme

que viene maullando.

La rata deprisa

les esconde tras de ella,

y el gato enfurecido

la ataca sin darle tregua.

Defendiendo a los ratones

le ha hecho frente sin temor,

resistiendo en la pelea

con muchísimo valor.

Hasta que el gato cansado,

dándose al fin por vencido,

se da la vuelta enfadado

y se marcha sorprendido.

Enseguida llega al bosque

la proeza de la rata,

y ahora nadie da importancia

si la rata es grande o blanca.

Marisa Alonso Santamaría

España

EL CABRITILLO Y EL GUSANO

Corriendo, corriendo,

iba el cabritillo,

cuándo se topó

con un gusanillo.

¿Qué haces aquí en medio?

dijo el cabritillo,

salía de mi casa

y me enredé en un hilo

¿Un hilo dices?

Esto es una rama,

y si no te sueltas

te come la rana.

Llevo aquí un buen rato

sin saber qué hacer,

cuánto más me muevo

más me enredo en él.

Con cara de pena

mira el gusanillo,

y le pide ayuda

al buen cabritillo.

Sin darse cuenta

de que el lobo merodea,

el cabritillo afanoso

se puso a la tarea.

¡Date prisa, por favor!

Aunque tires con más fuerza,

que el lobo detrás de tí

nos mira con desvergüenza.

El cabritillo tiró,

con tanta fuerza, asustado

que la rama y el gusano

en su garganta ha tragado.

El lobo se le acercó,

enseñando los colmillos,

y de un golpe merendó

gusano y buen cabritillo.

Marisa Alonso Santamaría

España

LA CEBRA Y EL RATÓN

Una cebra y un ratón

por un camino pasean,

cada uno por su lado

en direcciones opuestas.

En un cruce del camino

en un momento se encuentran,

la cebra pisa al ratón

distraído en la vereda.

“Perdóname ratoncito”

dice la cebra angustiada,

“sólo ha sido un accidente,

no quería hacerte nada”.

El ratoncito en el suelo

gime con mucho dolor,

se ha hecho daño en una pata

y necesita un bastón.

La cebra en busca de ayuda

ve a su amiga la jirafa

y de lo alto de un árbol

le está cortando una rama.

Con esta rama la cebra

hace una fuerte muleta

y el ratón al levantarse

su cuerpo en ella sujeta.

“Gracias amiga cebra,

no te preocupes por mí,

has hecho cuánto has podido

que la vida es así”.

Y la cebra en su camino

y el ratoncito por otro,

los dos con mucho cuidado

miran de un lado hacia otro.

Marisa Alonso Santamaría

España

EL LEÓN

Un león de gran tamaño

presumía por la selva

orgulloso y estirado

de su bonita melena.

Una melena muy larga

ceniza y color arena,

con un brillo reluciente

tan suave como la seda.

Ha sentido mucha sed

se acerca a beber al río,

el agua que está tan fresca

de gran alivio le ha sido.

Después buscando la sombra

de un grande y verde nogal,

le llega el aroma fresco,

el lugar es ideal.

Al rato sueña que come

un dulce y crujiente pan,

ya huele a horno caliente

ha empezado a babear.

Dos ardillas muy traviesas

han llegado hasta su lado,

sin apenas hacer ruido

las melenas le han trenzado.

El león al despertar

tiene dolor de cabeza

vuelve a beber al río

y en el agua se refleja.

Las ardillas en el árbol

le gritan las dos bailando

haciendo chocar sus palmas,

juntas lo están celebrando.

El rugido del león

se oye en toda la selva,

un ruido ensordecedor

salido de las cavernas.

Nadie se ríe en la selva,

todos están asustados,

nunca un rugido tan fuerte

por allí se había escuchado.

El león siempre es el Rey,

con melenas o con trenzas,

y con su fuerte rugido

lo deja claro en la selva.

Marisa Alonso Santamaría

España

LA TORTUGA MARGARITA

Caminando muy despacio

sin llevar ninguna prisa,

se pasea por el bosque,

la tortuga Margarita.

No muy lejos ha escuchado,

un quejido de dolor,

despacio se da la vuelta

mirando a su alrededor.

Entre las hojas asoma

temblando una cabecita,

parece muy malherida

la pequeña cigüeñita.

¿Qué te ha pasado pequeña?

le pregunta Margarita

que tienes el pico roto

y tu patita está herida.

Estaba en el nido

esperando a mi mamá,

que salió a buscar comida

y ramas para jugar.

De repente un viento fuerte,

parecido a un vendaval,

tiró mi nido del árbol

y aquí he venido a parar.

Mi madre muy preocupada

buscándome ya estará,

pues sabe que soy pequeña

y aún no aprendí a volar.

No te preocupes pequeña,

yo te llevaré a curar,

tu madre que está buscando,

seguro te encontrará.

Mientras la mamá cigüeña,

volando por todo el cielo,

no encuentra a su pequeñita,

y siente un gran desconsuelo.

A lo lejos ha oído voces

que han llamado su atención,

su cigüeñita la llama

ha conocido su voz.

Bajó del cielo deprisa

sintiendo gran emoción

¡su pequeña sigue viva!

con sus plumas la abrazó.

Margarita muy contenta

emocionada las mira,

no paran de hacerse mimos

con sus picos se acarician.

Muchas gracias Margarita

agradecemos tu ayuda,

y muy contentas se alejan

de su amiga la tortuga.

Marisa Alonso Santamaría

España

EL LEÓN Y EL RATÓN

Estaba un ratoncillo aprisionado

en las garras de un león:  el desdichado

en la tal ratonera no fue preso

por ladrón de tocino ni de queso,

sino porque con otros molestaba

al león que en su retiro descansaba.

Pide perdón llorando su insolencia;

al oír implorar la real clemencia,

responde el rey en majestuoso tono

(No dijera más Tito):  “Te perdono”.

Poco después, cazando el león, tropieza

en una red oculta en la maleza.

Quiere salir, mas queda prisionero.

Atronando la selva, ruge fiero.

el libre ratoncillo, que lo siente,

corriendo llega, roe diligente

los nudos de la red, de tal manera,

que al fin rompió los grillos de la fiera.

Conviene al poderoso

Para los infelices ser piadoso;

Tal vez se puede ver necesitado

Del auxilio de aquel más desdichado.

Félix María de Samaniego

España

LOS ZAPATICOS DE ROSA

A mademoiselle Marie.

Hay sol bueno y mar de espuma,

Y arena fina, y Pilar

Quiere salir a estrenar

Su sombrerito de pluma.

—”¡Vaya la niña divina!”

Dice el padre, y le da un beso:

“Vaya mi pájaro preso

A buscarme arena fina.”

—”Yo voy con mi niña hermosa”,

Le dijo la madre buena:

“¡No te manches en la arena

Los zapaticos de rosa!”

Fueron las dos al jardín

Por la calle del laurel:

La madre cogió un clavel

Y Pilar cogió un jazmín.

Ella va de todo juego,

Con aro, y balde, y paleta:

El balde es color violeta:

El aro es color de fuego.

Vienen a verlas pasar:

Nadie quiere verlas ir:

La madre se echa a reír,

Y un viejo se echa a llorar.

Al aire fresco despeina

A Pilar, que viene y va

Muy oronda: —”¡Di, mamá!

¿Tú sabes qué cosa es reina?”

Y por si vuelven de noche

De la orilla de la mar,

Para la madre y Pilar

Manda luego el padre el coche.

Está la playa muy linda:

Todo el mundo está en la playa:

Lleva espejuelos el aya

De la francesa Florinda.

Está Alberto, el militar

Que salió en la procesión

Con tricornio y con bastón,

Echando un bote a la mar.

¡Y qué mala, Magdalena

Con tantas cintas y lazos,

A la muñeca sin brazos

Enterrándola en la arena!

Conversan allá en las sillas,

Sentadas con los señores,

Las señoras, como flores,

Debajo de las sombrillas.

Pero está con estos modos

Tan serios, muy triste el mar:

¡Lo alegre es allá, al doblar,

En la barranca de todos!

Dicen que suenan las olas

Mejor allá en la barranca,

Y que la arena es muy blanca

Donde están las niñas solas.

Pilar corre a su mamá:

—”¡Mamá, yo voy a ser buena:

Déjame ir sola a la arena:

Allá, tú me ves, allá!”

—”¡Esta niña caprichosa!

No hay tarde que no me enojes:

Anda, pero no te mojes

Los zapaticos de rosa.”

Le llega a los pies la espuma:

Gritan alegres las dos:

Y se va, diciendo adiós,

La del sombrero de pluma.

¡Se va allá, donde ¡muy lejos!

Las aguas son más salobres,

Donde se sientan los pobres,

Donde se sientan los viejos!

Se fue la niña a jugar,

La espuma blanca bajó,

Y pasó el tiempo, y pasó

Un águila por el mar.

Y cuando el sol se ponía

Detrás de un monte dorado,

Un sombrerito callado,

Por las arenas venía.

Trabaja mucho, trabaja

Para andar:  ¿qué es lo que tiene

Pilar que anda así, que viene

Con la cabecita baja?

Bien sabe la madre hermosa

Por qué le cuesta el andar:

—”¿Y los zapatos, Pilar,

Los zapaticos de rosa?

“¡Ah, loca!  ¿en dónde estarán?

¡Di dónde, Pilar!”  —”Señora”,

Dice una mujer que llora:

“¡Están conmigo:  aquí están!

“Yo tengo una niña enferma

Que llora en el cuarto oscuro

Y la traigo al aire puro

A ver el sol, y a que duerma.

“Anoche soñó, soñó

Con el cielo, y oyó un canto:

Me dio miedo, me dio espanto,

Y la traje, y se durmió.

“Con sus dos brazos menudos

Estaba como abrazando;

Y yo mirando, mirando

Sus piececitos desnudos.

“Me llegó al cuerpo la espuma,

alcé los ojos, y vi

Esta niña frente a mí

Con su sombrero de pluma.

—’¡Se parece a los retratos

Tu niña!’, dijo:  —’¿Es de cera?

¿Quiere jugar?  ¡si quisiera!…

¿Y por qué está sin zapatos?’

‘Mira:  ¡la mano le abrasa,

Y tiene los pies tan fríos!

¡Oh, toma, toma los míos:

Yo tengo más en mi casa!’

“No sé bien, señora hermosa,

Lo que sucedió después:

¡Le vi a mi hijita en los pies

Los zapaticos de rosa!”

Se vio sacar los pañuelos

A una rusa y a una inglesa;

El aya de la francesa

Se quitó los espejuelos.

Abrió la madre los brazos:

se echó Pilar en su pecho,

Y sacó el traje deshecho,

Sin adornos y sin lazos.

Todo lo quiere saber

De la enferma la señora:

¡No quiere saber que llora

De pobreza una mujer!

—”¡Sí, Pilar, dáselo!  ¡y eso

También!  ¡tu manta!  ¡tu anillo!”

Y ella le dio su bolsillo,

Le dio el clavel, le dio un beso.

Vuelven calladas de noche

A su casa del jardín:

Y Pilar va en el cojín

De la derecha del coche.

Y dice una mariposa

Que vio desde su rosal

Guardados en un cristal

Los zapaticos de rosa.

José Martí

Cuba

LA LECHERA

Llevaba en la cabeza

una lechera el cántaro al mercado,

con aquella presteza,

aquel aire sencillo, aquel agrado,

que va diciendo al todo el que lo advierte:

“¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!”

Porque no apetecía

más compañía que su pensamiento,

que alegre le ofrecía

inocentes ideas de contento,

marchaba sola la feliz lechera

y decía entre sí de esta manera:

“Esta leche, vendida,

en limpio me dará tanto dinero,

y con esta partida

un canasto de huevos comprar quiero,

para sacar cien pollos que al estío

me rodeen cantando el pío, pío.

Del importe logrado

d tanto pollo, mercaré un cochino;

con bellota, salvado,

berza castaña, engordará sin tino;

tanto, que puede ser que yo consiga

ver cómo se le arrastra la barriga.

Llevarélo al mercado;

sacaré de él sin duda buen dinero:

compraré de contado

una robusta vaca y un ternero,

que salte y corra toda la campaña,

hasta el monte cercano a la cabaña.”

Con este pensamiento

enajenada, brinca de manera

que, a su salto violento,

el cántaro cayó.  ¡Pobre lechera!

¡Qué compasión!  Adiós, leche, dinero,

huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.

¡Oh loca fantasía,

qué palacios fabricas en el viento!

Modera tu alegría;

no sea que saltando de contento,

al contemplar dichosa tu mudanza,

quiebre su cantarillo la esperanza.

No seas ambiciosa

de mejor o más próspera fortuna;

que vivirás ansiosa,

sin que pueda saciarte cosa alguna.

No anheles impaciente el bien futuro:

mira que ni el presente está seguro.

Félix María de Samaniego

España

LAS TRES NARANJITAS

Pues… Una vez un príncipe se disfrazó de pobre

para correr el mundo buscando una doncella

que por sus propios méritos, sin interés ninguno,

su corazón le diera.

El príncipe la busca que tronos y corona

y adoración merezca.

El príncipe la busca

mejor que rica, hermosa; mejor que hermosa, buena.

Anda que te anda por el mundo

buscando su amor,

de fatiga y de sed muerto, el príncipe

a un castillo encantado llegó.

Con la sed que lo abrasa va y coge

el príncipe ansioso

de un naranjo verde

tres naranjas de oro.

Parte la primera,

y cuajada de piedras preciosas

sale una princesa…

El príncipe le dice

que de sed y fatiga se muere,

pero ella, al verlo pobre,

se va sin responderle.

Parte la segunda,

sale otra princesa

que, de hermosa, como un sol deslumbra.

El príncipe le dice

que de sed y fatiga se muere;

pero ella, al verlo pobre,

se va sin responderle.

Parte la tercera;

la princesa que ahora aparece

se ve que es un ángel de humilde y de buena…

El príncipe le dice

que de sed y fatiga se muere,

y ella va corriendo y en sus manos blancas

agua cristalina le trae de la fuente.

Esa es la que el príncipe

para esposa quiere:

la que va corriendo y en sus manos blancas,

agua cristalina le trae de la fuente.

Vicente Medina

España

LAS MOSCAS

A un panal de rica miel

dos mil moscas acudieron

que por golosas murieron,

presas de patas en él.

Otra dentro de un pastel

enterró su golosina.

Así, si bien se examina,

los humanos corazones

perecen en las prisiones

del vicio que los domina.

Félix María de Samaniego

España

EL GATO MACANUDO

Por creerse macanudo,

un engreído gato siamés,

saltando desde un sillón

se convirtió en un ciempiés.

“Lo primero es lo primero”,

comentó entusiasmado

y fue a la zapatería

por zapatos de su agrado.

El vendedor que lo atendió

le dijo con gran espanto:

—¡De su número, mi amigo,

jamás le tendremos tanto!

Y buscando el buen gato

en tanta zapatería,

fue así como reunió

todo lo que requería.

Zapatos de media estación,

pantuflas con plantillas,

chalas de verano sin talón,

zuecos finos con hebillas.

Uno a uno se los puso,

sin dejar ni un pie desnudo,

más como loco de remate

que como gato macanudo.

Héctor Hidalgo

Chile

En Receta para espantar la tristeza

EN EL FONDO DEL LAGO

Soñé que era muy niño, que estaba en la cocina,

escuchando los cuentos de la vieja Paulina.

Nada había cambiado:  el candil en el muro,

el brasero en el suelo, y en un rincón obscuro

el gato dormitando.  La noche estaba fría,

y el tiempo tan revuelto, que la casa crujía…

Se escuchaba a lo lejos, ese rumor de pena

que sollozan las olas al morir en la arena,

y a intervalos muy largos, esos vagos aullidos

con que piden auxilio los vapores perdidos.

Nosotros, los chiquillos, oíamos el cuento

sentados junto al fuego, y como entrara el viento

por unos vidrios rotos, su frente medio cana

la vieja se cubría con su chalón de lana.

Era un cuento muy bello:

Tres príncipes hermanos

que se fueron por mares y países lejanos,

tras la bella princesa que la mano de un hada,

en un lago sin fondo, mantenía encantada.

El mayor, que fue al norte, no regresó en su vida;

el otro, que era un loco, pereció en la partida;

y el menor, que era un ángel por lo adorable y bello

llegó al fondo del lago sin perder un cabello…

Allá abajo, en el fondo, vio paisajes divinos,

castillos encantados de muros cristalinos,

y en un palacio inmenso, de infinita belleza,

encerrada y llorando, vio a la pobre princesa.

Se encontraron sus ojos, se adoraron al punto,

y lo demás fue cosa de poquísimo asunto,

pues al verlos tan bellos como el sol y la aurora,

el hada, que era buena, los casó sin demora.

Así acabó la historia de aquella noche…  El gato

se despertó gruñendo, desperezóse un rato

y se durmió de nuevo.  Zumbó la ventolina

en el cañón, ya frío, de la vieja cocina…

Se levantó un chicuelo, y sin hacer ruido,

enhollinó la cara de otro chico dormido…

Yo me quedé soñando con el príncipe amado

por la bella princesa, con el lago encantado,

y también con los tristes y apartados desiertos

donde duermen los huesos de los príncipes muertos.

Diego Dublé Urrutia

Chile

ESTE ERA UN REY…

Ven, mi Juan, y toma asiento

en la mejor de tus sillas;

siéntate aquí en mis rodillas,

y presta atención a un cuento.

Así estás bien, eso es,

muy cómodo, muy ufano;

pero ten quieta esa mano;

vamos, sosiega los pies.

Este era un rey…; me maltrata

el bigote ese cariño.

Este era un rey…; vamos, niño,

que me rompes la corbata.

Si vieras con qué placer

ese rey… ¡Jesús!, ¡qué has hecho!

¿Lo ves?  ¡En medio del pecho

me has clavado un alfiler!

¿Y mi dolor te da risa?

Escucha y tenme respeto:

Este era un rey…  deja quieto

el cuello de mi camisa.

Oír atento es la ley

que a cumplir aquí te obligo…

Deja mi reloj…  Prosigo.

Atención:  Este era un rey…

Me da tormentos crueles

tu movilidad, chicuelo.

¿Ves?  Has regado en el suelo

mi dinero y mis papeles.

Responde:  ¿Me has de escuchar?

Este era un rey…  ¡Qué locura!

Me tiene en grande tortura

que te mueves sin parar.

Mas ¿ya estás quieto?  Sí, sí,

al fin cesa mi tormento…

Este era un rey…  Oye el cuento

inventado para ti…

Y agrega el niño, que es ducho

en tramar cuentos a fe:

“Este era un rey…, ya lo sé

porque lo repites mucho,

“Y me gusta el cuentecito

y mira, ya lo aprendí:

‘Este era un rey’, ¿no es así?

¡Qué bonito!  ¡Qué bonito!”

Y de besos me da un ciento,

y pienso al ver sus cariños:

los cuentos para los niños

no requieren argumentos.

Basta con entretener

su espíritu de tal modo

que nos puedan hacer todo

lo que nos quieran hacer.

Con lenguaje grato o rudo

un niño, sin hacer caso,

va dejando paso a paso

a su narrador desnudo.

Infeliz el que se escama

con esas dulces locuras

¡Si estriba en sus travesuras

el argumento del drama!

¡Oh, Juan!  Me alegra y me agrada

tu movilidad tan terca;

te cuento por verte cerca

y no por contarte nada.

Y bendigo mi fortuna

y oye el cuento y lo sabrás:

“Este era un rey al que jamás

le sucedió cosa alguna.”

Juan de Dios Peza

México

EL RATÓN DENTRO DEL QUESO

Mientras en guerras

se destrozaban

los animales,

con justa causa,

un ratoncillo,

¡qué bueno es eso!,

estaba siempre

dentro de un queso.

Juntaban gente,

buscaban armas,

formaban tropas,

daban batallas:

y el ratoncillo,

¡qué bueno es eso!,

siempre metido

dentro del queso.

Pasaban hambres

en las jornadas,

y malas noches

en malas camas;

y el ratoncillo,

¡qué bueno es eso!,

siempre metido

dentro del queso.

Ya el enemigo

se ve en campaña;

al arma todos,

todos al arma;

Mas, ¿quién entonces

lograr alcanza

el premio y fruto

de tanta hazaña?

El  ratoncillo,

¡qué bueno es eso!,

que siempre estuvo

dentro del queso.

A uno le hieren,

a otro le atrapan,

a otro le dejan

en la estacada;

y el ratoncillo,

¡qué bueno es eso!,

siempre metido

dentro del queso.

Por fin lograron

con la constancia,

sin enemigos

ver la comarca;

y el ratoncillo,

¡qué bueno es eso!,

siempre metido

dentro del queso.

Pablo de Jérica

España

PASTORCITA

Pastorcita perdió sus ovejas

¡y quién sabe por dónde andarán!

—No te enfades, que oyeron tus quejas

y ellas mismas muy pronto vendrán.

Y no vendrán solas, que traerán sus colas,

y ovejas y colas gran fiesta darán.

Pastorcita se queda dormida,

y soñando las oye balar;

se despierta y las llama enseguida,

y engañada se tiende a llorar.

No llores, Pastora, que niña que llora,

bien pronto la oímos reír y cantar.

Levantóse contenta, esperando

que ha de verlas bien presto quizás;

y las vio;  mas dio un grito observando

que dejaron las colas detrás.

“¡Ay mis ovejitas!  ¡Pobres raboncitas!

¿Dónde están mis colas?   ¿No las veré más?

Pero andando con todo el rebaño

otro grito una tarde soltó,

cuando un gajo de un viejo castaño

cargadito de colas halló.

Secándose al viento, dos, tres, hasta ciento,

¡allí una tras otra colgadas las vio!

Dio un suspiro y un golpe en la frente,

y ensayó cuanto pudo inventar,

miel, costura, variado ingrediente,

para tanto rabón remendar;

buscó la colita de cada ovejita

y al verlas como antes se puso a bailar.

Rafael Pombo

Colombia

LA GATA CONVERTIDA EN MUJER

Zapaquilda, la bella,

era gata doncella,

muy recatada, no menos hermosa.

Queríala su dueño por esposa,

si Venus consintiese

y en mujer a la gata convirtiese.

De agradable manera

vino en ello la diosa placentera:

y ved a Zapaquilda en un instante

hecha moza gallarda, rozagante.

Celebróse la boda.

Estaba ya la sala nupcial toda

de un lucido concurso coronada;

la novia relamida, almidonada,

junto al novio galán enamorado;

todo brillantemente preparado,

cuando quiso la diosa

que cerca de la esposa

pasase un ratoncillo de repente.

Al punto que lo ve, violentamente,

y, a pesar del concurso y de su amante,

salta, corre tras él y échale el guante.

Aunque del valle humilde a la alta cumbre

inconstantes nos mude la fortuna,

la propensión del natural es una

en todo estado, y más es la costumbre.

Félix María de Samaniego

España

LOS DOS AMIGOS Y EL OSO

A dos amigos se aparece un oso:

el uno, muy medroso,

en las ramas de un árbol se asegura;

el otro, abandonado a la ventura,

se finge muerto repentinamente.

El oso se le acerca lentamente;

mas como este animal, según se cuenta,

de cadáveres nunca se alimenta,

sin ofenderlo lo registra y toca,

huélele las narices y la boca;

no le siente el aliento,

ni el menor movimiento;

y así, se fue diciendo sin recelo:

“Este tan muerto está como mi abuelo”.

Entonces el cobarde,

de su grande amistad haciendo alarde,

del árbol se desprende muy ligero,

corre, llega y abraza al compañero,

pondera la fortuna

de haberle hallado sin lesión alguna,

y al fin le dice:  “Sepas que he notado

que el oso te decía algún recado.

¿Qué pudo ser?”

“Direte lo que ha sido;

estas dos palabritas al oído:

aparta tu amistad de la persona

que si te ve en riesgo, te abandona”.

Félix María de Samaniego

España

Les comparto este hermoso poema  finalista en el Primer Certámen Internacional de Literatura Infantil  (Poesía y Cuento) Categoría B (de 6 a 9 años) escrito por nuestra amiga, la escritora segoviana Marisa Alonso Santamaría en marzo 2014.  ¡Enhorabuena, Marisa!

EL GATITO CON ALAS

Nació un gatito con alas

“Qué raro es este animal”

Todos decían al verle

sin parar de criticar.

El gatito acomplejado

al tener mayor edad,

no quiere salir de casa

ni de noche a pasear.

Sus padres muy preocupados,

muy serios le van hablar:

“Aquí todos te queremos,

los demás nos dan igual”

Su hermana gatita Linda

sus alitas va a cuidar,

las limpia con algodones

para que aprenda a volar.

Gatita Linda le dice:

“Hermano, aprende a volar,

no dejes que las envidias

limiten tu libertad”

Y el gatito decidido

por fin un día voló,

cruzó la ciudad volando

y todo el mundo lo vio.

Le miraba la gatita,

y al verle volar, lloró,

y aunque todos criticaban

de su vuelo disfrutó.

Y así el gatito con alas

un gato nada normal,

al fin aceptó volar,

como algo muy natural.

Marisa Alonso Santamaría

España

LA GATA ENVIDIOSA

Había dos gatas

que cerca vivían,

la gata Turula

y la gata Cirila.

Todas las mañanas

al salir el día,

con sus batas blancas

sus casas barrían.

La gata Turula

lleva un cascabel

colgado a su cuello

que suena muy bien.

Todas las mañanas,

al llegar el día,

de este cascabel

salen melodías.

Turula barre con gracia,

Turula barre muy bien,

barre siempre acompañada

del pequeño cascabel.

Cirila que es envidiosa

piensa y piensa todo el día

como poner en su cuello

la bonita campanilla

Una de las noches,

una noche oscura

la gata Turula

se duerme enseguida.

Cirila lo sabe,

con mucho sigilo

le corta el collar,

¡corriendo ha salido!

Con la gran carrera

la campana suena,

y a un perro muy grande

el ruido le llega.

Detrás de Cirila

el perro ha corrido

en unos minutos

a la gata ha cogido.

Turula en su cama,

ha escuchado ruidos,

como nada sabe

de nuevo ha dormido.

Marisa Alonso Santamaría

España

LAS GATAS BURLONAS

Un gato de cola negra,

y manchas negras y blancas,

distraído paseaba

antes dos burlonas gatas.

Murmuraban entre ellas

y mugían a su paso,

pero el gato de las manchas

pasaba sin hacer caso.

Mugían cuando pasaba

como una vaca mugían,

pero el gato de las manchas

ni la cabeza volvía.

Aburridas las dos gatas

dejaron de dar mugidos

pues el gato de las manchas

no se dio por aludido.

Marisa Alonso Santamaría

España

LA TORTUGA DOROTEA

La tortuga Dorotea

por el río se marchó,

en un barco de madera

con dos velas de algodón.

El río cantaba abajo,

arriba cantaba el sol;

la tortuga Dorotea

muchas lunas navegó.

Llegó una tarde de enero

al país de la ilusión;

donde los niños son flores

y las flores son arroz.

Compró en todos los bazares

seda de alas de gorrión,

perfumes de rosas niñas,

puntillas de lluvia y sol.

Cansada ya de su viaje,

feliz de ver lo que vio,

subió a su barco de velas

y por azul se marchó.

El río cantaba abajo,

arriba cantaba el sol,

la tortuga Dorotea

muchas lunas navegó.

Graciela Genta

Uruguay

LOS GATOS ESCRUPULOSOS

¡Qué dolor!  Por un descuido

Micifuz y Zapirón

se comieron un capón,

en un asador metido.

Después de haberse lamido,

trataron en conferencia

si obrarían con prudencia

en comerse el asador.

¿Le comieron?  No señor.

Era un caso de conciencia.

Félix María de Samaniego

España

Aunque me gusta mucho más la versión de Leo Lionni en Frederick  de Editorial Kalandraka (¡Muy recomendable!), les dejo la versión original de Félix María de Samaniego:

LA CIGARRA Y LA HORMIGA

Cantando la Cigarra

pasó el verano entero,

sin hacer provisiones

allá para el invierno.

Los fríos la obligaron

a guardar el silencio

y ampararse al abrigo

de su estrecho aposento.

Viose desproveída

del precioso sustento,

sin moscas, sin gusano,

sin trigo, sin centeno.

Habitaba la Hormiga

allí tabique en medio

y con mil expresiones

de atención y respeto,

le dijo:  —Doña Hormiga,

pues que en vuestros graneros

sobran las provisiones

para vuestro alimento

prestad alguna cosa

con que viva este invierno

esta triste Cigarra,

que alegre en otro tiempo

nunca conoció el daño,

nunca supo temerlo.

No dudéis en prestarme,

que finalmente prometo

pagaros con ganancias,

por el nombre que tengo.

 La codiciosa Hormiga

respondió con denuedo,

ocultando a la espalda

las llaves del granero:

—¡Yo prestar lo que gano

con un trabajo inmenso!

Dime, pues, holgazana:

¿Qué has hecho en el buen tiempo?

—Yo –dijo la Cigarra–,

a todo pasajero

cantaba alegremente

sin cesar ni un momento.

—¡Oh, sí!  ¿Con que cantabas

cuando yo labraba con denuedo?

Pues ahora que yo como

baila, pese a tu cuerpo.

Félix María de Samaniego

España

HISTORIA DEL GATO GÜIÑA Y LA GATA MORISCA

Hoy les voy a contar una

curiosa historia gatuna,

de la Gatita Morisca

mimosa y bastante arisca

y un gatazo bandolero

remalo como el primero,

amigo de gresca y riña

que se llama el Gato Güiña.

Como les iba diciendo

Gato Güiña era tremendo,

si a un perruquillo encontraba

en seguida le atacaba

y alegre por su agresión

la cola hacía florón.

Si algún pajarito oía

de gula se relamía,

y atacó, ¡vean qué cosa!

a una linda mariposa.

¡Desgraciado el conejito

que encontró al gato maldito!

Se le tiraba al cogote

y no salvó ni el bigote.

Y hasta más de un cazador

al verlo sintió pavor,

y huyendo de tal gatazo

se libró de un arañazo.

El propio Lobo Feroz

le tenía un miedo atroz,

pues un día se hizo el bravo

y el Güiña le mordió el rabo,

y en la lucha despareja

perdió el Lobo media oreja.

Luego, a partir de aquel día,

todo el mundo al Gato huía,

y así quien a todos asusta

a sí mismo se disgusta.

Harto por fin de soledad

quiso ir a la ciudad

y haciéndose el roto vago

el Güiña llegó a Santiago.

Corren noticias muy feas

por tejados y azoteas,

cada gato se ha escondido

al acercarse el bandido

y éste va sacando pecho

pasando de techo en techo,

sintiendo que en realidad

es el rey de la ciudad.

Orgulloso, sin empacho,

el Güiña tuerce el mostacho.

Su curiosidad se excita

pues ve a una linda Gatita.

Por si sueña se pellizca

ante la Gata Morisca,

que lleva como aderezo

un gran lazo en el pescuezo,

y sin miedo y sin enojo

mira al Güiña de reojo,

luego, haciéndole un mohín

se arrellana en su cojín,

y ante su asombro tremendo

se hace la que está durmiendo

Güiña siente un gran disgusto

porque ella no tiene susto.

Entonces el muy bandido

lanza su peor maullido,

un ¡remiáu! que el sueño altera

de la más valiente fiera.

La gatita, tras oír,

dice:  —Déjame dormir,

no vuelvas a hacerte el leso,

no me das miedo con eso.

Viendo que así le provoca

se queda abriendo la boca,

mas no con mala intención,

sino con admiración:

Nunca vio gata tan niña

el pobre gatazo Güiña,

y antes que piense otra cosa

la pide allí por esposa.

Pero la Gata Morisca

comienza a ponerse arisca,

y al verlo ya en tales trotes

se le ríe en los bigotes.

—No puede ser mi marido

–le dice– un Gato bandido.

El Güiña se desespera

al verla tan altanera,

de inmediato le propone

que su pasado perdone,

y que al partir del presente

será un Gato muy decente.

Como el Güiña es tan buen mozo

la Morisca arde de gozo,

pero oculta sus extremos

y sólo dice:  —Veremos…

Mi mano la pedirá

solamente a mi Papá.

El Güiña vuela hecho cisco

buscando al Gato Morisco,

y lo encuentra en su tejado

en silla de oro sentado,

pues es, y no te hagas cruces,

el Rey de los Micifuces.

Le impone por condición

no dejar vivo un ratón

y el Gato Güiña en seguida

no deja laucha con vida.

Como es tan habilidoso

le aceptaron por esposo.

Gatitas muy peripuestas

vinieron para las fiestas,

y bailó cuecas y jotas

el propio Gato con Botas.

Hubo pavo en escabeche,

pescado y arroz con leche.

Estaba desconocido

el pobre Gato bandido,

pues le había colocado

la Gata que iba a su lado

gomina en todo el bigote

y corbata en el cogote.

No sé si fueron felices;

si lo sabes, me lo dices.

Marta Brunet

Chile

UNA HISTORIA CON PINGÜINOS

Después de tanto invernar

llegaron a este lugar

de la Antártica famosa,

por la nevada y ventosa,

una tribu de pingüinos

muy correctos y muy finos.

Como ya era primavera

relumbrada la ribera

con un sol resplandeciente

y suaves brisas de oriente.

Los pingüinos ya casados,

como estaban entrenados,

hicieron los nidos suyos

con piedras y cochayuyos.

Mamá Pingüina probaba

el charquicán cómo estaba,

Papá Pingüino traía

su pesca de la bahía,

cada pingüino chiquito

corre moviendo el rabito.

Sólo el menor ha llorado

diciendo:  —¡Quiero un helado!

Todos terminan la cena

con la guatita bien llena.

A los mayores pichones

dice el Papá estas razones:

—Hijos míos, ya estáis hechos

unos pingüinos derechos,

y el momento ya ha venido

en que forméis vuestro nido

que nuestra ley determina:

un pingüino, una pingüina.

Búsquese pues cada cual

una pingüina cabal.

Se van un tanto mohínos

los mocetones pingüinos.

Uno con aire muy fiero

fue haciéndose el pendenciero.

Al verlo tan maceteado

todos se le hacen a un lado.

El otro que era muy dije

se daba facha de pije,

los pingüinitos lo admiran

y las pingüinas suspiran.

Andaba alegre y jovial

muy de florcita al ojal.

De pronto, sin saber cuándo,

se encontró escuchando un bando.

Redobló el tamborilero

y dijo así el pregonero:

—Manda el gran Rey de Pingüinia

que todos anden en línea

y ni un soltero ha de haber

en edad de merecer.

Pingüinita se espabila

y forma en primera fila.

Pingüinillo que la vio

ante ella se paseó.

Contoneándose estaba

por ver si la enamoraba.

Le trajo de la barranca

una piedrita muy blanca,

pero la muy consentida

se hizo la desentendida.

A sus plantas con afán,

trajo otra azul el galán.

Pingüinita rabitiesa

siguió haciéndose la lesa,

hasta que ya harto el pingüino

tomó por otro camino.

Vio a Pingüinilla preciosa

que lo miraba amorosa.

Como prenda de su amor

buscó piedras de color,

y una roja vio brillar

a la orillita del mar.

Pingüinilla ruborosa

dice que será su esposa.

Se van en un periquete

muy contentos del bracete.

Ya están rebién instalados

junto a los demás casados.

En su lindo nido nuevo

Pingüinilla puso un huevo.

No les digo lo dichosos

que son hoy ambos esposos,

Pingüinilla y Pingüinillo

con su pichón que es muy pillo.

Al Pingüino maceteado

por soltero han condenado

a que se vaya muy solo

a buscar camorra al Polo.

Marta Brunet

Chile

CONEJÍN EL TRAGÓN

Conejito y Conejita

tenían una casita

con su ventana y su puerta,

su jardincito y su huerta

donde no faltaba nada:

coles, nabos y ensalada,

y en septiembre y en abril

un poco de perejil.

Un arroyo que murmura

les da en verano frescura,

y un árbol de tronco eterno

leñitas para el invierno.

Su goce no tuvo fin

cuando nació Conejín.

Fue la cuna del pimpollo

hecha de hojas de repollo,

y un rabanito le mete

su mamá como chupete;

pero era tanta su hambruna

que tragó chupete y cuna.

En una linda mañana

se escapó por la ventana;

verdurita que veía

a mordiscos la comía,

su guatita estaba llena

de ajíes y berenjenas.

Tomando el huerto por suyo

pronto no dejó ni un yuyo,

no bien un retoño asome

come, come, come, come.

Tragó al sentirse en ayunas

cuatro docenas de tunas.

Conejín de puro hambriento

pasó por muy mal momento;

creyó que tenía anginas,

pero eran las espinas.

Pronto, y no les digo cómo,

le asomaron por el lomo.

Conejito y Conejita

volvían de una visita.

En cuanto abrieron la puerta

quedaron con la boca abierta

al ver a su Conejín

transformado en puercoespín.

Conejita como loca

se clava apenas le toca,

y el Conejito papá

en busca de auxilio va,

en tanto que Conejín

cree llegado su fin.

Trae Conejito en seguida

a una liebre muy sabida

en curar en un bendito

el mal de un animalito.

Llega y con mucha cachaza

le receta una tenaza.

Todas las púas de tuna

va sacando una por una.

Deja, untándole con sebo,

a Conejín como nuevo.

Conejita muy excitada

le da una buena palmada,

mas Conejín inocente,

de contento, ni la siente.

Papá Conejo aliviado

aún se hace el enfurruñado.

Porque la cura celebre,

mil pesos le da a la Liebre.

Conejín nuevo calambre

siente en la guata, de hambre,

Conejita con afán

le prepara un charquicán.

Le da acelga y betarraga

y Conejín traga y traga,

se atiborra en la cocina

de espinacas sin espinas…

y su guatita sin fin

nunca llena Conejín.

Por eso aquí le verás

roe que te roerás

y se nos va de esta historia

comiendo una zanahoria.

Marta Brunet

Chile

HISTORIA DEL OSITO GOLOSO

Doña Cigüeña en su estuche

trajo a este Oso de peluche.

Mamá Osa y Papá Oso

lo encontraron amoroso.

Él, los contemplaba absorto

peludillo y rabicorto.

Iba mostrando la guata

al caminar en dos patas.

Si un pajarillo cantaba

al son del canto bailaba,

por ser sus patitas flojas

de popi cayó en las hojas;

pero, contento y feliz,

olvidó el duro desliz.

Quiso un día su destino

hacerle trepar a un pino

entre cuyas ramas viejas

había un panal de Abejas.

Al distinguir su pelambre

se alborotaba el enjambre.

La reina, loca de miedo,

se puso a rezar un credo,

y los zánganos ociosos

se despertaron rabiosos.

Y Osito, trepa que trepa,

sin importarle una pepa…

Don Chuncho se ha desvelado

ante tal desaguisado.

Y abriendo un ojo le dice

que hacia abajo se deslice

y que no piense en la miel

que no fue hecha para él.

Desoye Osito el consejo

del sabio don Chuncho, el viejo,

y aunque él mucho menos sepa

intrépido, trepa y trepa.

Tordito negro le canta

hasta romper su garganta,

diciéndole:  —Si no dejas

de robar a las abejas

te podrá costar muy caro

aunque te parezca raro.

Pero el Osito ladino

siguió trepando en el pino.

Pasaba una Mariposa

muy colorina y hermosa,

bailando a su alrededor

hizo lucir su color

y le dijo muy bajito:

—Vuelve para abajo, Osito.

Y él contestó algo, muy feo,

pues repuso:  —Huichicheo.

Doña Araña, que tejía,

sus agujas detenía

diciendo:  —Cesa en tu carga,

la miel puede serte amarga.

Por tener muy duro el chape

trepó Osito mas a escape.

Hasta que hundió por su mal

las manos en el panal.

Las Abejas industriosas

se revolvieron furiosas

y, con fieras intenciones,

clavaron sus aguijones

convirtiéndole el hocico

en abultado acerico.

Le hacen, sin oír sus quejas,

orejones las orejas.

Y una Abeja audaz y sola

le picó sobre la cola.

Y Osito debió aguantarse

un mes sin poder sentarse.

Pero lo peor para él

fue que ni probó la miel

y tras de tanto trabajo

se cayó del pino abajo.

Don Chuncho, que lo veía,

gravemente le decía:

—¡Quien lo ajeno quiere hurtarse

que tenga dónde rascarse!

Marta Brunet

Chile

EL TRIBUNAL DE LOS PÁJAROS

Esta es una selva umbría

con harta pajarería,

donde libres y felices

viven Garzas y Perdices.

De noche muy satisfecho

da el Ruiseñor do de pecho,

al despuntar la mañana

canta la Alondra muy ufana,

y a cualquier hora del día

el Pollito pía y pía.

En tanta paz la Cigüeña

duerme en una pata y sueña

que en un pañal, muy rollizos,

se trae cinco quintillizos.

Cual saliendo de un reloj

canta el Cu-cú sobre un boj.

De pronto se turba un día

tan excelente armonía;

todo fue por un pichón

chiquitito de Gorrión.

Su papito muy ufano

le traía un gran gusano,

y tuvo un escalofrío

al ver el nido vacío.

Llega mamita Gorriona

y mucho más se emociona.

Se arma un tremendo revuelo

entre las aves del cielo,

y ningún chisme se ahorra

la charlatana Cotorra

y dice:  —Muy bien sé yo

quién al pichón se llevó,

conozco la parte flaca

de mi comadre la Urraca.

Quien sabe robar botones

¿por qué no ha de hurtar gorriones?

Ante tal acusación

tiembla papito Gorrión

y exige que caso tal

se lleve ante el tribunal.

Hace de juez la Lechuza

y redondo el ojo aguza,

gozoso de oler el mal

hace el Cuervo de fiscal.

Pedrito, el Loro hablador,

actuará de defensor

y al alegar se le escapa:

—Pedrito quiere la papa…

La Tenca, el Zorzal y el Mirlo

se retacan al oírlo,

y con Pecho Colorado

forman parte del jurado.

Dos Halcones inciviles

actúan como alguaciles,

traen de muy mala manera

a la Urraca prisionera.

Sentada en duro banquillo

se rasca algún piojillo.

Muy segura de su ciencia

la Lechuza abre la audiencia,

no toca la campanilla

por una causa sencilla:

rápida como una luz

se la tragó el Avestruz.

Envarado como un huso

habla el Cuervo y dice:  —Acuso…

Pedrito le pesca al vuelo

y ataca diciendo:  —Apelo…

Cuando ya el fiscal le abruma:

—¡No se dice a-pelo, a-pluma!

El Avestruz saltarín

se mueve y hace tin-tín…

Calmando a los oradores

dice el Chuncho:  —¡Orden, señores!

De pronto, sobre el estrado

dos pichones han llegado,

mamá Gorriona da un grito

al ver a su gorrioncito

que apenas si se destaca

junto al pichón de la Urraca.

A todos los congregados

miran los dos asustados,

declaran aten testigos

que son los dos muy amigos.

Entre el general contento

todo se arregla al momento,

y el severo juez sanciona:

—¡La Urraca es buena persona!

Al Cuervo le sabe mal

tan venturoso final.

Y Pedrito exclama al punto:

—¡Por mí se ganó el asunto!

Les dieron a los pichones

alpiste con cañamones.

Mas la Cotorra susurra:

—Yo les daría una zurra,

la Gorriona debería

cuidar mejor a su cría.

Mas, nadie la escucha ya

y alguien trina:  —¡Do-mi-fa!

Marta Brunet

Chile

HISTORIA DE LA GALLINITA NEGRA

Esta era una Gallinita

como el carbón de negrita.

Hizo un día algo muy feo:

fue sin permiso a paseo.

Y se halló un portón abierto

que daba a un hermoso huerto.

Andando muy señorita

encontróse una Chinita.

Que tenía la cuitada

el ala izquierda quebrada.

Iba a saciar su apetito

cuando oyó un pequeño grito.

—No me comas, desdichada,

soy la princesa encantada.

Me encantó una bruja odiosa

porque era fea y yo hermosa.

No me comas, Gallinita,

cúrame mejor mi alita.

Para poderla curar

fue al Gato–Sabio a buscar.

Quien llegó muy complaciente

en un auto reluciente.

Don Gato que es curandero

le tomó el pulso primero.

Luego le puso un ungüento

y el dolor se fue al momento.

La Chinita sin herida

se sintió muy agradecida.

Y como buena princesa

no quiso hacerse la lesa.

Pagó al Gato con decoro

un ratoncito de oro.

Y a la Gallinita sola

le dijo:  —Mira tu cola.

Vio dos plumitas con brillo

de oro sobre el popillo.

—Cuando estés en un apuro

haz –le dijo– este conjuro:

“Que se cumpla mi deseo

machi-pu-chi-bi-cho-feo”.

Alzó la Chinita el vuelo

y se perdió por el cielo.

Con sus plumas sin igual

se volvió para el corral.

El Gallo al ver tanta gala

se puso a arrastrarle el ala.

Su comadre la Gallina

le dijo que era “divina”.

Y los Pollitos a coro:

—Pío, pío y son de oro.

La Gallinita orgullosa

se empezó a poner chinchosa.

Peleó con doña Gallina

diciendo que era cochina.

Y cuando el Gallo cantaba

–ka-ka-ra-ká– remedaba.

Engreída con su cola

todos la dejaron sola.

Y a pesar de tanto brillo

un día tuvo moquillo.

Temblando de escalofrío

no pudo decir ni pío.

Creyó que se moriría

porque nadie la asistía.

Don Gallo y doña Gallina

se fueron hasta la esquina.

Los Pollitos tan campantes

fueron al jardín de infantes.

Al sentirse morir sola

Gallinita habló a su cola:

—Que se cumpla mi deseo

machi-pu-chi-bi-cho-feo.

El moquillo se curó

y al tiro una voz habló:

—Pedir pudiste una estrella

y te quedaste sin ella,

hacerle a todos favores,

y sólo quisiste honores.

Lo que pediste tendrás,

mas sin plumas quedarás.

En medio de un triste lloro

perdió las plumas de oro.

De nuevo fue servicial

con las aves del corral.

A su amiga la Gallina

le ayudaba en la cocina.

Y cuando el Gallo cantaba

Gallinita ni chistaba.

Y al fin tan bien se portó

que la Chinita volvió.

—Como prueba de amistad

ten otra oportunidad.

De nuevo apareció el brillo

en las plumas del popillo.

Porque el oro no destiña

prometió ser buena niña.

Y su palabra cumplió

porque a todos ayudó.

De mañana lo primero

aseaba el gallinero.

Si hallaba un pollito triste

le daba sopa de alpiste.

Y al pobre Patito Feo

lo sacaba de paseo.

Por linda y por hacendosa

todos la quieren de esposa.

Pero el Gallo entaquillado

era el más enamorado.

De alborada en alborada

le decía su tonada.

Y cuando ella le dio el “sí”,

él cantó:  —Ki-ki-ri-kí.

En el casorio la Clueca

con el Gallo bailó cueca.

Y las plumitas de oro

de todos fueron tesoro.

Marta Brunet

Chile

EL COCODRILO Y LA HORMIGA

Este es el cuento de un cocodrilo

que junto al río estaba dormido.

Una hormiguita que allí lo vio

hasta el hocico se le subió.

El cocodrilo notó cosquillas,

se despertó y vio a la hormiga.

Quiso matarla de un manotazo

y en el hocico se dio un porrazo.

Juan Guinea

España

LA ESPIGA

Fábula XIII

La espiga rica en fruto

se inclina a tierra;

la que no tiene grano,

se empina tiesa.

Es en su porte

modesto el hombre sabio,

y altivo el zote.

Juan Eugenio Hartzenbusch

España

EL PERAL

Fábula XXXIX

A un peral una piedra

tiró un muchacho,

y una pera exquisita

soltóle el árbol.

Las almas nobles,

por el mal que les hacen,

vuelven favores.

Juan Eugenio Hartzenbusch

España

LOS TRES QUEJOSOS

Fábula XXII

¡Qué mal (gritó la mona)

que estoy sin rabo!

¡Qué mal estoy sin astas!

Repuso el asno.

Y dijo el topo:

Más debo yo quejarme,

que estoy sin ojos.

No reniegues, Camilo,

de tu fortuna;

que otros podrán dolerse

más de la suya.

Si se repara,

nadie en el mundo tiene

dicha colmada.

Juan Eugenio Hartzenbusch

España

 EL ÁRABE HAMBRIENTO

Fábula XXV

Perdido en un desierto

un árabe infeliz, ya medio muerto

de sed, hambre y fatiga,

se encontró un envoltorio de vejiga.

Lo levantó, le sorprendió el sonido,

y dijo de placer estremecido:

Ostras deben de ser. -Mas al verterlas,

-¡ay! (Exclamó) son perlas.

En ciertas ocasiones

no le valen al rico sus millones.

Juan Eugenio Hartzenbusch

España

LA FUENTE MANSA

Fábula XXVII

Mira esa fuente plácida, Florencio,

que fluye sin rumor, y baña el prado.

Con su ejemplo enseñado,

haz al prójimo bien, y hazlo en silencio.

Juan Eugenio Hartzenbusch

España

LOS CARACOLES

Fábula XLI

Dos caracoles un día

tuvieron fuerte quimera

sobre quién mayor carrera

en menos tiempo daría.

Una rana les decía:

Yo he llegado a sospechar

que sois ambos a la par

algo duros de mover;

antes de echar a correr,

mirad si podéis andar.

Juan Eugenio Hartzenbusch

España

EL LINAJUDO Y EL CIEGO

Fábula XLVI

A un ciego le decía un linajudo:

Todos mis ascendientes héroes fueron.

Y respondiole el ciego: No lo dudo:

yo sin vista nací; mis padres vieron.

No se envanezca de su ilustre raza

quien debió ser melón y es calabaza.

Juan Eugenio Hartzenbusch

España

CUENTO SIN TON, PERO CON SON

Bajo un calpo de ligubias

un crosepo se trimaba

y –mientras– con siete mubias,

don Blopa lo remalaba.

Tanto y tanto se trimó

tal crosepo enjalefado,

que don Blopa lo irimó,

creyéndolo oxipitado.

Moraleja:  “Quien se trime

bajo un calpo de ligubias,

las consecuencias estime

y no confíe en las mubias.”

(Tal vez no entiendas lo loco

de este idioma ni con lupa…

El caso es que yo tampoco,

pero a mí no me preocupa…).

Como no existe el crosepo

y don Blopa es un invento…

¡te confieso que no sepo

por qué te conté este cuento!

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

ROMANCE DE LA GAVIOTA Y EL PEZ VOLADOR

En las playas más australes

donde habita el cormorán,

donde América termina,

donde es más azul el mar

vive el pingüino más viejo

de toda aquella región

que conoce mil historias

y este cuento me contó:

“Había un pez volador

–me dijo el pingüino sabio–

que suspiraba de amor

en un golfo solitario

por una gaviota blanca,

alado copo de luna,

que con las olas del mar

se daba baños de espuma.

La gaviota se paseaba

con sus aires de princesa

y en la arena dibujaba

con el pico una promesa

y el pez volador lloraba

todo el día sin consuelo

pero ella sólo miraba

de otros pájaros, el vuelo.

Desesperado de amor

por esa dama tan bella

voló el pez volador

más alto que las estrellas.

La gaviota deslumbrada

por ese asombroso vuelo

suspiró enamorada

y lo persiguió hasta el cielo”.

Así termina el romance

de la gaviota y el pez,

se casaron y tuvieron

un plateado gavipez.

Julia Chaktoura

Argentina

FÁBULA DE NICASIO EL LAGARTO

Nicasio el lagarto

estaba bien harto

de andar por el monte

buscando un amigo

para hablar un rato:

“Pero todos corren

y no hablan conmigo

porque los espanto

con mi cola larga,

con mis ojos fríos

y mi gran olfato”.

¡Ay, qué vida amarga

la de los lagartos

que buscan amigos

para no estar hartos!

Andaba, les digo,

olfateando todo

a ver si encontraba

algún buen amigo

en alguna rama

pero no había bicho

como dice el dicho

que no se escapara

a-te-rro-ri-za-do

cuando el buen lagarto

husmeando y husmeando

llegaba cantando

y se estaba un rato

con su cola larga

usando su olfato

tal como les digo.

¡Ay, qué vida amarga

la de los lagartos

que buscan amigos

para no estar hartos!

Los mil animales

que habitan el bosque

ya estaban cansados

–corre que te corre–

de ponerse a salvo

cuando el buen Nicasio

llegaba despacio

buscando un amigo

para hablar un rato

y así decidieron

juntarse un buen día

y ver entretanto

qué se decidía

sobre el cocodrilo

de la cola larga.

¡Ay, qué vida amarga

la de los lagartos

que buscan amigos

para no estar hartos!

Los pumas, los zorros,

las víboras blancas,

los viejos flamencos

y las viejas garzas

dijeron a coro

que estaban hastiados

de escapar al monte

si en el horizonte

venía el lagarto

y habiendo pensado

varias soluciones

sin dar más razones

resuelven:

“Tenemos que echarlo”.

Se ponen de acuerdo

todos menos uno

porque el abejorro

sacándose el gorro

les dice oportuno:

“Le escapamos tanto

al pobre lagarto

que nunca supimos

por qué nos buscaba

pensando:  es tan feo

que debe ser malo

con su cola larga

y hocico de palo.

¿Y si antes de echarlo

vamos entre todos

juntitos los codos

y le preguntamos

para qué olfatea

por estos pantanos?”.

Y fue en esa noche

que los animales

de todo aquel monte,

los grillos, zorzales,

pumas, moscardones,

salieron al claro

donde muy dormido

soñaba intranquilo

el pobre lagarto.

Nicasio, de pronto,

se encontró rodeado

de tantos amigos

que no pudo hablarles

y siguió tendido.

El buen abejorro

dio un paso al frente

y sacando pecho

le dijo derecho

sin mostrar los dientes:

“Ya estamos cansados

que busques y busques

entre los arbustos

y a todos asustes.

¿Qué buscas, Nicasio,

que vienes despacio

olfateando bichos?”.

El gran cocodrilo

lo miró a los ojos

y le dijo:  “Amigos,

sólo eso buscaba

si los asustaba

no, no era mi idea

pero si escapaban…

¿cómo les decía

que apenas quería

conversar un rato

y tener amigos

que charlen conmigo?”.

Todos entendieron

y desde aquel año

en ese pantano

nadie escapó más

a ningún extraño

que llegara harto

oliendo las matas.

¡Ay, qué vida grata

la de los lagartos

que tienen amigos

en todos los ratos!

Esteban Valentino

Argentina

LA PLUMA AVIADORA

¡Ay!  No sé bien si me acuerdo

porque esto pasó en invierno.

Empieza así:  En el plumero

que saca polvo al ropero

viajaba una pluma hermosa

pero un poco revoltosa.

Repetía a toda hora:

—¡Yo quiero ser aviadora!

Tanto lo dijo, que un día

cuando al balcón se subía

el plumerito a limpiar,

ella se quiso soltar

de la mano de su amigo…

(Por qué lo habrá hecho, digo,

ya que, dando un tropezón…

¡PUM!  se cayó del balcón).

Como era livianita

flotó mucho, contentita.

Pero…  ¡pobre!, porque el viento

¡se la llevó en un momento!

Gritaba:  —¡Quiero volver…!

(¿Pero quién iba a entender

su voz fea, de lechuza,

llena de polvo y pelusa?).

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

HISTORIA DE UN FÓSFORO

Un fósforo de papel

¡ay!  ¡se escapa!

Tiene marrón la piel,

marrón su capa.

En la casita azul

de cartón grueso,

sus noventa hermanos

lloran por eso.

Se va porque lo espera

en la cocina,

la fósfora de cera

blanca, ¡divina!

Los dos quieren prenderle

fuego a este mundo

pues los dejan vivir

pocos segundos.

La gente los arranca

de sus casitas

y raspa sus tan blancas…

sus cabecitas…

Después vendrá a casarlos

el sacerdote,

que es una vela negra,

largo cogote.

Pero el fósforo padre,

piel de madera,

espía enojado

tras la heladera:

—Yo quiero que mi hija

que es pura cera,

a un fósforo elija,

pura madera!

Y con fuerza lo ralla

al pobrecito.

¡Ay!  Su cabeza estalla

rojo fueguito.

La fósfora, mirando

dice, sentido,

mientras se va apagando

su prometido:

—Mi pobre fosforito,

descansa en paz.

¡Gris, seco y finito

ya no sirves más!

En la casita azul

de cartón grueso,

sus noventa hermanos

lloran por eso.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

EL HUECO DE LA MONTAÑA

Esta es la historia

de la gran montaña

que no tiene

ni un pelo de pasto.

La montaña tiene un hueco

y en el hueco vive un cuis

que dice que se va

que dice que se queda

porque esta es la historia

de la gran montaña.

La montaña tiene un hueco

y en el hueco vive un cuis

que dice que se queda

que dice que se va.

¿Qué hará?

Laura Devetach

Argentina

PURO CUENTO

Este es el cuento

del elefante

que se cayó en un dedal.

¿Era chico el elefante

o era muy grande el dedal?

Para cuento

no está mal.

Laura Devetach

Argentina

LA ELEFANTA

Este es el cuento

de la elefanta

que se metió

en la canasta

y para cuento

basta.

En la canasta vivía…

¿Cómo era que seguía?

Laura Devetach

Argentina

EUGENIO DE BABILONIA

Empiezo mi cuento:

Hace mucho tiempo,

en una colonia,

allá, en Babilonia,

vivía el rey dueño

y su hijo Eugenio,

príncipe famoso,

valiente y buen mozo,

que usaba un anillo

de rosado brillo,

 con piedras ¡así!

del mejor rubí.

Pero un día de frío

se le cayó al río

mientras, elegante,

se sacaba un guante.

Entonces, Su Alteza

sintió gran tristeza,

porque era un regalo

de su abuelo Lalo.

El rey, con enojo,

revolcó los ojos.

Contó, preocupado,

lo que había pasado

y a su pueblo dijo

con el dedo fijo:

—Premios diferentes

según quién lo encuentre.

Si es una mujer

que lo viene a traer,

a mi hijo hermoso

daré por esposo.

Si es hombre, un tesoro

de diamantes y oro.

La orilla y el puente

repletos de gente

con laaaargos rastrillos,

buscando el anillo.

Leonor y su tío

se fueron al río.

Llenaron los cestos

de pescados frescos

y por el sendero

a la feria fueron.

Martín Pescador

tras el mostrador,

a cada cliente

mostraba los dientes

porque sonreía

mientras les decía:

—Cómprenlos, señores,

que son los mejores!

¡Frescos mis pescados,

ricos y plateados!

¡Yo vendo corvinas

sin ninguna espina!

De pronto, Leonor

gritó al pescador:

—¡Oh, este pejerrey

grande como un buey!

Luego, con cuidado

limpió ese pescado

y con una lanza

le abrió en dos la panza

y dentro de ella

apareció, bella,

como en un sueño

¡¡¡la joya de Eugenio!!!

Martín Pescador,

la niña Leonor,

fueron al castillo

llevando el anillo.

Cuentan que fue tanto

de Eugenio el encanto

al ver a Leonor…

que le dio su amor.

Como era tan bella

se casó con ella,

le puso el anillo

¡le dio hasta el castillo!

de esa colonia

allá en Babilonia.

Elsa Isabel Bornemann

Argentina

LI-PO

Li-Po, uno de los “Siete Sabios en el Vino”

Fue un rutilante brocado de oro:

Como una taza de jade, sonoro,

Su infancia fue de blanca porcelana,

Su loca juventud

Un rumoroso bosque de bambús,

Lleno de garzas y de misterios;

Rostros de mujeres en la laguna,

Ruiseñores embrujados por la luna

En las jaulas de los salterios,

Luciérnagas alternas

Que enmarañaban el camino

Del poeta ebrio de vino

Con el zig-zag de sus linternas,

Hasta que el poeta cae

Como pesado tibor

Y el viento

Le deshoja el pensamiento

Como una flor…

Un sapo de deslíe

Ronco

De Confucio un parangón

Y un grillo que ríe

Burlón…

Un pájaro que trina

Musical y breve

Como una ocarina

En un almendro

Florido de nieve.

Mejor viajar en palanquín

Y hacer un poema sin fin

En la torre de Kaolín

De Nankín!

Guiado por su mano pálida

Es gusano de seda el pincel

Que formaba en el papel

Negra crisálida

De misterioso jeroglífico

De donda surgía

Entres aromas de flor

Un pensamiento magnífico

Con alas de oro volador;

Sutil y misteriosa llama

En la lámpara del ideograma!

Los cormoranes de la idea

En los ríos azules y amarillos

Quieren con ansia que aletea

Pescar de la luna los brillos;

Pero nada cogen sus picos

Al romper el reflejo del astro

En azogados añicos

De nácar y alabastro…

Y Li-Po mira inmóvil

El río -laca bruna

Do el silencio restaura

La perla de la luna!

La luna es araña de plata

Que tiende su telaraña

En el río que la retrata

Y Li-Po el divino

Que se bebió a la luna

Una

Noche en su copa de vino

Siente el maleficio

Enigmático

Y se aduerme en el vicio

Del vino lunático

¿Dónde está Li-Po? ¡Que lo llamen!

Manda el Emperador desde su Yamen

Algo ebrio por fin

Entre femenino tropel,

Llega el poeta y se inclina;

Una concubina

Le ofrece el pincel Cargado de tinta de China;

Otra una seda fina

Por papel

Y Li

Escribe así:

Sólo estoy con mi frasco de vino Bajo un árbol en flor,

Asoma la luna y dice su rayo

Que ya somos dos…

Y mi propia sombra anuncia después

¡Que ya somos tres!

Aunque el astro no pueda beber

Su parte de vino

Y mi sombra no quiera alejarse

Pues está conmigo,

En esa compañía placentera

Reiré de mis dolores

Entretanto que llega la primavera.

Mirad a la luna que a mis cantos lanza

Su respuesta en sereno fulgor

Y mirad mi sombra que ligera danza

En mi derredor!

Si estoy en mi juicio

De sombra y de luna

La amistad es mía;

Cuando me emborracho

¡Se disuelve nuestra compañía!

Pero no pronto nos juntaremos

Para no separarnos ya,

En el inmenso júbilo

Del azul firmamento más allá!

Creyendo que el reflejo de la luna

Era una

Taza de blanco jade y áureo vino

Por cogerla

Y beberla

Una noche bogando por el río

Se ahogó

Li-Po

Y hace mil cien años que el incienso sube

Encumbrando al cielo perfumada nube

Y hace mil cien años

La China resuena

Doble funeral

Llorando esa pena

En el inmortal

Gongo de cristal

De la luna llena!

José Juan Tablada

México

CANCIÓN DE LA RANITA TRISTE

¿Quién se llevó la sonrisa

de la ranita hacendosa?

Ella está triste en su casa

de un charco de orillas rota.

Cose, cose mientras llora,

cose juncos, cose rosas,

pero el hilo es de suspiros

y se quiebran en su boca.

Al baile de don Conejo

que se hará en el bosque en sombras

irán todas las ardillas,

los grillos, las mariposas.

Pero la ranita triste

ella tendrá que ir sola,

porque el sapo Galerudo

se marchó a la noche honda.

Cose, cose mientras llora,

cose juncos, cose rosas,

pero el hilo es de suspiros

y se quiebran en su boca.

De pronto…  suelta la aguja

y salta alegre y gozosa.

Un trampolín de sonrisas

son sus ojos de curiosa.

Por el camino bien verde,

verde hierba, verde hoja,

viene el sapo Galerudo

todo vestido de cola.

Cose, cose mientras ríe,

cose juncos, cose rosas,

y el hilo ahora es de estrellas

que va prendiendo a su boca.

Graciela Genta

Uruguay

LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO

Érase una gallina que ponía

un huevo de oro al dueño cada día.

Aun con tanta ganancia mal contento,

quiso el rico avariento

descubrir de una vez la mina de oro,

y hallar en menos tiempo más tesoro.

Matóla; abrióla el vientre de contado;

pero, después de haberla registrado,

¿qué sucedió? que muerta la gallina,

perdió su huevo de oro y no halló mina.

¡Cuántos hay que teniendo lo bastante,

enriquecerse quieren al instante,

abrazando proyectos

a veces de tan rápidos efectos,

que sólo en pocos meses,

cuando se contemplaban ya marqueses,

contando sus millones,

se vieron en la calle sin calzones!

Félix María de Samaniego

España

Tomada de la novela Areia de playa, Areia de mar de la autora argentina Didi Grau, publicada por Editorial Cántaro en 2015, les comparto esta bella historia susurrada al oído de Areia por la caracola…

¡Ay, los tres marineritos

sin beber y sin comer!

Sube y baja su barquito:

la marea y su mecer.

En una barca de vela,

con las melenas al viento,

navegan tres marineros

volviendo de Barlovento.

El viaje se hace muy largo,

pasan meses navegando,

lejos de casa, agotados,

sólo con penas penando.

Tanta sed los marineros,

tanta agua en ese mar,

para beber, tres gotitas

y kilómetros de sal.

Tanto hambre marineros

y había para tragar

sólo tres galletas duras

y kilómetros de sal.

Se duermen sobre cubierta

y empieza un lindo soñar:

que están llegando a su tierra.

¿Quién quisiera despertar?

Se asoman tres sirenitas,

no hacen más que curiosear,

y viendo a los marineros

se ponen a cuchichear.

(Hace rato que le piden

nuevos juguetes al mar.

Y el mar, que es padre severo,

no las quiere contentar.)

Elige uno cada una,

lo lleva al fondo del mar.

Felices van las sirenas,

ya tienen con qué jugar.

Va por la mar un velero

volviendo de Barlovento

con la cubierta vacía,

sólo lo maneja el viento.

Didi Grau

Argentina

12 Comentarios

  1. ¡Me encanta andar por aquí!

    • Y a todos nosotros nos encanta tener puesta la mesa de lectoaperitivos con tus poemas, María Alicia. ¡Gracias!

  2. A mí también!!

  3. ¡Gracias!
    Un abrazo desde Segovia.
    Marisa Alonso

  4. Querida Astrid,

    Enhorabuena por este banquete de deliciosos bocados y muchas gracias por invitarnos a tu mesa.

    Soy alumna de la séptima edición del Máster en Libros para Niños y Jóvenes de la Universidad Autónoma de Barcelona que ya conoces ;), y tu proyecto está siendo una fuente muy valiosa de composiciones para mi propuesta de Trabajo Fin de Máster.

    Un fuerte abrazo,

    Begoña Rodríguez.

    • Hola Begoña,

      ¡Qué alegría lo que me cuentas! Porque precisamente eso he querido, servir de ayuda para quienes no conocen o son ya amantes de la poesía y la tradición oral, para quienes enseñan y quienes aprenden, para los que investigan… En fin, me pone muy contenta que este sitio te sea útil. Te deseo muchísimo éxito en tu TFM, que disfrutes tus asignaturas y las enseñanzas de profes tan top como los del Máster en la UAB.
      Otro abrazo para ti,

      Astrid

  5. ¡Felicidades! Sólo Astrid presenta semejante banquete. ¡Que lo disfrutemos!

    • Linda, Leibi Ng!!! Muchas gracias por pasar a probar y quedarte un rato compartiendo la mesa.
      Un abrazo!
      Astrid

  6. Conoce alguien aquéllos versos que empezaban diciendo: Érase una viejecita casi en estado indigente pues en moneda corriente tenía la pobrecita cien millones solamente…

    • Hola Martha, Se parecen a los versos de LA POBRE VIEJECITA del colombiano Rafael Pombo (los que encuentras en LECTOAPERITIVOS DE POEMAS CON HUMOR), pero así tal cual no los conozco ni tampoco los encuentro en la web, lo siento. Por favor, si logras dar con tu búsqueda, compártela con nosotros!
      Saludos,

  7. Me encantaron todos , pero ademas , quisiera saber si alguien ha leido alguna vez El Ajo Sabio , un cuento que gano un premio en un festival que hacian en la Habana para los huertos escolares , en las becas de Marianao .

    • Me encantaría conocer ese cuento, El Ajo Sabio, ¿escrito en verso, Gertrudis? Por favor, si lo encuentras, compártelo para las mesas de Lectoaperitivos. ¡Sería un gran aporte!
      Saludos fraternos desde Chile 56,

      Astrid

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  1. Lectoaperitivos: bocados de miel y abejas | Blog de los Mieladictos - [...]  ¿Que no hay caso?  ¿Que no les gustan las moscas ni en fábula con miel?  Mmm… Probemos qué tal…

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